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III Congreso Nacional de Psicología - Oviedo 2017
Universidad de Oviedo

 

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SELECTED ARTICLE

Psicothema

ISSN Paper Edition: 0214-9915  

1996. Vol. 8, Suplem.1 , p. 7-11
Copyright © 2014


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NOTA BIBLIOGRÁFICA

 

José Muñiz

Universidad de Oviedo

Esta nota biográfica reproduce con algunas variaciones el discurso leído por el autor con motivo del nombramiento de Yela como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Oviedo, y posteriormente publicado en Papeles del Psicólogo, 1994, 60, pp. 23-26.

 
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Correspondencia: José Muñiz
Universidad de Oviedo. Facultad de Psicología
Plaza de Feijoo
33003 Oviedo (Spain)
E-mail: jmuniz@sci.cpd.uniovi.es

 

Dice Yela (1983) de su vida que, "con la perspectiva de los años, más bien me parece que he venido a ser, aproximadamente, y entre gozoso y crítico, un espectador del paisaje, un indagador del hombre y un apasionado de la realidad. O, simplemente, uno más entre tantos, que, como Neruda, confiesa que ha vivido. Mi pequeña historia, penosa a veces, difícil con frecuencia, incierta siempre, ha sido, sobre todo, una aventura ilusionada".

Y, ciertamente, ilusión, tenacidad, rigor, trabajo duro y sentido positivo y optimista del vivir, serán características que impregnarán las acciones del Profesor Yela.

Nace el dos de Marzo de 1921 en el Madrid castizo de la Plaza de Lavapiés, calle Zurita, número 34, de familia humilde. Su padre era obrero metalúrgico, laborioso, amable, sagaz, y con una cierta socarronería propia de un campesino castellano recién injertado en el Madrid castizo, como el propio Yela nos recuerda, y su madre una trabajadora tenaz e incansable. Tras su paso por la escuela unitaria, Yela accede al Colegio público Andrés Manjón, del que guardará buenos recuerdos, pues, como el mismo dice, "Tuvo el acierto de no atiborrarnos de conocimientos y de enseñarnos, en cambio, muy cumplidamente a pensar, exponer, leer, redactar, calcular y convivir", en esto sí fue un privilegiado.

A los trece años tuvo su primer contacto con la Psicología, cuando en su colegio pasaron unos tests para detectar y becar alumnos superdotados, lo que le motivó para buscar y leer un famoso libro de Terman sobre el tema. Quién podría predecir que, décadas más tarde, algunas de sus contribuciones más importantes a la Psicología pertenecerían al campo de la Inteligencia, aquélla de la que según los tests andaba Yela más que sobrado. En 1941, tras mil penalidades durante la guerra civil, acaba el bachillerato en el Instituto de San Isidro con Premio Extraordinario, lo que le daba acceso a la Universidad. En 1945 termina la Licenciatura de Filosofía y Letras también con Premio Extraordinario y ese mismo año consigue una de las cinco becas concedidas a los mejores expedientes académicos de toda España para ampliar estudios en los Estados Unidos, primero en la Universidad Católica de Washington, bajo la tutoría de Thomas V. Moore, y de 1946 a 1948 en Chicago con Thurstone. Allí estaba entonces la vanguardia de la Psicometría mundial, y Yela conoce y trabaja con Gulliksen, Coombs, Tucker, Cronbach, Cattell, Bechtold y Rimoldi, entre otros. Quedarse o volver, ese siempre ha sido y será el dilema de todo investigador que sale de nuestro país. Yela se vino, alguien tenía que hacerse cargo de la Psicología Española, tal era el objetivo que se había propuesto, y como señalara con gracia e ingenio otro insigne psicólogo, José Luis Pinillos, un día Juan Linz y Mariano Yela se fueron a América, Linz se quedó y Yela volvió, Linz pudo investigar y Yela investigó lo que pudo; pero Yela trabajó y penó aquí, y a él le debemos buena parte de lo que hoy es la Psicología en España. Yela reconoce que, sensata o quijotescamente, para eso volvió. Por parte de todos nosotros, psicólogos españoles, sólo cabe decirle de todo corazón, gracias por la vuelta, maestro.

