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III Congreso Nacional de Psicología - Oviedo 2017
Universidad de Oviedo

 

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Psicothema

ISSN Paper Edition: 0214-9915  

2004. Vol. 16, nº 1 , p. 70-75
Copyright © 2014


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LA PERCEPCIÓN DE SEMEJANZA INTEGRUPAL Y LA IDENTIFICACIÓN CON EL ENDOGRUPO: ¿INCREMENTA O DISMINUYE EL PREJUICIO?

 

Mª Dolores Morera, Fátima A. Marichal, Mª Nieves Quiles, Verónica Betancor, Ramón Rodríguez, Armando Rodríguez, Efrén A. Coello e Isabel Vargas

Universidad de La Laguna

El presente estudio analiza el papel de la semejanza intergrupal y la identidad en las relaciones intergrupales. Se trata de determinar la relación de la percepción de semejanza endo-exogrupal y la identidad endogrupal, con las actitudes hacia varios grupos de inmigrantes. Para ello, 400 estudiantes de Secundaria respondieron un cuestionario compuesto por tres escalas: identificación con el endogrupo, similitud intergrupal y una escala de distancia social. El análisis multidimensional de las escalas de similitud mostró que las personas atienden fundamentalmente a dos dimensiones: la similitud de estatus y la similitud actitudinal o cultural. Estas dimensiones permitieron organizar a los inmigrantes en tres categorías: grupos semejantes, grupos diferentes de alto estatus y grupos diferentes de bajo estatus. Finalmente, el análisis de las respuestas a las escalas de distancia social indicó que es la semejanza intergrupal la que explica un porcentaje mayor de su varianza.

The perception of intergroup similarity and ingroup identification: Do they increase or reduce prejudice? This study examines the role played by intergroup similarity and identity in intergroup relations. The main purpose was to determine the relation between ingroup/outgroup perceived similarity and ingroup identification, with attitudes towards several immigrants groups. 400 secondary school students answered a questionnaire composed by three scales: ingroup identification, perceived intergroup similarity, and social distance. Multidimensional analysis of similarity scales showed that people basically employ two dimensions: status similarity and attitudinal similarity. These two dimensions allowed to determine three outgroup categories: similar groups, high status dissimilar groups and low status dissimilar group. Lastly, the analysis of the answer to social distances scales showed that similarity explains the greatest percentage of variance.

 
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Fecha recepción: 12-12-02 • Fecha aceptación: 9-9-03
Correspondencia: Mª Dolores Morera
Facultad de Psicología
Universidad de La Laguna
38205 Tenerife (Spain)
E-mail: mdmorera@ull.es

 

Durante mucho tiempo la semejanza se ha considerado un factor determinante de la atracción interpersonal. Las investigaciones inspiradas en las teorías del equilibrio (Heider, 1958; Newcomb, 1961), así como en la teoría de la similitud-atracción (Byrne, 1971) son una prueba sólida de que la semejanza real o percibida entre individuos facilita la atracción y, en consecuencia, la disposición a interactuar. Menos obvio es, sin embargo, el papel de la semejanza en las relaciones intergrupales. Concretamente, mientras unos resultados señalan que la percepción de semejanza mejora las relaciones intergrupales, otros datos apuntan a que esta misma es el origen del conflicto intergrupal.

Así, por un lado, la teoría de la congruencia de las creencias (Rokeach, 1960) propone que la discriminación se debe a la percepción de diferencias en las creencias entre el endogrupo y el exogrupo. Por ejemplo, Insko, Nacoste y Moe (1983) hallaron que la percepción de similitud de las creencias reduce la discriminación contra miembros del exogrupo étnico y favorece las relaciones intergrupales. Por tanto, los grupos que se perciben con normas y actitudes similares o estatus equivalentes presentan una mayor atracción entre ellos y una menor diferenciación intergrupal (Brewer y Campbell, 1976; Grant, 1993; Jetten, Spears y Manstead, 1996, 2001).

