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III Congreso Nacional de Psicología - Oviedo 2017
Universidad de Oviedo

 

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Psicothema

ISSN Paper Edition: 0214-9915  

2003. Vol. 15, nº 4 , p. 679-680
Copyright © 2014


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EN LOS LÍMITES DE LA INTELIGENCIA. ¿ES EL INGREDIENTE DEL ÉXITO EN LA VIDA?

 

Roberto Colom

Pirámide, Madrid, 2002

REVISION DE LIBROS/BOOK REVIEW

Allí, en el límite, la frontera, las lindes, donde el término de lo conocido limita con el principio de lo nuevo, reina siempre un equilibrio precario y artificial. Son, por definición, territorios conflictivos.

 
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Revisado por:
Ángel M. Fidalgo Aliste
Universidad de Oviedo

 

¿Por qué el profesor Roberto Colom ha situado su ensayo sobre la inteligencia en los límites? Porque el autor no ha explorado esa posibilidad arriesgada y poética de situarse en el vértice y mirar boca abajo lo que se conoce. El ensayo, a mi entender, no se sitúa en los límites, sino dentro de los límites. Sienta sus reales sobre la investigación científica que, entre otros, psicólogos, sociólogos, biólogos y médicos han realizado sobre la inteligencia y temas conexos en el pasado siglo. En los límites de la inteligencia, partiendo de un conocimiento exhaustivo de la literatura, se glosa y argumenta sobre cuestiones tan sugerentes como ¿se puede medir científicamente la inteligencia? ¿Es imparcial la medida de la inteligencia? ¿Cuántas inteligencias existen? ¿Cuál es el ciclo vital de la inteligencia? ¿Influye la dieta en la inteligencia? ¿El éxito en la vida y la inteligencia están relacionados? ¿Son los superdotados personas excepcionales? ¿Son hombres y mujeres iguales en inteligencia? ¿Las diferencias en inteligencia se deben en mayor medida a los genes o al ambiente? Temática muy amplia, bien traída, y, como se verá, muy discutible.

Los límites, como se dijo al principio, son zonas de trasiego y conflicto. Se ha dicho que el libro no busca los límites más que como parte de un conjunto bien asentado y definido, que se trabaja y expone de forma discursiva. No obstante, la naturaleza de los temas tratados incorpora, sin necesidad de ningún desplazamiento periférico, la polémica. Al profesor Colom hay que agradecerle que se haya atrevido a mentar, siendo como es necesario, la cuerda en casa del ahorcado. No gusta a los psicólogos, en general, que algo tan importante como la inteligencia esté determinado por algo tan poco modificable psicológicamente como los genes. Sería de preferencia que la inteligencia, y casi cualquier cosa, dependiesen mayoritariamente del ambiente, por formar los psicólogos parte de él. Desgraciadamente, la evolución desde el Australopitecus hasta el Homo Sapiens Sapiens no se consensuó con el Colegio Oficial de Psicólogos y hay sospechas de que ni siquiera se contó con el de Médicos. Esta escasa consideración de la madre naturaleza ha sido ampliamente corregida, a posteriori, con teorías igualitarias y voluntaristas que, dando un origen ambiento-económico-político-social a todas las diferencias, permiten llegar a corregirlas en un futuro siempre cercano. Las de inteligencia también. En el extremo opuesto se encuentran otras teorías y otras ideologías políticas que, escudándose en el supuesto origen biológico (ahora dirán genético) de tales diferencias, encuentran natural e irremediable las desigualdades económicas y sociales a que dan lugar. Meterse en este berenjenal es, necesariamente, andar a la greña y no quedar bien con nadie. El profesor Colom lo ha hecho, pero eso sí, como es costumbre en estas lides, bien pertrechado de datos. El resultado a nuestro entender va a ser el mismo: pretender cambiar ideologías a base de datos es como intentar convencer a un paranoico a base de razonamientos. En estos asuntos, como San Pablo, o te caes del caballo o no hay nada que hacer.

No sé si sabrán ustedes que escuchar durante 10 minutos la Sonata para dos pianos en D mayor, K488 de Mozart incrementa la inteligencia un promedio de 9 puntos: publicado en Nature (Rauscher, Shaw y Ky,1993). Si alguien desea saber algo más, en 1999, el número 400 de Nature volvió sobre el tema. Claro que, digo yo, si escuchar durante 10 minutos a Mozart, quien según la «investigación histórica» tenía un CI de 150, provoca una mejora tan sustancial, leer la obra completa de Voltaire, con un CI estimado de 170, será como empezar de sal y terminar de diamante. La inteligencia, como se ve, da mucho juego. Fuera de estos entretenimientos sencillos, el profesor Colom ha escrito un libro con una tesis de profundas implicaciones: la importancia de un constructo psicológico, la inteligencia, para explicar variables sociológicas como clase y movilidad social, y hasta económicas como la diferencia de riqueza entre las naciones. Tesis arriesgadas que se sustentan en análisis correlacionales. Ésta es una seria limitación porque podemos encontrar correlaciones altísimas entre variables que no tengan ningún nexo causal entre ellas. Por ejemplo, en Castilla existe una alta correlación entre cigüeñas y tasa de natalidad. No debemos deducir de ello que los niños vengan de París o que matar cigüeñas sea un buen método anticonceptivo. Es cierto que cuantas más cigüeñas hay en una población más niños nacen, pero esto es debido a que cuanto mayor es el pueblo, mayor es el número de iglesias en cuyos campanarios pueden anidar las cigüeñas. Es, por lo tanto, el tamaño de la población lo que explica tanto el número de nacimientos como el número de cigüeñas. Dicho esto, tampoco conviene creer, como cierto metodologismo pedestre afirma, que sólo pueden realizarse inferencias causales de manera cierta empleando la metodología experimental. Vean el siguiente cuadro de correlaciones entre medidas de CI obtenido en el Proyecto de Adopción de Colorado y que puede encontrarse en el libro:

