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III Congreso Nacional de Psicología - Oviedo 2017
Universidad de Oviedo

 

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ARTÍCULO SELECCIONADO

Psicothema

ISSN EDICIÓN EN PAPEL: 0214-9915

2005. Vol. 17, nº 3, pp. 370-374
Copyright © 2014


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PERCEPCIÓN DEL GRADO DE CONFLICTO EN FAMILIAS ADOPTIVAS Y NO ADOPTIVAS

 

Isabel María Bernedo Muñoz, María Jesús Fuentes Rebollo y Milagros Fernández Molina

Universidad de Málaga

Este trabajo analiza el grado de conflicto entre padres e hijos/as teniendo en cuenta tanto la percepción de los propios padres como la de los adolescentes adoptados y no adoptados. 55 adolescentes adoptados y sus padres; y 402 adolescentes no adoptados y sus padres (n= 258) contestaron al Cuestionario de Conflictos de Motrico, Fuentes y Bersabé (2001). Los resultados muestran diferencias significativas en todos los conflictos evaluados según los padres y madres adoptivos y no adoptivos; sin embargo, entre los adolescentes adoptados y no adoptados sólo se hallaron diferencias significativas en los siguientes conflictos: por ver la televisión, los amigos/as que tienen y los chicos/as que les gustan, con sus padres; por realizar las tareas del colegio, con sus madres; y por el uso del dinero, la hora de llegar a casa, la música, la forma de vestir y el consumo de tabaco o drogas, con sus padres y madres.

Conflict rate perceptions in adoptive and non-adoptive families. The aim of this research is to analyse the conflicts rate from the point of view of parents and adopted and non-adopted adolescents. 55 adopted adolescents and their adoptive parents; and 402 non-adopted adolescents and their parents (n= 258) answered Questionnaire Conflicts by Motrico, Fuentes y Bersabé (2001). The results showed significant differences in every conflict according to adoptive and non-adoptive parents, although from the point of view of adopted and non-adopted adolescents only some conflicts were significant in relation to their father (TV, friends, girls/boys that he/she love); homework with their mothers, and responsibility for money, hour arriving home, music, choice of clothing, and tobacco and drug abuse with both their fathers and mothers.

 
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Fecha recepción: 28-4-04 • Fecha aceptación: 22-12-04
Correspondencia: Isabel María Bernedo Muñoz
Facultad de Psicología
Campus de Teatinos, s/n. Universidad de Málaga
29071 Málaga (Spain)
E-mail: bernedo@uma.es

 

Según algunos estudios (Grotevant, 1998; Rice, 2000) durante los primeros años de la adolescencia aumentan los conflictos entre padres e hijos por la búsqueda de un mayor grado de independencia y autonomía de los adolescentes respecto a sus figuras parentales. Sin embargo, los conflictos pueden ser adaptativos si se afrontan y resuelven de forma adecuada. Cuando se utilizan estrategias competentes para resolverlos pueden contribuir al desarrollo y madurez del adolescente, al tiempo que mejoran las relaciones y el funcionamiento familiar. Desde esta perspectiva, los conflictos pueden suponer ocasiones para avanzar en la comprensión mutua entre padres e hijos, especialmente en los momentos de reajuste del sistema familiar, como puede ser la llegada de los hijos a la adolescencia. Las investigaciones muestran que, aunque en ciertas ocasiones padres y adolescentes no estén de acuerdo sobre diversos asuntos, la mayor parte de los adolescentes mantienen relaciones armoniosas con sus padres y conservan los vínculos afectivos que les unen (Collins, 1997; Grotevant, 1998).

Diversas investigaciones (Bosma et al., 1996; Rice, 2000) muestran que la falta de comunicación y comprensión, y la insatisfacción familiar se relacionan con mayor frecuencia de conflictos entre los adolescentes y sus padres.

