Los intelectuales y la guerra civil española
El 18 de julio de 1936 una parte del ejército español se rebeló
contra el gobierno de la República. Empezaba una guerra civil que duraría hasta el 1 de
abril de 1939.
El conflicto se internacionalizó rápidamente. En los medios
intelectuales, el apoyo a la lucha antifascista de la República española fue
mayoritario. En los Estados Unidos se movilizaron en favor de la República grupos como la
League of American Writers, en la que participaban autores como Hemingway o Dos Passos, o
el Motion Pictures Arts Committe, que contaba entre otros miembros con Joan Crawford, John
Ford, King Vidor o Robert Montgomery.
Un buen ejemplo de la solidaridad de los medios académicos fue el
Psychologists Comittee of the Medical Bureau to Aid Spanish Democracy, en el que
participaron Clark L. Hull, T. C. Schneirla y Gordon W. Allport, entre otros. En la
convención de Minneapolis de la A.P.A. de 1937, el Dr. Edward K. Barsky hizo un
llamamiento a la solidaridad con la República española (vid. Finison, 1977). Barsky era
jefe de los servicios médicos voluntarios americanos en España y, tras la guerra,
presidió el comité de ayuda a los refugiados republicanos españoles.
Intervención extranjera y campos de concentración
En el plano militar el balance fue muy distinto. Franco contó con el
apoyo de unos 16.000 alemanes, entre militares e instructores civiles, incluyendo una
unidad de la Luftwaffe. La Italia fascista aportó en total al ejército de Franco unos
75.000 combatientes, que incluían unidades del ejército y la aviación. El ejército de
Franco utilizó también unos 75.000 soldados africanos reclutados en las posesiones
españolas en Marruecos, desde donde Franco comenzó la rebelión (vid. Thomas, 1976, pp.
1.044-1.047).
El ejército de la República contó fundamentalmente con material de
guerra soviético, que llegó acompañado de dos a tres mil asesores y técnicos
militares. Lucharon en total junto a la República unos 45.000 extranjeros.
Aproximadamente el 80 por ciento fueron voluntarios alistados en las llamadas Brigadas
Internacionales. Estas Brigadas estaban formadas por voluntarios en su mayoría sin
experiencia militar profesional, reclutados por las organizaciones antifascistas
internacionales, mayoritariamente de inspiración comunista. Los grupos nacionales más
numerosos fueron los franceses (10.000), alemanes y austriacos (5.000), polacos y
ucranianos (5.000), italianos (3.550), norteamericanos (2.800), ingleses (2.000),
yugoeslavos (1.500), checos (1.500), canadienses (1.000), húngaros (1.000) y escandinavos
(1.000), hasta un total de 53 nacionalidades (vid. Thomas, 1976, p. 1.053). Los
brigadistas prisioneros del ejército de Franco que escapaban a la ejecución inmediata
eran internados en campos de concentración. El principal era el de San Pedro de Cardeña,
un monasterio medieval abandonado, situado a unos 13 km. al sureste de la ciudad de
Burgos.
Las condiciones de vida en San Pedro de Cardeña eran infrahumanas,
«like a preview of Dachau or Buchenwald» (Eby, 1969, p. 254). Aún así, los prisioneros
internacionales en el campo eran mucho más afortunados que los españoles, ya que se
procuraba mantenerles con vida para utilizarlos en los intercambios con los prisioneros
italianos en poder de la República. Esta regla tenía una excepción: a los brigadistas
italianos y alemanes se les trataba con la mayor brutalidad y eran entregados con
frecuencia a sus autoridades, casi siempre camino de la ejecución o el campo de
exterminio. Cuando un pequeño grupo de norteamericanos intercambiado en 1938 divulgó las
condiciones de vida en San Pedro de Cardeña (Dorland, 1938), el gobierno de Franco
paralizó la entrega de prisioneros de esta nacionalidad hasta el final de la guerra. Este
campo fue el escenario principal de las actividades del gabinete de investigaciones
psicológicas dirigido por Antonio Vallejo Nágera, jefe de servicios psiquiátricos del
ejército de Franco.
