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III Congreso Nacional de Psicología - Oviedo 2017
Universidad de Oviedo

 

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Psicothema

ISSN Paper Edition: 0214-9915  

2005. Vol. 17, nº 3 , p. 363-369
Copyright © 2014


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LA EXPERIENCIA FAMILIAR Y LA ATRIBUCIÓN DE ROLES PARENTALES

 

Guacimara Rodríguez Suárez, Beatriz Triana Pérez y M.ª Melania Hernández García

Universidad de La Laguna

Este trabajo analiza las funciones atribuidas a los progenitores por un grupo de niños y adolescentes. Principalmente, se pretende analizar la influencia de la experiencia personal (v.g., residir en un centro de menores o residir en el hogar familiar) sobre dichos contenidos. También se explora el influjo del grupo de edad y el sexo de los participantes. En el estudio participaron 100 menores que provienen de familias de bajo nivel educativo y socioeconómico. La información se recabó mediante una entrevista abierta, y fue posteriormente codificada por un sistema de jueces. Los resultados muestran que los residentes en centros ofrecen un conocimiento más idealizado y menos complejo sobre el tema. Además, citan funciones similares para el padre y la madre. El grupo de edad también influye en la atribución de los roles parentales, y, en menor grado, el sexo del participante.

Family experience and parental role attribution. This study analyses the functions attributed to parents by a group of school age children and adolescents. It is mainly an attempt to evaluate the influence of personal experience on these attributions of parental roles. We also examine the influence of participant gender and that of age-group. Participants in the study were 100 minors from low cultural and socio-economic levels. The information was collected by means of semi-structured interview and was later codified by a team of independent judges. Results showed that the ideas the minors living in centres have about parental roles were more idealised and less complex, and their ideas about the roles of fathers and mothers were similar. The age-group also influence in the attribution of parental roles, as, to a lesser extent, does the gender of the participants.

 
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Fecha recepción: 17-12-03 • Fecha aceptación: 7-9-04
Correspondencia: Beatriz Triana Pérez
Facultad de Psicología
Universidad de La Laguna
38205 La Laguna (Spain)
E-mail: btriana@ull.es

 

A lo largo de su crecimiento, el ser humano va desarrollando capacidades que le permiten elaborar y comprender la realidad social en la que se desenvuelve. Uno de los aspectos más importantes es el desarrollo del conocimiento de los roles que realizan los diferentes agentes sociales. Entre ellos hay que destacar las funciones parentales, cuyo contenido es uno de los primeros en aparecer, por ser la familia el contexto de desarrollo principal y más duradero.

El estudio de la atribución de funciones parentales por parte de los hijos se hace especialmente necesario por los numerosos cambios que ha sufrido la estructura y la dinámica familiar en las últimas décadas. Así, la desestructuración familiar, o cualquier otra circunstancia en la que las funciones parentales no se ejercen de forma correcta, enfrenta a los hijos a situaciones que ponen en peligro su bienestar físico y emocional, afectando también a su concepto de familia.

La mayoría de las investigaciones acerca de la construcción del conocimiento social se centran en estudiar cómo influye la madurez cognitiva del sujeto en la elaboración de los conceptos, hasta que se alcanzan las nociones adultas (Delval y Padilla, 1999). Por ejemplo, y en lo que se refiere al estudio de las funciones parentales, diferentes investigaciones encuentran mayor diferenciación y complejidad conceptual en las funciones atribuidas por los adolescentes a los progenitores, frente a los niños (López, 1985; Triana y Simón, 1994). Otro resultado evolutivo a destacar es el hecho de que los niños pequeños muestran un excesivo egocentrismo en su interpretación sobre el intercambio social, y progresivamente van desarrollando su capacidad perspectivista (Cataldo y Geismar, 1983; Simón, Triana y González, 1998).

Además, también se ha observado una visión diferenciada de las funciones atribuidas a cada progenitor. Por ejemplo, es muy común que a la madre se le atribuyan funciones como la de cuidado y crianza y la realización de las labores del hogar (Fu, Godwin, Sporakowski y Hinkle, 1987; Gilby, 1979; Horm-Wingerd, Groves, Nekovei, 1992; entre otros). También se las ve como agentes de disciplina o educadoras (Powell y Thompson, 1981), mantenedoras económicas (Fu et al., 1987; Simón y Triana, 1994), o como personas que proporcionan comprensión y apoyo (Simón y Triana, 1994).

