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III Congreso Nacional de Psicología - Oviedo 2017
Universidad de Oviedo

 

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SELECTED ARTICLE

Psicothema

ISSN Paper Edition: 0214-9915  

1996. Vol. 8, nº 1 , p. 1-11
Copyright © 2014


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LA PSICOLOGIA EN LOS CAMPOS DE CONCENTRACION DE FRANCO

 

Javier Bandrés y Rafael Llavona

Universidad de Vigo, Universidad Complutense

Durante la guerra civil española, Antonio Vallejo Nágera, Jefe de los Servicios Psiquiátricos del ejército de Franco, fundó y dirigió un gabinete de investigaciones psicológicas para estudiar la personalidad de los prisioneros en los campos de concentración. Vallejo informó de que los prisioneros se caracterizaban como grupo por la elevada incidencia de temperamentos degenerativos, inteligencias mediocres y personalidades sociales innatamente revolucionarias, rasgos que consideraba típicos de los seguidores de las ideologías antifascistas e izquierdistas. Según Vallejo estos rasgos son potenciados en el caso de las prisioneras por la característica inferioridad psicológica de la mujer. Concluyó que la posibilidad de conseguir un cambio de actitud político-social en estos sujetos era muy reducida.

Psychology in Franco’s Concentration Camps. During the Spanish Civil War, Antonio Vallejo Nágera, Chief Psychiatrist of Franco’s army, directed a psychological research Cabinet to study the personality of concentration camp prisoners. Vallejo reported that the prisoners were characterized by a high rate of degenerative temperament, mediocre intelligence and innately revolutionary social personalities. He considered such personality traits to be typical of followers of antifascist and leftist ideologies. Vallejo statet that these traits were intensified in female prisoners due to the psychological inferiority of their sex. He concluded that the probability of obtaining a change in the political attitude of such individuals was very low.

 
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Correspondencia: Javier Bandrés
Departamento de Análisis e Intervención Psicosocioeducativa
Universidad de Vigo
Rúa División Azul, 2. 36002 Pontevedra. Spain

 

Los intelectuales y la guerra civil española

El 18 de julio de 1936 una parte del ejército español se rebeló contra el gobierno de la República. Empezaba una guerra civil que duraría hasta el 1 de abril de 1939.

El conflicto se internacionalizó rápidamente. En los medios intelectuales, el apoyo a la lucha antifascista de la República española fue mayoritario. En los Estados Unidos se movilizaron en favor de la República grupos como la League of American Writers, en la que participaban autores como Hemingway o Dos Passos, o el Motion Pictures Arts Committe, que contaba entre otros miembros con Joan Crawford, John Ford, King Vidor o Robert Montgomery.

Un buen ejemplo de la solidaridad de los medios académicos fue el Psychologists’ Comittee of the Medical Bureau to Aid Spanish Democracy, en el que participaron Clark L. Hull, T. C. Schneirla y Gordon W. Allport, entre otros. En la convención de Minneapolis de la A.P.A. de 1937, el Dr. Edward K. Barsky hizo un llamamiento a la solidaridad con la República española (vid. Finison, 1977). Barsky era jefe de los servicios médicos voluntarios americanos en España y, tras la guerra, presidió el comité de ayuda a los refugiados republicanos españoles.

Intervención extranjera y campos de concentración

En el plano militar el balance fue muy distinto. Franco contó con el apoyo de unos 16.000 alemanes, entre militares e instructores civiles, incluyendo una unidad de la Luftwaffe. La Italia fascista aportó en total al ejército de Franco unos 75.000 combatientes, que incluían unidades del ejército y la aviación. El ejército de Franco utilizó también unos 75.000 soldados africanos reclutados en las posesiones españolas en Marruecos, desde donde Franco comenzó la rebelión (vid. Thomas, 1976, pp. 1.044-1.047).

