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 Nada de lo psicológico nos es ajeno
III Congreso Nacional de Psicología - Oviedo 2017
Universidad de Oviedo

 

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ARTÍCULO SELECCIONADO

Psicothema

ISSN EDICIÓN EN PAPEL: 0214-9915

1998. Vol. 10, nº 1, pp. 153-165
Copyright © 2014


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LA CENTRALIDAD DEL TRABAJO EN EL PROCESO DE CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD DE LOS JÓVENES: UNA APROXIMACIÓN PSICOSOCIAL

 

Esteban Agulló Tomás

Universidad de Oviedo

Esta investigación trata de analizar la centralidad del trabajo en los jóvenes y su influencia en el proceso de construcción de su identidad. De este objetivo general de estudio se desprenden los tres fenómenos (juventud, trabajo e identidad) que son abordados de forma crítica y sistemática en la primera parte del trabajo. Tras la articulación teórica de dichos conceptos y a través de una metodología cualitativa (grupos de discusión, observación participante y entrevistas en profunidad a expertos y a jóvenes), se analizan las concepciones, valoraciones y significados que distintos colectivos juveniles poseen sobre el trabajo. A continuación, se estudia cómo inciden estas concepciones laborales en el proceso de conformación de la identidad, proceso fundamental y decisivo en esta fase del ciclo vital. Todo ello se realiza bajo un enfoque discursivo y a través de una aproximación psicosocial.

The centrality of work in the process of youth identity construction: a psychosocial approach. The main goal of this research is de analysis of the centrality of work in the youth and its influence in the process of construction of their identity. From this general aim three phenomena (youth, work and identity) are approached in a critical and systematic way in the first part of the paper. Following the theoretical articulation of those concepts, and with the use of qualitative methodology (discussion groups, participant observation, in depth interviews with experts and with young people), an analysis of the conceptions, values and meanings that differents groups of young people have about work was carried out. Then, the study of how these conceptions influence the process of identity is examined. This process is decisive and of fundamental importance in this stage of the life-cycle. The research is realized with a discoursive focus and from a psychosocial approach.

 
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Correspondencia: Esteban Agulló Tomás
Universidad de Oviedo
Fac. de Psicología. Área de Psicología Social
Plaza Feijoo, s/n. 33003 Oviedo (Spain)
E-mail: Estomas@sci.cpd.uniovi.es

 

Trasfondo teórico

Para comprender la realidad juvenil no queda más remedio que adentrarse de lleno en la realidad más genérica en la cual se halla y de la cual forma parte integrante, o sea, la sociedad. Hecho obvio, pero no siempre tenido en cuenta en la forma que conviene y merece, como se constata al abordar la revisión histórica de las contribuciones teóricas más sobresalientes sobre la adolescencia y la juventud.

Las sociedades que surgieron del segundo período posbélico crearon un modelo de integración social basado fundamentalmente en el fenómeno laboral, más en concreto en el empleo asalariado. Este hecho deviene crucial para entender el desarrollo y la generalización del fenómeno juvenil. De esta forma, cuando se quiera hablar de actitudes, orientaciones y prácticas de los jóvenes, entendemos que hay que partir del conocimiento de la esencialidad de las transformaciones estructurales que se han operado (y están operando) en nuestro contexto sociocultural. Ello, como mínimo, nos ha percatado de la necesidad de tratar el fenómeno juvenil considerándolo y situándolo en unas coordenadas sociohistóricas precisas y determinadas.

La crisis estructural que atraviesan dichas sociedades capitalistas, especialmente a partir de la década de los setenta, está afectando e incidiendo de forma significativa en el proceso de inserción social de los jóvenes. Dicha crisis socioeconómica está provocando una prolongación y un retraso en las prácticas de transición a la sociedad adulta. La transición de la escuela a la vida activa y los itinerarios de los jóvenes en general tienen que entenderse a partir, por tanto, de las condiciones sociohistóricas y del contexto socioeconómico en el que nacen y se socializan los propios jóvenes. En ese sentido, entendemos la juventud como proceso de incorporación a la sociedad (adulta) y ello, en estos momentos, pasa necesariamente por el mundo del trabajo. En consecuencia, para entender de forma adecuada y completa la realidad juvenil debemos analizar tanto la naturaleza de dicho proceso de transición como la naturaleza propia del trabajo.

La crisis del modelo de acumulación del sistema capitalista, como venimos aludiendo, está creando dificultades, cada vez mayores, para ubicar de forma consolidada y definitiva en la estructura social a los jóvenes que así lo desean y necesitan. De esta forma, la linealidad de la relación juventud-transición-trabajo-emancipación-adultez queda rota, bloqueada, precarizada, y, por ende, inservible.

