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III Congreso Nacional de Psicología - Oviedo 2017
Universidad de Oviedo

 

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Psicothema

ISSN Paper Edition: 0214-9915  

2006. Vol. 18, nº 2 , p. 263-271
Copyright © 2014


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ADAPTACIÓN DEL CHILD'S REPORT OF PARENT BEHAVIOR INVENTORY A POBLACIÓN ESPAÑOLA

 

Paula Samper, María Teresa Cortés, Vicenta Mestre, María José Nácher y Ana María Tur

Universidad de Málaga

En este trabajo se presenta una adaptación en población española del Child’s Reports of Parental Behavior Inventory (CRPBI). El CRPBI es un instrumento que permite evaluar la disciplina familiar que perciben los hijos, tanto en su relación con el padre, como en su relación con la madre. Se considera un buen método para investigar las percepciones que los hijos tienen de la conducta paterna. La adaptación española se ha realizado en una muestra de 1.274 adolescentes (varones y mujeres) que pertenecían a diferentes centros educativos de la Comunidad Valenciana (rango de edad entre 13 y 18 años). Los resultados obtenidos muestran que las dimensiones de afecto/apoyo y control en los estilos de crianza que se perciben por parte del padre y de la madre son las dimensiones claras, potentes y fiables en nuestra población.

Adaptation of Child’s Report of Parent Behavior Inventory in spanish population. This study presented an adaptation in spanish sample of the Child’s Reports of Parental Behavior Inventory (CRPBI). The CRPBI is an instrument that allows to assess family discipline percibed by children in the relation with their mothers and with their fathers. It’s consider a good instrument to assess the perceptions that children have of parent behavior. The Spanish adaptation has been carried out with a sample of 1.274 spanish adolescents (males and females) from different educational centers of the Valencian Community (13-18 years). The results show that affect, support and control are the main dimensions in the percibed child rearing styles from parents in our population.

 
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Fecha recepción: 8-10-04 • Fecha aceptación: 10-6-05
Correspondencia: Vicenta Mestre Escrivá
Facultad de Psicología
Universidad de Valencia
46010 Valencia (Spain)
E-mail: Maria.V.Mestre@uv.es

 

La familia representa uno de los núcleos determinantes en el desarrollo cognitivo, personal, emocional y socioafectivo del niño. Ésta constituye el agente de socialización primario al ser la primera fuente de información sobre la propia valía personal, sobre lo que es bueno o malo o sobre lo que se debe hacer y lo que se debe evitar. El grupo familiar proporciona al niño todas las señales iniciales, como, por ejemplo, si es amado o no, aceptado o rechazado, si tiene éxito o fracaso. Hasta que entra en la escuela la familia es virtualmente su único contexto de aprendizaje (Burns, 1990) y los padres conforman modelos potentes de transmisión de normas, refuerzos y castigos, mostrándole cómo actuar o tomar sus propias decisiones (Del Barrio, 1997; Samper, 1999; Voli, 1994). Asimismo, la comunicación, las relaciones afectivas, la organización en la realización de actividades, la importancia de los valores, son aspectos que caracterizan el clima familiar y contribuyen decisivamente al desarrollo personal de los más jóvenes. El tipo de normas que la familia establece, los recursos y procedimientos que utilizan para hacer cumplir las normas de convivencia, junto con el grado de afectividad, comunicación y apoyo entre padres e hijos, constituyen dimensiones fundamentales para el crecimiento personal de los más jóvenes, para su interiorización de valores y las decisiones que toman ante conflictos sociales (Alonso y Román, 2005; Mestre, Samper, Tur y Díez, 2001; Mestre, Samper y Frías, 2004; Pérez Delgado y Mestre, 1999; Samper, 1999) y se muestran como factores de protección asociados a los estilos de vida saludables (Rodrigo, Máiquez, García, Mendoza, Rubio, Martínez y Martín, 2004).

En este sentido, un aspecto muy estudiado de la vida familiar en relación con el desarrollo personal, afectivo, social y moral de los hijos ha sido el tipo de disciplina y prácticas de crianza empleadas en el hogar (Boyes y Allen, 1993; Hoelter y Harper, 1987; Hurlock, 1988; Leahy, 1981; Marksy McLanahan, 1993; Mestre, et al, 2001; Schaefer, 1965; Scott y Scott, 1991; Walker y Taylor, 1991).

