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III Congreso Nacional de Psicología - Oviedo 2017
Universidad de Oviedo

 

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Psicothema

ISSN Paper Edition: 0214-9915  

2000. Vol. 12, Suplem.2 , p. 5-6
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RECORDANDO A JESÚS AMÓN

 

Vicente Ponsoda Gil

Universidad Autónoma de Madrid

AL PROFESOR JESÚS AMÓN, IN MEMORIAM

 
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Hace unos meses vi en la informaciones que nos iban llegando desde Oviedo que se había decidido dedicar el congreso a la memoria de Jesús Amón. Me pareció una buena idea y así lo hice saber a los organizadores. Me preguntaron qué se podía programar en su honor aquí en Oviedo y la verdad es que no supe qué decir. Pensé en algunas opciones: dejar en las mesas redondas una silla vacía con su nombre, pedir a un historiador de la Psicología que nos contara a todos los primeros pasos de la Metodología en España. Lo cierto es que no comenté con nadie estas posibilidades. El otro día me llamó José María Arredondo, me propuso participar en este acto, me pareció una excelente idea, y aquí estamos.

Jesús Amón fue mi profesor de Estadística aplicada a la Psicología, cuando por los setenta estudiaba Psicología en la UAM. En aquellos años muchos profesores lo eran de las dos universidades de Madrid simultáneamente. Los estudios de la especialidad de Psicología habían comenzado recientemente y los profesores eran pocos y cobraban menos. Estas dos situaciones ayudaban a que muchos enseñasen en las dos universidades. Mis recuerdos de aquel entonces son muy poco precisos. Recuerdo que el día del examen nos puso uno de esos problemas de curvas normales superpuestas, que tanto nos hacían sufrir, y vino a ver si lo había sabido resolver.

Me dio un buen susto, pues el problema estaba en ese momento es una posición algo comprometida, demasiado cerca del compañero que tenía a mi izquierda. Jesús solía anotar las mejores calificaciones de cada curso y solía contar con ellos para ofrecer las plazas de profesor que iban saliendo. Así empecé yo también. En primer lugar, Javier Tejedor me pidió que entrase de ayudante de psicometría en la UAM, y al año siguiente, Rafael San Martín y Jesús me pidieron que fuese a la Complutense. Una importante consecuencia de esta forma de reclutamiento es que la mayoría de los profesores de metodología seamos psicólogos. En otras áreas metodológicas relacionadas con otras disciplinas, como Biología, Medicina,.. el porcentaje de matemáticos es apreciablemente mayor que el existente en nuestra área. Yo comenté con él varias veces lo anterior y creo que nunca se arrepintió de haber introducido a tantos psicólogos en el área. Uno de los principales argumentos que manejaba es que algunos intentos de hacerlo de otro modo, por ejemplo en la UAM, resultaron en un rotundo fracaso.

En clase, no creo que fuese un docente especial. Mi idea es que consiguió congeniar más con los alumnos a medida que se iba haciendo mayor. Durante los últimos años solía decir que lo pasaba realmente bien en clase, y que tanto el como los alumnos se reían mucho. Contaba siempre la misma broma a los estudiantes de segundo: «Imaginad que vais en el metro y alguien se acerca y os pregunta por las propiedades de los estimadores máximo-verosímiles, ¿qué le vais a decir si no estudiáis esto conmigo?»

Un rasgo característico de Jesús a destacar es su rigor. En su libro, en sus clases, en sus exámenes,.. había demostraciones. Todos sus colaboradores aprendimos esta forma de hacer las cosas y recuerdo mi emoción cuando un día demostré en clase cómo se obtiene la distribución de Poisson a partir de la binomial. Comenté en clase que era la primera vez que hacía tal cosa, no recuerdo bien la cara de los alumnos, pero fue una experiencia que no repetí. Se pensaba que era bueno justificar las afirmaciones, no tanto para que los estudiantes aprendiesen a derivar fórmulas, como para habituarles a pensar de un modo riguroso cuando lo hicieran sobre contenidos psicológicos. Con el tiempo fuimos todos más y más conscientes de que había que «motivar» a los alumnos con ejemplos reales. En el libro «Estadística para Psicólogos» aparecieron muchos ejemplos extraídos de la literatura y desaparecieron las demostraciones de los exámenes.