El pensamiento biopsicológico de Antonio Vallejo
Antonio Vallejo Nágera (1889-1960) estudió medicina en la Universidad
de Valladolid e ingresó en el cuerpo de sanidad militar en 1910, tomando parte en las
campañas del ejército español en Africa entre 1912 y 1915. Durante la primera guerra
mundial fue destinado en la agregaduría militar de la embajada española en Berlín.
Allí entró en contacto con figuras de la psiquiatría alemana como Gruhle, Schwalb y
Kraepelin. Tuvo también la oportunidad de trabajar intensamente en la inspección de los
campos de concentración de prisioneros de guerra, actividad que le valió tras la guerra
condecoraciones de Francia y Bélgica. De vuelta a España pasó un breve período
destinado en Barcelona hasta trasladarse a Madrid, donde trabajaba en la Clínica
Psiquiátrica Militar de Ciempozuelos. Al estallar la guerra civil era profesor de
Psiquiatría en la Academia de Sanidad Militar, puesto que ocupaba desde 1931.
Estaba fuertemente influido por la visión biotipológica de la
personalidad de Kretschmer, que era asumida por muchos de sus colegas españoles más
prestigiosos, como Sacristán, Lafora o Marañón (vid. Carpintero, 1994, p. 200). Durante
los años treinta promovía además en España un personal concepto de Eugenesia. Vallejo
trataba de conciliar las doctrinas alemanas de higiene racial de autores como Schwalb con
las exigencias de la doctrina moral católica, opuesta a medidas de restricción estatal
eugenésica. Por todo ello se inclinaba hacia una Eugamia, política eugenésica
implementada mediante el trabajo de orientación prematrimonial, basado en el diagnóstico
biopsicológico de la personalidad de los novios.
El marco de pensamiento psicogenético en el que se movía en la época
de la guerra civil puede ser evaluado a través de textos como Psicopatología de la
Conducta Antisocial (1936), Eugenesia de la Hispanidad y Regeneración de la Raza
(1937) o Eugamia (1938a). En ellos se mantiene que donde falta la adecuada
dotación genética, un conjunto de características intelectuales y morales inscritas en
la constitución biopsicológica, resultan generalmente inútiles los esfuerzos dirigidos
a moldear un hombre espiritualmente sano, por muy cuidado y exhaustivo que sea el conjunto
de influencias ambientales. Vallejo Nágera negó siempre ser un geneticista ignorante de
la importancia de las fuerzas ambientales para la mejora de la raza, pero subrayaba
sistemáticamente la preeminencia de los factores genéticos. Consideraba equivocada una
política racial que promoviera a los inferiores con perjuicio de los selectos, pues
pensaba que los esfuerzos prioritarios debían dirigirse al cruzamiento de los individuos
con genotipos psicológicos adecuados para lograr el mayor número posible de
superdotados. La experiencia de la guerra civil le pareció una oportunidad propicia para
avanzar en este sentido, llegando a reclamar que se clasificara a la población en castas,
utilizando como criterio de clasificación los valores espirituales que cada individuo
hubiera manifestado durante la guerra. Sería erróneo, por tanto, considerar a Vallejo
como un defensor de tesis puramente racistas. En sus escritos utiliza el término raza
en el sentido de comunidad espiritual unida por vínculos como la lengua y la cultura.
Desconfiaba de la legislación eugenésica alemana y de algunos estados norteamericanos,
en las que veía una intención de marginar a hebreos y afroamericanos, respectivamente.
Su tesis era, más bien, que un cuidadoso análisis biopsicológico de la población
podría servir de guía a una política de clasificación y orientación prematrimonial
que produciría a la larga una lenta pero segura mejoría en el genotipo psicológico de
la nación.