Una propuesta ampliamente aceptada es que la efectividad de la disciplina paterna está fuertemente influida por el método particular utilizado, propuesta que típicamente contrasta el uso del razonamiento con el uso del control. Se refiere a la internalización, esto es, el proceso que lleva a considerar los valores y actitudes de la sociedad como propios, de manera que la conducta socialmente aceptable está motivada no por la anticipación de consecuencias externas, sino por factores intrínsecos o internos.

Las relaciones con los hijos han sido estudiadas tanto desde la perspectiva de los propios padres (Garmery, Clarke y Stockner, 1961; Heilbrun, 1960; Roa y del Barrio, 2001; Roth, 1980; Tur, 2003) como desde la de los hijos (Cañamás, 2003; Klimkiewicz, 1996; Mestre et al, 2001; Samper, 1999; Schaefer, 1965). Clásicamente, estas relaciones aparecían incluidas en los inventarios de personalidad más generales (Bell, 1934; Berdie y Layton, 1957; Rogers, 1931; Thorpe, Clark y Tiegs, 1939), aunque en la actualidad se han constituido como escalas independientes (Block, 1965; Cattell, Lepper y Rhoades, 1971; Dielman, Frick, 1991; Gerard, 1994; Schaefer, 1965).

Nuestro trabajo se centra en la percepción que tienen los hijos de la conducta de sus padres, la cual ha despertado un gran interés a lo largo de los años noventa (Anderson, 1940; Ausubel, Balthazar, Rosenthal, Blackman, Schpoont y Welkowitz, 1954; Bronfenbrenner, 1961; Brown, Morrison y Couch, 1947; Cooper y Blair, 1959; Elias, 1952; Hayward, 1935; Itkin, 1952; MacKinnon, 1938; Morrow y Wilson, 1961; Myers, 1935; Stagner y Drought, 1935; Sttott, 1941; Swanson, 1959). Estas medidas de autoinforme tienen la ventaja de permitir a los investigadores analizar muestras más grandes y heterogéneas, lo que facilita poder detectar importantes hallazgos teóricos que pueden pasar inadvertidos en una investigación de menor escala. Tanto las valoraciones subjetivas como las objetivas del comportamiento de los padres proporcionan una información sobre la experiencia del hijo/a en la familia y no tiene por qué ser una superior a la otra (Lamborn, Mounts, Steinberg y Dornbusch, 1991).

Además, los estudios más recientes sobre el tema (Klimkiewicz, 1996; Mestre, Samper y Frías, 2004; Samper, 1999; McNally, Eisenberg y Harris, 1991; Mestre, Pérez-Delgado y Samper, 1996; Mestre, Frías, Samper y Nácher, 2003; Rodrigo, et al, 2004) muestran diferencias en las valoraciones que el hijo hace sobre su relación con el padre y con la madre, lo que nos lleva a hipotetizar la utilización de diferentes estilos educativos paternos y maternos. En general, al analizar las dimensiones de disciplina familiar y estilos educativos del padre/madre, se constata un predominio claro en las mujeres adolescentes de las dimensiones que incluyen afecto por parte de la madre y una disciplina más centrada en el hijo/a.

Los instrumentos de medida utilizados no suelen estar fundamentados en la investigación previa, lo que ha demorado el proceso de refinamiento conceptual. Además, se cuestiona el que en algunos de ellos no se diferencie entre la conducta materna y la paterna, o el que no hayan diferenciado el ajuste parental del marital.

A partir de la década de los sesenta (Bronfenbrenner, 1961; Roe y Siegelman, 1963; Schaefer, 1961) la investigación describe instrumentos que miden componentes específicos de la conducta materna y paterna. Entre estos instrumentos destaca la contribución de Schaefer, el cual seleccionó conceptos de la conducta parental a partir de los resultados obtenidos en análisis factoriales de escalas psicológicas que medían esta conducta. Si bien una revisión de los modelos conceptuales de la conducta parental (Schaefer, 1961) reveló un acuerdo sustancial entre las dimensiones seleccionadas desarrolladas independientemente por Roe (1957), Slater (1962) y Schaefer (1959) desde diferentes tipos de datos.

En este sentido, y con el objetivo de perfilar las dimensiones que caracterizan el estilo educativo de la madre y del padre, y de este modo contribuir a mejorar su calidad, se pretende en este trabajo realizar un análisis factorial del Children’s Report of Parental Behavior Inventory-CRPBI de Schaefer (1965).