Jesús tenía una formación humanística y científica impresionante. Era matemático, filósofo y psicólogo. Realizó un master en USA. Era de los pocos que en aquellas fechas tenía estudios en el extranjero.

Su dedicación a la universidad era total. Fue director de Departamento muchísimos años, vicedecano y decano. Posiblemente algo tuvo que ver con ello que consiguiese crear la primera Facultad de Psicología. Jesús no era especialmente hábil socialmente, pero sin embargo tenía relaciones muy estrechas en el Rectorado y en el Ministerio. El contaba muchas veces cual es el procedimiento para conseguir que la Administración Pública resuelva algo rápidamente, pero prefiero callarlo.

No hablaba demasiado Jesús de su investigación. Investigó en el campo de las escalas de actitudes y publicó varios trabajos sobre religiosidad. Puedo equivocarme, pero creo que su principal aportación son sus libros. Su «Estadística para Psicólogos», volumen I, va por la edición décimo quinta. Trabajaba mucho cada línea, cada ejemplo, cada problema,.. Sus fuentes eran mayoritariamente otros libros, pero puedo dar fe de las vueltas que daba, las revisiones que hacía antes de mandar algo a la imprenta. En este sentido, mejor ejemplo que los libros de Estadística es un libro pequeño sobre álgebra de matrices, que conoce bien Teresa Anguera. ¡Los años de trabajo que le dedicó!

Creo que ha habido algo de leyenda negra con Jesús. En la universidad, su asignatura, como muchas nuestras, era suspendida por muchos estudiantes, lo cual en algún caso, ha tenido sus ventajas. Hace algún tiempo, oí decir por la radio a una famosa cantante que se dedicó a la música porque no pudo aprobar las Estadística para Psicólogos de la Complutense. De Jesús dependió también el acceso a cátedras y adjuntías de muchos de nosotros, lo que le acarreó no pocos problemas. Yo creo que defendió con fiereza lo que creía que tenía que defender. Estoy convencido que nunca defendió a alguien pensando que no lo merecía y tampoco dejó de defender si pensaba que sí lo merecía. A mí, en particular, me defendió abiertamente. Yo estoy convencido de que cuando lo hizo, lo hizo convencido de que lo merecía, lo que prueba que también Jesús se equivocaba.

He intentado recuperar unos comentarios sinceros, sin datos, sobre los muchos años de relación con Jesús. Puede habérseme escapado alguna información errónea, porque como digo todo ha salido de mi memoria. Tuvimos una relación profesional intensa. Tuvimos nuestras dificultades cuando yo me vinculé profesionalmente con la UAM, a pesar de su interés en que siguiese en la UCM. Una prueba más de su calidad humana es lo poco que tardó en perdonar. Muy pronto volvió la relación a ser muy buena entre los dos. Hemos pasado muchas tardes juntos paseando por el monte de Boadilla. Venia a casa, dábamos un paseo, cenaba y luego se marchaba a casa. Estoy casi seguro que el último paseo largo por el monte lo dio conmigo allí. Me comentó al principio del paseo que se había caído tontamente el día de antes. Ese día, al final del paseo, también comenzó a acelerar su marcha incontroladamente hasta que a punto estuvo de volver a caer. A los pocos días fuimos al neurólogo y empezaron las pruebas. Su enfermedad fue larga y, como todas las degenerativas, horrorosa.

En fin, quiero dejar constancia de mi aprecio por Jesús, que ha sido un hombre bueno, dedicado íntegramente a la universidad y del que hemos aprendido muchos mucho.

No quiero dejar pasar la ocasión para comentar siquiera de pasada mi aprecio y mi deseo de recordar en público también a Alfonso Sarriá, que también nos dejó no hace mucho tiempo.


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