Esto es así, fundamentalmente, por el hecho de que el trabajo sigue siendo considerado como categoría axiomática central, un eje nuclear en la experiencia individual y social de las personas. En ese sentido, el hecho de no poder desarrollar una actividad laboral mínimamente estable o realizarla de forma precaria, sea cual fuere su modalidad, se traduce en una serie de problemas de dramáticas consecuencias, como hemos constatado en la presente investigación.

Dentro de esta óptica, y centrándonos en la delimitación del concepto de juventud, hemos abogado por un concepto de juventud que considera jóvenes a aquellos individuos que, a pesar de haber superado fisiológica y psicológicamente la edad adolescente, o sea que reuniendo las condiciones necesarias para desempeñar las funciones de los adultos en la sociedad de la cual forma parte, no disponen de las condiciones suficientes para organizar su propio grupo doméstico y para independizarse de su familia de origen. Por tanto, habiendo superado la etapa adolescente, no son reconocidos socialmente como adultos, ni pueden desarrollar el modo de vida que les correspondería (por edad, preparación y expreso deseo), debido a un cúmulo (estructural) de limitaciones y obstáculos característicos del sistema socioeconómico dominante y vigente en las sociedades del capitalismo avanzado que les ha tocado vivir.

Estas limitaciones y obstáculos con los que chocan y se enfrentan gran parte de los jóvenes se refieren y proceden esencialmente de su relación con el mundo laboral. Nuestra sociedad otorga, aquí y ahora, el estatus de adulto (independencia) a aquellas personas que tienen la posibilidad de intercambiar su fuerza laboral por una compensación económica que, en consecuencia, posibilite su emancipación y autonomía. O sea, a aquellas personas que cuentan con un empleo (más o menos estable, más o menos seguro). En este sentido, las críticas condiciones socioeconómicas a las que estamos asistiendo en la actualidad, están situando a la juventud en una posición social, de ahí nuestra delimitación conceptual, de marginación y precariedad crecientes, de resultados cada vez más preocupantes e insospechados.

Esta ha sido la principal razón de considerar, en principio, el binomio de la juventud y el trabajo, o sea, los jóvenes como agentes sociales en transición al trabajo (o en palabras de Prieto et al., 1994: "serán jóvenes todos aquellos miembros de la sociedad en fase de transición hacia el trabajo") como uno de los temas más significativos de nuestro estudio. El proceso de la juventud durará mientras dure, valga la redundancia, el joven en lograr insertarse en el mercado de trabajo de forma plena. Se entiende, con todo ello, que hablar de juventud de forma genérica y homogénea no tiene gran sentido en nuestros días, ya que la transición laboral por parte de los jóvenes muestra una realidad totalmente diversa, totalmente plural.

El abordaje de la evolución, el significado y la naturaleza última del trabajo nos ha ofrecido una situación ideal para entender la dimensión y la importancia del trabajo en las sociedades occidentales. Como indica J.L. Alvaro (1992), "el trabajo sigue constituyendo uno de los nexos principales entre las metas individuales y los objetivos colectivos, de ahí su importancia para la comprensión de las sociedades contemporáneas". El trabajo, así mismo, posee un carácter histórico y cultural, o sea, que el significado del trabajo está estrechamente vinculado a la situación sociohistórica. De esta forma, se ha pasado de la tradicional concepción sociocultural del trabajo como valor periférico, servil e instrumental hasta la actual concepción del trabajo, en tanto que valor central, integrador y expresivo. O sea, se ha pasado de considerar el trabajo como maldición bíblica a conseguir ser el centro sobre el cual gira la vida, las organizaciones políticas y sociales más importantes.

No obstante, han existido y existen voces que claman que la concepción del trabajo actual como trabajo asalariado (como "empleo") es un modelo de organización social del trabajo que se resquebraja y que, por ello, el trabajo, actividad específicamente humana, está perdiendo (o ha perdido) la centralidad (Bell, 1977; Offe, 1985; Gorz, 1991, entre otros). Este modelo, afirman, ha tocado techo y presenta síntomas evidentes de caducidad. La ética en la cual se sustentaba y se regulaba ha perdido toda legitimación social.

Esta ha sido precisamente una de las ideas esenciales que hemos intentado aclarar y comprender en esta investigación. Hemos comprobado que no existe evidencia empírica para mantener tales afirmaciones. El trabajo, por contra, sigue ocupando una posición central para la mayor parte de componentes de las sociedades modernas. Así mismo, podemos afirmar que continúa ejerciendo de eje vertebrador de creencias, actitudes, identidades y otro tipo de opciones fundamentales.

En concreto, los datos que disponemos de la sociedad española confirman esta tendencia; el trabajo sigue representando un valor de central importancia, incluso posee uno de los niveles más altos de centralidad del valor del trabajo cuando lo comparamos con los países de su entorno (véase Alvaro, Bergere, Crespo, Torregrosa, Garrido, 1995, en una reciente publicación sobre "los significados del trabajo en España"). Esta centralidad del trabajo es asimilada, en contra de lo se venía afirmando, por las generaciones más jóvenes. Fundamentalmente, vía proceso socializador.