Descripción del instrumento

Con este instrumento se evalúa la percepción que tienen los hijos de los estilos de crianza y la relación con su padre y con su madre. Está basado en un modelo tridimensional que identificó tres pares de factores ortogonales denominados:

Aceptación frente Rechazo.

Autonomía psicológica frente Control psicológico (control parental a través de la dominación y la inducción de culpa y ansiedad).

Control firme frente Control laxo (control parental a través de la imposición de reglas y establecimiento de límites).

El instrumento consta de 52 ítems para evaluar la relación con el padre, y los mismos ítems para informar sobre la relación con la madre. Los ítems plantean diferentes situaciones propias de la vida y educación familiar a las que el sujeto debe contestar en una escala según esté totalmente de acuerdo, se dé dicha relación sólo algunas veces, o la relación con su padre/madre sea totalmente distinta a la planteada en el ítem.

El CRPBI evalúa 26 subescalas que se agrupan en estas 8 dimensiones molares (tabla 1).

La aplicación de este instrumento permite obtener dos puntuaciones diferentes en cada una de las dimensiones descritas (una que describe la relación con el padre y otra que describe la relación con la madre) y establecer las diferencias entre los dos progenitores, según la evaluación que el hijo hace.

Esta prueba ha sido utilizada en diversas investigaciones y culturas (Cross, 1969; Burger y Armentrout, 1970, 1975; Burger, Armentrout y Rapfoegel, 1975; Burger, Lamp y Rogers, 1975; Goldin, 1969; Margolier y Weintraub, 1977; Rohner y Pettengill, 1985; Schwarz, Barton, Henry y Pruzinsky, 1985), encontrándose una adaptación en lengua castellana realizada por Klimkiewicz (1996) en Argentina. Los coeficientes de fiabilidad obtenidos por Schaefer, aplicando la fórmula de Kuder y Richardson KR-20, para las 4 dimensiones molares independientes son: Amor= .84; Hostilidad= .78; Autonomía= .69; y Control= .66 (Schaefer, 1965).

En este trabajo se presenta la adaptación del CRPBI a nuestro país, tarea que, por tratarse de un instrumento creado y utilizado en otra cultura, la estadounidense, implica una labor de análisis conceptual y lingüístico y no la mera traducción y administración. Tras la utilización del instrumento en diferentes estudios detectamos la necesidad de revisar la distribución de los ítems en los diferentes factores que plantea el autor, tanto para el caso de la madre como del padre. Por ello nuestro interés se centra en realizar un análisis factorial que nos proporcione un ajuste de la escala y una adaptación de la misma a nuestra población.

Método

Participantes

La muestra que ha cumplimentado el instrumento está formada por 1.274 adolescentes seleccionados al azar según la fórmula de Poisson por estratos representativos de las variables: Enseñanza Secundaria Obligatoria - Bachiller; Centros públicos - concertados. La edad oscila entre 13 y 18 años, siendo la media de 15 años y dos meses, con una desviación típica de 1.07, situándose la moda en los 15 años; 681 son varones y 593 son mujeres. Todos ellos están escolarizados en segundo ciclo de Enseñanza Secundaria Obligatoria y Bachillerato. Este muestreo nos garantiza una representación de las diferentes clases sociales, diferentes características de los centros educativos, formación de los padres, orientación religiosa / laica. El total de cuestionarios recogidos incluyen 1.208 referidos al padre y 1.274 referidos a la madre.

Traducción y adaptación de la prueba

Se realizó la traducción al español por una profesional especializada en la traducción de textos de Psicología, siendo revisada posteriormente por el grupo de investigación en este tema. Esta traducción se probó en diferentes estudios con población de edades comprendidas entre los 12 a los 18 años (Mestre, Frías, Samper y Nácher, 2003; Mestre, Pérez-Delgado y Samper, 1996; Mestre, Samper y Frias, 2002; Samper, 1999). A partir de estos pases se detectaron problemas de comprensión lingüística que llevaron a readaptar la formulación de los ítems tal como aparecen en la versión que aquí se presenta.

Resultados

El análisis factorial exploratorio aplicado (Método de los Componentes Principales y Rotación Varimax) ha mostrado una estructura compuesta por 14 dimensiones en el caso de las madres y por 13 dimensiones en el caso de los padres. Estos factores llegaron a explicar el 54,7% de la varianza total y el 56,05% en el caso de los padres.

