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III Congreso Nacional de Psicología - Oviedo 2017
Universidad de Oviedo

 

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Psicothema

ISSN Paper Edition: 0214-9915  

1995. Vol. 7, nº 1 , p. 33-40
Copyright © 2014


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BURNOUT EN NIÑOS Y ADOLESCENTES: UN NUEVO SÍNDROME EN PSICOPATOLOGÍA INFANTIL

 

Enrique J. Garcés de Los Fayos

Universidad de Murcia

Pretendemos en este trabajo acercarnos al fenómeno burnout desde la perspectiva del niño y adolescente. Tras un exhaustivo análisis de la situación actual del burnout, entendido como casi sinónimo de estrés laboral en trabajos de servicios de ayuda humana, nos adentramos en los contextos educativo y deportivo para demostrar que la conceptualización del síndrome en el ámbito adulto lo es también en el juvenil, destacándose los anteriores contextos como lugares altamente predisponentes al padecimiento del burnout. Reflexionamos al final acerca de cuáles deben ser las líneas de investigación inmediatas en esta nueva conceptualización psicopatológica infantil y juvenil.

Burnout in children adolescents: A new syndrorne in child psychopathology. This work aims to look into the phenomenom of burnout from the point of view of children and teenagers. After a complete study of present situation of burnout, refering to it as an almost synonimous word to occupational stress where services for human help are offered, now we move into education and sports contexts in order to show that conceptualization for the syndrome in adult context takes place in juvenile context too, highlitghting that former contexts are higly likely to provoke burnout suffering. Finally, we will propose hints about which should be the immediate study lines about this new psychopathological conceptualization in children and teenagers.

 
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Correspondencia: Enrique Javier de Los Fayos Ruiz
Universidad de Murcia. Facultad de Psicología
Departamento de Psicología Básica y Metodología
Apartado 4021. 30080 Murcia. Spain.

 

Burnout: un síndrome de adultos

El burnout como síndrome psicológico es introducido en las ciencias sociales por parte de Freudenberger (1974) que lo instaura para referirse a un estado psicológico según el cual un individuo que lo padeciese sentiría una gran sensación de fracaso y agotamiento o sentimiento de cansancio absoluto (sentirse exhausto). Toda esta sintomatología aparece como consecuencia de unas excesivas demandas de energía, «fuerza espiritual» o recursos personales por parte del trabajo que desarrolla. Este último aspecto es definitivo pues encuadra el síndrome en el ámbito laboral, de tal forma que serían las exigencias laborales las que desencadenarían los sentimientos conducentes al burnout. A partir de este inicio comenzaría una linea de investigación que ha dado como consecuencia la aparición de diversos modelos explicativos, instrumentos de medida e, incluso, conceptualizaciones muy diversas. Puesto que debía ser el trabajo el origen fundamental del síndrome se llegó al consenso de establecer que las profesiones de «servicios de ayuda humana» (personal sanitario, profesores, policías, entre otros) eran las que reunían más factores de riesgo para padecer burnout. Esta lista de profesiones se fue ampliando con el paso del tiempo y la mayor profundización en la investigación al respecto, encontrándose otras profesiones como personal militar, sacerdotes, entrenadores, personal de justicia, etc.

A pesar de que ya son veinte años de investigación acerca del burnout sigue existiendo dudas conceptuales sobre el mismo. Así, la mayoría de autores entienden que hay una similitud extraordinaria entre burnout y estrés laboral, apuntando algunos que quizás estamos denominando de forma diferente aspectos diversos del mismo constructo (Oliver, Pastor, Aragoneses y Moreno, 1990). Cherniss (1980a y b) entiende burnout como un proceso transaccional de estrés en el trabajo, tensión y acomodamiento psicológico y distingue tres momentos:

1.-Desequilibrio entre demandas en el trabajo y recursos individuales (estrés).

2.-Respuesta emocional a corto plazo ante el anterior desequilibrio caracterizado por ansiedad, tensión y agotamiento (tensión).

3.-Serie de cambios en actitudes y conductas (afrontamiento defensivo).