Pero, ¿cómo hemos abordado el concepto de centralidad del trabajo? La centralidad del trabajo fue un concepto desarrollado por Dubin (1976) y operacionalizado por los investigadores del MOW (The Meaning Of Working, 1987). En nuestro caso, nos hemos basado (tan sólo como referente heurístico) en los postulados derivados del marco conceptual de esta investigación transcultural, en el que se ha tratado de analizar el "significado del trabajar" (es decir, no sobre la idea abstracta de "trabajo" -work-, sino todo lo que son significados, creencias, valoraciones y definiciones personales sobre "la acción de trabajar" -working- en el momento presente).

La centralidad y la importancia del trabajo viene determinada, así mismo, por las funciones que desempeña para los individuos, grupos y sociedades. Por ello, hemos abordado el debate de la centralidad/acentralidad de la actividad laboral en nuestros días haciendo referencia a las funciones psicosociales que cumple el trabajo y, por contra, las disfunciones que genera cuando resulta imposible acceder al mismo o cuando éste se desempeña de forma precaria.

El trabajo, pues, a parte de permitir una supervivencia, otorgar un significado a la vida y ser una de las dimensiones centrales que posibilitan la integración y participación en la sociedad, posee la función de proporcionar una identidad personal y social a los individuos. En este sentido, la identidad se construye, en gran medida, en/a través del desempeño de un trabajo. Se nos prepara y se nos forma para el trabajo, se nos identifica con la actividad laboral realizada; merced al trabajo, pues, logramos un estatus, jugamos unos roles y nos construimos una identidad.

Pero, ¿qué entendemos por identidad? En nuestro estudio abogamos por la perspectiva teórica que defiende "la identidad personal como identidad social". En palabras de Torregrosa (1983), "la identidad, antes que experiencia de la propia continuidad, de reflexión o conciencia de sí, es identificación... Pero, no identificación con los otros, sino identificación desde los otros". En este sentido, este autor afirma que "nuestra identidad es, con anterioridad a una identidad nuestra, personal, una identidad para otros. Sólo desde los otros podemos tener noticia inicial de quiénes somos".

La conclusión a la que llega Torregrosa (1983) sobre la identidad personal como identidad social, resulta significativa, esclarecedora y adecuada para nuestro propio trasfondo teórico-conceptual. "La estructura, génesis, desarrollo, mantenimiento, transformaciones y disolución de la identidad personal son constitutivamente sociales, esto es, se producen o construyen a través de procesos sociales de interacción". De ahí que entendamos la identidad como construcción social, como proceso interactivo, y no como una estructura psicológica o constructo hipotético (véase el desarrollo de este aspecto en Blumer, 1981).

La identidad, pues, sólo puede existir en y a través de las relaciones sociales, sólo a través de "procesos sociales de interacción". Pero, no cuesta mucho percatarse de que, estas "relaciones sociales" son, además de relaciones de comunicación (discursivas), relaciones de producción y, por ende, relaciones de poder. En este sentido, la identidad se logrará a través del discurso (interacción simbólica) que tiene lugar en el grupo social (o sea, una red compleja de interrelaciones), pero la naturaleza de este discurso dependerá del lugar que uno ocupa en dicho grupo social, y, a su vez, esta ubicación grupal (social) estará determinada (aquí y ahora) en gran parte por la naturaleza del vínculo laboral de dicha persona.

Objetivo de la investigación

El objetivo central de esta investigación ha consistido en analizar la articulación de tres importantes y específicas dimensiones que componen la realidad social: los jóvenes, el trabajo y la identidad. En concreto, formulamos nuestro objeto genérico de estudio de la siguiente forma. Se trataba, pues, de:

"Analizar la centralidad del trabajo y su incidencia/influencia en el proceso de construcción de la identidad de los jóvenes".

Hemos dividido la investigación en dos grandes secciones: en la primera, abordamos el trasfondo y la fundamentación teóricos y, en la segunda, desarrollamos nuestro propio análisis empírico. En ese sentido, en la primera fase se consideró:

– la juventud como fenómeno psicosociológico,

– la naturaleza psicosocial del trabajo,

– la identidad como proceso y construcción psicosocial, y finalmente,

– se procedió a la búsqueda de una una posible articulación teórico-metodológica de los tres fenómenos anteriores, intentando observar y comprender la naturaleza, la amplitud y las derivaciones de tal vinculación.

La segunda fase consistió en el diseño, la planificación y el desarrollo de la investigación cualitativa sobre el objeto central de partida que acabamos de aludir (y como luego detallaremos en el apartado metodológico).