Por otro lado, desde la teoría de la identidad social (Tajfel, 1978) se prevén consecuencias opuestas. Desde esta perspectiva, las personas intentan satisfacer su necesidad de identificación social positiva a través de procesos de categorización, identificación y comparación. Para ello, evalúan de forma más positiva a su endogrupo que a los exogrupos (Brewer, 1979; Huici y Ros, 1993; Leyens, Rodríguez, Rodríguez, Paladino y Vaes, 2001; Quiles, Leyens y Rodríguez, 2001). Ahora bien, en la medida en que las personas están motivadas a desarrollar una identidad social positiva a partir de sus pertenencias grupales, la percepción de semejanza constituirá una amenaza, pues impide lograr una distintividad positiva en relación a otros grupos (Diehl, 1988; Genthner, Shuntich y Bunting, 1975; Mummendey y Schreiber, 1984; Tajfel, 1981). Por ejemplo, Genthner, Shuntich y Bunting (1975) encontraron que las personas blancas con alto prejuicio eran más agresivas hacia las personas negras que tenían creencias similares a las suyas, que hacia aquellas que tenían creencias distintas. En consecuencia, desde la teoría de la identidad social, la percepción de semejanza, lejos de mejorar las relaciones intergrupales, las dificultaría, dando lugar a más discriminación hacia grupos percibidos como similares que hacia grupos diferentes.

Ante estas dos visiones opuestas, el propósito de este estudio es aportar nuevos datos sobre la relación entre semejanza percibida y prejuicio hacia varios exogrupos. Más exactamente, indagamos en el papel que desempeña la semejanza percibida y la identidad con el endogrupo en la actitud hacia distintos niveles de proximidad en el contacto con varios exogrupos inmigrantes de las Islas Canarias.

Para llevar a cabo nuestro objetivo vamos a tener como principal referencia el trabajo de Roccas y Schwartz (1993), que trata de explicar la divergencia que existe en los resultados de las investigaciones realizadas sobre semejanza intergrupal, identidad y prejuicio, y que apunta varios factores como responsables de dicha discrepancia.

En primer lugar, las discrepancias en los resultados se deberían a las diferencias en el modo en que se ha operacionalizado el concepto de semejanza. De hecho, estos autores encuentran diferencias en función del tipo de atributo empleado como criterio de semejanza intergrupal (v.g. atributos relevantes vs. irrelevantes para la definición del grupo). También Brown y Abrams (1986) manipularon la dimensión de comparación intergrupal estableciendo distintos grados de semejanza «actitudinal» y semejanza de «estatus». Con anterioridad Brown (1984) había definido la similitud actitudinal como la semejanza entre los valores e ideología que prevalecen dentro de un grupo, y se refería a la similitud de estatus como la proximidad de los grupos en alguna dimensión de valor o prestigio. Los resultados mostraron que la semejanza o diferenciación en ambas dimensiones afecta a la dirección de las respuestas de los sujetos hacia el exogrupo.

Una segunda razón de las discrepancias está en el nivel interpersonal o intergrupal de las comparaciones. Roccas y Schwartz (1993) señalan que, mayoritariamente, los experimentos basados en la teoría de la congruencia de creencias trabajan la similitud desde un nivel interpersonal, ya que se manipula la semejanza entre las creencias de los participantes en el experimento y las de un miembro del endo o del exogrupo. Para demostrar la diferencia entre ambos niveles, Diehl (1988) realizó un primer experimento en el que, utilizando el paradigma del grupo mínimo, manipuló la similitud interpersonal: cada participante fue asignado de forma aleatoria a un grupo A o B, y posteriormente se les dio información sobre su semejanza o diferencia con un miembro de su endogrupo y con un miembro del exogrupo. A continuación midió el grado de preferencia por esa persona con vistas a trabajar en una tarea cooperativa, así como el favoritismo endogrupal. Los resultados mostraron que los participantes preferían a los individuos semejantes a ellos independientemente de su grupo de pertenencia. Además, tendían a favorecer más a los miembros semejantes del endogrupo que a los semejantes del exogrupo y a estos últimos más que a los miembros diferentes de cualquier grupo de pertenencia. En un segundo experimento, Diehl (1988) manipuló la similitud intergrupal creando tres condiciones: similitud entre el participante y el endogrupo, similitud entre el participante y el exogrupo y similitud entre el endogrupo y el exogrupo. En este contexto intergrupal, la manipulación de la información sobre similitud actitudinal llevó a más discriminación contra los miembros semejantes del exogrupo que hacia los diferentes del exogrupo, lo que apoya los supuestos de la teoría de la identidad. Lo interesante de estos resultados es que señalan la necesidad de distinguir entre el nivel interpersonal e intergrupal a la hora de comprender el papel de la similitud.