La personalidad del enemigo político
Vallejo Nágera, nombrado durante la guerra civil jefe de los servicios
psiquiátricos del ejército de Franco, creó en 1938 el Gabinete de Investigaciones
Psicológicas de la Inspección de Campos de Concentración de Prisioneros de Guerra, cuya
dirección asumió personalmente. El gabinete se estableció en la ciudad de Burgos, cerca
del campo de concentración de San Pedro de Cardeña, y contó con la colaboración de dos
médicos y un criminalista dedicados a la aplicación de los tests. Es probable que la
idea de la creación del Gabinete y la inspiración de sus trabajos no fuera enteramente
original de Vallejo. Los brigadistas supervivientes recuerdan la presencia en S. Pedro de
Cardeña de miembros de la Gestapo que tomaban mediciones antropométricas e interrogaban
a los prisioneros. También recuerdan la presencia de dos científicos alemanes que
vinieron a San Pedro, «to find out what kind of human being had enlisted in the
International Brigades. They had a two-hundred item questionnaire, in english, german,
french and spanish» (Geiser, p. 154).
El único trabajo documentado del Gabinete fue una investigación
dirigida por Vallejo y denominada genéricamente Biopsiquismo del Fanatismo Marxista,
que se desarrolló entre 1938 y 1939. Vallejo publicó un artículo en el que describió
las características del proyecto que acometía: «iniciamos investigaciones seriadas en
individuos marxistas, al objeto de hallar las relaciones que puedan existir entre las
cualidades biopsíquicas del sujeto y el fanatismo político-democrático-comunista»
(Vallejo, 1938b, p. 189). Los postulados de trabajo que se presentaban como orientadores
de la investigación eran:la relación entre determinada personalidad biopsíquica y la
predisposición constitucional al marxismo, la alta incidencia del fanatismo marxista en
los inferiores mentales y la presencia de psicópatas antisociales en las masas marxistas.
Vallejo aclara que excluye de su estudio a los enfermos mentales psicóticos, pues
considera que estas enfermedades mentales pueden presentarse con igual probabilidad en
cualquier grupo político. Los psicópatas sí están incluidos en sus investigaciones, ya
que Vallejo no los considera enfermos mentales, sino individuos que presentan síntomas
psíquicos puramente cuantitativos que se manifiestan en reacciones anormales de la
personalidad.
Sujetos y metodología
Los sujetos del estudio se clasifican en el proyecto en cinco grupos:
miembros de las Brigadas Internacionales prisioneros en el campo de San Pedro de Cardeña,
presos españoles varones procesados por actividades políticas, presas españolas
procesadas por actividades políticas, separatistas vascos y marxistas catalanistas.
Vallejo diseña una metodología consistente en la exploración
biopsicológica individual de los sujetos de todos los grupos con arreglo al siguiente
esquema: determinación del biotipo con arreglo al esquema abreviado II de Kretschmer,
realización para cada sujeto del Psicobiograma propuesto por Kretschmer, diagnóstico del
tipo de reacción temperamental primaria utilizando el test de introversión-extroversión
de Neymann-Kohlstedt, diagnóstico de la actividad moral utilizando el test de Marston
modificado por Emili Mira jefe de los servicios psiquiátricos del ejército
republicano y determinación del «coeficiente intelectual» (sic) mediante
el método de Yerkes (Vallejo, 1938b, p. 192). Con estos instrumentos, Vallejo se propone
diagnosticar el biotipo, reacción temperamental primaria (introversión-extroversión),
temperamento e inteligencia del sujeto.
En cuanto a los factores ambientales se investigan, como factores de
formación de la personalidad, la posición económica familiar e individual, formación
política y religiosa del sujeto y medio ambiente familiar político y religioso. Se
estudian los fracasos profesionales, sociales y sexuales del sujeto, que, para Vallejo,
«resultan siempre de la desproporción entre sus aptitudes y dotes y sus aspiraciones y
ambiciones; pero, en todo caso, fomentan complejos de rencor y resentimiento que se
traducen en una conducta antisocial» (Vallejo, 1938b, p. 194). También se evalúan datos
sobre alcoholismo y toxicomanías, aficiones sociales, deportivas, culturales y
artísticas.