Respecto a la figura del padre, la función que se le atribuye con mayor frecuencia, independientemente de la edad del informante, es la de mantenedor económico (López, 1985; Simón y Triana, 1994). Además, Simón y Triana (1994) encontraron que los niños citan también la realización de los arreglos de la casa, el cuidado y la crianza, y la ayuda en la realización de tareas. Es a partir de la adolescencia cuando se enuncian nuevas funciones para el padre, como el ejercer la autoridad y el ser educador de los hijos.

En comparación con los estudios que relacionan el grado de madurez cognitiva de los sujetos con la atribución de funciones parentales, son pocas las investigaciones que analizan la influencia de otra variable como la experiencia personal. La mayoría de ellas se centran en analizar el efecto del tipo de trabajo que ejerce la madre (Gardner y La Brecque, 1986; Jensen y Borges, 1986), o la influencia de la ruptura familiar (Marin, 1996), en la atribución de los roles parentales o respecto a su importancia. Además de estos factores, el alejamiento de la familia de origen para residir en un centro de menores también puede imprimir características particulares en la elaboración de dichos contenidos. Hay que considerar que los centros de menores son recursos residenciales destinados a menores de edad cuyas familias biológicas no pueden realizar las tareas parentales, o las realizan de forma inadecuada, poniendo a sus hijos en una situación de grave riesgo para su desarrollo. En consecuencia, parece plausible pensar que los menores expuestos a tales contextos familiares pueden desarrollar una imagen distorsionada de las funciones parentales, y que esta representación mental sobre la familia y sus miembros puede estar influyendo en el grado en que aceptan su propia historia vital.

En relación con este tema, el objetivo de este trabajo ha sido analizar en qué medida la atribución de roles parentales se ve influida por diversos factores, algunos personales como la edad (relacionada con la capacidad cognitiva) y el sexo, y/o por factores experienciales, como es el hecho de residir con la familia de origen (en un contexto normalizado), o en un centro de menores (por haberse enfrentado a situaciones familiares de riesgo). Concretamente, las hipótesis de partida son las siguientes: a) los participantes de menor edad y los que residen en centros mostrarán un conocimiento menos complejo sobre los roles parentales, aludiendo a funciones que exigen un menor nivel de abstracción; b) se espera encontrar en las chicas un conocimiento más complejo frente a los chicos; y c) los menores que residen en centros presentarán una visión menos perspectivista y realista sobre los roles parentales, a diferencia de los que residen en sus hogares familiares.

Método

Participantes

En este estudio han participado 100 menores que se distribuyen según su lugar de residencia (49 en centros de menores, 51 en su hogar familiar de origen). Todos los centros de menores consistían en microhogares de funcionamiento similar, en los que residían un máximo de ocho menores. Además, se distribuyen según su sexo (51 chicos, 49 chicas) y su edad (45 niños con una edad media de 10,4 años, y 55 adolescentes con una edad media de 15,05 años) en grupos relativamente equitativos, pero que en ningún caso generan diferencias significativas. Todos los participantes provienen de contextos familiares de bajo nivel educativo y socioeconómico.

En relación con los menores que residen en centros, se observa que algo más de la mitad han permanecido allí tres años o más, y el resto menos de tres años. Por otro lado, tan sólo un 21,28% mantiene contacto frecuente (al menos una vez al mes) con su padre, un 36,17% con su madre y un 19,15% con algún hermano. El resto no mantiene contacto con ellos o lo hace muy esporádicamente. Por último, casi un 90% de ellos ha sufrido negligencia, tanto por sí sola (41%) como acompañada de maltrato emocional (20%) y/o de otras combinaciones de maltrato (30%).

Instrumentos

Para la recogida de la información se utilizaron los siguientes materiales:

– Cuestionario de datos sociodemográficos de los participantes (v.g., edad, sexo, nivel educativo, etc.).