Hipótesis de trabajo

Las hipótesis de trabajo que han orientado nuestra investigación fueron las siguientes:

1. El trabajo ocupa un lugar central para la gran mayoría de jóvenes estudiados, y ello es así, en todas las variables a considerar: el origen sociofamiliar, el hábitat, la edad, el sexo, el nivel educativo, el estado civil, el tipo de experiencia laboral.

2. Los jóvenes, a pesar de su concepción principalmente instrumental, poseen una actitud positiva hacia el trabajo. Es decir, perciben el trabajo como valor instrumental, pero desean (expectativas), exigen (demandas) y persiguen (búsquedas e itinerarios) un trabajo en condiciones y con sentido, o sea, valoran de forma significativa las denominadas funciones expresivas de la actividad laboral (valor expresivo del trabajo).

3. La situación de dependencia, precariedad y marginalidad del segmento poblacional juvenil respecto del mundo laboral, provoca una alteración considerable del proceso normal de socialización y, a su vez, posterga indefinidamente la inserción plena de los jóvenes en la sociedad (con toda una serie de nuevos problemas que derivan de ello).

4. El trabajo deviene valor, mecanismo o dimensión esencial a la hora de configurar, construir y consolidar la identidad de los jóvenes. El proceso de construcción de la identidad juvenil, por todo lo manifestado en los anteriores puntos, se ve bloqueado, desestructurado, deteriorado, dañado y/o truncado, según el tipo de colectivo juvenil que se trate.

5. La percepción y la valoración de jóvenes pertenecientes a ámbitos sociales diferenciados tienden a estructurarse principalmente en función de la posición social y la experiencia laboral que se posee, más que en base a una común condición de joven (IOE, 1989). De esta forma, se crean varios tipos o colectivos diferentes y diferenciados de jóvenes.

Método

Diseño

Una vez perfilado el planteamiento hipotético del cual se partía, vamos a esbozar de forma somera el diseño de la investigación, o sea, el proceso y la estrategia metodológica seguidos. Como afirma Beltrán (1989) clara y tajantemente, "es el objeto el que ha de determinar el método adecuado para su estudio, y no espurias consideraciones éticas desprovistas de base racional o cientifismos obsesionados con el prestigio de las ciencias de la naturaleza". Además de suscribir lo mencionado, hemos creído oportuno incluir y detenernos en lo que hemos denominado como "contexto teórico cualitativo"; este apartado no es si no la fundamentación metodológica que sirve, en nuestra opinión, para aclarar y concretar el camino recorrido a lo largo de la investigación.

El método cualitativo parte del supuesto básico de que el mundo social es un mundo construido con significados y símbolos; lo esencial en la investigación cualitativa deviene "el análisis objetivo del significado subjetivo" (sobre estos aspectos metodológicos véanse los trabajos de Delgado, J.M. y Gutiérrez, J., 1994; Taylor, S.J. y Bogdan, R. 1992); justamente lo que hemos perseguido aquí: encontrar, tras los pertinentes análisis y las consiguientes interpretaciones, los significados y percepciones que los jóvenes (los propios actores) otorgan y manifiestan sobre el mundo laboral y cuál es su incidencia en la identidad.

La presente es, por tanto, una investigación realizada a través de herramientas e instrumentos cualitativos, principalmente: entrevistas en profundidad, grupos de discusión, observación participante y no participante. Este tipo de técnicas, a su vez, parten del supuesto de que cada sujeto posee una capacidad de iniciativa personal, por la cual éste "no se limita a ´reaccionar´, ni a ´repetir´ lo aprendido en un marco sociocultural que lo absorbe", sino que lo concibe como una persona que actúa (actor), que construye sentidos y significados de la realidad que le rodea (actor social, un constructor de significados, de discursos); con tales significados, "entiende, interpreta y maneja la realidad a través de un marco complejo de creencias y valores, desarrollado por él, para categorizar, explicar y predecir los sucesos del mundo" (Ruiz Olabuénaga e Ispizua, 1989).

En este sentido, consideramos la entrevista abierta o en profundidad como "un proceso comunicativo entre investigador y entrevistado, como un "constructo comunicativo", una forma de diálogo social, que pretende construir el sentido social de la conducta de un sujeto o del grupo de referencia de dicho individuo.

Esta técnica nos ha sido especialmente útil al proporcionarnos informaciones de cómo sujetos diversos (en nuestro caso, jóvenes diversos) actúan y reconstruyen el sistema de representaciones sociales en sus prácticas individuales (Alonso, 1994). Por contra, con los grupos de discusión se ha perseguido la obtención de representaciones de carácter colectivo, no individual. De esta forma, al complementar tales instrumentos, "la riqueza heurística de las producciones discursivas obtenidas" en la mismas se incrementa notablemente. A estos resultados hemos añadido, siguiendo el mismo afán comprehensivo, las informaciones logradas vía observación, tanto participada como no.