A la luz de esta información, Vallejo se proponía realizar un
diagnóstico de la personalidad social del sujeto. Vallejo entiende por personalidad
social media la que se desenvuelve sin crear conflictos, sin ser delincuente, alcohólico
o pervertido sexual. Denomina revolucionarios natos a los esquizoides místicos políticos
y a los sujetos que «inducidos por sus cualidades biopsíquicas constitucionales y
tendencias instintivas, movilizadas por complejos de rencor y resentimiento o por fracaso
en sus aspiraciones, propenden, en cierto modo congénitamente, a trastocar el orden
social existente» (Vallejo, 1938b, p. 194). Califica como imbéciles sociales a los
«seres incultos, torpes, sugestibles, carentes de espontaneidad e iniciativa, que
contribuyen a formar la gran parte de la masa gregaria de las gentes anónimas» (Vallejo,
1938b, p. 194).
Vallejo concluye la presentación de su proyecto con un comentario que
da alguna clave del objetivo real de estos estudios: «La reacción social más
interesante al objeto de nuestro estudio es la transformación político-social del
fanático marxista, posibilidades de transformación que deducimos del estudio de su
psicobiograma y reacción psicológica a la prisión» (Vallejo, 1938b, p. 195). En
efecto, en los campos de concentración se ensayó, sólo con los prisioneros españoles,
un programa de reeducación política con el fin de tratar de reutilizar a estos presos en
las filas del ejército franquista. En este contexto, parece probable que el gabinete de
Vallejo ejerciera labores de asesoramiento científico del programa. En el caso de los
prisioneros internacionales, tal vez las pesimistas conclusiones de Vallejo, unidas a la
delicada situación de las relaciones internacionales del momento, hicieron que el
objetivo final del programa se descartara. El trabajo de reeducación de estos prisioneros
se limitó básicamente a obligarles a desfilar, entonar gritos franquistas y a un
cursillo religioso de seis semanas que nadie superaba y que se repetía continuamente
durante el período de cautiverio.
Entre diciembre de 1938 y octubre de 1939 se publicó una serie de seis
informes con los resultados obtenidos en la investigación. Cinco de ellos se refieren a
brigadistas internacionales y uno a presas políticas españolas. No se publicó ningún
otro informe relativo a los presos españoles, a pesar de lo anunciado en el proyecto
inicial. Cada uno de los cinco informes sobre los brigadistas se refiere a un grupo
nacional: hispano-americanos (Vallejo, 1938c), norteamericanos (Vallejo, 1939a), ingleses
(Vallejo, 1939b), portugueses (Vallejo, 1939c) y británicos (Vallejo, 1939d). Todos estos
informes llevan el subtítulo Investigaciones Biopsicológicas en Prisioneros
Internacionales. La estructura de todos los informes es similar aunque no idéntica, y
en ellos se observa que el proyecto no siempre se llevaba a la práctica uniformemente.
Por ejemplo, el test de Marston no pudo ser aplicado a los prisioneros internacionales, ya
que requiere el testimonio de una persona allegada al sujeto que se estudia. En todos los
informes se presentan diversas tablas con los resultados del diagnóstico de la figura
corporal, introversión-extroversión, temperamento, nivel de inteligencia, personalidad
social y cambio de actitud política observada en el campo. A estas tablas suelen
acompañarlas otras sobre temas de carácter socio-cultural y biográfico como educación,
nivel económico familiar e individual, adscripción religiosa, fuentes de formación
política, causas del alistamiento, actitud ante el ejército y la patria, fracasos
socio-profesionales, aficiones, consumo de alcohol y moral sexual. Todos los resultados se
expresan en términos de porcentajes sobre el total de los sujetos del grupo. El autor
extrae sus conclusiones a la vista de estos datos, sin realizar ningún procedimiento de
comparación estadística formal. Todos los informes concluyen con la evaluación del
cambio de actitud política acontecido en cada grupo de prisioneros.