Fuentes, Motrico y Bersabé (2003) hallaron que tanto desde el punto de vista de los padres como de los adolescentes, cuando los padres manifiestan más afecto, comunicación y menos crítica y rechazo, se producen menos conflictos entre padres e hijos. Del mismo modo, cuando los padres son más inductivos y menos rígidos a la hora de poner las normas se produce menor grado de conflicto entre ellos. Villar, Luengo, Gómez y Romero (2003) también encontraron que los adolescentes presentaban menos problemas de conducta cuando tenían pocos conflictos y buena comunicación con sus padres.

Los estudios que abordan este tema en familias adoptivas (Bernedo, 2003; Palacios, Sánchez y Sánchez, 1996) ponen de manifiesto que las familias adoptivas son más afectivas y comunicativas que las familias no adoptivas, y que mantienen un adecuado grado de control de la conducta de los hijos. La tesis doctoral de Sánchez Sandoval (2002), que analiza, seis años después, a las mismas familias que fueron evaluadas por Palacios et al. (1996), vuelve a poner en evidencia que el buen clima familiar se asocia tanto con niveles positivos de afecto y comunicación entre padres e hijos, como con el respeto de los hijos hacia las normas de los padres, requisito imprescindible para un buen desarrollo de la vida en familia.

Respecto a los principales temas que provocan conflictos entre padres e hijos durante la adolescencia las investigaciones encuentran lo siguiente. Para Palacios, Hidalgo y Moreno (1998) los temas de conflicto más frecuentes entre padres e hijos se refieren a la temporalidad y autonomía para realizar ciertas actividades, las actitudes hacia determinados temas, los estudios, las peleas con los hermanos y las rutinas de higiene y vestido. Para Bosma et al. (1996) y Laursen, Coy y Collins (1998) los principales temas de conflictos entre padres y adolescentes están relacionados fundamentalmente con cinco aspectos: costumbres sociales; responsabilidad; estudios; relaciones familiares y valores morales.

Del Valle (1994), con población española, encuentra que la causa de discusión más frecuente entre padres e hijos adolescentes hace referencia a temas de la vida cotidiana como la hora de llegar a casa por la noche, seguido de la realización de tareas en la casa, los estudios, la hora de levantarse de la cama y el uso del dinero.

Algunos estudios encuentran que los motivos por los que discuten los adolescentes con sus padres son distintos a los que provocan los enfrentamientos con sus madres. Noller (1994) defiende que los temas principales de discusión con el padre son el dinero, el tiempo libre y el colegio, y con la madre los modales, los amigos y la forma de vestir.

Además, diferentes estudios (Collins y Repinski, 1994; Noller, 1994; Smetana y Asquith, 1994) revelan que tanto los hijos como las hijas tienen más conflictos con las madres que con los padres.

Al analizar las diferencias en las interacciones del adolescente con su padre y su madre, diferentes investigaciones (Paulson y Sputa, 1996; Silverberg y Steinberg, 1990) muestran que las madres se implican más que los padres en el cuidado de los hijos, son más exigentes pero responden más a sus necesidades, y se involucran más en la realización de las tareas escolares. Esto, a su vez, puede provocar más conflictos y más roces entre madres e hijos/as. En el caso de las familias adoptivas, los hijos también perciben que la implicación de los padres en las tareas de crianza y educación de los hijos es menor que la de las madres, acentuándose esa percepción de falta de implicación a medida que los hijos se hacen mayores (Lanz, Lafrate, Rosnati y Scabini, 1999; Palacios et al., 1996).

El principal conflicto entre madres y adolescentes surge por la realización de las tareas de la casa; y entre padres y adolescentes por hacer las tareas del colegio y por ver la televisión (Fuentes et al., 2003).

Uno de los trabajos más recientes que analiza los conflictos entre padres y adolescentes en familias adoptivas es el de Fernández, Bernedo y Fuentes (2003). Este estudio expone que, desde el punto de vista de los padres adoptivos, los temas que provocan más conflictos son los relacionados con las tareas del colegio, las tareas de la casa y el tiempo de ver la televisión. Según los adolescentes adoptados, los principales temas de conflicto con sus padres son por realizar las tareas del colegio, realizar las tareas de la casa y por los amigos que tienen.

