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III Congreso Nacional de Psicología - Oviedo 2017
Universidad de Oviedo

 

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SELECTED ARTICLE

Psicothema

ISSN Paper Edition: 0214-9915  

1995. Vol. 7, nº 2 , p. 463-466
Copyright © 2014


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EL CEREBRO SEXUAL

 

Simon Levay

Madrid: Alianza Editorial, 1995

REVISION DE LIBROS/BOOK REVIEW

Simon LeVay, fundador del Instituto de Educación de la Homosexualidad Masculina Femenina, se ha convertido en uno de los autores más polémicos de las últimas décadas, por los estudios que ha llevado a cabo sobre las raíces biológicas de la homosexulidad masculina.

 
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Revisado por: Luis. J. Santín
Facultad de Psicología
Universidad de Oviedo

 

Sus investigaciones en este campo, han generado numerosos trabajos de alcance internacional entre los que destaca su ya clásico artículo, «A difference in hypothalamus structure between heterosexual and homosexual men» [Science 1991]. En 1993, vio la luz la edición americana de su libro «The sexual Brain», traducido en 1995 al Castellano bajo el título «El cerebro sexual» [Alianza editorial].

La edición castellana de «The sexual brain», escrito con talante divulgativo, nos ofrece una visión de los comportamientos sexuales, analizados desde una perspectiva biológica, que en innumerables ocasiones, se enmarca en un reduccionismo biológico. Comienza Simon LeVay centrándose en la clásica cuestión de la «naturaleza frente al medio», en lo que atañe a numerosos atributos y comportamientos humanos, manteniendo inicialmente una postura interaccionista, pero sesgando ésta contra las posibles influencias ambientales a medida que profundizamos en el contenido del texto. Es en este capítulo, donde introduce al lector en el concepto de dimorfismo sexual tanto en un plano anatómico como conductual, de gran utilidad para la comprensión de sus ideas posteriores.

A continuación, nos presenta una visión, bastante particular y personal, de la filogenia sexual, en donde se discute los motivos que han dado lugar a la selección de la reproducción sexual en contra de la asexual en los mamíferos. Con el fin de sostener sus ideas evolutivas sobre ciertas conductas y en especial de la conducta sexual. LeVay intenta escudarse bajo los postulados de la Sociobiología. Aquí, se hace preciso mencionar al lector, que las teorías sociobiológicas han sido criticadas por ofrecer una explicación reduccionista y determinista desde la biología, de la existencia humana (para profundizar en los aspectos críticos se puede consultar, entre otros trabajos: «Not in our genes: biology, ideology and human nature.» R. G. Lewontin, S. Rose y L. J. Kamin.).

El capítulo tercero, supone una buena introducción a la biología del desarrollo sexual, en donde se presenta de manera breve y clara el proceso de la determinación genética del sexo y la cascada de acontecimientos hormonales necesarios para la consecución de un fenotipo masculino o femenino. A lo largo de los capítulos cuarto y quinto, LeVay esboza alguno de los principios básicos en cuanto a la organización cerebral (descripción y funcionalidad neuronal, organización y conexiones entre núcleos). Debido a la importancia del hipotálamo (estructura ubicada en la base del encéfalo) en la regulación de procesos hormonales y su relación con numerosas conductas sexodimórficas, el autor dedica varias páginas a la descripción de los subnúcleos que la forman y al comentario de alguna de sus múltiples funciones. Es en estos dos últimos capítulos en donde se describen de un modo claro y preciso alguna de las técnicas de marcaje histoquímico, siendo unas específicas de conexiones y otras detectoras de la expresión génica.

Los tres capítulos siguientes se dedican al análisis de determinadas conductas sexodimórficas, centrándose en los aspectos diferenciales de los procesos fisiológicos involucrados en las respuestas sexuales de hombres y mujeres, en las conductas de cortejo y en la conducta maternal. Si bien es cierto que Simon LeVay reconoce un cierto papel a los elementos ambientales en la producción de estas conductas, se continúa apreciando un sesgo consciente e intencionado hacia posturas interpretativas de corte biologicista.

El capítulo noveno, se dedica íntegramente, a la presentación de los circuitos cerebrales involucrados tanto en las conductas sexuales típicamente femeninas como en las típicamente masculinas, centrándose en el capítulo décimo en el estudio de la acción de ciertas hormonas gonadales, durante periodos críticos perinatales, como determinantes del dimorfismo sexual posterior. Sin duda, de gran relevancia parece ser el efecto organizativo de la testosterona; que actuaría en uno de esos períodos críticos. El autor vuelve a intentar darle cabida a la influencia del medio, para la expresión posterior de la conducta sexual, no obstante, parece nuevamente un mero trámite de forma ya que continúa reiterándose en posturas reduccionistas. A lo largo de estos capítulos iniciales, Simon LeVay, restringe su análisis a conductas y circuitos cerebrales relacionados de algún modo con la función sexual, pero llegados al capítulo décimo primero, retoma el dimorfismo sexual en otros ámbitos psicológicos tales como las conductas agonísticas, las aptitudes lingüísticas y visuoespaciales etc.. Es en esta parte del texto, cuando se realizan algunas afirmaciones cuanto menos debatibles y actualmente debatidas, como el mayor tamaño de la comisura anterior a favor de las mujeres (S. Demeter, R. W., Doty y J. L. Ringo han hallado lo contrario (citado por Willian Bayne, en Investigación y Ciencia. 1994.)).