Una tercera causa de la discrepancia en los resultados está en la naturaleza de la variable dependiente. Mientras unas investigaciones miden variables afectivas, tales como la actitud o la predisposición al contacto, otras se focalizan en los sesgos perceptivos. En este sentido, no se ha tenido en cuenta que la conducta hacia un grupo no siempre está relacionada con el modo en que se percibe al exogrupo en comparación con el endogrupo (Struch y Schwartz, 1989). Esto es, el hecho de que se perciba al exogrupo de forma más negativa que al endogrupo no significa que se tenga una actitud global o predisposición negativa hacia el mismo. Esa fue la conclusión a la que llegaron Roccas y Schwartz (1993) tras llevar a cabo una investigación con estudiantes de Secundaria de tres prestigiosas escuelas de Jerusalén. La similitud intergrupal se manipuló proporcionando información sobre características escolares, tales como éxito académico, opciones de carrera elegidas, etc., conformando tres condiciones experimentales: semejanza moderadamente alta, alta y muy alta. Además, el estudio incluyó varias dimensiones de comparación del endogrupo con el exogrupo. De ellas, sólo la mitad eran consideradas relevantes para definirse como grupo. Los resultados demostraron que cuando existe una mayor similitud percibida, el favoritismo endogrupal aumenta en las dimensiones relevantes para definir al endogrupo. En cambio, el favoritismo exogrupal aumenta en otras dimensiones no relevantes. Pero lo más interesante para nuestra investigación es que se constató que los individuos que se identifican más con su endogrupo tienen una mayor predisposición a mantener contacto social con el exogrupo más similar.

Finalmente, de este mismo estudio se deriva una cuarta causa para explicar la discrepancia en la investigación sobre semejanza: el grado de identificación con el endogrupo. Roccas y Schwartz (1993) plantean que la identidad modera la relación entre la similitud intergrupal y los sesgos endogrupales de modo que si una persona no se identifica con su grupo, a) la distintividad de su endogrupo no afectará a su identidad social, y b) la semejanza entre el endo y exogrupo tampoco constituirá una amenaza para su identidad.

El presente estudio pretende indagar en la relación entre algunas variables expuestas por Roccas y Schwartz (1993). En primer lugar, se trabaja explícitamente con la semejanza intergrupal. En vez de manipular las semejanzas interpersonales se emplea una escala de comparación de pares y se pide a los participantes en la investigación que indiquen el grado de semejanza entre distintos grupos nacionales. El análisis multivariado de las respuestas nos permitirá seleccionar los grupos próximos y lejanos al endogrupo en la estructura latente que nos proporciona dicho análisis. Además obtendremos pistas acerca de los criterios que las personas emplean espontáneamente para determinar la semejanza intergrupal.

En segundo lugar, se adopta como medida de prejuicio la evaluación de distintos niveles de contacto con miembros del exogrupo. Esta medida inspirada en las escalas de distancia social de Bogardus (1947) proporciona información sobre la valoración del contacto social. De este modo podremos determinar si existe alguna correspondencia entre la semejanza, la identidad y la evaluación del contacto.

En tercer lugar, se toma una medida exhaustiva del nivel de identidad endogrupal. De acuerdo con la Teoría de la Identidad Social una alta percepción de similitud con el exogrupo constituye una amenaza a la distintividad social de los individuos, y eso es suficiente para discriminarlo. Siguiendo a Roccas y Schwartz (1993), una condición necesaria para que esto ocurra, es que la persona tenga una alta identificación con su grupo.

En este artículo defendemos que si bien es probable que la similitud con los miembros de un exogrupo amenace la identidad social, también lo es que dicha similitud proporcionará expectativas más positivas para la interacción (Byrne y Clore, 1970) debido a que se esperan más recompensas, así como mayor refuerzo y autoconfirmación para los valores y creencias que se derivan de la pertenencia grupal, y que el individuo asume como propios. De acuerdo con lo expuesto, esperamos que las personas que tengan una mayor identificación con su endogrupo, muestren una valoración más positiva de las distintas situaciones de contacto con los exogrupos semejantes que con los exogrupos diferentes.