Pero nuestro objetivo, basado en el planteamiento teórico subyacente, pasa por confirmar la estructura planteada por el propio Schaefer, el cual describe 8 factores como determinantes, tanto en el caso de las madres como de los padres. Esto nos llevó a realizar un segundo análisis factorial en el que se forzaron los 8 factores.

Como se observa en las tablas 2 y 3, estos 8 factores llegaron a explicar el 42% de la varianza total en el caso de las madres y el 45,37% de la varianza en el caso de los padres, siendo la saturación de los ítems en cada uno de ellos suficientemente elevada.

Los resultados de las pruebas de contraste de esfericidad de Bartlett (madres: Chi-cuadrado= 15150,226; gl= 1326; p<0,000 // padres: Chi-cuadrado= 17336,681; gl= 1326; p<0,000) y de la medida de suficiencia de muestreo (madres: 0,909 // padres: 0,914) confirman la adecuación del análisis factorial.

Una vez que todas las variables se agruparon en sus respectivos factores pasamos a examinar su comunalidad (proporción de varianza con la que contribuye cada variable a la solución final) para evaluar si todas ellas alcanzaban niveles aceptables de explicación. Tal como indican Hair, Anderson, Tatham y Black (1998), la consideración de su eliminación depende de la contribución conjunta de estas variables además del índice de comunalidad. Si la variable en cuestión es de escasa importancia para el objetivo del estudio o cuenta con una comunalidad inaceptable, podría ser eliminada y se procedería posteriormente a especificar el modelo factorial excluyendo esa variable.

De esta manera y siguiendo a Hair et al (1998), se eliminaron una serie de variables que no alcanzaron niveles aceptables de explicación. El resultado final aparece en las tablas 4 y 5 para el caso de la madre y del padre, respectivamente.

En la primera columna aparece el nombre o etiqueta que en función de los ítems que lo definen hemos asignado a los nuevos factores. Tal y como podemos observar en las tablas 4 y 5, no hay una concordancia total entre los factores que describen las respuestas acerca de las relaciones con la madre y entre los factores que agrupan las relaciones con el padre, resultado que viene a avalar o confirmar los resultados de estudios recientes sobre el tema que muestran diferencias en las valoraciones que el hijo/a hace sobre su relación con el padre y con la madre (Cañamás, 2003; Rodrigo et al, 2004; Tur, 2003).

En relación con los factores obtenidos en el caso de las madres, el primer factor está definido por las subescalas descritas por Schaefer de Compartir, Expresión de afecto, Estimulación del pensamiento independiente, Apoyo emocional y Tratamiento igualitario. Dados los ítems que componen dichas subescalas hemos enunciado el factor como Apoyo y estimulación a la toma de decisiones.

El segundo factor está definido por las subescalas Intrusividad, Control a través de la culpa, Dirección paterna, Quejas, Evaluación negativa, Irritabilidad y Rechazo, por tanto, denominamos al nuevo factor Evaluación negativa (véase tabla 4).

El tercer factor lo definimos como Evaluación positiva y está descrito por las subescalas Evaluación positiva, Estimulación intelectual, Centrado en el niño y Posesividad.

El cuarto factor incluye las subescalas Autonomía extrema y Autonomía moderada, por lo que recibe el nombre de Permisividad.

El quinto factor incluye las subescalas Rigurosidad y Castigo, por lo que recibe el nombre de Hostilidad-Rigidez.

El sexto factor (véase tabla 4), llamado Sobreprotección, estaría definido por las subescalas Protectividad e Intrusividad.

El séptimo factor en el caso de las madres está definido por las subescalas Descuido e Ignorancia, por lo que le hemos asignado el nombre de Negligencia.

Finalmente, el octavo factor, que incluye las subescalas Posesividad y Supresión de la agresión, recibe el nombre de Desaprobación.

Con respecto a los resultados que arroja el análisis factorial realizado para la muestra de cuestionarios que describen la relación con el padre, podemos comprobar, tal y como se ve en la tabla 5, que los dos primeros factores son muy similares (explican el 27,25% de varianza), pero en el resto de factores aparecen fuertes diferencias.

El primer factor está definido por las subescalas descritas por Schaefer de Compartir, Expresión de afecto, Estimulación del pensamiento independiente, Apoyo emocional, Tratamiento igualitario, Autonomía moderada, Evaluación positiva y Centrado en el niño. Al igual que ocurría en el caso de las madres, dados los ítems que componen dichas subescalas, hemos etiquetado el factor como Apoyo y estimulación a la toma de decisiones.