Los instrumentos que acabamos de mencionar son técnicas de investigación social que "trabajan con el habla". El orden social, como diría Jesús Ibáñez (1994), es del orden del decir: está hecho de dictados (que prescriben caminos) e interdicciones (que proscriben caminos). Si el orden social es del orden del decir, "sólo en grupo, y sólo mediante interacciones lingüísticas de tipo conversación, puede emerger la subjetividad" (Ibáñez, 1994).

El grupo de discusión se inscribe en un campo de producción de discursos. Así mismo, el grupo de discusión facilita la emergencia del discurso y reconstruye el sentido social de un asunto concreto (en nuestro caso, la vertebración de los tres conceptos/fenómenos aludidos).

Los criterios de selección de los actuantes en los grupos de discusión son criterios de comprensión, de pertinencia (no de extensión). La selección de los actuantes pertinentes es un problema de enfoque: cuanto más enfocada esté la selección, más definida será la información que obtengamos.

El grupo (microsituación) produce un discurso que se refiere al mundo (macrosituación). Por todo ello, en palabras de Ibáñez (1994), "hay que sustituir el presupuesto de objetividad por el presupuesto de reflexividad".

El análisis del discurso ha sido el otro enfoque/herramienta utilizado en nuestro trabajo. En este sentido, concebimos el discurso como "un proceso de (inter)acción comunicativa". A diferencia de la visión tradicional del análisis lingüístico, podemos afirmar en palabras de Crespo (1991) que el significado de la acción discursiva es siempre social, ya que "viene dado por un proceso de interpretación en base a claves socialmente compartidas,... y a las manifestaciones (valores) que los interactuantes hacen sobre su propia acción".

Aquí abogamos por este enfoque psicosocial del discurso, perspectiva que trata, por tanto, el discurso en su naturaleza constructiva y el discurso como proceso y práctica sociales.

El discurso sobre los jóvenes

Con el ánimo de lograr una visión más completa del asunto que aquí nos ha traído, decidimos preparar una serie de entrevistas para conocer (y poder comparar posteriormente) el discurso sobre los jóvenes. Las entrevistas fueron llevadas a cabo a un conjunto de especialistas que, directa o indirectamente, trabajan o han trabajado en el ámbito de los jóvenes y/o el mundo laboral.

Se realizaron 12 entrevistas abiertas a informantes cualificados, pero un objetivo esencial era que estos perteneciesen a distintos ámbitos de la realidad social. En este sentido, distinguimos 3 niveles: el político e institucional, el académico y el profesional liberal.

El discurso de los jóvenes

El discurso del grupo es, en palabras de Ibáñez (1986), "un producto de la situación grupal: lo que nos lleva a interpretarlo y analizarlo a partir de la dinámica del grupo -en su génesis- y a partir de su estructura". Por tal motivo, hemos creído oportuno, en los análisis e interpretaciones, incluir la dinámica y la estructura social de la cual surgen y en la cual se nutren los participantes e integrantes de los distintos grupos (para poder profundizar en la investigación consúltese la versión original del estudio en Agulló, 1997). En nuestro caso, ello ha sido materializado en dos apartados que se repiten en todos y cada uno de los análisis discursivos grupales; los hemos denominado el "contexto del discurso" (o sea, el contexto situacional o existencial, es decir, el plano de la enunciación), y el "discurso del contexto" (el contexto convencional o lingüístico, es decir, el plano del enunciado).

A pesar de que el análisis e interpretación de los discursos producidos por los diferentes grupos, no posee un guión previo y delimitado, por razones de extensión y sistematicidad, hemos dividido cada proceso analítico-interpretativo en categorías o bloques temáticos, a saber:

• Definición y concepto juventud.

• Definición, valoración y centralidad del trabajo.

• Actitudes y opinión ante el trabajo y el mercado laboral.

• Experiencia laboral y condiciones de trabajo.

• Relación estudios-trabajo.

• Perspectivas de futuro en el ámbito laboral, visión del futuro.

• Identidad: construcción, influencia, efectos.

El diseño de los grupos de discusión

En la planificación grupal intentamos que el diseño de los grupos de discusión tuviese en cuenta la heterogeneidad y la complejidad del mundo juvenil. Para ello, dicho diseño tenía que abarcar un número considerable de situaciones y trayectorias sociolaborales que, las más de la veces, suelen descuidarse y/o ignorarse, y, de esa forma, superar el tratamiento homogeneizador y reduccionista (sobre todo, el llevado a cabo a través de las encuestas de opinión). Hemos pretendido, pues, identificar segmentos diferenciados de jóvenes, y abordar aquellos colectivos juveniles que, por su situación social de partida, van a tener más problemas de inserción sociolaboral y, por ende, van a sufrir en mayor medida las "disfunciones" del hecho de no trabajar o de trabajar en condiciones precarias.