Fruto de esta tendencia a igualar burnout con estrés laboral surgió una línea de investigación (hoy la más aceptada) en la que se concibe al síndrome como una consecuencia de un estrés severo y prolongado, lo que le distancia del estrés laboral como tal (Shinn, Rosario, March y Chestnut, 1984; Nagy, 1985; Walker, 1986; Matteson e Ivancevich, 1987; Greenglass, Burke y Ondrack, 1990; Kelley y Gill, 1993).

Partiendo de esta premisa, el burnout es concebido hoy como «un síndrome tridimensional caracterizado por agotamiento emocional, despersonalización y reducida realización personal» (Maslach y Jackson, 1981). Estas autoras entenderían el agotamiento emocional como las sensaciones de sobreextensión física y hastío emocional que ocurre como resultado de constantes interacciones entre los trabajadores: por despersonalización concebirían el desarrollo de actitudes negativas y respuestas cínicas hacia las personas a quienes los trabajadores prestan sus servicios; por último, reducida realización personal sería la pérdida de confianza en la realización personal y un negativo autoconcepto como resultado, muchas veces inadvertido, de las situaciones ingratas. En esta misma línea Pines, Aronson y Kafry (1981) ofrecen otra definición de burnout: «estado de agotamiento emocional, mental y físico causado por estar implicado durante largos periodos de tiempo en situaciones que afectan emocionalmente». Esta segunda definición aporta un elemento que va a ser decisivo en el planteamiento que aquí exponemos, ya que estos últimos autores no señalan la necesidad del contexto laboral como premisa básica para la existencia del síndrome; por contra, entienden que cualquier situación estresante duradera y severa que reúna una serie de características concretas puede dar lugar al padecimiento del burnout.

Entre las variables que predicen el burnout tal como se han estudiado a lo largo del tiempo Nagy y Nagy (1992) señalan en su revisión teórica que se han identificado más de cuarenta relacionadas significativamente con el constructo que nos ocupa. Si bien aquí no vamos a describirlas todas sí resulta interesante comprobar que éstas pueden clasificarse en tres grupos, que se presentan por separado o conjuntamente, y que son:

- Interpersonales. Variables relacionadas con el individuo que hacen referencia a características de personalidad, sentimientos, estructura de pensamiento, etc.: bajo autoconcepto personal (Friedman y Farber, 1992), locus de control externo (Wilson y Chiwakata, 1989), percepción de disminución de la realización personal (Garden, 1991), entre otras.

- Ambientales. Recogen aspectos relacionados con la familia, los grupos de influencia u otras variables que tienen que ver con la vida cotidiana del individuo: carencia de apoyo social por parte de familiares y amigos (Etzion, 1984), estilos de vida inadaptados (Greenglass, Burke y Ondrack, 1990), etc.

- Profesionales. Se refiere a aquellas variables generadas directamente en la organización a nivel general y específicamente, en la interacción continua con el puesto de trabajo: carencia de recompensas profesionales (Burke y Richardsen, 1991), falta de claridad de rol (Capel, Sisley y Desertrain, 1987), expectativas no realistas en relación al puesto de trabajo (Burke y Richardsen, 1991), etc.

Como consecuencia de las variables aversivas el individuo padecerá una serie de circunstancias que configuran el espectro sintomatológico del burnout y que podemos clasificarlas según las siguientes categorías:

- Perspectiva de la salud física. Diversos problemas psicosomáticos como insomnio, taquicardia, dolor de espalda, etc... (Golembiewski, Munzenrider y Stevenson, 1984). Estos problemas junto a otros (úlceras, cefaleas, trastornos gástricos...) describen al individuo con burnout como una persona con bajos índices de salud y diversas enfermedades que configuran una constelación psicosomática (Friedman, 1991: García, 1991; García y Velandrino, 1992).

- Consecuencias psicológicas. Depresión (Freudenberger, 1974), ansiedad (Greenglass, Burke y Ondrack, 1990), o reacciones intensas de cólera, agitación, cinismo, sensación de culpabilidad y ruptura nerviosa (Friedman, 1991).

