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 Nada de lo psicológico nos es ajeno
Universidad de Oviedo
Traducciones de Psicología

 

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ARTÍCULO SELECCIONADO

Psicothema

ISSN EDICIÓN EN PAPEL: 0214-9915

1998. Vol. 10, nº 1, pp. 219-226
Copyright © 2014


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EL INDIVIDUO EN LA MASA. PSICOLOGÍA DEL COMPORTAMIENTO COLECTIVO

 

A. Ovejero

Oviedo, Ediciones Nobel, 1997

REVISION DE LIBROS / BOOK REVIEW

Comprender desde una óptica psicosocial los fenómenos colectivos es el objetivo fundamental del presente trabajo. Para llevar a cabo este empeño el autor se sitúa en una posición no experimentalista, considerada por su parte la más idónea para abordar estos temas. Reclama así mismo, la interdisciplinariedad de la psicología social colectiva para acometer con éxito este objetivo.

 
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Revisado por:
Ana I. García
Universidad de Oviedo

 

Comprender desde una óptica psicosocial los fenómenos colectivos es el objetivo fundamental del presente trabajo. Para llevar a cabo este empeño el autor se sitúa en una posición no experimentalista, considerada por su parte la más idónea para abordar estos temas. Reclama así mismo, la interdisciplinariedad de la psicología social colectiva para acometer con éxito este objetivo. De la lectura de esta obra se desprende el esfuerzo por enfatizar las funciones sociales constructivas que las masas han tenido a lo largo de su historia y ofrecer, de esta forma, una visión más positiva de las mismas de la que se les ha supuesto. El libro se divide en tres grandes bloques de cinco capítulos; cada uno de ellos comienza con una atractiva introducción, lo que hace que el lector se sienta rápidamente interesado e inmerso en la problemática que a continuación se expone. Es de agradecer igualmente el breve resumen que, a modo de conclusiones, cierra cada capítulo facilitando la comprensión del lector.

Los aspectos introductorios e históricos de la psicología colectiva ocupan el primer bloque. En el capítulo primero se analiza la psicología como psicología cultural y colectiva. Desde un principio el autor se inclina claramente por los aspectos culturales e históricos de la naturaleza humana, frente a los de carácter natural o biologicista, tan en boga en los últimos tiempos. El siguiente capítulo proporciona al lector los conceptos básicos de la materia y una revisión histórica de los inicios de esta disciplina a través de las aportaciones de diversos psicólogos sociales. Tomando como punto de partida las consecuencias de la revolución industrial, en el capítulo tercero se realiza un recorrido histórico de los estudios sobre la sociedad-masa, la opinión pública y los medios de comunicación, ya que son éstos y concretamente los poderes económicos y políticos que los sustentan, los constructores de la opinión pública y sustituyen, hasta cierto punto, a la propia realidad. El capítulo cuarto está dedicado a desenmascarar el mito experimentalista de W. Wundt construido a través de la memoria colectiva. Este es quizás uno de los capítulos más interesantes, ya que desde la presente obra se esgrimen argumentos determinantes para que sea considerado precisamente el padre de la psicología social no experimental y no, como lo ha sido durante décadas según la "historia oficial", el de la psicología experimental. El quinto capítulo profundiza en las características definitorias de las masas señalando las causas fundamentales por las que éstas han sido tratadas desde una perspectiva nada positiva, a saber, la visión negativa que han transmitido ciertos autores (Sieghle y Le Bon) y el miedo que todos tendríamos a las multitudes.

El segundo bloque trata de explicar los fenómenos colectivos reflexionando sobre grupos pequeños, fanatismo, personalidad autoritaria, identidad, memoria colectiva y diversas teorías que se han formulado al respecto. Concretamente, la incidencia de lo colectivo en los pequeños grupos y fenómenos grupales como la facilitación social, la holgazanería social, la desindividualización, el pensamiento de grupo y la polarización grupal es analizada en el sexto capítulo. En este sentido, el autor considera que la conducta de las multitudes no difiere sustancial y cualitativamente de la de los grupos pequeños, sino que es sólo una cuestión cuantitativa, por lo que no deberían tener un tratamiento diferenciado. En el capítulo siete se abordan los temas del fanatismo y la personalidad autoritaria, utilizando para adentrarse en ellos la cruda realidad de nuestro siglo (millones de muertos debidos a guerras y revoluciones a pesar de los avances científicos y educativos), que según el autor pondría en evidencia el fracaso del ideal ilustrado. Sin embargo, la idea que aquí se mantiene es que en este siglo no somos necesariamente más violentos que en épocas anteriores, sino que esto podría explicarse a través del fanatismo y la obediencia a la autoridad. Esta reflexión le da pie para señalar la vigencia del constructo de autoritarismo como concepto psicosocial y no simplemente psicológico,; y por ello propone centrar el interés en la sociedad autoritaria, más que en la personalidad autoritaria. Así, el autor nos ayuda a entender muchos de los comportamientos de la sociedad actual, sin duda apasionantes, y sobre los que ha realizado numerosas investigaciones, que pueden encontrar el caldo de cultivo ideal en una sociedad en crisis como la nuestra.