– Cuestionario que recoge información relevante sobre la historia familiar de los menores que residen en centros (v.g., historia de malos tratos, tiempo de residencia en centros, frecuencia de contacto con la familia de origen).

– Entrevista abierta acerca de las funciones que desempeñan los progenitores y otros miembros de la familia (v.g., ¿para qué sirve una madre?, ¿qué funciones cumple?). En este trabajo sólo abordaremos las referidas al padre y a la madre.

La codificación de la información recabada en la entrevista abierta fue realizada por un equipo de jueces compuesto por tres personas, que fueron entrenadas previamente con el objetivo de que se familiarizaran con las diferentes categorías de respuesta para cada cuestión. Respecto al criterio de codificación, los jueces analizaron las respuestas por separado, considerándose correcta la adjudicación a una determinada categoría cuando existía un acuerdo interjueces igual o mayor a dos tercios. Concretamente, las categorías encontradas son: cuidado (cubrir las necesidades básicas), labores del hogar, ayuda (ayudar en tareas concretas), afecto (proporcionar cariño y amor), apoyo emocional y comprensión (animar y apoyar ante los problemas), mantenimiento económico, educar, comunicación, procreación, actividades de ocio con sujeto, instrumental (servir como medio para conseguir cosas) y modelo de referencia.

Procedimiento

Se contactó con diferentes centros de menores a través de la Unidad de Infancia, Familia y Mujer del Instituto de Atención Social y Sociosanitaria del Excmo. Cabildo de Tenerife, que se prestó a colaborar. Una vez que se acordó con los directores qué centros participarían en la investigación, se concretó el lugar y el horario en el que se llevarían a cabo las entrevistas. Respecto a los participantes que residen en su hogar familiar, los datos fueron recogidos en sus respectivos colegios, tras la autorización de sus directores y padres.

La recogida de los datos fue realizada por cuatro entrevistadoras, previamente entrenadas en la realización de la entrevista. A cada participante se le explicaba el motivo de la visita, subrayando que su participación tenía carácter voluntario. La duración de las entrevistas fue aproximadamente de veinticinco minutos, siendo grabadas en un casete y posteriormente transcritas para su codificación.

Resultados

Se decidió seleccionar para los análisis estadísticos sólo las categorías cuya frecuencia de mención fuera superior al 10%, al menos en uno de los grupos de contraste. A continuación se realizaron ANOVAs de tres vías, con el programa SPSS.10 para Windows, utilizando como variables independientes el tipo de residencia, el grupo de edad y el sexo, y como variable dependiente cada categoría de respuesta encontrada. Señalar que las variables dependientes utilizadas han sido transformadas en variables dummy (aquellas que toman valores de 0: ausencia y 1: presencia). Por dicha razón, las medias son equivalentes a los porcentajes.

Funciones atribuidas a la madre

Los resultados muestran tan sólo efectos simples significativos, debido quizá al bajo número de participantes, ya que incluso se observan tendencias más o menos evidentes que, sin embargo, no alcanzan el suficiente grado de significación. Pasamos a comentar a continuación dichos efectos simples.

En la Tabla 1 se presentan las medias de citación de las distintas funciones atribuidas a la madre, y las desviaciones típicas, según el lugar de residencia (centro de menores vs. hogar familiar), el grupo de edad y el sexo de los participantes, y respecto al total de la muestra. Como se puede observar, se ha encontrado un concepto moderadamente consensuado, donde las funciones más comúnmente nombradas por los participantes han sido las de cuidado y labores del hogar. Le siguen en importancia la de ayuda, afecto y apoyo emocional y comprensión. Hay que destacar que los porcentajes suman más del 100%, ya que los participantes pueden mencionar más de una función en sus respuestas. Además, señalar que cuanto más equitativa sea la distribución de los sujetos en los valores de la variable dummy, mayor será el valor de la desviación típica.

Atendiendo al influjo de la variable tipo de residencia, se aprecia que la función mencionada mayoritariamente por los participantes que residen en centros de menores es la de cuidado. Le siguen en importancia labores del hogar, afecto y ayuda. Por su parte, los que residen en su hogar familiar citan más la función labores del hogar. También destacan, aunque en menor grado, la función de cuidado, ayuda, mantenimiento económico y apoyo y comprensión.