El ejército de la República contó fundamentalmente con material de guerra soviético, que llegó acompañado de dos a tres mil asesores y técnicos militares. Lucharon en total junto a la República unos 45.000 extranjeros. Aproximadamente el 80 por ciento fueron voluntarios alistados en las llamadas Brigadas Internacionales. Estas Brigadas estaban formadas por voluntarios en su mayoría sin experiencia militar profesional, reclutados por las organizaciones antifascistas internacionales, mayoritariamente de inspiración comunista. Los grupos nacionales más numerosos fueron los franceses (10.000), alemanes y austriacos (5.000), polacos y ucranianos (5.000), italianos (3.550), norteamericanos (2.800), ingleses (2.000), yugoeslavos (1.500), checos (1.500), canadienses (1.000), húngaros (1.000) y escandinavos (1.000), hasta un total de 53 nacionalidades (vid. Thomas, 1976, p. 1.053). Los brigadistas prisioneros del ejército de Franco que escapaban a la ejecución inmediata eran internados en campos de concentración. El principal era el de San Pedro de Cardeña, un monasterio medieval abandonado, situado a unos 13 km. al sureste de la ciudad de Burgos.

Las condiciones de vida en San Pedro de Cardeña eran infrahumanas, «like a preview of Dachau or Buchenwald» (Eby, 1969, p. 254). Aún así, los prisioneros internacionales en el campo eran mucho más afortunados que los españoles, ya que se procuraba mantenerles con vida para utilizarlos en los intercambios con los prisioneros italianos en poder de la República. Esta regla tenía una excepción: a los brigadistas italianos y alemanes se les trataba con la mayor brutalidad y eran entregados con frecuencia a sus autoridades, casi siempre camino de la ejecución o el campo de exterminio. Cuando un pequeño grupo de norteamericanos intercambiado en 1938 divulgó las condiciones de vida en San Pedro de Cardeña (Dorland, 1938), el gobierno de Franco paralizó la entrega de prisioneros de esta nacionalidad hasta el final de la guerra. Este campo fue el escenario principal de las actividades del gabinete de investigaciones psicológicas dirigido por Antonio Vallejo Nágera, jefe de servicios psiquiátricos del ejército de Franco.

El pensamiento biopsicológico de Antonio Vallejo

Antonio Vallejo Nágera (1889-1960) estudió medicina en la Universidad de Valladolid e ingresó en el cuerpo de sanidad militar en 1910, tomando parte en las campañas del ejército español en Africa entre 1912 y 1915. Durante la primera guerra mundial fue destinado en la agregaduría militar de la embajada española en Berlín. Allí entró en contacto con figuras de la psiquiatría alemana como Gruhle, Schwalb y Kraepelin. Tuvo también la oportunidad de trabajar intensamente en la inspección de los campos de concentración de prisioneros de guerra, actividad que le valió tras la guerra condecoraciones de Francia y Bélgica. De vuelta a España pasó un breve período destinado en Barcelona hasta trasladarse a Madrid, donde trabajaba en la Clínica Psiquiátrica Militar de Ciempozuelos. Al estallar la guerra civil era profesor de Psiquiatría en la Academia de Sanidad Militar, puesto que ocupaba desde 1931.

Estaba fuertemente influido por la visión biotipológica de la personalidad de Kretschmer, que era asumida por muchos de sus colegas españoles más prestigiosos, como Sacristán, Lafora o Marañón (vid. Carpintero, 1994, p. 200). Durante los años treinta promovía además en España un personal concepto de Eugenesia. Vallejo trataba de conciliar las doctrinas alemanas de higiene racial de autores como Schwalb con las exigencias de la doctrina moral católica, opuesta a medidas de restricción estatal eugenésica. Por todo ello se inclinaba hacia una Eugamia, política eugenésica implementada mediante el trabajo de orientación prematrimonial, basado en el diagnóstico biopsicológico de la personalidad de los novios.

