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III Congreso Nacional de Psicología - Oviedo 2017
Universidad de Oviedo

 

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Psicothema

ISSN Paper Edition: 0214-9915  

1997. Vol. 9, nº 2 , p. 433-434
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IN MEMORIAN INTRODUCCION

 

Eduardo García Cueto y José Muñiz Fernández

Universidad de Oviedo

EN MEMORIA DE MARCELO PASCUAL

 
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Eduardo García Cueto y
José Muñiz Fernández
Facultad de Psicología
Universidad de Oviedo

 

Marcelo Pascual se ha ido. Nos ha dejado y ha dejado tras de sí una estela imposible de borrar, fácil de seguir, sencilla de identificar. Su quehacer cotidiano ha llevado la Psicología española a casi todos los frentes en los que hoy se encuentra: La docencia, el ejército, la empresa, el diagnóstico, la selección... De forma callada, continua, constante ha sabido ir dejando en alto el baluarte de la Psicología y para la mayoría de nosotros (los que hoy nos llamamos psicólogos) ha sido maestro, compañero y sobre todo amigo.

Los que como él pretendemos enseñar Psicometría seguiremos intentando imitarle en su entrega, su generosidad y su afán por hacer que el alumno se entusiasmase por la materia.

Los que, además, fuimos sus amigos le tendremos siempre presente en nuestro corazón. Su imagen permanecerá indeleble y, como la de Mariano Yela, se hará casi material cada vez que iniciamos una clase, o que abrimos un libro o leemos un artículo de la Teoría de los tests.

En su honor la revista Psicothema dedica este artículo. Al maestro, al compañero y al amigo siempre presente en nuestro corazón.

Eduardo García Cueto
Facultad de Psicología
Universidad de Oviedo

Acaba de dejarnos Marcelo Pascual. Algún tiempo atrás lo hacía también Mariano Yela. En poco tiempo hemos perdido a los dos maestros claves de la Psicometría española actual. Para la mayoría de nosotros, cada uno en su estilo, Pascual y Yela lo fueron casi todo: primero maestros, luego compañeros y, siempre y, sobre todo, amigos del alma.

Marcelo Pascual estuvo en todos los frentes en los que hubo que empujar el nacimiento de la Psicología española: En la Escuela de San Bernardo, en el Instituto de Psicología y Psicotecnia, en la Facultad de Somosaguas y, muy especialmente, a él se debe el impulso de la Psicología Militar desde su puesto en el Ejército del Aire. Sus trabajos sobre las aptitudes espaciales inician en España una línea de investigación en la que hoy trabajan muchos psicólogos.

Tenía Pascual esa impronta que caracteriza a los pioneros: energía, entusiasmo y sentido positivo de la existencia, que contrastaba con la pose escéptica de algunos profesores jóvenes que parecían ya de vuelta de todo, cuando aún no habían llegado a nada. Su preocupación y entusiasmo por todo lo relacionado con la docencia era proverbial, siempre ideando nuevas formas de enseñar su querida Teoría de los tests. Cada vez que se encerraba en su casa de Monte Príncipe, como él gustaba decir, venía con nuevos y abundantes ejercicios, problemas, cuadros, tablas y demás material docente para apoyar las exposiciones teóricas, que compartía con todos nosotros. No era muy amigo de que los estudiantes utilizasen las máquinas de calcular (lo de los ordenadores vino después) hasta que no se hubieren enfrentado, lápiz en ristre, con los problemas y ejercicios de cálculo por él diseñados; antes de usar la calculadora tienen que entender lo que hace y eso sólo se consigue haciéndolo, solía decir y, me parece, que decía bien. A buen seguro que sus antiguos alumnos no habrán olvidado las largas sesiones de prácticas a las que Pascual los sometía. Entre el alumnado se le quería y respetaba con naturalidad, como sólo se hace con los verdaderos maestros. La llegada de su famoso Seat 1.500 al aparcamiento enfrente del aula 4 en Somosaguas era el estímulo discriminatorio para que cada cual se fuese acomodando en su sitio, dispuestos a seguir otra clase de Pascual.

Pero si grandes eran las cualidades de Pascual como docente, académico y profesional, nada era comparable a su bonhomía. Marcelo Pascual, sobre todas las cosas, fue una gran persona, bueno en el sentido machadiano de la palabra bueno. Primero como profesor y maestro y luego como compañero en el departamento de Psicología Experimental de la Universidad Complutense. Era un ejemplo para los que, a su lado, dábamos los primeros pasos en la carrera académica. Afable, generoso y solidario, Pascual siempre estaba dispuesto a echar una mano en lo que fuese y no le faltaron ocasiones, que bastantes le debemos mucho.

Querido maestro gracias por todo y deja que todavía nos sigamos inspirando en el recuerdo de tu ejemplo indeleble para ir capeando el presente y adentrándonos en el futuro.

José Muñiz Fernández
Facultad de Psicología
Universidad de Oviedo


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