De nuevo en Europa, amplía sus estudios con Burt en Londres y con Thomson en Edimburgo. Entre 1950 y 1952 trabaja en el laboratorio de Psicología Experimental de la Percepción que dirigía Michotte en Lovaina, donde volverá de profesor de Psicología Matemática de 1964 a 1974 y cuya universidad le concederá la Medalla de Honor de la Universidad y el premio Internacional de Investigación Francqui. Durante su estancia en Friburgo de Brisgovia en 1952 hará estudios de antropología filosófica con Muller y Heidegger.

Premio Extraordinario en su Tesis doctoral sobre la Teoría Factorial de la Inteligencia (1952), Profesor Adjunto de Cosmología y Psicología en la Universidad Complutense (1953-1957), obtiene la Cátedra de Psicología General en 1957, que se convertirá en Psicología Experimental en 1983 a petición de la propia Facultad. En 1987 es nombrado Profesor emérito de la Universidad Complutense, y en 1990 Doctor Honoris Causa por la Universidad de Oviedo.

Yela ha ejercido un magisterio ejemplar por medio de su obra y de su vida, y yo no sabría decir cual es más ejemplar. Su obra está ahí, para su estudio y análisis, y a ello dedicarán esfuerzos las gentes venideras, pero también les gustará saber, y se lo podemos decir los que tuvimos la suerte de trabajar a su lado, que su calidad humana y su bonhomía eran impresionantes, grande a la manera de Pessoa, porque nada de lo suyo excluía o exageraba.

De su obra quiero destacar algunos aspectos centrales, no muchos, porque escaso es el espacio de que disponemos y tiempo habrá de análisis más exhaustivos.

Una formación tan sólida y sistemática como la recibida por Yela no podía dejar de granar en ricos y variados frutos, y a fuer que lo hizo. Es difícil de imaginar en nuestros días de máxima especialización una obra tan dilatada, tan profunda en saber, y tan amplia en los intereses y temática abordados, de la que bien podría decirse, parafraseando a Terencio, que nada de lo psicológico le es ajeno.

Los trabajos e investigaciones de Yela, teniendo siempre como núcleo articulador a la Psicología entendida en sentido amplio, como estudio del hombre, versan, entre otros, sobre Antropología, Teoría y Filosofía de la Ciencia, Educación, Historia de la Psicología, Psicomatemática, Psicometría, Análisis Factorial, Inteligencia, Percepción, o Psicología del Trabajo y de la Educación. Todo ello a lo largo de catorce libros como único autor, entre los que se pueden citar títulos tan clásicos como Psicología de las Aptitudes, La Técnica del Análisis Factorial, Los tests, Educación y libertad, Introducción a la Teoría de los tests, o Estudios sobre inteligencia y lenguaje. Otros cuarenta libros cuentan con su colaboración, y a ellos se suman unos doscientos cincuenta trabajos publicados en revistas españolas y extranjeras, y cerca de doscientos tests adaptados o construidos. Todo ello combinado con la dirección de más de setenta Tesis Doctorales, entre las que tiene el honor de contarse la de quien esto escribe; y un sin fin de congresos nacionales e internacionales, reuniones, seminarios, cursos y conferencias, en total más de cuatrocientos. Los premios, distinciones y honores acumulados superan también el centenar. Cuando en el verano de 1994 me encontré con Yela en el Congreso Internacional de Psicología Aplicada en Madrid, me comentó que tenía unos veinticinco trabajos en prensa, y es que Yela no paraba, vivía dedicado de lleno a sus tareas docentes e investigadoras, leía, pensaba y escribía sin cesar, y lo hacía con placer y pasión, como quería Max Weber de los científicos. Sus dos grandes pasiones eran su familia y la Psicología Española, con ambas se pasaba los inviernos en Madrid y los veranos en Trillo, con las dos viajaba, y a ambas dedicaba todas sus energías. Es tópico decir que detrás de todo gran hombre siempre hay una excelsa mujer, pero en el caso de Marichu el tópico se hace realidad con creces, pocas veces se ven relaciones tan armoniosas y complementarias, sus cinco hijos, dos de ellos psicólogos, lo saben bien.