De los ANOVAs realizados surgieron efectos simples en la variable tipo de residencia para las dimensiones de cuidado (F(1,92)= 10,80, p≤.001), mantenimiento económico (F(1,92)= 5,92, p≤.017) y labores del hogar (F(1,92)= 7,94, p≤.007). De este modo, se observa que los participantes que residen en centros nombran más la función de cuidado frente a los que residen en su hogar familiar, y estos últimos citan significativamente más las funciones de mantenimiento económico y labores del hogar, frente a los de centros.

Respecto al grupo de edad, se aprecia que los niños citan mayoritariamente las funciones de cuidado y labores del hogar. Por su parte, los adolescentes destacan las de apoyo y comprensión, cuidado, ayuda y también labores del hogar y afecto, aunque de forma menos consensuada. Se obtienen efectos simples en la variable grupo de edad en las funciones de cuidado (F(1,92)= 6,48, p≤.013), labores del hogar (F(1,92)= 16,76, p≤.001) y apoyo y comprensión (F(1,92)= 19,63, p≤.001). Así, se observa que los niños citan significativamente más las funciones de cuidado y labores del hogar frente a los adolescentes. En cambio, los adolescentes citan en mayor medida la función de apoyo y comprensión frente a los niños. Por último, se observa a modo de tendencia que los adolescentes mencionan más las funciones de ayuda y de afecto, mientras que los niños citan más la función de actividades de ocio con el sujeto.

Respecto al sexo del participante, los chicos destacan principalmente las funciones de cuidado y labores del hogar y, en menor medida, la de afecto. Por su parte, las chicas también mencionan más labores del hogar, cuidado y ayuda, seguidas de las de afecto y apoyo y comprensión. Los ANOVAs muestran un efecto simple de la variable sexo en la función de ayuda (F(1,92)= 5,83, p≤.018), siendo las chicas quienes la mencionan más frente a los chicos. Además, y a modo de tendencia, se observa que las chicas citan con mayor frecuencia las funciones de apoyo y comprensión y la de educar.

Antes de finalizar queremos destacar un nuevo resultado observado. Nos referimos a la frecuencia con la que los participantes realizan referencias egocéntricas en sus respuestas. Entendemos por referencia egocéntrica cuando el participante hace alusión a sí mismo en su respuesta, como sujeto receptor de la función materna (v.g., me cuida, me quiere). Los ANOVAs realizados con esta nueva variable dependiente señalan un efecto simple respecto al tipo de residencia (F(1,92)= 10,93, p≤.001), siendo los que residen en centros quienes realizan un mayor número de referencias egocéntricas (M= 1.06; DT= 0.83) frente a los que residen en su hogar familiar (M= 0.53; DT= 0.76). El grupo de edad y el sexo no parecen afectar a esta variable.

Funciones atribuidas al padre

Analizaremos ahora las funciones que los participantes han atribuido a la figura del padre, según las variables independientes a explorar y respecto al total de la muestra.

Las funciones más citadas son la de mantenimiento económico, cuidado y ayuda, seguidas del afecto. Tampoco en esta ocasión se han encontrado interacciones dobles o triples entre las variables independientes analizadas. Pasamos a comentar los efectos simples encontrados.

Respecto al efecto de la variable lugar de residencia, se observa que los participantes que residen en centros citan más la función de cuidado, seguida de la de ayuda, y algo el afecto y el mantenimiento económico. Por su parte, los que residen en su hogar familiar destacan la función de mantenimiento económico y, en menor grado, la de ayuda. Los ANOVAs realizados muestran efectos simples en las funciones de cuidado (F(1,92)= 16,21, p≤.001), mantenimiento económico (F(1,92)= 17,58, p.≤001), autoridad (F(1,92)= 8,67, p≤.004) y actividades de ocio (F(1,92)= 5,28, p≤.024). Así, se aprecia que el grupo que reside en su hogar familiar nombra significativamente más las funciones de mantenimiento económico, autoridad y actividades de ocio, frente a los que residen en centros, mientras que estos últimos citan más la función de cuidado.