Método

Muestra

En este estudio participaron 400 estudiantes de 1º y 2º de Bachillerato, de los cuales 180 eran varones y 220 mujeres, de las siete Islas Canarias: Lanzarote, Fuerteventura, Gran Canaria, Tenerife, La Gomera, La Palma y El Hierro.

El rango de edades estaba comprendido entre los 15 y 21 años, con una media de 17.4 años y una desviación típica de 1.13.

Material y procedimiento

Los participantes cumplimentaron, de forma voluntaria y en el propio aula, un cuadernillo con tres cuestionarios. El primero, de identidad canaria, el segundo, de comparación de pares de grupos, para determinar la similitud intergrupal y el tercero midió la distancia social.

Cuestionario de identidad. Este cuestionario incluye 6 ítems dirigidos a medir el grado de identificación actual de los participantes con Canarias y con los canarios. Concretamente, se preguntaba lo siguiente: «Me siento identificado con el modo de pensar que tenemos en Canarias», «Me gustaría que se respetaran más todas las tradiciones canarias»; «Me siento orgulloso de ser canario»; «Hay sentimientos que solo puedo hablarlos con gente que sea canaria»; «Ser canario influye mucho en lo que soy» y «Me encanta Canarias». Cada pregunta fue seguida de una escala tipo Likert de siete puntos. El análisis de la consistencia interna de la escala dio un alpha de Cronbach moderadamente alto (α=.76) por lo que se asignó como puntuación de identidad a cada participante la media obtenida en dicha escala.

Cuestionario de similitud intergrupal: Este cuestionario consta de 7 grupos nacionales. Concretamente, el endogrupo canario y 6 exogrupos inmigrantes relevantes por su presencia en las Islas Canarias: alemanes, ingleses, marroquíes, negros africanos, peninsulares y venezolanos. Los distintos grupos fueron presentados en forma de comparación de pares (21 comparaciones en total), y seguidos de una escala de similitud (1= muy diferentes; 7= muy similares). El orden de presentación de los estímulos fue contrabalanceado de tal modo que cada grupo nacional apareciera el mismo número de veces en el primer par y el segundo par de la comparación. Antes de responder se instruía a los participantes para que señalaran el grado de diferencia o de semejanza que se percibe en Canarias entre distintos pares de grupos. Concretamente las instrucciones decían «… más que tu opinión personal interesa que nos digas lo que tú crees que piensa la gente aquí en Canarias. Es posible que no conozcas personalmente a gente de alguno de estos grupos. Si es así, no te preocupes ya que lo que interesa en este cuestionario es que nos respondas lo que sabes o te imaginas que piensan los demás respecto a ellos». Una vez finalizada esta tarea pasaban a contestar el cuestionario de distancia social.

Cuestionario de distancia social: Este cuestionario está basado en la escala tipo Bogardus (1947) que mide la evaluación del contacto a través de una serie de cuestiones. En nuestro caso, los participantes canarios evalúan el nivel de agrado de cuatro situaciones que implican distinto grado de proximidad con respecto a los miembros de los seis exogrupos estudiados. Concretamente, las situaciones fueron «estudiar en el mismo colegio/instituto donde hay estudiantes marroquíes (o alemanes, venezolanos, etc.)», «tener como profesor a…», «tener como vecinos de la puerta de al lado…» y «enterarnos que una hermana está embarazada de…». Cada situación estaba seguida de una escala de 7 puntos, donde el 1 significa «muy poco agradable» y el 7 «muy agradable».

La aplicación de los cuestionarios fue colectiva y se realizó en las aulas que tenían asignadas los participantes. Cada participante recibió un cuadernillo en el que se incluían las tareas descritas anteriormente.

Previamente a la ejecución de las tareas se dieron las correspondientes instrucciones. Se hizo hincapié en que no dejaran ítems sin contestar y se insistió en que leyesen atentamente las instrucciones.

Resultados

Análisis de la similitud intergrupal percibida

Mediante el análisis multidimensional del cuestionario de similitud intergrupal podemos determinar una representación completa de las semejanzas y diferencias a través de las distancias euclidianas entre la población observada (canarios) y los otros grupos nacionales. Para ello, se empleó el módulo ALSCAL implementado en el programa SPSS/V10 (Takane, Young y De Leeuw, 1977) cuya medida de ajuste (S-stress= 0.072) para la primera iteración muestra la bondad de la solución bidimensional de los resultados. En consecuencia, es posible organizar los siete grupos (el endogrupo y los seis exogrupos) en estas dos dimensiones para establecer la semejanza latente entre ellos. Como se observa en la figura 1, los grupos más cercanos a los canarios son los peninsulares y los venezolanos; y los que mayor distancia social presentan son los marroquíes, negros africanos, alemanes e ingleses.