El marco de pensamiento psicogenético en el que se movía en la época de la guerra civil puede ser evaluado a través de textos como Psicopatología de la Conducta Antisocial (1936), Eugenesia de la Hispanidad y Regeneración de la Raza (1937) o Eugamia (1938a). En ellos se mantiene que donde falta la adecuada dotación genética, un conjunto de características intelectuales y morales inscritas en la constitución biopsicológica, resultan generalmente inútiles los esfuerzos dirigidos a moldear un hombre espiritualmente sano, por muy cuidado y exhaustivo que sea el conjunto de influencias ambientales. Vallejo Nágera negó siempre ser un geneticista ignorante de la importancia de las fuerzas ambientales para la mejora de la raza, pero subrayaba sistemáticamente la preeminencia de los factores genéticos. Consideraba equivocada una política racial que promoviera a los inferiores con perjuicio de los selectos, pues pensaba que los esfuerzos prioritarios debían dirigirse al cruzamiento de los individuos con genotipos psicológicos adecuados para lograr el mayor número posible de superdotados. La experiencia de la guerra civil le pareció una oportunidad propicia para avanzar en este sentido, llegando a reclamar que se clasificara a la población en castas, utilizando como criterio de clasificación los valores espirituales que cada individuo hubiera manifestado durante la guerra. Sería erróneo, por tanto, considerar a Vallejo como un defensor de tesis puramente racistas. En sus escritos utiliza el término raza en el sentido de comunidad espiritual unida por vínculos como la lengua y la cultura. Desconfiaba de la legislación eugenésica alemana y de algunos estados norteamericanos, en las que veía una intención de marginar a hebreos y afroamericanos, respectivamente. Su tesis era, más bien, que un cuidadoso análisis biopsicológico de la población podría servir de guía a una política de clasificación y orientación prematrimonial que produciría a la larga una lenta pero segura mejoría en el genotipo psicológico de la nación.

La personalidad del enemigo político

Vallejo Nágera, nombrado durante la guerra civil jefe de los servicios psiquiátricos del ejército de Franco, creó en 1938 el Gabinete de Investigaciones Psicológicas de la Inspección de Campos de Concentración de Prisioneros de Guerra, cuya dirección asumió personalmente. El gabinete se estableció en la ciudad de Burgos, cerca del campo de concentración de San Pedro de Cardeña, y contó con la colaboración de dos médicos y un criminalista dedicados a la aplicación de los tests. Es probable que la idea de la creación del Gabinete y la inspiración de sus trabajos no fuera enteramente original de Vallejo. Los brigadistas supervivientes recuerdan la presencia en S. Pedro de Cardeña de miembros de la Gestapo que tomaban mediciones antropométricas e interrogaban a los prisioneros. También recuerdan la presencia de dos científicos alemanes que vinieron a San Pedro, «to find out what kind of human being had enlisted in the International Brigades. They had a two-hundred item questionnaire, in english, german, french and spanish» (Geiser, p. 154).

El único trabajo documentado del Gabinete fue una investigación dirigida por Vallejo y denominada genéricamente Biopsiquismo del Fanatismo Marxista, que se desarrolló entre 1938 y 1939. Vallejo publicó un artículo en el que describió las características del proyecto que acometía: «iniciamos investigaciones seriadas en individuos marxistas, al objeto de hallar las relaciones que puedan existir entre las cualidades biopsíquicas del sujeto y el fanatismo político-democrático-comunista» (Vallejo, 1938b, p. 189). Los postulados de trabajo que se presentaban como orientadores de la investigación eran:la relación entre determinada personalidad biopsíquica y la predisposición constitucional al marxismo, la alta incidencia del fanatismo marxista en los inferiores mentales y la presencia de psicópatas antisociales en las masas marxistas. Vallejo aclara que excluye de su estudio a los enfermos mentales psicóticos, pues considera que estas enfermedades mentales pueden presentarse con igual probabilidad en cualquier grupo político. Los psicópatas sí están incluidos en sus investigaciones, ya que Vallejo no los considera enfermos mentales, sino individuos que presentan síntomas psíquicos puramente cuantitativos que se manifiestan en reacciones anormales de la personalidad.

Sujetos y metodología

Los sujetos del estudio se clasifican en el proyecto en cinco grupos: miembros de las Brigadas Internacionales prisioneros en el campo de San Pedro de Cardeña, presos españoles varones procesados por actividades políticas, presas españolas procesadas por actividades políticas, separatistas vascos y marxistas catalanistas.

Vallejo diseña una metodología consistente en la exploración biopsicológica individual de los sujetos de todos los grupos con arreglo al siguiente esquema: determinación del biotipo con arreglo al esquema abreviado II de Kretschmer, realización para cada sujeto del Psicobiograma propuesto por Kretschmer, diagnóstico del tipo de reacción temperamental primaria utilizando el test de introversión-extroversión de Neymann-Kohlstedt, diagnóstico de la actividad moral utilizando el test de Marston modificado por Emili Mira –jefe de los servicios psiquiátricos del ejército republicano– y determinación del «coeficiente intelectual» (sic) mediante el método de Yerkes (Vallejo, 1938b, p. 192). Con estos instrumentos, Vallejo se propone diagnosticar el biotipo, reacción temperamental primaria (introversión-extroversión), temperamento e inteligencia del sujeto.