Los prisioneros norteamericanos
Como ejemplo representativo de los resultados reportados por Vallejo en
los brigadistas internacionales ofrecemos un resumen de los datos relativos a los
prisioneros norteamericanos. Se trataba de un grupo de 72 prisioneros pertenecientes en su
mayoría a la brigada Abraham Lincoln. Presentamos preferentemente los datos y comentarios
de interés psicológico: biotipo, reacción temperamental primaria, temperamento,
inteligencia, personalidad social y cambio de actitud política, obviando la mayoría de
los relativos a las características socio-culturales e ideológicas que Vallejo atribuye
a los prisioneros y que, casi siempre, están desnudos de cualquier tipo de argumentación
científica.
Vallejo (1939a) comenta en la introducción algunas peculiaridades de
la sociedad norteamericana que hacen a sus ojos interesante el estudio de este grupo de 72
prisioneros: la diferencia entre el ambiente social europeo y el norteamericano, la
tradición de libertades políticas, «con tendencias liberales y democráticas, en cierto
modo fanáticas y supersticiosas» (p. 30), la obligatoriedad de la educación primaria,
la tendencia en todas las clases sociales al progreso mediante el esfuerzo personal y,
finalmente, «que la sociedad norteamericana representa los extremos de la civilización
materialista y de la psicología social simplista» (p. 31). Aunque Vallejo constata una
gran variedad racial en el grupo, considera que la mayoría de los sujetos ha estado bajo
la influencia de condiciones culturales, políticas y sociales similares. No debemos
olvidar que Vallejo no concedía transcendencia psicológica al origen racial.
El análisis de las características biopsicológicas constitucionales
arroja los siguientes resultados:
1. Biotipo: 34.58 asténico, 31.94 atlético, 11.11 pícnico, 2.77
atleto-asténico, 11.11 atleto-pícnico, 2.67 displásico.
2. Reacción temperamental: 36.11 introvertida, 51.38 extrovertida,
12.50 neutra.
3. Temperamento: 37.49 normal (26.38 esquizotímico, 11.11
ciclotímico), 51.36 degenerativos (40.27 esquizoides, 5.55 cicloides, 2.77 paranoides,
2.77 epileptoides), 11.11 neutros.
4. Inteligencia: 0.0 superior, 19.44 buena, 33.33 media, 36.11 baja,
11.11 deficiente.
Vallejo extrajo algunas conclusiones de estos resultados. Confirmó la
correlación esperada entre la figura corporal y el temperamento. Observó una falta de
correlación entre el biotipo y la reacción temperamental primaria según el test de
Neymann-Kohlsted, aunque lo atribuyó a que los sujetos no entendían las cuestiones del
test o respondían sin interés. Constató un claro predominio de los temperamentos
degenerativos, superior al hallado en el primer informe de la serie dedicado a los
prisioneros hispanoamericanos (Vallejo, 1938c). Vallejo advirtió, por el contrario, que
la inteligencia y la cultura son superiores respecto de las de los hispanoamericanos, pero
que, «no obstante pertenecer a una nación que se precia de inteligente y culta sin
serlo superan en mucho las inteligencias de grado inferior a las bien dotadas»
(Vallejo, 1939a, p. 33).
Los motivos del alistamiento también fueron objeto de estudio y
Vallejo reconocía que, frente a una minoría motivada por fracasos personales, la
mayoría de los combatientes venían para ayudar a la democracia, y muchos de ellos
confesaban orgullosamente sus ideas democráticas y antifascistas y su entusiasmo por
defender la República. Vallejo deducía que «En el fondo, nos las habemos con
comunistoides, sin que falte un elevado porcentaje de reformadores idealistas y de
revolucionarios natos» (Vallejo, 1939a, p. 37).
Estos comentarios enlazaban con los resultados obtenidos por Vallejo
del diagnóstico de la personalidad social de los prisioneros: 37.50 normal, 22.22
revolucionarios natos, 36.11 imbéciles sociales, 4.16 psicópatas. Vallejo subrayaba el
alto porcentaje de revolucionarios natos y comentaba que «Tampoco puede chocarnos el gran
número de imbéciles sociales, ya que el medio ambiente cultural y social norteamericano,
favorece la formación de tal tipo de personalidad» (Vallejo, 1939a, p. 38).