Si ancha es la obra, más asombra su profundidad. Como la propia Psicología, la obra de Yela es a la vez diversa y unitaria. Diversa de enfoques y perspectivas, y unitaria en cuanto al hilo conductor subyacente, el estudio del hombre, de la conducta humana, que se ajustan mal a lo lineal y unilateral. Seguramente la invariante más característica que atraviesa la obra de Yela sea su esfuerzo por combinar el rigor metodológico de las ciencias experimentales con el estudio de los problemas relevantes de la Psicología. Tomando prestada la expresión de Marguerite Yourcenar, puede decirse que nos enseñó a preferir las cosas a las palabras, a desconfiar de las fórmulas, a observar más que a juzgar, en suma nos enseñó el método. Su conocida Teoría del Continuo Heterogéneo acerca de la Inteligencia es un ejemplo de este equilibrio entre rigor metodológico y riqueza sustantiva. Para ponerlo en sus propias palabras, nos dice Yela (1980) que "Con demasiada frecuencia la Psicología experimental ha tratado de sustituir los fenómenos psicológicos pertinentes por caricaturas simplificadas y reducidas de ellos para poder así estudiarlos mediante técnicas precisas. Con no menos reiteración, el psicoanálisis y otras orientaciones parejas se han obstinado en abordar los problemas psicológicos más significativos y complejos sin poner a punto la metodología científica apropiada. Hay que intentar las dos cosas. Creo poder afirmar que por culpa o mérito de unos pocos, entre los que supongo que me encuentro, la Psicología española ha ido adquiriendo un matiz predominantemente empírico, experimental y en cierto modo matemático... No quisiera sin embargo que olvidáramos la construcción teórica y la observación imparcial de los fenómenos en toda su complejidad y viveza... Las dos cosas son necesarias: una teoría respetuosa con la íntegra complejidad de los fenómenos y una metodología estricta que garantice al máximo posible la verificación positiva de sus implicaciones". Consecuente con ese modo de pensar introdujo en España la Psicología Matemática, aplicación de los modelos matemáticos para el estudio de la conducta humana, y fundó así la moderna Psicometría española. Yela constituye en la España de la posguerra el puente que permite a la Psicología pasar de las palabras a los hechos, de la Psicología de corte filosófico a la Psicología científica, hasta convertirla en la vigorosa ciencia empírica actual. Con su obra y magisterio cambió el talante de la Psicología española adaptándola a lo que se hacía en el resto del mundo, y sacándola del páramo en el que nos habían sumido la guerra civil y la postguerra.

No es extraño que sobre su persona se hayan acumulado las distinciones y los honores. Sólo recordaré que es el único español elegido como miembro del Comité Directivo de la Unión Internacional de Psicología, que es Premio Nacional de Filosofía y que ha recibido la Medalla de Honor de la Universidad Complutense y ha sido nombrado miembro de Honor del Colegio Oficial de Psicólogos y Presidente de Honor de la Sociedad Española de Psicología.

Pero no fué sólo su obra y magisterio, Yela tuvo la rara capacidad de compatibilizar su labor organizativa y fundacional, así como profesional, y allí está cuando van surgiendo las instituciones donde se forja la Psicología académica y profesional: Cofundador del Departamento de Psicología Experimental del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (1948), Miembro fundador de la Sociedad Española de Psicología (1952) de la que será Presidente durante muchos años, Cofundador de la Escuela de Psicología y Psicotecnia de la Universidad Complutense de Madrid (1953) de la que más tarde será director, miembro fundador del Instituto de Ciencias del Hombre (1973), y finalmente será junto con Pinillos el principal promotor de la creación en 1980 de la primera Facultad de Psicología española en la Universidad Complutense. Puede decirse que su vida profesional y científica corre paralela al establecimiento institucional de la Psicología española, tanto a nivel académico como profesional.