Mostrar la estrecha relación que existe entre comportamiento colectivo e identidad es el objetivo del siguiente capítulo. Ya que la conducta humana es "eminentemente psicosocial", como nos recuerda el autor a lo largo de toda la obra, serían precisamente los enfoques teóricos que estudian la identidad los más adecuados para explicarla. Para entender muchas de las conductas colectivas (el auge de las sectas, los lavados de cerebro, etc.) hay que tener muy en cuenta las relaciones interpersonales, ya que éstas son el elemento central en la formación de la personalidad. Por tanto, las personas aisladas socialmente no tendrían una personalidad totalmente definida y serían más vulnerables, convirtiendose en presa fácil para este tipo de organizaciones.

La memoria colectiva se aborda en el capítulo noveno, aproximándose al esta cuestión desde la idea de que el recuerdo y el olvido son inherentemente sociales. La revisión que hace de los clásicos sobre esta materia, le llevan a reafirmarse en la idea de que la memoria colectiva es un aspecto fundamental para entender adecuadamente los fenómenos colectivos y de ahí su necesaria inclusión en cualquier manual sobre este ámbito. En el capítulo décimo analiza las teorías más relevantes que se han formulado para explicar el comportamiento colectivo. Además de la clasificación de Turner (la teoría del contagio, la de la convergencia y la norma emergente), el autor cree oportuno añadir las teorías del valor añadido de Smelser y de la disonancia cognitiva de Festinger. La conjunción de todos estos enfoques teóricos posibilita el tratamiento comprehensivo que precisa esta cuestión.

El tercer y último bloque describe algunos de los fenómenos colectivos más significativos, como la psicología social de los rumores, el lavado de cerebro, el comportamiento colectivo de las sectas, la psicología de las multitudes y la violencia colectiva. Se cierra este bloque con un capítulo dedicado a la psicohistoria. Los rumores centran el interés del capítulo once, analizándose sus características y tipos, métodos de estudio, transmisión y función social que ejercen. Se critica la visión reduccionista que ha caracterizado el tema, al ser estudiado solamente desde una perspectiva puramente psicológica, intentando posteriormente generalizar las conclusiones a los fenómenos grupales. Aquí radicarían, a juicio del autor, muchos de los problemas que han ocupado a los investigadores; como el hecho de que ninguna de las definiciones del rumor, por sí sola, sea completamente satisfactoria. Tampoco se comparte su visión como fenómeno patológico, criticando así mismo la idea de que el rumor sea "transmisión de información falsa", e inclinandose más bien a pensar que la función del rumor es "reflejar un estado social emocional" y no tanto intercambiar informaciones.

El siguiente capítulo trata sobre el lavado de cerebro y el comportamiento colectivo de las sectas. A lo largo del mismo se ahonda en el concepto de secta, su situación, las técnicas de persuasión utilizadas y los procesos de captación e integración. También se señalan algunas técnicas útiles con las que afrontar la persuasión coercitiva que ejercen y así poder liberarse de ellas. El autor pone de manifiesto la necesidad de conocer estos procesos debido a la existencia de importantes diferencias entre los comportamientos dentro de una secta y el comportamiento de las multitudes. Mientras que en estas últimas no se utilizan métodos coercitivos, apenas existen líderes, ni existe una estrategia previa de actuación, en las sectas sí ocurre todo esto y además, su comportamiento es totalmente destructivo tanto para el individuo como para la sociedad.

El capítulo trece se adentra en la psicología de las multitudes. Partiendo de la distinción entre multitudes activas y pasivas, se centra especialmente en las primeras y su comportamiento en las catástrofes. También se analizan en este capítulo cómo vencer y controlar los pánicos colectivos. La máxima aportación desde la psicología social debe basarse, a juicio del autor, en la prevención, tanto para los desastres como para los pánicos colectivos, ya que una vez que estos procesos se desencadenan, el control resulta casi imposible. La violencia colectiva es estudiada en el capítulo catorce, dedicando un apartado especial a los linchamientos y disturbios. Para entender los linchamientos, el autor analiza algunas de las causas que podrían provocarlos (la necesidad de mantener la supremacía blanca, determinados intereses económicos egoístas o la agresión desplazada). Respecto a los disturbios, el autor critica las teorías de Turner y Killian o Le Bon ya que, desde su punto de vista, cometen el error de considerar únicamente la dimensión individual, en detrimento de la social. Lo que sucedería en realidad no es que el individuo inmerso en una muchedumbre pierda su identidad, sino que su conducta estaría dirigida/ transformada por su identidad social. Así entendería el autor "...que las masas no sean aberraciones, sino que poseen un claro sentido histórico y social, y los disturbios en los que se implican constituyen sus formas de manifestarse y de actuar social e históricamente cuando desde el poder los grupos dominantes no les conceden otras vías de expresión...".

El libro concluye con un capítulo destinado a la psicohistoria, criticando la falta de una relación más estrecha entre la psicología social y la historia. Esta vinculación permitiría un análisis más adecuado y completo de la conducta social y, más específicamente, sobre las motivaciones de las masas protagonistas en distintas acciones colectivas de protesta.

El autor combina en este trabajo un lenguaje ameno y asequible a todo tipo de lectores con el rigor académico exigible a un trabajo de estas características. Esta obra constituye, por todo lo mencionado, una gran aportación y, por tanto, lectura necesaria para todos aquellos interesados en psicología social, así como para el público general que pretenda comprender mejor los fenómenos de masas a los que asistimos como testigos en nuestra vida cotidiana.


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