En cuanto a los factores ambientales se investigan, como factores de formación de la personalidad, la posición económica familiar e individual, formación política y religiosa del sujeto y medio ambiente familiar político y religioso. Se estudian los fracasos profesionales, sociales y sexuales del sujeto, que, para Vallejo, «resultan siempre de la desproporción entre sus aptitudes y dotes y sus aspiraciones y ambiciones; pero, en todo caso, fomentan complejos de rencor y resentimiento que se traducen en una conducta antisocial» (Vallejo, 1938b, p. 194). También se evalúan datos sobre alcoholismo y toxicomanías, aficiones sociales, deportivas, culturales y artísticas.

A la luz de esta información, Vallejo se proponía realizar un diagnóstico de la personalidad social del sujeto. Vallejo entiende por personalidad social media la que se desenvuelve sin crear conflictos, sin ser delincuente, alcohólico o pervertido sexual. Denomina revolucionarios natos a los esquizoides místicos políticos y a los sujetos que «inducidos por sus cualidades biopsíquicas constitucionales y tendencias instintivas, movilizadas por complejos de rencor y resentimiento o por fracaso en sus aspiraciones, propenden, en cierto modo congénitamente, a trastocar el orden social existente» (Vallejo, 1938b, p. 194). Califica como imbéciles sociales a los «seres incultos, torpes, sugestibles, carentes de espontaneidad e iniciativa, que contribuyen a formar la gran parte de la masa gregaria de las gentes anónimas» (Vallejo, 1938b, p. 194).

Vallejo concluye la presentación de su proyecto con un comentario que da alguna clave del objetivo real de estos estudios: «La reacción social más interesante al objeto de nuestro estudio es la transformación político-social del fanático marxista, posibilidades de transformación que deducimos del estudio de su psicobiograma y reacción psicológica a la prisión» (Vallejo, 1938b, p. 195). En efecto, en los campos de concentración se ensayó, sólo con los prisioneros españoles, un programa de reeducación política con el fin de tratar de reutilizar a estos presos en las filas del ejército franquista. En este contexto, parece probable que el gabinete de Vallejo ejerciera labores de asesoramiento científico del programa. En el caso de los prisioneros internacionales, tal vez las pesimistas conclusiones de Vallejo, unidas a la delicada situación de las relaciones internacionales del momento, hicieron que el objetivo final del programa se descartara. El trabajo de reeducación de estos prisioneros se limitó básicamente a obligarles a desfilar, entonar gritos franquistas y a un cursillo religioso de seis semanas que nadie superaba y que se repetía continuamente durante el período de cautiverio.

Entre diciembre de 1938 y octubre de 1939 se publicó una serie de seis informes con los resultados obtenidos en la investigación. Cinco de ellos se refieren a brigadistas internacionales y uno a presas políticas españolas. No se publicó ningún otro informe relativo a los presos españoles, a pesar de lo anunciado en el proyecto inicial. Cada uno de los cinco informes sobre los brigadistas se refiere a un grupo nacional: hispano-americanos (Vallejo, 1938c), norteamericanos (Vallejo, 1939a), ingleses (Vallejo, 1939b), portugueses (Vallejo, 1939c) y británicos (Vallejo, 1939d). Todos estos informes llevan el subtítulo Investigaciones Biopsicológicas en Prisioneros Internacionales. La estructura de todos los informes es similar aunque no idéntica, y en ellos se observa que el proyecto no siempre se llevaba a la práctica uniformemente. Por ejemplo, el test de Marston no pudo ser aplicado a los prisioneros internacionales, ya que requiere el testimonio de una persona allegada al sujeto que se estudia. En todos los informes se presentan diversas tablas con los resultados del diagnóstico de la figura corporal, introversión-extroversión, temperamento, nivel de inteligencia, personalidad social y cambio de actitud política observada en el campo. A estas tablas suelen acompañarlas otras sobre temas de carácter socio-cultural y biográfico como educación, nivel económico familiar e individual, adscripción religiosa, fuentes de formación política, causas del alistamiento, actitud ante el ejército y la patria, fracasos socio-profesionales, aficiones, consumo de alcohol y moral sexual. Todos los resultados se expresan en términos de porcentajes sobre el total de los sujetos del grupo. El autor extrae sus conclusiones a la vista de estos datos, sin realizar ningún procedimiento de comparación estadística formal. Todos los informes concluyen con la evaluación del cambio de actitud política acontecido en cada grupo de prisioneros.