La distribución en la dimensión 1 dispone los grupos en tres agregados. Próximo a un extremo sitúa a alemanes, ingleses y peninsulares. Los canarios quedarían en el punto medio de la dimensión separados de venezolanos, marroquíes y negros africanos que se distribuirían en este orden en dirección al extremo opuesto. Esta distribución nos permite inferir que los participantes han hecho uso de un criterio de «estatus» socioeconómico en la cualificación de las similitudes intergrupales y por ello denominaremos a esta dimensión «similitud de estatus». Desde esta representación, los alemanes e ingleses serían considerados como grupos nacionales de mayor estatus que los peninsulares, canarios y venezolanos, mientras que los marroquíes y negros africanos quedarían en los escalones más bajos de esta dimensión.

La dimensión 2 muestra una dicotomización más extrema de los grupos. Así, presenta a los canarios, venezolanos y peninsulares en un polo y a los negros, marroquíes, alemanes e ingleses en el otro. Esto indica que los canarios perciben a los venezolanos y a los peninsulares como los grupos más próximos y a los otros cuatro grupos, como más distantes. Esta distribución dicotómica aparentemente concuerda con una distinción lingüística y cultural, que puede ser etiquetada como «semejanza cultural o actitudinal» basándonos en la propuesta de Brown (1984).

En consecuencia, atendiendo a las dos dimensiones (similitud de estatus y similitud cultural o actitudinal) en este espacio euclidiano podemos señalar tres agrupamientos que clasificaremos como a) grupos semejantes (en las dos dimensiones): venezolanos y peninsulares; b) grupos diferentes de alto estatus: alemanes e ingleses; c) grupos diferentes de bajo estatus: marroquíes y negros.

Predicción de las distancias sociales a partir de la similitud e identidad

Con el objeto de comprobar en qué medida la similitud intergrupal percibida y la identidad con el endogrupo, explican la distancia social, se llevaron a cabo varios análisis de regresión. En el primer paso se incluyeron las puntuaciones correspondientes a la prueba de similitud con cada grupo y, en el segundo, la medida de identidad con Canarias. Este método de análisis jerárquico nos permite a) evaluar la medida en que las puntuaciones correspondientes a la similitud predicen las distancias sociales; b) descubrir el incremento en poder explicativo producido por la inclusión de las puntuaciones relativas a la identidad, y c) determinar la proporción total de varianza de las puntuaciones de distancia social que estas variables predictoras explican conjuntamente. Como ya se ha comentado a lo largo de esta investigación, se espera que los dos factores propuestos como predictores proporcionen una explicación significativa de la varianza de la distancia social. Los resultados de este análisis para el conjunto de la muestra se presentan en la Tabla 1.

Los resultados del análisis revelan que la fuerza de la asociación medida a través del coeficiente de determinación R2 es mayor entre la semejanza y la distancia social que entre identidad y distancia social. Al realizar el análisis paso a paso es posible comprobar como cambia el coeficiente R2 al introducir ambas variables en la ecuación de regresión que, en este caso, muestra que la diferencia fundamental la marca la medida de similitud con cada uno de los grupos. Los resultados constatan que las puntuaciones de similitud explican de forma significativa en todos los casos los cambios en los cuatro niveles de «distancia social». Concretamente, mayores puntuaciones en similitud predicen una evaluación más positiva del contacto en cualquiera de los niveles de intimidad o proximidad. Además, es interesante señalar que esta relación siempre es más potente en el caso de los grupos semejantes, que cuando los grupos son diferentes de alto o de bajo estatus.

En cambio, la relación entre distancia social e identidad es menos consistente. En este caso, existe mayor dependencia del contexto concreto de contacto. Específicamente, es en el contexto escolar donde la identificación con el endogrupo juega un papel más importante. Concretamente, aquellos participantes que tienen mayor puntuación en identidad canaria, presentan mayor agrado a la hora de compartir colegio con otros grupos. Hay que subrayar que este es el indicador con menor grado de intimidad en el contacto. Esto es, no son situaciones de contacto personal sino más bien de índole intergrupal y por lo tanto más propicios para activar la identidad social. Lo mismo podemos decir de la dimensión «vecinos», aunque en este caso la aportación de la identidad sólo es significativa para los grupos semejantes. De cualquier modo, hay que señalar que los porcentajes de varianza explicados son en general bastante bajos.