El análisis de la situación socioeconómica de los jóvenes (que estuvo basado en los datos de la Encuesta Nacional de Juventud - Navarro y Mateo, 1993-, así como en los datos de la EPA y el INEM) configuró la fundamentación objetiva para el diseño de nuestra investigación. Fueron confeccionados, por tanto, 10 grupos de discusión (puede consultarse el diagrama general de la composición grupal en: Agulló, 1997).

En el diseño y la preparación de las entrevistas en profundidad a los jóvenes (un total de 16 entrevistas abiertas) tuvimos siempre claro el criterio flexible de realización de aquellas entrevistas que sirviesen para completar los discursos grupales. En este sentido, tuvimos que acudir a este instrumento dado la peculiariedad de determinados sectores laborales, sobre todo, el mundo de la economía sumergida y de la marginalidad; en ellos se encontraron muchos problemas y reticencias para formar grupos de discusión, con lo que la entrevista (especialmente la abierta, sin cuestionarios por medio) fue la técnica más idónea.

Resultados y conclusiones

La diversidad juvenil, que en principio parece obvia, no ha sido considerada como tal por expertos e instancias responsables de la investigación sobre los jóvenes, sobre todo, no en la medida que sería necesario y pertinente. Han proliferado y proliferan por doquier un sinfín de informes y estudios sobre la realidad juvenil (principalmente cuantitativos) que tienden a soslayar, descuidar y/o obviar la complejidad y la heterogeneidad de este colectivo. Lo propio se podría decir de la nula o escasa fundamentación y/o articulación teórica y conceptual que viene recibiendo este objeto de estudio. En nuestro trabajo hemos procurado no cometer el mismo error y, en la medida de lo posible, se ha combinado la metodología investigadora para abordar de forma más comprehensiva dicho fenómeno; así mismo, hemos llevado a cabo, en la primera parte, una profunda y crítica reconsideración teórica que sustente los resultados de la fase empírica.

Por lo que respecta a la primera hipótesis barajada, constatamos (ya se ha insinuado) que el trabajo sigue ocupando un lugar central para la gran mayoría de jóvenes españoles estudiados, y ello es así, en todas las variables consideradas: el origen sociofamiliar, el hábitat, la edad, el sexo, el nivel educativo, el estado civil, el tipo de experiencia laboral.

No se ha constatado un rechazo genérico del trabajo por parte de los jóvenes. Se observa, eso sí, una cierta desmitificación del trabajo (en contra de las ya antiguas tesis de Rousselet, 1974), pero ello no significa que éste deje de ser considerado como central y como eje estructurante y estructurador de sus vidas. Los jóvenes analizados no rehúyen del trabajo y todo lo referente al mundo laboral; todo lo contrario, con diferente intensidad todos afirman un deseo expreso por lograr un trabajo (y en el caso de los que trabajan, seguir en privilegiado estatus).

Tras la confirmación de la primera, podemos referirnos a la segunda hipótesis que no es sino una especie de correlato argumentativo de la primera. Se observa una visión más realista y pragmática de la mayor parte de los jóvenes en todo lo que se refiere, no sólo al ámbito laboral, sino a la realidad social en general (que obviamente incluye y determina la anterior, la realidad laboral). De los discursos analizados se desprende una genérica (re)valorización del trabajo, una actitud positiva hacia la actividad laboral; no obstante, no podemos afirmar con rotundidad si la concepción que mantienen los jóvenes respecto al trabajo deviene instrumental o expresiva: en unos momentos abogan por una y, en otros, defienden la otra. Esta falta de claridad viene siendo una tónica generaliza en las últimas investigaciones llevadas a cabo. A este respecto Sanchís (1991) corrobora lo que venimos considerando: "...no parece tarea fácil delimitar con nitidez dónde acaban las concepciones instrumentales y dónde comienzan las que algunos autores han denominado expresivas (el trabajo como búsqueda de libertad, autonomía, creatividad, etc.), pues probablemente todos -jóvenes o no- nos movemos de manera ambigua entre unas y otras".

De todas formas, cabe señalar que la instrumental es la concepción del trabajo que con más frecuencia emerge en los discursos de los diferentes grupos juveniles. Y es que la cultura (ideología) transmitida a través de todos los medios está impregnada y/o fomenta esta concepción (recuérdese los resultados de la investigación aludida anteriormente de Alvaro, Crespo, Torregrosa et al.). En ese sentido, podemos afirmar que los jóvenes perciben el trabajo como valor instrumental, pero entre sus deseos y expectativas, entre sus exigencias y demandas, lo que se deduce, finalmente, de sus búsquedas y de los propios itinerarios laborales es la esperanza de logar un trabajo en condiciones, un trabajo con sentido. O sea, que las funciones expresivas de la actividad laboral se aparcan de momento, dado la escasez de puestos de trabajo que reúnan tales condiciones, pero están en el punto de mira de todos ellos, en diferentes grados y por diversos motivos, pero en todos ellos. La preparación y formación continuas, para unos, las influencias o ayudas para otros, y la suerte, para los menos, serán los senderos (de gloria o fracaso) que materializarán y/o consolidarán los destinos de una concepción u otra. De estos senderos o trayectos trata la siguiente hipótesis (tercera), que también se hilvana con las anteriores.

