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 Nada de lo psicológico nos es ajeno
III Congreso Nacional de Psicología - Oviedo 2017
Universidad de Oviedo

 

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ARTÍCULO SELECCIONADO

Psicothema

ISSN EDICIÓN EN PAPEL: 0214-9915

2004. Vol. 16, nº 1, pp. 171-172
Copyright © 2014


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PSICOPATOLOGÍA PSICOANALÍTICA. UN ENFOQUE VINCULAR

 

Carlos Rodríguez Sutil

Madrid, Biblioteca Nueva, 2002

Esta Psicopatología Psicoanalítica se articula en tres partes bien definidas, yo diría que cada una de ellas casi una obra diferente, con sus defectos y sus virtudes...

 
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Revisado por:
Antonio García de la Hoz
Universidad de Salamanca

 

La primera se centra en la revisión de conceptos fundamentales de la epistemología psicoanalítica y me parece la más profunda y original. Se nota el uso preciso y fructífero que ha hecho el autor de su formación filosófica a partir, principalmente de Wittgenstein, pero con sustanciosas referencias a Ortega, Heidegger o William James. Su anterior obra «El Cuerpo y la Mente. Una Antropología Wittgensteiniana» está aquí presente, sin ser esto una repetición de aquello, sino una aplicación a la teoría energética de las pulsiones, optando por el enfoque hermenéutico, y reformulando, de paso, constructos nucleares como el yo, el inconsciente y el aparto psíquico. El autor aporta la versión externalista o relacional, llamémosla «vincular» (Pichon-Rivière, Bleger, Kesselman), «interpersonal» (Mitchell, Stolorow, Orange), u «objetal» (Fairbairn, Kernberg) de cada uno de esos conceptos.

La crítica o delimitación epistemológica propuesta permite visualizar la imagen corregida del complejo de Edipo y de castración, tan relevantes para la teoría clásica de las neurosis, y alcanzar una nueva teoría de las emociones, cuestión sorprendentemente tan poco explorada en la literatura psicoanalítica. Esta parte termina colocando el concepto de deseo en un lugar central para explicar la motivación humana, rente a la necesidad de las teorías biologicistas, y recuperando la pulsión de muerte o deseo de muerte, en contra de la postura habitual en los teóricos posteriores a Freud – excepción hecha de Melanie Klein y de Lacan-. La confirmación de la pulsión de muerte habría merecido, para mi gusto, un tratamiento más extenso y crítico. Lo que Rodríguez Sutil nos aporta es a menudo excesivamente sintético y hasta aforístico, aunque se le puede entender si se está al tanto de la literatura pertinente a la que hace referencia.

Después de la lectura de esta primera parte se desearía que el autor hubiera completado una Epistemología Psicoanalítica, algo que tal vez, de momento, no se ha decidido a realizar.

La segunda parte surge, sin embargo, como un producto más tradicional y semejante a otras exposiciones clásicas (véase José Rafael Paz o Szpilka). Se nos ofrece una descripción ágil y didáctica de la teoría clásica, freudiana y kleiniana, sólo modificada en parte para adaptarse a los supuestos externalistas enunciados en las primeras páginas. O bien esta nueva perspectiva no requiere la revisión completa de la psico(pato)logía psicoanalítica o Rodríguez Sutil no la ha llevado aún a cabo. Me parece meritoria la descripción evolutiva de los mecanismos de defensa y la argumentación sobre las posiciones desde la psicopatología vincular y sus angustias correspondientes. La implantación de la unción simbólica pasa a ocupar el puesto influyente que tuvo el Edipo en Freud. Deja mucho que desear, sin embargo, el estudio de algunas patologías, sobre todo los trastornos psicosomáticos y las perversiones, puesto que se limita a un compendio acertado de la doctrina freudiana, a veces con añadidos desde el pensamiento kleiniano y lacaniano, pero sin revisar otras muchas aportaciones, hoy por hoy ineludibles. Tal vez esta parte sea la prueba de que una obra de estas características necesita el concurso de varios colaboradores y un mayor volumen.

Llegamos, por fin, a la tercera parte donde se articula una teoría psicoanalítica de la personalidad y una clasificación de nueve «prototipos» en cuya articulación confluyen las tres posiciones y las dos fuentes pulsionales. Es una de la elaboraciones más originales de Rodríguez Sutil, aunque para nosotros no la más novedosa, pues ya viene apareciendo sólo con refinamientos de detalle en trabajos suyos de quince años atrás. No obstante es posible que muchos lectores la desconozcan por no haber sido publicada en inglés y que su estudio les resulte provechoso. Acaso me produce alguna insatisfacción que la afirmación, varias veces repetida, de que la personalidad se manifiesta especialmente en el campo de la relación interpersonal no se concrete después en la definición de cada uno de los prototipos, a mi gusto excesivamente «intrapsíquicos». Un consejo que le ofrezco al autor es que ilustre su teoría de la personalidad con el añadido extenso de casos clínicos, lo que permitiría más penetración de las descripciones interpersonales. Y esto, ya para terminar, sería generalizable a todo el libro que parece el esbozo de una obra más amplia, que duplicaría el número de páginas, aunque la moda actual sea la brevedad. Esto sería el mejor halago que se puede hacer de este libro: despierta nuestro interés más vivo, responde a algunas de nuestras preguntas, hasta ahora no resueltas, y nos deja con unas importantes ganas de más.


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