- Relacionadas con el entorno laboral. Insatisfacción laboral (Burke y Richardsen, 1991), absentismo (Jones, 1980), descenso de la productividad, efectividad y rendimiento (Freudenberger y Richelson, 1980), propensión al abandono y abandono real (Burke y Richardsen, 1991), rotación (Pines, Aronson y Kafry, 1981), entre otras.

Comprobamos, a partir del desarrollo expuesto, que estaríamos ante un problema psicológico claramente incidente en la población adulta contextualizada en el ámbito laboral: sin embargo, otras líneas de investigación han empezado a mostrar otra perspectiva del síndrome centrada en niños y adolescentes como sujetos que también pueden padecer burnout en contextos altamente presionantes: escuela y deporte. Precisamente dos actividades que incitan a pensar en la influencia de factores positivos en los niños. En los siguientes apartados desarrollamos estos aspectos.

Burnout en estudiantes

Ya Knaus (1985) planteaba que el burnout en estudiantes era un síndrome subestimado por la investigación que sin embargo se presentaba potencialmente peligroso y pernicioso en niños en edad escolar. Según el autor, entre un 10 y un 25 por ciento de los niños en la escuela sufren burnout, lo que le equipara a los adultos no sólo en frecuencia, sino también en intensidad. De hecho, Williams (1981) encontraba paralelismos entre el trabajo del adulto y el «trabajo escolar» del niño ya que «las interacciones personales estaban moldeadas por las demandas del proceso del trabajo». Hasta tal punto deben los estudiantes someterse a las reglas escolares que aquéllos perciben una falta de control absoluto sobre el ambiente escolar lo que conduce necesariamente a la frustración, apatía y angustia. Por otra parte, no parece descabellado comparar la sobrecarga de exigencias en el trabajo del adulto con la sobrecarga de información y tareas que el niño recibe en la escuela, que recordemos era una de las premisas fundamentales para conceptualizar el síndrome.

Partiendo de Knaus (1985), se han aceptado los siguientes síntomas en el niño con burnout: alienación y sensación de aislamiento como consecuencia directa de la falta de control sobre el ambiente e imposibilidad para cambiarlo; bajo autoconcepto y trastornos de conductas potenciales: delincuencia, fobia a la escuela, fracaso escolar, etc.; al igual que en el adulto, se ha apreciado la aparición de depresión y aumento del riesgo de suicidio. Lógicamente, existen variables de personalidad que influyen y predisponen al burnout en estas edades y que configuran unos niños con actitudes muy definidas:

-Niños con pobres habilidades, que tienen una propensión a la frustración y al abandono mayor que el resto de compañeros y que identifican su frustración con el contexto en el que desarrollan su actividad escolar.

-Niños desinteresados, que perciben falta de recompensas y atractivos y conciben la escuela como un contexto aversivo y desagradable.

-Niños con déficits atencionales, que tienen una concentración mínima y «desconectan» más rápidamente de la enseñanza reglada.

-Niños con problemas conductuales, que suelen ser fácilmente marginados con lo que refuerzan sus acciones dirigidas a no rendir académicamente y a mostrar conductas antisociales y antirreglamentarias.

-Niños ansiosos, que se ven afectados en parcelas como la atención, concentración y memoria y tienden a un desaliento prematuro.

-Niños perfeccionistas que ven el aprendizaje en la escuela de forma obsesiva y van generando un contexto percibido como excesivamente aversivo.

Esta caracterización según Knaus (1985) daría como consecuencia una tipología de niños tendentes a sufrir burnout y que manifestarían el mismo de diversas formas: agresivos, apáticos, de evitación y excesivamente concienzudos. Estos tipos no serían inamovibles, sino que podrían manifestar un estilo de comportamiento diferente según el momento y el lugar en el que se encuentren.

Si bien esta línea de investigación no ha tenido un desarrollo tan amplio como la llevada a cabo con adultos sí parece que admitir la posibilidad de la existencia del síndrome en niños en edad escolar puede ser aceptable. Identificar las dimensiones de Maslach y Jackson (1981): agotamiento emocional, despersonalización y reducida realización personal, o las de Pines, Aronson y Kafry (1981): agotamiento mental, emocional y físico, previa conceptualización en el contexto en el que se desenvuelven los niños no parece un ejercicio difícil. Incluso, como ya se ha indicado más arriba, consecuencias tales como propensión al abandono y abandono real, frustración con el desarrollo escolar, trastornos somáticos, disminución del rendimiento, entre otras no parece que sean coto exclusivo de los adultos.