La dualización y segmentación del mercado de trabajo ha penetrado la vida social, generando una sociedad esencialmente dualizada, segmentada y precarizada. Este panorama socioeconómico, poco halagüeño y esperanzador, es el que les ha quedado, por el momento, a los jóvenes. La sensación general que poseen de esta situación, extraída de sus propios discursos, es de bloqueo, desencanto y marginación. No en vano, la crisis y la estructura social consecuente de la misma, les ha colocado en una situación de dependencia prolongada, de precariedad sistemática y de marginalidad respecto del mundo laboral. Ambito, que como ya hemos advertido y corroborado en los discursos grupales, deviene crucial para su existencia y para el desarrollo positivo de sus identidades.

Todo ello, pues, ha ocasionado una alteración considerable del proceso normal de socialización, generando un número sustantivo de procesos socializadores diferentes y diferenciados. Como ya señalaba Zárraga (1985), hemos constatado cómo ciertos colectivos de jóvenes van avanzando a costa y a condición de ocupar posiciones marginales del sistema. Y es que las tendencias poco deseables y nada exitosas de los años ochenta se consolidan en las postrimerías de este siglo; los jóvenes están siendo integrados, no en las estructuras del sistema social, sino en sus intersticios.

Se está bloqueando el acceso de los jóvenes al mundo laboral y ello se traduce en la dilatación, indefinida para muchos, de la inserción plena de los jóvenes en la sociedad; generando, a la par, toda una serie de fenómenos de negativas consecuencias para la integración social de los mismos.

La heterogeneidad y la diversidad del colectivo juvenil está generada, principalmente, por la posición socioeconómica familiar de la que parten y en la que se hallan los distintos jóvenes. Esta, a su vez, va a conformar posiciones perceptivas, concepciones y actitudes sobre el trabajo totalmente diversas; de igual forma, las experiencias laborales posibles de los mismos van a estar condicionadas por dicho origen social y el proceso socializador recibido. En ese mismo sentido, el proceso de configuración, construcción y consolidación de la identidad de estos jóvenes va a poseer y sufrir, como se ha constatado, diferentes consecuencias.

A lo largo de nuestras pesquisas nos hemos percatado de que la imposibilidad de desempeñar una actividad laboral o llevarla a cabo en condiciones precarias, en cualesquiera de sus múltiples modalidades, produce el desarrollo de una serie de trayectos o itinerarios que en la actualidad conducen a la desestructuración y al deterioro de la identidad de determinados colectivos juveniles. Esta ha sido la razón principal por la cual nos hemos adentrado en el problema del desempleo juvenil y, en definitiva, en el fenómeno de la precariedad laboral, fomentada ésta última no sólo por el auge de la economía informal, sino por la generalización de las nuevas formas de contratación laboral y el uso abusivo e improcedente de las mismas. En ambos fenómenos (el desempleo y la precariedad laboral), cada vez más extendidos y, por tanto, más necesitados de estudio y comprensión, la población juvenil está especialmente representada, y por tanto, especialmente castigada.

En este sentido, se constata una tipología de construcciones identitarias totalmente diversa en perfecta concordancia con las distintas situaciones y trayectorias sociolaborales: es lo que hemos denominado "trayectos hacia el deterioro de la identidad juvenil". El anterior modelo de inserción a la sociedad adulta, decíamos, se ha vuelto caduco, y el modelo vigente en la actualidad está generando una diversidad de transiciones en gran medida dilatadas, precarias, inciertas y desestructurantes.

En definitiva, por lo manifestado, consideramos que ha quedado clara y patente la centralidad del trabajo en la mayoría de los jóvenes analizados; así mismo, hemos podido constatar que la actividad laboral es nuclear en el proceso de construcción de la identidad. En consecuencia, las situaciones de desempleo y precariedad laborales experimentadas por estos jóvenes les crea toda una serie de fenómenos negativos para la cristalización efectiva de sus identidades.