Los prisioneros norteamericanos

Como ejemplo representativo de los resultados reportados por Vallejo en los brigadistas internacionales ofrecemos un resumen de los datos relativos a los prisioneros norteamericanos. Se trataba de un grupo de 72 prisioneros pertenecientes en su mayoría a la brigada Abraham Lincoln. Presentamos preferentemente los datos y comentarios de interés psicológico: biotipo, reacción temperamental primaria, temperamento, inteligencia, personalidad social y cambio de actitud política, obviando la mayoría de los relativos a las características socio-culturales e ideológicas que Vallejo atribuye a los prisioneros y que, casi siempre, están desnudos de cualquier tipo de argumentación científica.

Vallejo (1939a) comenta en la introducción algunas peculiaridades de la sociedad norteamericana que hacen a sus ojos interesante el estudio de este grupo de 72 prisioneros: la diferencia entre el ambiente social europeo y el norteamericano, la tradición de libertades políticas, «con tendencias liberales y democráticas, en cierto modo fanáticas y supersticiosas» (p. 30), la obligatoriedad de la educación primaria, la tendencia en todas las clases sociales al progreso mediante el esfuerzo personal y, finalmente, «que la sociedad norteamericana representa los extremos de la civilización materialista y de la psicología social simplista» (p. 31). Aunque Vallejo constata una gran variedad racial en el grupo, considera que la mayoría de los sujetos ha estado bajo la influencia de condiciones culturales, políticas y sociales similares. No debemos olvidar que Vallejo no concedía transcendencia psicológica al origen racial.

El análisis de las características biopsicológicas constitucionales arroja los siguientes resultados:

1. Biotipo: 34.58 asténico, 31.94 atlético, 11.11 pícnico, 2.77 atleto-asténico, 11.11 atleto-pícnico, 2.67 displásico.

2. Reacción temperamental: 36.11 introvertida, 51.38 extrovertida, 12.50 neutra.

3. Temperamento: 37.49 normal (26.38 esquizotímico, 11.11 ciclotímico), 51.36 degenerativos (40.27 esquizoides, 5.55 cicloides, 2.77 paranoides, 2.77 epileptoides), 11.11 neutros.

4. Inteligencia: 0.0 superior, 19.44 buena, 33.33 media, 36.11 baja, 11.11 deficiente.

Vallejo extrajo algunas conclusiones de estos resultados. Confirmó la correlación esperada entre la figura corporal y el temperamento. Observó una falta de correlación entre el biotipo y la reacción temperamental primaria según el test de Neymann-Kohlsted, aunque lo atribuyó a que los sujetos no entendían las cuestiones del test o respondían sin interés. Constató un claro predominio de los temperamentos degenerativos, superior al hallado en el primer informe de la serie dedicado a los prisioneros hispanoamericanos (Vallejo, 1938c). Vallejo advirtió, por el contrario, que la inteligencia y la cultura son superiores respecto de las de los hispanoamericanos, pero que, «no obstante pertenecer a una nación que se precia de inteligente y culta –sin serlo– superan en mucho las inteligencias de grado inferior a las bien dotadas» (Vallejo, 1939a, p. 33).

Los motivos del alistamiento también fueron objeto de estudio y Vallejo reconocía que, frente a una minoría motivada por fracasos personales, la mayoría de los combatientes venían para ayudar a la democracia, y muchos de ellos confesaban orgullosamente sus ideas democráticas y antifascistas y su entusiasmo por defender la República. Vallejo deducía que «En el fondo, nos las habemos con comunistoides, sin que falte un elevado porcentaje de reformadores idealistas y de revolucionarios natos» (Vallejo, 1939a, p. 37).

Estos comentarios enlazaban con los resultados obtenidos por Vallejo del diagnóstico de la personalidad social de los prisioneros: 37.50 normal, 22.22 revolucionarios natos, 36.11 imbéciles sociales, 4.16 psicópatas. Vallejo subrayaba el alto porcentaje de revolucionarios natos y comentaba que «Tampoco puede chocarnos el gran número de imbéciles sociales, ya que el medio ambiente cultural y social norteamericano, favorece la formación de tal tipo de personalidad» (Vallejo, 1939a, p. 38).