Burnout en deportistas

A pesar de que Garcés de Los Fayos, Teruel y García Montalvo (1993) encuentran tan sólo nueve referencias bibliográficas de burnout en deportistas sobre más de mil de burnout en general, este ámbito ha sido más trabajado, en cuanto a conceptualización, que el escolar. Feigley (1984) daba cuenta del paralelismo constatable que se daba entre burnout en el ámbito laboral y burnout en el deportivo, manteniendo que estas comparaciones podían hacerse con niños deportistas de hasta 10 años. De igual forma, Davies y Armstrong (1991) señalaban que a los 16 años algunos deportistas pueden haber padecido suficientes presiones como para estar «quemados» (burnout) y abandonar, de forma generalizada, la práctica deportiva. También Hahn (1992) indica que las presiones predisponentes al burnout pueden comenzar en deportistas de 10 años.

En el contexto del deporte, Shank (1983) destaca tres características que predisponen especialmente al burnout: perfeccionismo, orientación en exceso hacia los demás y pérdida de destrezas interpersonales. Nos está dibujando al deportista que vive para el deporte y los demás aspectos sociales y personales, que deben influir en su desarrollo madurativo, se cercioran en beneficio del rendimiento deportivo. Este rendimiento deportivo, entendido como finalidad para el éxito, es la variable que Feigley (1984) señala como determinante en la aparición de burnout en jóvenes deportistas, en concreto indica que «la localización hacia el éxito demasiado amplia, intensa y prolongada» predispone al síndrome. Henschen (1991), que también admite la posible incidencia de burnout en jóvenes deportistas, encuentra que las causas que dan lugar a burnout son: excesiva duración de la temporada deportiva, monotonía del entrenamiento y otros factores ambientales (falta de refuerzo por parte del entrenador, sentimientos de estar atrapados por el ambiente, abuso de la autoridad deportiva, etc ... ). Loehr (1990) configura la aparición del burnout en deportistas según tres fases:

1.- Empieza a disminuir el sentimiento de entusiasmo y energía, ya que las ilusiones que iban acompañadas de unos sentimientos positivos se pierden dentro del sistema competitivo establecido.

2.- Ante la falta de energía para continuar se provocan en el deportista bloqueos en el entrenamiento que afectan al rendimiento deportivo del joven deportista que sufre angustia y abandonos coyunturales.

3.- Tras una prolongación de la fase anterior aparece pérdida de confianza y autoestima, depresión, alienación y abandono.

Este mismo autor señala como variables predictoras del síndrome las siguientes: falta de motivación, dependiente y dirigido por otros, metas elevadas poco realistas, negativo ambiente con los compañeros, débil apoyo social, e inestabilidad emocional.

Como hemos visto la causa más evidente de burnout en deportistas jóvenes es la propensión al abandono prematuro. Al igual que ocurría con los niños en la escuela, también en el deporte se perciben consecuencias tales como la frustración, la baja percepción de realización personal, trastornos psicosomáticos, problemas de conducta, junto al abandono ya señalado.

Conclusiones

Creemos que puede resultar un gran avance el hecho de investigar, o mejor seguir investigando, el burnout en niños por la transcendencia que esto tendría para la mejor conceptualización del síndrome. Si bien la inmensa mayoría sigue entendiendo, de forma casi sinónima, burnout como estrés laboral y no concibe la posibilidad de este síndrome en otros contextos no laborales (y menos en niños y adolescentes), cabe recordar que ya en 1960 (catorce años antes del «descubrimiento» de Freudenberger) Grahan Greene ya citaba el burnout como un estado psicológico caracterizado por un «vaciamiento emocional» y lo empleaba para hacer comprender al lector los sentimientos y pensamientos que desarrollaba una persona afectada de una enfermedad incurable. Este dato es una clara demostración de que anterior a toda investigación sobre burnout en el ámbito laboral se había entendido la posibilidad de sufrir este síndrome provocado por un evento estresante severo y prolongado, no necesariamente asociado al ambiente laboral, sino más bien en una comprensión más amplia del fenómeno: los eventos vitales. Y el trabajo, como el deporte, la escuela, o cualquier otro acontecimiento no dejan de ser eventos vitales que al cargarse de un fuerte estrés y conjuntarse con la evaluación cognitiva que cada individuo efectúa y las estrategias de afrontamiento que pone en marcha para enfrentarse a ellos da como resultado la posibilidad de que aparezca burnout.