Además de la confirmación de las hipótesis anteriores, se han constatado, principalmente, las siguientes tendencias sobre los aspectos laborales que acabamos de mencionar:

1) conforme se alarga el período de desempleo de los jóvenes analizados, se incrementa la dificultad de consolidar su identidad;

2) a medida que asciende la edad de los jóvenes parados la identidad se deteriora de forma progresiva;

3) cuando el nivel de educación es mayor por parte de los jóvenes en paro, o conforme se incrementa éste, el proceso identitario resulta más afectado, y por tanto, más dañado;

4) a mayor experiencia laboral previa y a medida que aumenta la relación del joven con la actividad laboral, la situación de paro resulta más desestructurante y, por tanto, el proceso de construcción de la identidad se torna intermitente e inestable y, por ende, más problemático;

5) el paro juvenil ofrece tasas más elevadas en las urbes medianas y grandes, en ese sentido, se ha constatado que el hábitat urbano resulta más obstaculizador (que el hábitat rural) para el desempeño de una actividad laboral, y por tanto, la consecución de una identidad consolidada presenta mayores dificultades;

6) a medida que se desciende en la escala social, o sea, cuando la procedencia social del joven parado es más baja socioeconómicamente, la probabilidad de desestructuración de la identidad se incrementa de forma progresiva;

7) el estado civil de los jóvenes desempleados es una variable que influye a la hora de observar la incidencia del paro en la construcción de la identidad, se constatan mayores problemas de cristalización identitaria por parte de este colectivo específico;

8) por lo que respecta a la variable sexo, no se ha encontrado evidencia de una fuerte asociación, la identidad resulta dañada y deteriorada por igual en ambos sexos.

9) Por lo que se refiere a la precariedad laboral, los jóvenes en situación laboral precaria (que como muestran todos los datos oficiales, constituye la experiencia ´laboral´ más habitual y generalizada entre los jóvenes en los últimos años), podemos afirmar que se ha constatado una incidencia similar a la manifestada y acontecida en la situación de desempleo. En nuestro estudio, por lo menos, no se han apreciado diferencias significativas en este aspecto.

De todas formas, queremos destacar que el impacto de la precariedad laboral sobre el proceso de identidad juvenil varía según el sub-segmento de jóvenes que estemos tratando. Para ciertos colectivos juveniles (sobre todo los jóvenes de procedencia social media, media-alta, de mayor nivel educativo, la precariedad laboral es una estrategia coyuntural y más o menos buscada, van rotando laboralmente hasta la consecución de trabajos "en condiciones" y hasta su inserción en el segmento primario del mercado de trabajo; por contra, están los "otros jóvenes" a los cuales no se les permitirá ninguna opción estratégica, sino que rotarán indefinidamente de los trabajos eventuales a los temporales, de los sumergidos a los emergidos, de los más o menos protegidos a los totalmente desprotegidos; o sea, son jóvenes que se instalan en la precariedad de forma cuasi permanente, o lo que es lo mismo, se insertan en el mercado secundario del mercado de trabajo. Ello se traduce, como se ha confirmado en nuestra investigación, en inestabilidad, inseguridad e insatisfacción laborales y, este estado de vulnerabilidad constante, lleva a un deterioro no sólo del autoconcepto y la autoestima personal, sino que ven disminuida o imposibilitada (según los grados de precariedad laboral y según el apoyo familiar) la oportunidad para el desarrollo y la materialización de aspiraciones, planes y expectativas laborales y sociales; así mismo, ven restringidas las relaciones interpersonales, y las existentes se tornan conflictivas; a su vez, están expuestos de forma más significativa a actividades psicológicamente desestabilizadoras, llegando a rozar, cuando no en ellas (como acontece con los colectivos juveniles marginales estudiados), las conductas delictivas, desviadas y marginales.

Para concluir, podemos afirmar que los resultados extraídos de nuestro estudio coinciden en gran parte con algunos de los trabajos revisados en la primera fase de nuestro análisis teórico. Como ya mostraron Blanch (1990), Alvaro (1992), Vala (1989), Banks y Ullah (1988), entre otros, hemos constatado también que los jóvenes en situación de desempleo o con trabajos precarios presentan un mayor malestar psicológico e insatisfacción con la vida presente; desarrollan, en mayor medida que los jóvenes que poseen un empleo, pensamientos negativos y sentimientos de fracaso, frustración, inferioridad, indefensión, impotencia, inseguridad e inutilidad. Así mismo, experimentan una situación de desorientación existencial, de desencanto, de vulnerabilidad personal y social, todo ello les lleva muchas veces a aislarse y a desvincularse socialmente, a la no participación, o por el contrario, les conduce a desplegar comportamientos negativos y/o desviados (Agulló, 1994; 1997).

En resumen, la intermitencia y la discontinuidad de la mayor parte de trabajos que llevan a cabo los jóvenes, y la incertidumbre y la vulnerabilidad psicosocial que ello genera, posee un efecto totalmente negativo y desestructurador de la percepción de sí mismos y de todo lo que se refiere al proceso cristalizador de sus identidades.


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Aceptado el 4 de noviembre de 1997

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