En familias adoptivas, al igual que en las no adoptivas, se producen conflictos entre padres e hijos durante la adolescencia. Existen pocos estudios que hayan analizado estos conflictos en familias adoptivas, por lo que son aún más escasos los que han comparado este tema en familias adoptivas y no adoptivas. Por ello, el objetivo de este trabajo consiste en conocer si existen diferencias en la percepción del grado de conflicto entre padres y adolescentes en familias adoptivas y no adoptivas. De forma específica se pretende:

a) Explorar si existen diferencias en la percepción que tienen padres y madres adoptivos y no adoptivos de la frecuencia de conflictos con sus hijos adolescentes, y

b) Evaluar si los adolescentes adoptados y no adoptados manifiestan diferencias en la percepción de la frecuencia de conflictos con sus padres y madres.

Método

Participantes

La muestra está constituida por adolescentes adoptados, adolescentes no adoptados y sus respectivos padres y madres adoptivos y no adoptivos.

El número de adolescentes adoptados es de 55 (20 chicos y 35 chicas) con edades comprendidas entre 11 y 17 años (M= 12,91; DT= 1,77). Los padres adoptivos son 55, de los cuales contestaron a los cuestionarios 13 padres y 42 madres. El 25% de los padres son menores o igual a 45 años, mientras que el 67% son mayores de esa edad. En el caso de las madres el 46% son menores o igual a 45 años y el 51% mayores, no teniéndose datos en el resto de los casos. Todas las familias adoptivas a las que se les propuso participar en el estudio respondieron a los cuestionarios.

Con el fin de homogeneizar la muestra se tuvo en cuenta que las familias adoptivas cumplieran las siguientes características: a) que al inicio de la convivencia con la familia adoptiva los niños tuvieran 6 o más años; b) que el tiempo de convivencia con la familia adoptiva fuera mayor al año y medio, con el fin de que hubieran superado el periodo de adaptación familiar; c) que en el momento de la recogida de datos los sujetos se encontraran en la etapa adolescente (entre 11 y 17 años); y d) que los adolescentes no presentaran necesidades educativas especiales (NEE) por la diversidad de situaciones que engloba esta categoría.

El número de adolescentes no adoptados es de 402 (200 chicos y 202 chicas) de edades comprendidas entre los 11 y 17 años (M= 14,12; DT= 1,43). Eran alumnos de 6.º de primaria y de 1.º, 2.º y 3.º de E.S.O. pertenecientes a tres centros escolares (uno público y dos concertados) de la provincia de Málaga. El número de padres no adoptivos que respondieron a los cuestionarios fue de 258 (31 padres; 119 madres, y 108 cuestionarios fueron contestados por ambos conjuntamente). El 35% de los padres son menores o igual a 45 años, mientras que el 19,4% son mayores de esa edad. En el caso de las madres, el 53,5% son menores o igual a 45 años y el 9,5% mayores, no teniéndose datos en el resto de los casos.

Procedimiento

Se accedió a las familias adoptivas con la colaboración del Servicio de Protección a la Infancia y Familia. Para la administración de las pruebas se visitó a las familias adoptivas en su domicilio particular.

Los datos de las familias no adoptivas fueron obtenidos con la colaboración de tres centros escolares. Las escalas se pasaron a los adolescentes de forma colectiva en las aulas de dichos centros escolares. Se informó a los alumnos de que la participación era completamente voluntaria y anónima. A cada adolescente se le entregó un sobre que contenía las escalas con las versiones para padres y madres, pidiéndoles que cuando éstos las hubiesen rellenado las devolvieran en sobre cerrado al centro escolar.