El estudio se completaba con datos sobre religiosidad, ideas patrióticas y aficiones individuales. Vallejo constató una baja religiosidad y un alto grado de patriotismo en los prisioneros norteamericanos, apostillando que «Empero tal patriotismo carece en absoluto de espiritualidad... refiérese exclusivamente al entusiasmo por los valores materiales patrios, no a los culturales e históricos» (Vallejo, 1939a, p. 40). Se ofrecían también datos sobre fracaso personal, alcoholismo, simpatías por el ejército, ideas de suicidio y vida sexual. Vallejo destacó algunos de estos datos: el alto nivel de aspiraciones sociales fracasadas que aumentaban la afinidad por el marxismo, el escaso entusiasmo por el Ejército –típico según él de cualquier país democrático– y un alto grado de libertinaje sexual. Vallejo observó una baja propensión al suicidio entre estos prisioneros, que atribuyó, sorprendentemente, al trato que se les concedía en el campo.

La conclusión de los estudios realizados era que la posibilidad de producir un cambio en la actitud de los prisioneros norteamericanos era muy escasa: 79.16 mantenía sus ideas, 11.11 no se manifestaba y sólo un 9.72 cambiaba sus ideas.

Las prisiones políticas españolas

Tras el informe sobre el grupo norteamericano se publicó el estudio sobre las presas españolas (Vallejo y Martínez, 1939). Lleva el subtítulo Investigaciones Psicológicas en Marxistas Femeninos Delincuentes. Este trabajo presenta caracteres peculiares. Es el único publicado sobre prisioneros españoles, a pesar de que se habían anunciado otros tres sobre prisioneros masculinos en el plan de trabajo. No se desarrolló en San Pedro de Cardeña, sino en la prisión de la ciudad de Málaga. Finalmente, es el único trabajo cuya dirección comparte Vallejo con otro autor: Eduardo M. Martínez, teniente médico, director de la Clínica Psiquiátrica de Málaga y Jefe de los Servicios Sanitarios de la Prisión.

El objetivo del estudio era extraer conclusiones del estudio de la personalidad de cincuenta mujeres condenadas a graves penas. El método es similar al utilizado con los prisioneros internacionales pero «sin proceder al estudio antropológico del sujeto... que en el sexo femenino carece de finalidad por la impureza de los contornos» (Vallejo y Martínez, 1939, p. 398). Otra diferencia fue que se pudo aplicar el test de Marston por contar con el testimonio de personas allegadas a las presas.

Los autores dejaban claro desde el principio su punto de vista acerca de la psicología de la mujer:

«Recuérdese para comprender la activísima participación del sexo femenino en la revolución marxista su característica labilidad psíquica, la debilidad del equilibrio mental, la menor resistencia a las influencias ambientales, la inseguridad del control sobre la personalidad y la tendencia a la impulsividad, cualidades psicológicas que en circunstancias excepcionales acarrean anormalidades en la conducta social y sumen al individuo en estados psicopatológicos... Si la mujer es habitualmente de carácter apacible, dulce y bondadoso débese a los frenos que obran sobre ella; pero como el psiquismo femenino tiene muchos puntos de contacto con el infantil y el animal, cuando desaparecen los frenos que contienen socialmente a la mujer y se liberan las inhibiciones frenatrices de las impulsiones instintivas, entonces despiértase en el sexo femenino el instinto de crueldad y rebasa todas las posibilidades imaginadas, precisamente por faltarle las inhibiciones inteligentes y lógicas... Suele observarse que las mujeres lanzadas a la política no lo hacen arrastradas por sus ideas, sino por sus sentimientos, que alcanzan proporciones inmoderadas o incluso patológicas debido a la irritabilidad propia de la personalidad femenina» (Vallejo y Martínez, 1939, p. 398-399).