Partiendo de esta premisa creemos demostrado, a lo largo del desarrollo de este trabajo, que el burnout no puede entenderse como un síndrome característico de los adultos, sino que también es posible en niños y adolescentes. Por tanto, desde aquí intentamos aproximarnos a lo que debe ser un nuevo síndrome en psicopatología infantil: burnout.

Lo que resulta lamentable es que dicho fenómeno se ocasione en contextos en principio benévolos para el niño: el educativo y el deportivo. Mal debe andar la estructura de estos complejos sistemas cuando pueden dar lugar a que un niño que intenta adquirir nuevos conocimientos teóricos y educativos y nuevas habilidades físicas y deportivas se encuentre con presiones suficientemente aversivas como para provocarle diversos trastornos psicológicos. Sí es obvio que si ha de aparecer burnout en jóvenes esto sólo puede ocurrir en ambientes conceptualizados como competitivos, en los que se prime la superación sobre el otro y no la propia superación, en la que el encuadre existente sea la recompensa por el éxito y el castigo por el fracaso, donde éxito se asimile a aprobación social y fracaso a marginación, en los que el proceso conducente a la mejora sólo sea importante si al final espera la victoria, en los que las reglas imperantes sean adultas sin posible adaptación a niños y adolescentes: en definitiva, donde perfección sea el fin a tender y los medios para conseguirlo ilimitados. Sin duda, deporte y escuela reúnen estas condiciones y, por tanto, los niños que por sus características y los factores antes indicados estén en alguno de esos contextos pasan a formar grupos de riesgo para sufrir burnout en la misma medida, al menos, que los trabajadores de las profesiones que se consideran de alto riesgo.

En cualquier caso, reiteramos que se trata de una aproximación al síndrome en edades tempranas ya que aún queda por desarrollar diversas líneas de investigación que aporten claridad al conocimiento del mismo. Desde nuestro punto de vista tres deben ser las prioridades que preocupen a los investigadores interesados en este tema:

- Desarrollo de modelos teóricos. Si bien en el ámbito deportivo se han desarrollado tres modelos explicativos de burnout en deportistas (Smith, 1986; Schmidt y Stein, 1991; Coakley, 1992) están faltos de un desarrollo teórico posterior que aún no se ha dado. En cuanto a burnout en escolares pocas han sido las aportaciones a Knaus (1985) por lo que se necesita ampliar la conceptualización de este autor, así como la aparición de nuevos planteamientos.

- Desarrollo del constructo. Es evidente que en población de adultos se ha configurado todo un cuerpo de conocimientos alrededor del fenómeno burnout. Sin embargo, en niños y adolescentes se ha tendido a un traspaso de conocimientos de la población adulta a la infantil con los problemas de adaptabilidad que esto supone. El planteamiento debe ser el de estudiar el burnout en niños y adolescentes independientemente del burnout en adultos pues quizás nos encontremos con matices diferenciadores significativos.

- Desarrollo de instrumentos de medida. En adultos además del Maslach Burnout Inventory (Maslach y Jackson, 1981) se han desarrollado diversos instrumentos de medida del burnout que es un paso necesario para aproximarnos al concepto y su consiguiente comprensión. Para población infantil no se ha elaborado ningún instrumento que permita estudiar el síndrome. Quizás puedan adaptarse alguno de los instrumentos enfocados para adultos, pero lo mismo es conveniente configurar otros nuevos, específicos para esta población.


Referencias

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Aceptado el 17 de agosto de 1994

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