Instrumentos de medida

Para evaluar los conflictos familiares se utilizó un Cuestionario de Conflictos (Motrico, Fuentes y Bersabé, 2001) que recoge los principales temas que, según la literatura, pueden dar lugar a conflictos entre los adolescentes y sus padres. Los temas son: ver la televisión; realizar las tareas del colegio; hacer las tareas de la casa; los amigos/as; los chicos/as que les gustan; el uso del dinero y las compras que realizan; la hora de llegar a casa; la música que les gusta; la forma de vestir; y el consumo de tabaco, alcohol u otras drogas. Los sujetos respondieron a las preguntas señalando la frecuencia de los conflictos en una escala tipo Likert (1= nunca, 2= pocas veces, 3= algunas veces, 4= muchas veces y 5= siempre). Las cuestiones se plantearon tanto a los padres como a los hijos/as adolescentes. La versión de los adolescentes recoge por separado los conflictos que éste tiene con su padre y con su madre.

Resultados

Se llevó a cabo un análisis de covarianza (ANCOVA) para conocer las diferencias entre las familias adoptivas y no adoptivas en la percepción de la frecuencia de conflicto entre padres e hijos, utilizando como covariables el sexo y la edad de los adolescentes.

Además se analizó el tamaño del efecto (TE) para conocer la magnitud de las diferencias entre las familias adoptivas y no adoptivas. Analizar los tamaños del efecto añade una valiosa información a la proporcionada por los valores de la significación p, ya que esta última está afectada por el tamaño de las muestras. El tamaño del efecto aporta información sobre la magnitud de las diferencias entre los grupos indicando la estabilidad de los resultados entre distintas muestras. Para interpretar los resultados obtenidos, Cohen (1988) sugiere que, en ciencias del comportamiento, un tamaño del efecto de .20, .50 y .80 se considere como bajo, medio o elevado, respectivamente.

En la Tabla 1 se muestran las diferencias estadísticamente significativas encontradas entre los padres y madres en la percepción de la frecuencia de conflictos con sus hijos adolescentes adoptados (55) y no adoptados (402). Como se observa en dicha tabla, en todos los conflictos evaluados, los padres y madres adoptivos manifiestan menos conflictos con sus hijos que los padres y madres no adoptivos (p<,001), tales como: conflictos por ver la televisión; por realizar las tareas del colegio; por hacer las tareas de la casa; por los amigos/as que tienen; por los chicos/as que le gustan; por el uso del dinero y las cosas que se compran; por la hora de llegar a casa; por la música que les gusta; por la forma de vestir; por el consumo de tabaco, alcohol u otras drogas. El tamaño del efecto (eta cuadrado parcial <,20) resultó bajo en todos los casos, siguiendo la interpretación de Cohen (1988).

En la Tabla 2 se observa que los adolescentes adoptados perciben menor frecuencia de conflictos con sus padres que los adolescentes no adoptados, aunque no se han encontrado diferencias significativas en algunos de los conflictos evaluados. Los conflictos en los que se han encontrado diferencias estadísticamente significativas han sido los siguientes: conflictos por ver la televisión con sus padres (p<,001); por realizar las tareas del colegio con sus madres (p<,05); por los amigos/as que tienen con sus padres (p<,05); por los chicos/as que les gustan con sus padres (p<,05); por el uso del dinero y las cosas que se compran con sus padres (p<,001) y sus madres (p<,001); por la hora de llegar a casa con sus padres (p<,001) y sus madres (p<,05); por la música que les gusta con sus padres (p<,001) y sus madres (p<,05); por la forma de vestir con sus padres (p<,05) y sus madres (p<,05); por el consumo de tabaco, alcohol u otras drogas con sus padres (p<,001) y sus madres (p<,001). De nuevo, el tamaño del efecto en todas las variables dependientes estudiadas resultó bajo (<,20).

Discusión

Los resultados han mostrado que los padres y madres adoptivos manifiestan menor frecuencia de conflictos con sus hijos adolescentes que los padres y madres no adoptivos. Desde el punto de vista de los adolescentes, los adoptados perciben menor grado de conflicto que los no adoptados, aunque no se han encontrado diferencias significativas en algunos de los conflictos evaluados.