En relación con el grupo de edad, se aprecia que los niños destacan para el padre las funciones de cuidado y mantenimiento económico y, en menor grado, la ayuda, seguida de las labores del hogar. Por su parte, los adolescentes citan con mayor frecuencia el mantenimiento económico, seguido de la ayuda, el cuidado, el afecto y el apoyo y comprensión. Surgieron efectos simples en la variable grupo de edad en las funciones de apoyo y comprensión (F(1,92)= 5,38, p≤.023), labores del hogar (F(1,92)= 8,08, p≤.006) y modelo de referencia (F(1,92)= 4,30, p≤.041). Así, los adolescentes citan significativamente más las funciones de apoyo y comprensión y modelo de referencia, en comparación con los niños, y estos últimos mencionan más que los adolescentes labores del hogar. Comentar, además, que se observa una tendencia de los niños a citar más que los adolescentes las funciones de cuidado y actividades de ocio con sujeto. Por su parte, los adolescentes tienden a citar en mayor medida que los niños el afecto.

Respecto al sexo del participante, se observa que los varones destacan las funciones de cuidado y mantenimiento económico, seguidas de ayuda. Por su parte, las chicas citan más frecuentemente las de mantenimiento económico, ayuda y cuidado, seguidas del afecto. Los ANOVAs realizados mostraron un efecto simple de la variable sexo en la función instrumental (F(1,92)= 4,89, p≤.030), siendo los chicos quienes más la citan frente a las chicas.

También en este caso se analizó el número de respuestas egocéntricas enunciadas por los participantes. Los ANOVAs realizados muestran un efecto simple respecto al tipo de residencia (F(1,92)= 4,24, p≤.042). De nuevo se observa que los participantes que residen en centros realizan un mayor número de referencias egocéntricas (M= 0.75; DT= 0.80) frente a los participantes que residen en su hogar familiar (M= 0.43; DT= 0.73). El grupo de edad y el género no parecen afectar sobre dicha variable dependiente.

Efectos de la historia familiar

Se obtuvieron algunos resultados significativos en relación con las variables relativas a la historia familiar de los participantes residentes en centros. En concreto, y respecto al tiempo de estancia, los participantes que han permanecido en centros durante tres años o más, citan con mayor frecuencia la ayuda como rol del padre (χ2(2,49)= 7,29, p≤.007).

Por otro lado, los participantes que mantienen un contacto frecuente con su madre mencionan con mayor frecuencia la función de afecto respecto a la madre (χ2(2,49)= 3,93, p≤.047), y como tendencia respecto al padre (χ2(2,49)= 3,80, p≤.051). Además, los menores que sostienen contacto con algún hermano/a citan con mayor frecuencia la función de comunicación tanto en referencia a la madre (χ2(2,49)= 6,41, p≤.011) como al padre (χ2(2,49)= 6,17, p≤.013). Sin embargo, los que no mantienen contacto con los hermanos citan con mayor frecuencia el cuidado respecto al padre (χ2(2,49)= 4,66, p≤.031).

Por último, los participantes que presentan una historia de negligencia y maltrato emocional mencionan con mayor frecuencia la función de afecto tanto respecto al padre (χ2(2,49)= 11,11, p≤.004) como a la madre (χ2(2,49)= 7,41, p≤.025).

Discusión

El objetivo de este trabajo ha sido analizar en qué medida la experiencia personal de residir en un centro de menores o residir en el hogar familiar, y determinados factores personales, como la edad y el sexo, influyen en las funciones que se atribuyen a los progenitores. Los resultados muestran un consenso moderado entre los participantes, ya que los porcentajes de citación de cada función no son excesivamente altos. No obstante, destacan funciones encontradas en otros estudios (Fu et al., 1987; Horm-Wingerd et al., 1992; López, 1985; entre otros). Dentro de estas funciones están las de cuidado, labores del hogar, ayuda, afecto, y dar apoyo emocional y comprensión, respecto a la madre; o las de mantenimiento económico, cuidado y ayuda, en relación con el padre.