Los sujetos fueron cincuenta mujeres presas en la cárcel de Málaga. Las condenas que habían recibido las prisioneras objeto del estudio eran: muerte 66.00, reclusión perpetua 20.00, 20 años 6.00, 12 años 8.00. Las penas de muerte fueron finalmente conmutadas por reclusión perpetua. Los motivos alegados para las condenas fueron: participación en los crímenes 28.00, necrofagia 10.00 –aunque Vallejo y Martínez describen el delito como ensañarse o burlarse de los cadáveres–, militancia política 16.00, denuncias 14.00 y actuación libertaria 32.00 –descrita por Vallejo y Martínez como actuar «incitando a las turbas a pronunciarse contra el fascismo, generalmente mediante la propaganda oral» (Vallejo y Martínez, 1939, pp. 400-401).

Habiendo descartado el estudio de la figura corporal, los autores ofrecen los resultados del diagnóstico del temperamento, para el que emplearon los tests de Neymann -Kohlstedt y de Marston-Mira. Este último no se había empleado con los prisioneros internacionales por carecerse de la imprescindible información de una tercera persona conocedora del sujeto, y a este hecho atribuyen los autores la ausencia en los resultados del grupo de mujeres de reacciones temperamentales neutras.

Los resultados reportados por Vallejo y Martínez fueron:

1. Reacción temperamental primaria: Introvertida 70.00, Extrovertida 30.00.

2. Temperamento: Normal 28.00 (Esquizotímico 12.00, Ciclotímico 16.00), Degenerativos 72.00 (Esquizoides 42.00, Cicloides 20.00, Histeroides 6.00 y Paranoides 4.00).

3. Inteligencia: Superior 6.00, Buena 12.00, Media 32.00, Inferior 46.00, Débiles mentales 4.00.

Vallejo y Martínez subrayaron el predominio de la reacción temperamental primaria introvertida y el de los temperamentos degenerativos sobre los normales. Los autores concluían que el marxismo español se nutre de las personas menos inteligentes de la sociedad. Asimismo comentaban el escaso nivel cultural de las presas, considerando este factor como uno de los que hacen que «prendan en ellas fácilmente las ideologías simplistas y materialistas» (Vallejo y Martínez, 1939, p. 403).

Se hacen eco los autores de la mala situación económica en la infancia y juventud de la mayoría de las presas, pero afirman que no es el hambre de las clases populares el único móvil de su actuación, sino que existen factores tanto genotípicos como fenotípicos que inducen al marxismo revolucionario extremista. Esta idea la ilustran con los datos de la evaluación de la personalidad social de las prisioneras: media normal 22.00, revolucionaria nata 26.00, psicópata antisocial 24.00, imbécil social 20.00, amorales congénitas 8.00. Los autores subrayaron la predominancia de las personalidades anormales y atribuyeron este hecho a factores hereditarios (antecedentes de psicopatía, enfermedad mental, alcoholismo, delincuencia, suicidio) y a la influencia social de parientes cercanos con ideas extremistas.

La falta de formación política que los autores encuentran en sus sujetos les reafirma en su idea de que la participación en la revuelta revolucionaria tiene otras motivaciones distintas de las puramente políticas. Para ellos se puede dividir a las presas en tres grupos atendiendo a las motivaciones de su actividad política:

1. Presas motivadas por sugerencias ambientales (38%). Personas de todo tipo de inteligencias. Según los autores se encuentran entre ellas exaltadas pasionales incitadas por el ambiente y también aprovechadas que vieron la ocasión de satisfacer ambiciones materiales, personales o sexuales.

2. Presas motivadas por su psicopatía antisocial (24%). Mujeres apolíticas, generalmente de baja inteligencia, que encontraron en estos años la oportunidad de liberar sus tendencias psicopáticas.

3. Presas libertarias congénitas (36%). Revolucionarias natas, con o sin formación política y de variados niveles de inteligencias que manifestaron una intensa actividad impulsadas por sus tendencias biopsicológicas constitucionales.

Se ofrecieron también una serie de datos estadísticos sobre vida sexual –incluyendo la edad de desfloración–, toxicomanías, aficiones, ideas patrióticas, ideas religiosas, simpatías nacionales, militarismo y actitudes políticas, sin que los autores extraigan ninguna conclusión relevante respecto del objetivo principal de su estudio. Los datos finales sobre el cambio de actitud política fueron: 58.00 persiste en su actitud revolucionaria, 34.00 cambia de actitud y 8.00 no se definen.