El estudio se completaba con datos sobre religiosidad, ideas
patrióticas y aficiones individuales. Vallejo constató una baja religiosidad y un alto
grado de patriotismo en los prisioneros norteamericanos, apostillando que «Empero tal
patriotismo carece en absoluto de espiritualidad... refiérese exclusivamente al
entusiasmo por los valores materiales patrios, no a los culturales e históricos»
(Vallejo, 1939a, p. 40). Se ofrecían también datos sobre fracaso personal, alcoholismo,
simpatías por el ejército, ideas de suicidio y vida sexual. Vallejo destacó algunos de
estos datos: el alto nivel de aspiraciones sociales fracasadas que aumentaban la afinidad
por el marxismo, el escaso entusiasmo por el Ejército típico según él de
cualquier país democrático y un alto grado de libertinaje sexual. Vallejo observó
una baja propensión al suicidio entre estos prisioneros, que atribuyó,
sorprendentemente, al trato que se les concedía en el campo.
La conclusión de los estudios realizados era que la posibilidad de
producir un cambio en la actitud de los prisioneros norteamericanos era muy escasa: 79.16
mantenía sus ideas, 11.11 no se manifestaba y sólo un 9.72 cambiaba sus ideas.
Las prisiones políticas españolas
Tras el informe sobre el grupo norteamericano se publicó el estudio
sobre las presas españolas (Vallejo y Martínez, 1939). Lleva el subtítulo Investigaciones
Psicológicas en Marxistas Femeninos Delincuentes. Este trabajo presenta caracteres
peculiares. Es el único publicado sobre prisioneros españoles, a pesar de que se habían
anunciado otros tres sobre prisioneros masculinos en el plan de trabajo. No se desarrolló
en San Pedro de Cardeña, sino en la prisión de la ciudad de Málaga. Finalmente, es el
único trabajo cuya dirección comparte Vallejo con otro autor: Eduardo M. Martínez,
teniente médico, director de la Clínica Psiquiátrica de Málaga y Jefe de los Servicios
Sanitarios de la Prisión.
El objetivo del estudio era extraer conclusiones del estudio de la
personalidad de cincuenta mujeres condenadas a graves penas. El método es similar al
utilizado con los prisioneros internacionales pero «sin proceder al estudio
antropológico del sujeto... que en el sexo femenino carece de finalidad por la impureza
de los contornos» (Vallejo y Martínez, 1939, p. 398). Otra diferencia fue que se pudo
aplicar el test de Marston por contar con el testimonio de personas allegadas a las
presas.
Los autores dejaban claro desde el principio su punto de vista acerca
de la psicología de la mujer:
«Recuérdese para comprender la activísima participación del sexo
femenino en la revolución marxista su característica labilidad psíquica, la debilidad
del equilibrio mental, la menor resistencia a las influencias ambientales, la inseguridad
del control sobre la personalidad y la tendencia a la impulsividad, cualidades
psicológicas que en circunstancias excepcionales acarrean anormalidades en la conducta
social y sumen al individuo en estados psicopatológicos... Si la mujer es habitualmente
de carácter apacible, dulce y bondadoso débese a los frenos que obran sobre ella; pero
como el psiquismo femenino tiene muchos puntos de contacto con el infantil y el animal,
cuando desaparecen los frenos que contienen socialmente a la mujer y se liberan las
inhibiciones frenatrices de las impulsiones instintivas, entonces despiértase en el sexo
femenino el instinto de crueldad y rebasa todas las posibilidades imaginadas, precisamente
por faltarle las inhibiciones inteligentes y lógicas... Suele observarse que las mujeres
lanzadas a la política no lo hacen arrastradas por sus ideas, sino por sus sentimientos,
que alcanzan proporciones inmoderadas o incluso patológicas debido a la irritabilidad
propia de la personalidad femenina» (Vallejo y Martínez, 1939, p. 398-399).
Los sujetos fueron cincuenta mujeres presas en la cárcel de Málaga.