Padres adoptivos
e hijo adoptado
+ 0.03
Padres naturales
e hijos naturales
+ 0.31
Madre y su hijo biológico
dado en adopción al nacer
+ 0,38

De haber sido obtenidas estas correlaciones en forma debida es muy difícil encontrar una variable que no sea genética (y si no queremos pillarnos los dedos biológica) que pueda explicar ese patrón de correlaciones. La réplica de estos resultados en estudios similares y la obtención de otro tipo de evidencias en la misma dirección ayudarán, sin duda, a aumentar la validez de las conclusiones. La aceptación o rechazo de una teoría no depende de experimentos particulares y mucho menos de las metodologías empleadas en ellos, sino de un cúmulo convergente de evidencias obtenidas de manera independiente. No entender esto es no entender nada. La ciencia es una construcción común y social. El autor lo sabe y argumenta y cruza datos buscando apoyos para sus tesis. Aun así, o quizá por ello, en el ensayo se aprecian varias contradicciones fruto de discrepancias, a veces oblicuas, entre los argumentos y datos a favor de las posturas geneticistas y ambientalistas. Dejo al lector el placer de descubrirlas.

Como venimos diciendo, es un libro polémico, para la polémica y la reflexión en el que, seguramente, cada cual saldrá reforzado en su postura previa. Yo le encuentro muchas cosas discutibles y cosas que, bien miradas, son sorprendentes. Por ejemplo, que el famoso «silogismo» de Herrnstein (1973), que supuestamente explica el éxito social en el siglo XX, produzca el mismo resultado que el desconocido «silogismo» de Fidalgo para explicar el éxito social en el Medioevo. Experimento interesante que vamos a realizar en directo.

Silogismo de Herrnstein (éxito social en el siglo XX):

La inteligencia es heredable.
El éxito social es función, primordialmente, de la inteligencia.
Entonces, el éxito social es heredable.

Silogismo de Fidalgo (éxito social en el Medioevo):

La clase social es heredable (entiéndase herencia jurídica).
El éxito social es función, primordialmente, de la clase social.
Entonces, el éxito social es heredable.

De silogismo de Herrnstein se deriva que los más inteligentes son los que están en las clases más altas y, al ser transmisible la inteligencia, su descendencia permanecerá durante más tiempo en esta posición social. Es decir, que, en cierto modo, la inteligencia provoca inmovilidad social. La inmovilidad social del Medioevo no requiere mayor demostración. Lo sorprendente del caso es que partiendo de premisas radicalmente diferentes y en épocas muy lejanas entre sí lleguemos a la misma conclusión: que los pobres tienen una probabilidad muy alta de seguir siéndolo. ¿Serán los siervos de la gleba menos inteligentes que los caballeros? ¿O el silogismo de Herrnstein sólo se aplica al siglo XX, aunque curiosamente la conclusión (los hijos de los pobres van a seguir siéndolo muy probablemente) se cumpla en cualquier período histórico y latitud? Que cada cual piense lo que quiera.

El tema de la inteligencia me apasiona, he de reconocerlo. Por eso echo en falta que el tratamiento exquisitamente académico del libro no permita asomarse a campos colindantes fecundos y divertidos. Campos llenos de fresas y avispas, propicios para el juego y escasos en disimulos. Por ejemplo, el quiero y no puedo. Qué decir de las estrategias, a veces muy sofisticadas, para disimular, al modo de pavos, desempeños bastante limitados. En su formulación más general suele haber un componente hermético, bien en la ocupación, en el lenguaje o en el trato. La particularización luego siempre es jocosa, como aquel que se peinaba marcando una frente despejada y pretendió hacer saltar la bolsa aplicando modelos matemáticos. Otro campo maravilloso que linda con el de la inteligencia es el de la estupidez. No dejaremos de citar el excelente e imprescindible tratado del profesor Cipolla (1992) sobre esta temática. Lectura recomendable para entender la composición y funcionamiento de la mayor parte de las organizaciones, desde la Iglesia hasta la Universidad. Y por fin, el humor. ¿Cómo escribir sobre inteligencia sin tratar sobre el humor? La risa nos hizo hombres. Un humano sin sentido del humor es una de las experiencias más inquietantes que hay, algo así como un enorme cuchillo clavado sobre una mesa de madera. Inteligencia, sentido del humor y psicopatología, otra vereda repleta de árboles. Alguien las explorará.

Una última cosa, el libro responde afirmativamente a la pregunta de si el éxito en la vida depende de la inteligencia. Parece que sí, correlaciona con nivel educativo, con nivel de ingresos… En definitiva, el éxito se mide en posesiones. Pero quizás el secreto del éxito en la vida no esté en tener mucho (proceso sin límite conocido y, por tanto, insatisfactorio), sino en necesitar poco. Familia, amigos, un buen libro, ¿para qué más?


Referencias

Cipolla, C.M. (1992). Allegro ma non tropo. Barcelona: Editorial Crítica.

Rauscher, F.H., Shaw, G.L. y Ky, K.N. (1993). Music and spatial task performance. Nature, 365: 611.

Herrnstein, R. (1973). IQ in the meritocracy. Boston: Little Brown.

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