A la luz de los datos, las tres variables independientes analizadas se relacionan con la atribución de roles parentales. No obstante, todas ellas son variables indirectas, ya que lo que realmente podría explicar los efectos encontrados sería, por ejemplo, las diferencias de género producto de la socialización, el nivel de madurez cognitiva del participante (que suele guardar relación con la edad) y las vivencias que recibe el menor en relación con su realidad familiar. Respecto a este último aspecto haremos alusión a continuación.

La experiencia de los menores que se ven abocados a vivir en centros imprime efectos puntuales en su atribución de roles parentales. Así, les lleva a resaltar principalmente la función de cuidado, tanto para la madre como para el padre, o también la de afecto y la de ayuda, aunque estas últimas con menor relevancia, cuando en la mayoría de las ocasiones dichas funciones no las desempeñan adecuadamente sus propios progenitores. Atendiendo a la historia personal de los participantes, parece que la situación adversa de sus relaciones familiares les lleva a enfatizar funciones altamente reconocidas socialmente. Por ejemplo, citan más la ayuda para el padre los que llevan más tiempo en el centro, y a pesar del escaso o nulo contacto que mantienen con él; citan más el cuidado en el padre cuando no sostienen contacto con algún hermano; o citan más el afecto para ambos progenitores cuando se han enfrentado a situaciones de negligencia y maltrato emocional. Ello puede significar, tal como señala Cerezo (1995), una idealización en su conocimiento explícito respecto a lo que se podría esperar de un padre o de una madre, o en relación con lo que a ellos les gustaría recibir de sus progenitores.

Sin embargo, los menores residentes en centros muestran un menor acuerdo con otras funciones atribuidas comúnmente a los padres en otros estudios, como es el caso de las labores del hogar respecto a la madre, o el mantenimiento económico y el ejercicio de la autoridad, en relación con el padre. Quizá ello se deba al escaso contacto que sostienen con sus progenitores, lo que limita la información a la que pueden acceder para la elaboración de dichos contenidos, o que estas funciones pasan a un segundo plano debido a la importancia que cobran otras de corte más asistencial y afectivo, cuando no se cumplen adecuadamente.

Por su parte, los que residen en su hogar familiar tampoco presentan un concepto demasiado consensuado, quizá relacionado con su bajo nivel educativo, donde las respuestas de los sujetos se diseminan en diversas funciones, de entre las que resaltan las de labores del hogar para la madre, y las de mantenimiento económico y ayuda para el padre. No obstante, sorprende la reducida mención (alrededor de un tercio) que hacen de la función de cuidado, resultado poco habitual en otros estudios.

Destacar también el mayor número de referencias egocéntricas encontradas en los participantes que residen en los centros frente a los que conviven en su hogar familiar. Este resultado es poco usual, ya que estas manifestaciones las encuentran otros autores como características de los niños pequeños, al igual que la mención de la función instrumental (Cataldo y Geismar, 1983; Triana y Simón, 1994). Ello refleja una forma muy simple de entender la realidad, y más centrada en las propias necesidades personales, en los menores institucionalizados, confirmando la hipótesis de que poseen un conocimiento menos perspectivista sobre las funciones parentales. Evidentemente, los procesos de descentración requieren cambios en la madurez cognitiva de los sujetos, pero éstos se logran mediante un intercambio con el medio social que lo impulse. Los numerosos déficits que caracterizan la dinámica relacional establecida entre estos menores y sus progenitores, bien por su escasez o bien por su inadecuada calidad, pueden contribuir al mantenimiento de ese egocentrismo atípico para la edad, resaltando su papel como receptores de funciones tan importantes como el cuidado, el afecto, la ayuda o el desarrollo de actividades de ocio con ellos, entre otras.