Para confirmar el análisis previo se llevó a cabo un ANOVA de 3 (Nivel de semejanza: grupos semejantes vs. diferentes de alto estatus vs. diferentes de bajo estatus) x 4 (Distancia social: colegio vs. profesor vs. vecino vs. embarazo) x 2 (identidad: alta vs media) tomando como variable dependiente la valoración del contacto. Las dos primeras variables fueron intrasujetos, y la última, que computamos dividiendo la muestra en dos mitades a partir de las puntuaciones medias en la escala de identidad, fue intersujetos. Los dos niveles de la variable identidad responden a la distribución de frecuencias ya que la mitad superior de la muestra se situó en los valores altos de la escala (M= 5.7, DT= .43) y la mitad inferior en los valores medios (M= 4.2, DT= .84). Es relevante señalar que todos los sujetos tienen puntuaciones altas en identidad con el endogrupo. No obstante, se comprobó que, en efecto, ambas puntuaciones fueran significativamente diferentes (t(398)= 22.8; p<.001).

El ANOVA confirmó que la identidad no ejercía ningún efecto significativo sobre la valoración del contacto (F<1). En cambio, tanto la variable nivel de semejanza como la variable distancia social dieron lugar a dos efectos principales. Así, se valora más positivamente el contacto (F(2,2370)= 443.2; p<.001) con miembros de grupos semejantes (M= 5.3, DT= .70) que con miembros de grupos diferentes, sean estos de alto estatus (M= 4.7, DT= .83) o de bajo estatus (M= 3.5, DT= .96). Las distancia sociales también marcan diferencias (F(3,2370)= 104.75; p<.001), ya que se acepta mejor la distancia «colegio» (M= 4.9, DT= .75 ) que profesor (M= 4.6, DT= .83), vecino (M= 4.4, DT= .79) y embarazo (M= 4.0, DT= .84). Además de estos efectos principales, el análisis deparó una interacción significativa entre distancia social y nivel de semejanza (F (6,2370)= 29.7; p<.001). La representación gráfica de esta interacción se presenta en la figura 2.

Como se observa, el grupo semejante es el mejor aceptado en las cuatro distancias estudiadas mientras que el menos aceptado es el grupo diferente de bajo estatus. No obstante, el análisis de efectos simples de la interacción muestra que todas las diferencias entre los tres niveles de semejanza en las cuatro distancias son significativas (p<.001). Esto es, en los contextos colegio, profesor, vecino y embarazo, hay una valoración más positiva del contacto con el grupo semejante que con el diferente de alto estatus y de éste, a su vez, con el diferente de bajo estatus. Las comparaciones simples muestran que la interacción se deriva de las diferencias dentro de un mismo nivel de semejanza. Como se observa en la figura 2, tanto en el grupo semejante (F(1,395)= 91,68; p<.001) como en el grupo diferente de alto estatus (F(1,395)= 196,44; p<.001) hay una mayor predisposición al contacto en el contexto colegio y una menor predisposición en la situación de embarazo. Sin embargo no hay diferencia significativa entre los contextos «profesor» y «vecino» . En cambio, en el grupo diferente de bajo estatus los sujetos difieren significativamente en su valoración del contacto en todos los niveles de proximidad (p<.05). Así hay mayor aceptación en el contexto colegio, que en el profesor y vecino, y muestran mayor rechazo en el contexto embarazo.

Discusión

La presente investigación tuvo como objetivo determinar si la percepción de semejanza y la identificación con el endogrupo favorece o no la valoración del contacto con miembros de seis exogrupos de inmigrantes relevantes para los canarios por su presencia en las islas (alemanes, ingleses, marroquíes, negros, peninsulares y venezolanos).

De forma global, los resultados que hemos obtenido indican que estas dos variables influyen de forma positiva en la evaluación del contacto si bien hay que destacar un mayor poder determinante de la semejanza frente a la identidad.