El contexto político-social de la Psicología

Las críticas en el plano estrictamente científico que se pueden formular a la investigación expuesta son evidentes: falta de condiciones ambientales en las que las respuestas de los sujetos pudieran tener un mínimo de credibilidad, ausencia de una descripción detallada del procedimiento, variaciones arbitrarias del procedimiento en algunos grupos, ausencia de comparaciones estadísticas rigurosas, falta de rigor en el uso de la terminología y la metodología biopsicológica... hasta es posible detectar pequeños errores aritméticos en la confeccción de las tablas. Pero más importante que la evaluación cualitativa del trabajo de Vallejo es lo que este proyecto nos dice acerca de la adaptación de la investigación psicológica a los distintos contextos político-sociales. Los trabajos de Vallejo representan probablemente uno de los pocos casos documentados de un estudio científico dedicado a clasificar la disidencia política dentro del marco de la patología biopsicológica. En efecto, Vallejo no considera al adversario político como un enfermo mental, sino como una persona con características psicológicas innatas de carácter degenerativo e inferior que, en contacto con ciertas circunstancias ambientales, se convertirá en ardoroso defensor de determinadas tesis políticas. En este contexto destaca la consideración de la mujer como modelo eminente de características psicológicas potencialmente degeneradas. Dentro de las ciencias de la salud mental, el estudio de Vallejo representa un paso en el sentido de la estigmatización psicosocial del adversario político, que volvería a manifestarse, aunque desde presupuestos científicos distintos, con la psiquiatrización de los disidentes políticos en la Unión Soviética.

Los trabajos de Vallejo plantean una vez más la dificultad de la separación radical de psicología científica, política y estereotipos sociales y sexuales. En las manos de Vallejo, los instrumentos de diagnóstico psicológico de la personalidad se convirtieron en armas de propaganda política y difusión de estereotipos sexuales. Mientras que un grupo de psicólogos norteamericanos mostraban su solidaridad con la República, sobre la base de que fascismo y psicología científica eran incompatibles, Vallejo lanzaba el mensaje de que la psicología científica podía ponerse al servicio de cualquier ideología, incluyendo las totalitarias.

Finalizada la guerra civil, Vallejo ocupó pronto la cátedra de Psiquiatría de la Universidad de Madrid, tras la destitución del profesor López-Ibor, que había mostrado escaso fervor franquista en la posguerra. Vallejo se convertiría así en una de las figuras más influyentes de la Psiquiatría y la Psicología en la España de los años 40 y 50: su nombre se cuenta entre los 16 fundadores de la Sociedad Española de Psicología.

Tras el final de la segunda guerra mundial, Vallejo, como el propio Franco, supo adaptarse a la nueva coyuntura internacional y aprovechar el ambiente de la guerra fría. En 1951, olvidadas por ambas partes sus anteriores opiniones sobre el fanatismo democrático supersticioso de la sociedad norteamericana, aceptaba gustoso la invitación para colaborar en un texto estadounidense que analizaba la psicopatología de las relaciones internacionales (Kisker, 1951: vid. Carreras, 1986).

Otro destino corrieron los supervivientes de la brigada Abraham Lincoln: Edward K. Barsky, el orador en la convención de la A.P.A. de 1937, fue detenido en 1947 por negarse a informar acerca de las personas que habían financiado los servicios médicos americanos en España (vid. Colodny, 1994). La caza de brujas había comenzado y la libertad de los excombatientes norteamericanos de las Brigadas Internacionales volvía a estar en peligro, esta vez en su propio país.

Agradecimiento

Los autores desean dar las gracias a Helio Carpintero por sus comentarios sobre una primera versión de este artículo.


Carpintero, H. (1994). Historia de la Psicología en España. Madrid: Eudema.

Carreras Panchón, A. (1986). Los Psiquiatras españoles y la guerra civil. Medicina e Historia, 13, 3-26.

Colodny, R. G. (1994, Fall). A classic odyssey of the Lincoln Brigade. The Volunteer. Journal of the veterans of the Abraham Lincoln Brigade, 16, 4-7.

Dorland, N.E. (1938, November, 22). In Franco’s Prison Camp. New Masses, pp. 16-19.

Eby, C. (1969). Between the Bullet and the Lie: American Volunteers in the Spanish Civil War. New York: Holt, Rinehart and Winston.

Finison, L. J. (1977). Psychologists and Spain: A Historical Note. American Psychologist, 32, 1.080-1.084.

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