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III Congreso Nacional de Psicología - Oviedo 2017
Universidad de Oviedo

 

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Psicothema

ISSN Paper Edition: 0214-9915  

1999. Vol. 11, nº 2 , p. 445-446
Copyright © 2014


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THE G FACTOR: THE SCIENCE OF MENTAL ABILITY

 

Arthur R. Jensen

Wesport, Praeger, 1998

REVISION DE LIBROS / BOOK REVIEW

A pesar de la relativamente corta historia de la Psicología como ciencia, existen pocos constructos psicológicos que perduren 90 años después de su formulación y que, aún más, continúen plenamente vigentes en la actualidad. El factor «g» es sin duda alguna uno de esos escasos ejemplos y para contrastar su vigencia actual tan sólo hace falta comprobar su lugar de preeminencia en los modelos factoriales de la inteligencia más aceptados en la actualidad, bien como un factor de tercer orden en los modelos jerárquicos o bien identificado con un factor de segundo orden en el modelo del recientemente desaparecido R.B.Cattell.

 
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Revisado por:

Andreu Vigil Colet

Universidad Rovira i Virgili

 

A pesar de la relativamente corta historia de la Psicología como ciencia, existen pocos constructos psicológicos que perduren 90 años después de su formulación y que, aún más, continúen plenamente vigentes en la actualidad. El factor «g» es sin duda alguna uno de esos escasos ejemplos y para contrastar su vigencia actual tan sólo hace falta comprobar su lugar de preeminencia en los modelos factoriales de la inteligencia más aceptados en la actualidad, bien como un factor de tercer orden en los modelos jerárquicos o bien identificado con un factor de segundo orden en el modelo del recientemente desaparecido R.B.Cattell.

No obstante cualquier estudioso del tema podía encontrar a faltar una monografía en la que se recogieran tanto las implicaciones de su existencia como las posibles causas de las diferencias individuales en el factor «g». Dicha laguna queda exhaustivamente cubierta con la obra recientemente publicada por Arthur Jensen.

Sin querer obviar la fama de polémico que acompaña a A. Jensen, incluso autores poco sospechosos de suscribir sus teorías como R. J. Sternberg lo describen como un «hard nose scientist», desde el momento en que cualquiera que desee plantear una discusión con A. Jensen se encontrará con una amplia y detallada aportación de evidencias empíricas sobre las cuales se fundamentaran las tesis de este autor y, como era de esperar, esta actitud científica del debate es la que predomina en la última obra de este autor.

Un aspecto especialmente relevante de la obra es la doble lectura que permite, dado que es recomendable tanto para aquellos que se encuentren interesados en iniciarse en el estudio del factor «g» como para aquellos estudiosos del tema que estén interesados en profundizar en el mismo.

Tras un apartado introductorio al desarrollo histórico del factor «g», A. Jensen sigue el proceso lógico de validación de un constructo, es decir, plantea las consecuencias de la existencia del factor «g» para, a continuación verificarlas empíricamente a partir de los datos obtenidos en las investigaciones llevadas a cabo desde las formulaciones originales de C. Spearman hasta nuestros días. Dichas consecuencias implican múltiples niveles de análisis, desde las consecuencias en el ámbito biológico o a nivel del procesamiento de la información hasta las diferencias individuales de género y raza relacionadas con el factor «g». Sin duda, este último punto es, como en otras ocasiones, el más polémico de los postulados de este autor aunque, antes de iniciar cualquier crítica se hace preciso analizar el concepto de raza entendido por A. Jensen no como una serie de categorías discretas sino como una variable continua determinada por múltiples genes.

En toda la obra A. Jensen hace un especial énfasis en la naturaleza biológica del factor «g», idea ya existente en las formulaciones iniciales de C. Spearman al definirlo como un tipo de energía mental. En este sentido apunta hacia las limitaciones de las aproximaciones factoriales al estudio de la inteligencia, desde el momento de que constituyen una aproximación fundamentalmente descriptiva de la inteligencia, sin entrar en un nivel explicativo de las causas de las diferencias individuales en inteligencia. Partiendo de todo ello plantea la necesidad de relacionar la estructura factorial de la inteligencia con los determinantes biológicos responsables de la variabilidad existente en las pruebas de capacidad.

En este sentido, A. Jensen no plantea que los determinantes biológicos de la inteligencia dependan fundamentalmente de la estructura cerebral per se, sino de determinados aspectos de la fisiología cerebral que modifican la sensibilidad y eficiencia de los procesos básicos en el procesamiento de la información que modelan las respuestas del individuo ante ciertos aspectos del ambiente.

Finalmente la obra realiza una doble propuesta: en primer lugar potenciar la investigación en el sentido vertical que abarque el estudio de las causas neurofisiológicas de las diferencias individuales en el factor «g». En segundo lugar una propuesta metodológica fundamentada en los modelos de ecuaciones estructurales sobre la manera en que deben estudiarse las relaciones entre el factor «g» y las múltiples facetas de la vida cotidiana en las que se manifiesta. En este sentido, el factor «g» sería el nodo central de una compleja red de relaciones entre múltiples variables, algunas de las cuales aún no son conocidas, mientras que otras estarían relacionadas con el ámbito educacional, laboral, etc. En este apartado, al igual que en el resto de la obra, cabe destacar el esfuerzo que el autor lleva a cabo para ilustrar y describir las distintas técnicas multivariadas, y en especial el análisis factorial, que son utilizadas en muchas de las investigaciones sobre las diferencias individuales en el factor «g». Consideramos este punto especialmente relevante ya que, en muchas ocasiones, el desconocimiento de las mismas ha conducido a rechazar los modelos que plantean la existencia de dicho factor.

Finalmente A. Jensen presenta una propuesta, cuando menos sugerente, sobre el poder predictivo del factor «g» respecto de los logros, tanto académicos como profesionales, alcanzados a nivel individual. Dicha propuesta presentaría el nivel de factor «g» de un individuo como un umbral mínimo que actuaría como una condición necesaria pero no suficiente para el éxito vocacional y educacional. Dicho umbral debería necesariamente ser complementado tanto por las aptitudes específicas como por diversos rasgos de personalidad.


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