Las condenas que habían recibido las prisioneras objeto del estudio eran: muerte 66.00,
reclusión perpetua 20.00, 20 años 6.00, 12 años 8.00. Las penas de muerte fueron
finalmente conmutadas por reclusión perpetua. Los motivos alegados para las condenas
fueron: participación en los crímenes 28.00, necrofagia 10.00 aunque Vallejo y
Martínez describen el delito como ensañarse o burlarse de los cadáveres,
militancia política 16.00, denuncias 14.00 y actuación libertaria 32.00 descrita
por Vallejo y Martínez como actuar «incitando a las turbas a pronunciarse contra el fascismo,
generalmente mediante la propaganda oral» (Vallejo y Martínez, 1939, pp. 400-401).
Habiendo descartado el estudio de la figura corporal, los autores
ofrecen los resultados del diagnóstico del temperamento, para el que emplearon los tests
de Neymann -Kohlstedt y de Marston-Mira. Este último no se había empleado con los
prisioneros internacionales por carecerse de la imprescindible información de una tercera
persona conocedora del sujeto, y a este hecho atribuyen los autores la ausencia en los
resultados del grupo de mujeres de reacciones temperamentales neutras.
Los resultados reportados por Vallejo y Martínez fueron:
1. Reacción temperamental primaria: Introvertida 70.00, Extrovertida
30.00.
2. Temperamento: Normal 28.00 (Esquizotímico 12.00, Ciclotímico
16.00), Degenerativos 72.00 (Esquizoides 42.00, Cicloides 20.00, Histeroides 6.00 y
Paranoides 4.00).
3. Inteligencia: Superior 6.00, Buena 12.00, Media 32.00, Inferior
46.00, Débiles mentales 4.00.
Vallejo y Martínez subrayaron el predominio de la reacción
temperamental primaria introvertida y el de los temperamentos degenerativos sobre los
normales. Los autores concluían que el marxismo español se nutre de las personas menos
inteligentes de la sociedad. Asimismo comentaban el escaso nivel cultural de las presas,
considerando este factor como uno de los que hacen que «prendan en ellas fácilmente las
ideologías simplistas y materialistas» (Vallejo y Martínez, 1939, p. 403).
Se hacen eco los autores de la mala situación económica en la
infancia y juventud de la mayoría de las presas, pero afirman que no es el hambre de las
clases populares el único móvil de su actuación, sino que existen factores tanto
genotípicos como fenotípicos que inducen al marxismo revolucionario extremista. Esta
idea la ilustran con los datos de la evaluación de la personalidad social de las
prisioneras: media normal 22.00, revolucionaria nata 26.00, psicópata antisocial 24.00,
imbécil social 20.00, amorales congénitas 8.00. Los autores subrayaron la predominancia
de las personalidades anormales y atribuyeron este hecho a factores hereditarios
(antecedentes de psicopatía, enfermedad mental, alcoholismo, delincuencia, suicidio) y a
la influencia social de parientes cercanos con ideas extremistas.
La falta de formación política que los autores encuentran en sus
sujetos les reafirma en su idea de que la participación en la revuelta revolucionaria
tiene otras motivaciones distintas de las puramente políticas. Para ellos se puede
dividir a las presas en tres grupos atendiendo a las motivaciones de su actividad
política:
1. Presas motivadas por sugerencias ambientales (38%). Personas de todo
tipo de inteligencias. Según los autores se encuentran entre ellas exaltadas pasionales
incitadas por el ambiente y también aprovechadas que vieron la ocasión de satisfacer
ambiciones materiales, personales o sexuales.
2. Presas motivadas por su psicopatía antisocial (24%). Mujeres
apolíticas, generalmente de baja inteligencia, que encontraron en estos años la
oportunidad de liberar sus tendencias psicopáticas.
3. Presas libertarias congénitas (36%). Revolucionarias natas, con o
sin formación política y de variados niveles de inteligencias que manifestaron una
intensa actividad impulsadas por sus tendencias biopsicológicas constitucionales.