En el caso concreto de la percepción de semejanza intergrupal, en primer lugar los datos obtenidos mediante escalamiento multidimensional constituyen un apoyo empírico para los planteamientos de Brown (1984), que considera la percepción de semejanza en las relaciones intergrupales como el resultado de dos dimensiones: la similitud actitudinal (semejanza en elementos culturales) y la similitud de estatus (valor o prestigio). En este sentido, los resultados de nuestra investigación aportan información acerca de que las personas emplean espontáneamente dichos criterios para establecer los juicios de semejanza entre los grupos. En las dos dimensiones, los canarios se sienten más próximos a los venezolanos y a los peninsulares. Esto es, consideran que tanto los venezolanos como los peninsulares se asemejan más a ellos en cuanto a elementos culturales y estatus social. En cambio, los grupos con mayor estatus (alemanes e ingleses), así como los de menor estatus percibido (marroquíes y negros), aparecen más distantes en el plano de representación. En segundo lugar, los resultados del análisis de regresión jerárquica así como el análisis de varianza muestran que la percepción de similitud favorece las actitudes hacia el exogrupo, aunque hay que señalar que el porcentaje de varianza explicado no es muy alto. La dirección de estos resultados coinciden con los obtenidos por Roccas y Schwartz (1993) quienes encuentran que, aunque la similitud intergrupal condujo a mayor favoritismo endogrupal en la evaluación de las dimensiones relevantes para la definición del grupo, la predisposición al contacto social con el exogrupo también se incrementó. Es decir que aunque las evaluaciones van en el sentido previsto por la teoría de la identidad, aumentando el favoritismo endogrupal, la predisposición al contacto responde a las propuestas de la teoría de la congruencia de las creencias. De este modo, las personas prefieren mantener contacto social con aquellos que son semejantes a los grupos con los que se identifican. En definitiva, el favoritismo endogrupal y el deseo de evitar el contacto con el exogrupo no ocurren juntos necesariamente (Struch y Schwartz, 1989). Los sesgos endogrupales pueden servir para preservar el sentido positivo de la identidad social, sin promover por ello hostilidad hacia el exogrupo.

En cuanto al papel que juega la variable identidad endogrupal en la evaluación del contacto con otros grupos, podemos decir que nuestros datos son menos concluyentes.

El coeficiente de determinación R2 señala una mayor asociación entre la similitud y la distancia social que entre la identidad y la distancia social. Así, por un lado, hemos podido comprobar que la relación entre la distancia social y la identidad depende del contexto concreto del contacto intergrupal, es decir, del nivel de intimidad de ese contacto. Concretamente ha sido en el contexto escolar, el nivel de menor proximidad, seguido del contexto «vecinos», donde la identidad con el endogrupo aporta más información sobre la aceptación del contacto con el exogrupo.

Por otro lado, es necesario puntualizar que los valores medios de identidad endogrupal que presentan los sujetos en nuestro estudio son relativamente altos, lo que hace difícil valorar en profundidad la influencia real de esta variable. El hecho es que no hemos podido contrastar las diferencias entre individuos de alta identidad, con individuos con un nivel de identificación realmente bajo. Esto podría haber restado valor explicativo a dicha variable en nuestros análisis e impedir llegar a datos más concluyentes al respecto. Esta posibilidad está refrendada por los resultados que obtienen Roccas y Schwartz (1993), quienes sí encuentran un papel importante de dicha variable. Por tanto esta cuestión permanece abierta para investigaciones futuras en las que se deberá contar con una muestra que presente baja identidad endogrupal.

En conclusión, nuestra investigación avala la idea de que mayores niveles de semejanza percibida, así como una mayor identificación con el endogrupo, favorecen la valoración del contacto intergrupal y disminuyen el prejuicio.

Agradecimientos

El trabajo que se presenta en este artículo se ha realizado gracias a la financiación del proyecto de investigación nº PI2001/089 del Gobierno de Canarias y el proyecto nº BSO 2002-01568 del Ministerio de Ciencias y Tecnología.


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    Figura 1. Representación de los grupos nacionales en la solución bidimensional.
                            
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    Tabla 1. Análisis de regresión jerárquico para el conjunto de la muestra en las cuatro distancias sociales (colegio, profesor, vecino, embarazo), relativas a los tres niveles de similitud intergrupal.
                            
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    Figura 2. Valoración del contacto en función del nivel de semejanza y la distancia social.