Teniendo en cuenta la perspectiva de padres y madres, las familias adoptivas perciben menor grado de conflicto que las no adoptivas. Este dato se puede poner en relación con el que señalan Bosma et al. (1996) y Rice (2000) respecto a que la falta de comprensión y comunicación entre los adolescentes y sus padres se relaciona con un mayor grado de conflicto entre ellos. Según esto, el tipo de relación afectiva y comunicativa entre padres e hijos puede influir en la percepción del grado de conflicto. Diversas investigaciones tanto con familias adoptivas (Bernedo, 2003; Sánchez Sandoval, 2002; Palacios et al., 1996) como no adoptivas (Fuentes et al., 2003) indican que un buen clima familiar permite que se produzcan menos conflictos entre los adolescentes y sus padres. El que las familias adoptivas sean valoradas de forma más positiva en cuanto al afecto y comunicación que las no adoptivas (Bernedo, 2003) podría explicar las diferencias encontradas en la percepción de los conflictos entre las familias adoptivas y no adoptivas. Otra posible explicación podría ser que las familias adoptivas, al conocer el pasado de los niños (institucionalización, motivos de desamparo, posibles fracasos con otras familias acogedoras, etc.), realicen grandes esfuerzos para evitar conflictos con sus hijos, ya que son conscientes de que sus hijos pasaron por esas experiencias conflictivas con sus padres biológicos e intenten manejar las situaciones educativas con el menor grado de conflicto posible.

Desde el punto de vista de los adolescentes adoptados y no adoptados también se han encontrado diferencias significativas en la percepción del grado de conflicto con sus padres. Dichas diferencias pueden deberse a lo comentado anteriormente, es decir, a que en las familias adoptivas existen mejores relaciones afectivas y comunicativas que en las no adoptivas (Bernedo, 2003; Sánchez Sandoval, 2002; Palacios et al., 1996) y a que los posibles esfuerzos de los padres adoptivos para evitar conflictos con sus hijos por su difícil historia anterior, influyan en la percepción de los adolescentes de que tienen escasos conflictos con sus padres (significativamente menos que los adolescentes no adoptados).

A pesar de ello, no se han encontrado diferencias significativas entre los adolescentes adoptados y no adoptados en algunos de los conflictos analizados. Los adolescentes adoptados no perciben diferencias con respecto a los no adoptados en los conflictos por realizar las tareas del colegio y de la casa con sus padres y en los conflictos por realizar las tareas del colegio, por ver la televisión, por los amigos/as y por los chicos/as que les gustan con sus madres. Aunque el hecho de ser adoptado puede influir en la menor percepción de conflictos con sus padres por los aspectos comentados anteriormente, hay que tener en cuenta que, al llegar a la adolescencia, los hijos adoptados y no adoptados tienen mayores deseos de autonomía e independencia de sus padres, por lo que no encontrar diferencias en algunos de los conflictos evaluados puede manifestar la normalización con la que los adolescentes adoptados afrontan esta etapa de la vida en lo que se refiere a las relaciones con sus padres. Además, como se comentó en la introducción, el que existan conflictos entre padres e hijos en algunas ocasiones puede ser adaptativo si los padres utilizan una forma adecuada de afrontarlos y resolverlos, fomentando el diálogo, la tolerancia y la búsqueda de soluciones consensuadas con sus hijos (Grotevan, 1998; Rice, 2000).

Entre las limitaciones de esta investigación se encuentra no haber evaluado la intensidad de los conflictos ni la forma de afrontar y resolver dichos conflictos en las familias adoptivas y no adoptivas. Sería interesante seguir explorando la dinámica relacional en los dos tipos de familias, especialmente porque en el pasado la literatura ha abordado el estudio de las familias adoptivas desde una visión clínica-problemática, que no se confirma con los datos procedentes de investigaciones con muestras no clínicas, como la presente y que estudian las relaciones familiares desde una perspectiva normalizadora.

Agradecimientos

Esta investigación forma parte de otra más amplia financiada por la Dirección General de Enseñanza Superior (DGES; PB 96/0700) con el título «Desarrollo de la identidad personal y relaciones familiares de los adolescentes en situación de acogimiento familiar». Parte de la información ha sido recogida en colaboración con el Servicio de Protección a la Infancia y Familia.


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