El segundo factor está definido por las subescalas Rigurosidad, Castigo, Control a través de la culpa, Dirección paterna, Quejas, Evaluación negativa e Irritabilidad, con lo que hemos considerado denominar el factor como Evaluación negativa (véase tabla 5).

Podemos comprobar que tanto en el caso de las madres como en el caso de los padres estos dos factores aparecen bastante claros y explican en el caso de la madre el 24,61% de varianza y en el caso de los padres el 27,25% de varianza. Además, en ambos factores la fiabilidad de los ítems de los componentes es bastante alta (,85 y ,82 para las madres y ,88 y ,84 para los padres). A continuación, exponemos los factores que aparecen en la muestra de padres y que difieren en significado y en orden de aparición respecto a los de la madre.

El tercer factor en el cuestionario dirigido a la relación con los padres ha sido denominado Sobreprotección-Ignorancia y está definido por las subescalas Centrado en el niño, Posesividad, Protectividad, Rechazo y Descuido.

El cuarto factor incluye las subescalas Descuido e Ignorancia, por lo que lo hemos enunciado como Negligencia.

El quinto factor está definido por las subescalas Autonomía extrema y Disciplina laxa, lo denominamos Permisividad.

El sexto factor (véase tabla 5), llamado Control, estaría definido por la subescala de Intrusividad.

El séptimo factor en el caso de los padres está definido por la subescala de Supresión de la agresión, por lo que le hemos asignado el nombre de Desaprobación.

Finalmente, el octavo factor, que incluye la subescala Evaluación positiva, recibe el mismo nombre de Evaluación positiva.

Análisis en función del sexo

Con el fin de comprobar si encontramos estos mismos resultados en otras submuestras en función de determinadas variables hemos realizado nuevos análisis factoriales tomando la misma muestra, esta vez en función del sexo de los sujetos que respondieron el cuestionario, tanto de sus madres como de sus padres, con lo que tenemos cuatro submuestras sobre las que hemos realizado los nuevos análisis factoriales, a saber: submuestra a) respuestas de las chicas con respecto a sus madres; submuestra b) respuestas de los chicos con respecto a sus madres; submuestra c) respuestas de las chicas con respecto a sus padres; y submuestra d) respuestas de los chi-cos con respecto a sus padres, y hemos podido encontrar nuevamente que aparecen con claridad los dos primeros factores, sobre todo el primero de ellos [Apoyo y estimulación a la toma de decisiones) en las cuatro submuestras (chicas-madres (a), chicos-madres (b), chicas-padres (c) y chicos-padres (d)] (véase tabla 6).

En el caso de la submuestra a, es decir, las respuestas de las chicas con respecto a su relación con la madre, saturan significativamente los ítems 18, 17, 19, 11, 12, 13 y 8 (véase tabla 6), todos ellos son ítems que también saturan significativamente en el caso de las respuestas de los chicos con respecto a la relación con la madre. El resto de ítems que saturan en el caso de los chicos de la submuestra para el Factor 1 (Apoyo y estimulación a las decisiones) son ítems que saturaban ya en el mismo factor en el análisis realizado con la muestra total.

De igual manera ocurre con el Factor 2 (Evaluación negativa) cuando se trata de la relación tanto de las chicas como de los chicos con sus MADRES. Es decir, en ambos sexos saturan significativamente prácticamente los mismos ítems (véase tabla 6). Y en el caso de las submuestras c y d, a saber, las respuestas de las chicas (c) y de los chicos (d) con respecto a la relación con los PADRES, en el caso del Factor 1 sigue la misma línea de lo expuesto, no quedando tan claro en el caso del Factor 2 (véase tabla 6).

El resto de factores ya no aparecen tan claramente delimitados, sino que en el caso de las chicas saturan significativamente unos ítems y en el caso de los chicos saturan otros. No podemos encontrar esa comunalidad que vemos en los dos primeros factores.

Estos resultados corroboran la fuerza y la importancia de estos factores para evaluar tanto la relación con el padre como la relación con la madre.

Consistencia interna

El análisis de la fiabilidad del CRPBI ha incluido el cómputo de los coeficientes de alfa de Cronbach de las ocho subescalas que componen el instrumento. Los valores de alfa oscilan desde .85 para la escala de Apoyo y estimulación a la toma de decisiones hasta .30 para la de Desaprobación para la muestra total, en el caso de la evaluación de la relación con las madres. Los valores oscilan desde .88 para la escala de Apoyo y estimulación a la toma de decisiones hasta .41 para la de Desaprobación para la muestra total, en el caso de los padres.