Se ofrecieron también una serie de datos estadísticos sobre vida
sexual incluyendo la edad de desfloración, toxicomanías, aficiones, ideas
patrióticas, ideas religiosas, simpatías nacionales, militarismo y actitudes políticas,
sin que los autores extraigan ninguna conclusión relevante respecto del objetivo
principal de su estudio. Los datos finales sobre el cambio de actitud política fueron:
58.00 persiste en su actitud revolucionaria, 34.00 cambia de actitud y 8.00 no se definen.
El contexto político-social de la Psicología
Las críticas en el plano estrictamente científico que se pueden
formular a la investigación expuesta son evidentes: falta de condiciones ambientales en
las que las respuestas de los sujetos pudieran tener un mínimo de credibilidad, ausencia
de una descripción detallada del procedimiento, variaciones arbitrarias del procedimiento
en algunos grupos, ausencia de comparaciones estadísticas rigurosas, falta de rigor en el
uso de la terminología y la metodología biopsicológica... hasta es posible detectar
pequeños errores aritméticos en la confeccción de las tablas. Pero más importante que
la evaluación cualitativa del trabajo de Vallejo es lo que este proyecto nos dice acerca
de la adaptación de la investigación psicológica a los distintos contextos
político-sociales. Los trabajos de Vallejo representan probablemente uno de los pocos
casos documentados de un estudio científico dedicado a clasificar la disidencia política
dentro del marco de la patología biopsicológica. En efecto, Vallejo no considera al
adversario político como un enfermo mental, sino como una persona con características
psicológicas innatas de carácter degenerativo e inferior que, en contacto con ciertas
circunstancias ambientales, se convertirá en ardoroso defensor de determinadas tesis
políticas. En este contexto destaca la consideración de la mujer como modelo eminente de
características psicológicas potencialmente degeneradas. Dentro de las ciencias de la
salud mental, el estudio de Vallejo representa un paso en el sentido de la
estigmatización psicosocial del adversario político, que volvería a manifestarse,
aunque desde presupuestos científicos distintos, con la psiquiatrización de los
disidentes políticos en la Unión Soviética.
Los trabajos de Vallejo plantean una vez más la dificultad de la
separación radical de psicología científica, política y estereotipos sociales y
sexuales. En las manos de Vallejo, los instrumentos de diagnóstico psicológico de la
personalidad se convirtieron en armas de propaganda política y difusión de estereotipos
sexuales. Mientras que un grupo de psicólogos norteamericanos mostraban su solidaridad
con la República, sobre la base de que fascismo y psicología científica eran
incompatibles, Vallejo lanzaba el mensaje de que la psicología científica podía ponerse
al servicio de cualquier ideología, incluyendo las totalitarias.
Finalizada la guerra civil, Vallejo ocupó pronto la cátedra de
Psiquiatría de la Universidad de Madrid, tras la destitución del profesor López-Ibor,
que había mostrado escaso fervor franquista en la posguerra. Vallejo se convertiría así
en una de las figuras más influyentes de la Psiquiatría y la Psicología en la España
de los años 40 y 50: su nombre se cuenta entre los 16 fundadores de la Sociedad Española
de Psicología.
Tras el final de la segunda guerra mundial, Vallejo, como el propio
Franco, supo adaptarse a la nueva coyuntura internacional y aprovechar el ambiente de la
guerra fría. En 1951, olvidadas por ambas partes sus anteriores opiniones sobre el
fanatismo democrático supersticioso de la sociedad norteamericana, aceptaba gustoso la
invitación para colaborar en un texto estadounidense que analizaba la psicopatología de
las relaciones internacionales (Kisker, 1951: vid. Carreras, 1986).
Otro destino corrieron los supervivientes de la brigada Abraham
Lincoln: Edward K. Barsky, el orador en la convención de la A.P.A. de 1937, fue detenido
en 1947 por negarse a informar acerca de las personas que habían financiado los servicios
médicos americanos en España (vid. Colodny, 1994). La caza de brujas había comenzado y
la libertad de los excombatientes norteamericanos de las Brigadas Internacionales volvía
a estar en peligro, esta vez en su propio país.
Agradecimiento
Los autores desean dar las gracias a Helio Carpintero por sus
comentarios sobre una primera versión de este artículo. |