En lo que se refiere al efecto del grupo de edad, también en este estudio se confirma la progresión en complejidad de los contenidos corroborada en otros estudios (López, 1985; Simón y Triana, 1994). Esto es, que los niños presentan un concepto más simple, ligado principalmente a las experiencias directas que perciben de su entorno más inmediato, lo que les lleva a destacar de forma significativa funciones como las de cuidado y labores del hogar en la madre, o las de cuidado y mantenimiento económico en el padre. Por el contrario, la entrada en la adolescencia, acompañada del desarrollo cognitivo que le caracteriza, supone el inicio de interpretaciones más complejas ligadas a contenidos que requieren un mayor grado de abstracción, permitiendo apreciar el desempeño de funciones como las de afecto, apoyo y comprensión, ayuda o la tarea de educar. De cualquier modo, destacar que estas nuevas funciones comparten presencia con otras más simples. Además, señalar que se exploran los roles desde su representación explícita. Probablemente, el análisis de los mismos contenidos mediante una prueba de reconocimiento (más ligada a la representación implícita) puede producir modificaciones sobre el patrón evolutivo encontrado (Simón, Triana y Camacho, 2001).

El sexo del participante también parece influir en los contenidos evaluados, tal como señalan Borduin, Mann, Cone y Borduin (1990) y Jordan (1980), aunque en nuestro estudio sus efectos son menores que los observados con las otras dos variables. Así, se observa que los chicos destacan las funciones más básicas (v.g., cuidado, labores de hogar, mantenimiento económico, instrumental), mientras que las chicas citan, además de éstas, y de forma algo más consensuada, otras funciones que exigen un mayor grado de complejidad conceptual como la de ayuda respecto a la madre, y también, aunque a modo de tendencia, la de educar en la madre, y el apoyo y comprensión en ambos progenitores. Estos resultados pueden deberse al hecho de hacerlas socialmente más sensibles a los estados internos de las personas frente a los chicos.

Además, podemos concluir que, en general, los resultados obtenidos muestran una visión de los roles más nítida y consensuada para la madre que para el padre, y ello se observa especialmente en los menores de centros y en los niños. Por el contrario, destacar la visión menos diferenciada que presentan los participantes que residen en centros respecto a los roles del padre. Por ejemplo, no es muy común que la función más consensuada hacia esta figura sea la de cuidado, o que se le atribuya la función afectiva por igual que a la madre, o que la de manutención económica no aparezca con mayor consenso. Da la impresión de que muestran una tendencia a atribuir a los padres las funciones de las madres. Probablemente, el escaso contacto que han sostenido y sostienen con esta figura (alrededor de un setenta y nueve por ciento no le ven, o lo hacen muy esporádicamente) les lleva a realizar dicha generalización ante la tarea propuesta. No obstante, ello puede conllevar un desconocimiento claro sobre las funciones del padre que puede afectarles en el futuro, especialmente a los participantes varones, cuando tengan que desplegar dicho rol en su vida adulta. A ello hay que añadir los numerosos comentarios negativos encontrados a lo largo de la entrevista con referencia a las experiencias vividas con sus padres. Dichas experiencias soportan su conocimiento implícito sobre el tema, que puede guiar su comportamiento futuro como padres (Rodrigo, Rodríguez y Marrero, 1993).

Estos hechos resaltan la necesidad de valorar y promover la red de apoyo social de estos menores. Así se podrán desarrollar objetivos pedagógicos que ayuden a prevenir la transmisión intergeneracional de patrones interactivos parentofiliales inadecuados, intentando proporcionar a los menores información sobre experiencias alternativas a los modelos familiares que han vivido, especialmente respecto a la figura paterna, para que puedan construir representaciones más precisas, adecuadas y positivas de estas figuras. Además, se debe fomentar el intercambio con figuras masculinas que desempeñen funciones relevantes con los menores, porque también son importantes fuentes de apoyo (Bravo y Fernández, 2003), y hacer más esfuerzos con el fin de promover un mayor contacto con algún miembro de la familia nuclear o extensa, ya que ello les hace más receptivos a funciones que sustentan la calidad de las relaciones intrafamiliares, como es el afecto y la comunicación. Todo ello redundará en una mejor relación con sus propios hijos en el futuro.

Nota

Esta investigación ha sido financiada por el Proyecto BSO2000-0853, del Ministerio de Ciencia y Tecnología.


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    Tabla 1. Medias de citación y desviaciones típicas de las distintas funciones atribuidas a la madre, según.
                            
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    Tabla 2. Medias de citación y desviaciones típicas de las distintas funciones atribuidas al padre, según.