Si atendemos a la fiabilidad, los ítems de los primeros factores son útiles y fiables para evaluar las dimensiones de afecto y apoyo como de control en los estilos de crianza que se perciben por parte del padre y de la madre, dimensiones consideradas pilares básicos entre los diferentes estilos de crianza.

Conclusiones

A partir de estos resultados podemos ver cómo hay dos factores que quedan claros en ambos progenitores (padres y madres). Estos dos factores son los dos primeros: «Apoyo y estimulación a la toma de decisiones» y «Evaluación negativa», que a su vez explican un porcentaje de varianza mayor (24,61% y 27,25% en el caso de madres y padres, respectivamente). Podemos comprobar cómo el resto de los factores se difuminan y van perdiendo ítems. En el caso de la madre unos ítems forman parte de unos factores y, sin embargo, en el caso del padre estos mismos aparecen en otros factores o incluso desaparecen al tener una saturación muy baja.

El análisis de fiabilidad también muestra coeficientes de alfa de Cronbach elevados para estos dos factores, tanto en el caso de las madres como en el caso de los padres (,85 y ,82 en el caso de las madres, y ,88 y ,84 en el caso de los padres). Sin embargo, podemos comprobar cómo los valores van bajando en el resto de factores en ambos casos, a excepción del factor denominado «Evaluación positiva» que también alcanza un alpha de Cronbach aceptable en ambos casos (,66 en el caso de las madres y ,75 en el caso de los padres).

Los resultados obtenidos en los análisis realizados en función del sexo de los sujetos permiten una posible interpretación: en primer lugar, hemos podido comprobar cómo en el caso de la relación de los hijos con la madre (tanto las chicas como los chicos) los resultados son contundentes y nos muestran los dos factores claros; sin embargo, cuando observamos los resultados pertenecientes a la relación de los hijos (chicas y chicos) con sus padres, aquí los resultados ya no son uniformes y claros, sino que únicamente queda bien marcado el factor 1 en ambos sexos. El resto de factores (incluido el factor 2) se pierden, es decir, los ítems que saturan en uno y otro sexo son diferentes. Esto nos permite quizás interpretar cómo (y basándonos en las percepciones de los hijos de ambos sexos) los estilos educativos de las madres son más homogéneos que los del padre, los factores en su caso (la madre) quedan claros y comparten ítems.

Nuestra propuesta para trabajos futuros, en vista de todos estos resultados, se dirige a la revisión de los ítems que conforman esos últimos factores, ya que a nuestro juicio, realmente y sobre todo en el caso del padre, no reflejan fielmente la relación de éste con sus hijos.

Por otra parte, los resultados también sugieren la necesidad de reducir el instrumento en nuestra población o modificar estos ítems que han obtenido una fiabilidad baja. Queda patente la necesidad de disponer de instrumentos más cortos y validados en nuestra población. El análisis factorial y los coeficientes de fiabilidad muestran la utilidad de los dos factores (Apoyo y estimulación a las decisiones y Evaluación negativa) para evaluar la relación de los hijos con su padre y con su madre y sugieren la conveniencia de recurrir a otras escalas para evaluar otras dimensiones referentes a la crianza.

El presente estudio permite, por tanto, reducir el instrumento a 27 ítems para evaluar la relación con el padre y 20 ítems para evaluar la relación con la madre.

Agradecimientos

Estudio subvencionado en un Proyecto I+D+I (BSO2001-3042) del Ministerio de Ciencia y Tecnología (2001-2004).


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View Tabla 1 :
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    Tabla 1. Dimensiones molares del Child's Reports of Parental Behavior Inventory.
                            
View Tabla 2 :
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    Tabla 2. Análisis factorial de los ítems referidos a la madre.
                            
View Tabla 3 :
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    Tabla 3. Análisis factorial de los ítems referidos al padre.
                            
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    Tabla 4. Denominación de los factores para el cuestionario de las madres.
                            
View Tabla 5 :
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    Tabla 5. Denominación de los factores para el cuestionario de los padres.
                            
View Tabla 6 :
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    Tabla 6. Ítems que saturan significativamente en los dos factores para las cuatro submuestras.
                            
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    Tabla 7. Coeficiente de fiabilidad de los factores.