Lejos de academicismos hueros, Yela siempre ha defendido una Psicología conectada con lo profesional, con las necesidades sociales, pues si la ciencia no sirve al hombre, ¿para quién se hace?, solía decir. Y no sólo lo dice de palabra, también con hechos, ahí quedan sus numerosísimas colaboraciones con el mundo de la empresa, la educación, o la clínica, y los más de 200 tests construidos entre propios y adaptados.

A este gran relieve de investigador, y a su magistral docencia, por la que hemos tenido la suerte de pasar generaciones y generaciones de psicólogos, unía Yela, por qué no decirlo, si es verdad, un talante humano sin par, sincero, honesto, cordial, y respetuoso con las ideas que no compartía y con quienes las sustentaban, nadie he conocido menos sectario. Visto con la perspectiva de los años, uno se da cuenta de cuántas impertinencias tuvo Yela que escuchar con paciencia y comprensión a los estudiantes y PNN (Profesores No Numerarios) que en los movidos años 60 y 70 tratábamos de cambiar todo de un día para otro. Ni un mal gesto a nuestra natural impaciencia, si acaso alguna sonrisa irónica sazonada con el bálsamo de que "todo llegará", y tenía razón, todo fue llegando a la Psicología Española. No menos ideas balbucientes tuvo que escuchar con paciencia y atención, Yela atendía siempre y a todos, en su famoso Seminario de Investigación de las tardes. Allí muchos aprendimos muchas cosas de Psicología, pero no fue la menos importante el que la ciencia, es una construcción social que no cesa y que por tanto toda actitud unidimensional, o todo método con aspiraciones a lo eterno y estático, están condenados al fracaso. Hipotetizar sin timidez, allegar datos con rigor, e ir construyendo la solución provisional, esa era su filosofía para jóvenes deseosos de solucionar el problema planteado en la próxima reunión. Los datos empíricos suelen estar contaminados, son escurridizos y se prestan a múltiples interpretaciones. Yela solía decirnos que sólo con los datos se iba hacia el empirismo romo, pero que sin ellos se iba de paseo. "El científico es, literalmente, un poeta humilde, un inventor que somete sus invenciones a comprobación rigurosa. Sin invención, sin poesía, no hay ciencia; sin comprobación, tampoco. La comprobación más rigurosa de hipótesis anodinas es estéril. Las hipótesis más ingeniosas que no se comprueban son inútiles. El desarrollo de la ciencia y del método científico que a ella conduce ha consistido en la articulación coherente entre la invención y la comprobación" (Yela, 1994, Pág. 4).

Y todo esto, y mucho más, lo decía Yela en unas clases magistrales de verbo ronco, gesto pausado y claridad cartesiana. Muy pocos profesores lo igualaban en esto, pero ninguno en la extrañísima y peculiar habilidad de Yela para explicar al mismo tiempo que se quitaba el chaleco sin desprenderse de la chaqueta, parecía increíble. Más de un alumno se perdió parte de sus explicaciones sobre la Fiabilidad y Validez de los tests por seguir hipnóticamente las idas y venidas del chaleco bajo la chaqueta para terminar indefectiblemente sobre la mesa, produciendo un murmullo aprobatorio y cómplice por parte de los estudiantes, que adoraban a Yela.

En fin, fue Yela bueno, en el buen sentido machadiano de la palabra bueno, y para terminar esta breve reseña sólo cabe decir, in memoriam, muchas gracias maestro, usted que lo ha sido todo en la Psicología Española, deje que nos inspiremos en su ejemplo para seguir inventando el futuro.


Yela, M. (1980). Prólogo al Manual de Psicoterapia de Grupo de S. Ayestarán. Salamanca: Universidad Pontificia.

Yela, M. (1983). Autobiografía intelectual. Anthropos, 23, 4-9.

Yela, M. (1994). El problema del método científico en psicología. Anuario de Psicología, 60, 3-12.

Yourcenar, M. (1986). Memorias de Adriano. Barcelona: Edhasa.

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