Quizás la parte más polémica del libro, se revele a partir del capítulo duodécimo, en donde se comienza a tratar el tema de la orientación sexual (ya esbozado en párrafos de capítulos anteriores), centrándose en como los sucesos acaecidos durante el primer período del desarrollo, determinarían en gran medida la orientación sexual de los seres humanos. Simon LeVay, intenta incorporar sus «descubrimientos» sobre las diferencias volumétricas halladas entre hombres homosexuales y heterosexuales en el tercer núcleo intersticial del hipotálamo anterior [NIH3], perteneciente al área preóptica medial; en una teoría general sobre el origen de la orientación sexual. Estas diferencias, se hallarían determinadas por la interacción entre hormonas androgénicas y el cerebro durante el desarrollo. El autor, toma como probados ciertos trabajos como el firmado por el propio Simon LeVay en Science en 1991. No obstante, cabe resaltar que estos trabajos, carecen de la solidez suficiente, como señala Willian Bayne de la Facultad de Medicina Albert Einstein, para ser determinantes. Así, se han descrito insuficiencias en aspectos tan cruciales para la obtención de estos resultados como la técnica de tinción histológica empleada y el alarmante desacuerdo existente en la literatura científica sobre las regiones cerebrales que presentan dimorfismo sexual (así, los resultados de los trabajos de Swaab y Fliers en 1985, los de Allen y Cols., en 1989 y la del propio LeVay en 1991, todos ellos estudiando núcleos intersticiales del hipotálamo anterior, no consiguen el grado de consenso exigible).

El último capítulo, dedicado a la «identidad de género», S. LeVay, somete a una dura crítica, los trabajos de John Money realizados en la década de los 60, donde se defiende una identidad de género dependiente del ambiente en el que el indivíduo se ha criado. Y como contrapartida, presenta otros estudios basados en la deficiencia congénita de 5-reductasa (enzima que permite la conversión de la testosterona en dihidrotestosterona, siendo un andrógeno fundamental para la formación de los genitales externos masculinos), señalándolos como una evidencia científica, de la relevancia de factores biológicos en la asunción de la identidad de género de uno u otro sexo. Los individuos que presentaban dicha anomalía, recibían una educación de corte femenino y al llegar a la pubertad comenzaban a masculinizarse metamorfoseando al mismo tiempo su identidad de género en sentido opuesto.

Esta defensa de sus postulados teóricos puede no ser tan clara como intenta hacernos ver el autor y quizás necesitáramos algunas explicaciones sobre ciertas lagunas no cubiertas por esta teoría biologicista. ¿Cómo es posible, una vez producida la diferenciación sexual del cerebro y de los genitales internos, que un individuo que presenta deficiencia de 5-reductasa, pueda asumir la identidad de género femenino? ¿no cabría esperarse la asunción de la identidad de Género masculino, si ya ha concluido diferenciación sexual del cerebro y de los genitales internos?

El autor dedica unas líneas a presentar la posible localización de la homosexualidad masculina en un gen específico. En este «post-factio» (denominado así por tratarse de «descubrimientos» posteriores a la edición del libro) introduce el trabajo realizado por Dean H. Hamer y su grupo, publicado en Science en 1993 bajo el título «A linkage between DNA markers on the X chromosome and mole sexual orientation», que versa sobre la localización de un gen ligado al cromosoma X [Xq28], que influiría sobre la inclinación sexual de los varones. Este trabajo, también ha sido objeto de una esmerada revisión por parte de Willian Bayne y Bruce Parsons (Human sexual orientation: the biologic theories reappraised. 1993). Entre otras muchas críticas aportadas por W Bayne a estos estudios que versan sobre la biología de la homosexualidad se encuentra la que a continuación se cita.

«La confirmación de los hallazgos genéticos que pretenden demostrar que la homosexualidad es hereditaria, no aclara que es lo que se hereda ni como influye en la orientación sexual» (Bayne, 1994).

Antes de dar por finalizada esta breve revisión crítica, es de mención obligada reconocer el buen hacer de Simon LeVay al abalar con numerosa literatura experimental, cada una de las ideas que expone a lo largo del texto, al igual que la inclusión de un glosario de términos en las páginas finales del libro, que agiliza la lectura comprensiva de las partes, conceptualmente más densas del texto. De igual modo, es preciso resaltar la brillantez expositiva del autor, por ofrecernos un análisis detallado, actual y riguroso sobre uno de los temas más controvertidos y polémicos de la actualidad científica y social: lo que nos obliga a recoger «El Cerebro Sexual», como uno de los textos de referencia y de lectura imprescindibles sobre el dimorfismo sexual.


Referencias

Allen, L.S., Hines, M., Shrvne, J.E. y Gorski, R.A. (1989). Two sexually dimorphic cell groups in the human brain. Journal of Neuroscience, 9, 479-506.

Bayne, W. (1994). ¿Una determinación biológica? Investigación y Ciencia, 214, 13-19.

Bayne, W. y Parsons, B. (1993). Human sexual orientation: the biologic theories reappraised. Archives of General Psychiatry, 50, 3, 228-239.

Hamer, D.H., Hu, S., Magnuson,V.L., Hu, N. y Pattatucci, V.L. (1993). A linkage between DNA markers on the X chromosome and male sexual orientation. Science, 261, 321-327.

LeVay, S. (1991). A difference in hypothalamic structure between heterosexual and homosexual men. Science, 253; 1034-1037.

Lewotin, R.G., Rose, S. y Kamin, L.J. (1984). Not in our genes: biology, ideology and human nature. Pantheon Books.

Money, J. y Ehrhardt, A.A. (1972). Man and woman, boy and girl: the differentiation and dimorphism of gender identify from conception to maturity. Baltimore Johns Hopkins University Press.

Swaab, D.F. y Fliers, E. (1985). A sexually dimorphic nucleus in the human brain. Science, 228, 1112-1114.

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