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 Nada de lo psicológico nos es ajeno
III Congreso Nacional de Psicología - Oviedo 2017
Universidad de Oviedo

 

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ARTÍCULO SELECCIONADO

Psicothema

ISSN EDICIÓN EN PAPEL: 0214-9915

2002. Vol. 14, nº 4, pp. 874-875
Copyright © 2014


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IQ AND THE WEALTH OF NATIONS (CI Y LA RIQUEZA DE LAS NACIONES)

 

Richard Lynn y Tatu Vanhanen

London, Praeger

REVISION DE LIBROS/BOOK REVIEW

Richard Lynn es profesor emérito de Psicología en la Universidad del Ulster (Irlanda del Norte). Tatu Vanhanen es profesor emérito de ciencia política en la Universidad de Tampere (Finlandia). Lynn y Vanhanen contrastan en su libro una teoría nunca propuesta con anterioridad: la inteligencia de las poblaciones es una cau - sa de las diferencias de desarrollo económico que separan a las naciones.

 
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Revisado por: Roberto Colom
Universidad Autónoma de Madrid

 

En el primer capítulo se preguntan por qué algunos países son pobres y otros son ricos, presentando teorías tales como las climáticas y geográficas, las de la modernización, las psicológicas, las culturales, las basadas en el sistema mundial, las neoclásicas o las multi-causales. Los autores señalan que estas teorías explican solo parcialmente las disparidades nacionales, puesto que se olvidan del factor clave: la inteligencia de las poblaciones.

El segundo capítulo introduce el concepto de inteligencia . Hacen notar que el supuesto de que los ciudadanos de las diferentes naciones poseen el mismo nivel de inteligencia «es seriamente incorrecto» (p. 23). Las evidencias disponibles indican que los japoneses, chinos y otros orientales poseen un CI medio de 105. Los europeos de Europa, Canadá, Australia , Nueva Zelanda, Latinoamérica y Sudáfrica, presentan un CI medio de 100. Las personas del sur y sudoeste de Asia –desde Turquía a la India– presentan un CI entre 78 y 90. Las personas de Latino a m é rica poseen un CI medio de 96 en Argentina y Uruguay, pero de 80 en países como Guatema la y Ecuador. Finalmente, las naciones sub-saharianas presentan un CI entre 65 y 75. La teoría de Lynn y Vanhanen propone que ya que existe una serie de asociaciones demostradas entre CI y varios fenómenos sociales –incluyendo las diferencias de ingresos– dentro de algunos países europeos o de los Estados Unidos, las diferencias nacionales de inteligencia pueden estar también relacionadas con sus diferencias de riqueza. El tercer capítulo presenta evidencias concretas sobre la relación entre CI e ingresos: «la inteligencia determina los ingresos, ya que las personas más inteligentes aprenden más rápido, re s u e l ven problemas con mayor eficacia , pueden ser entrenada s para adquirir habilidades más complejas, y trabajan de un modo más eficiente y productivo» (p. 35). El cuarto capítulo es una continuación del tercero, revisándose evidencias conocidas sobre la relación del CI con e l nivel educativo, el nivel socioeconómico, los logros vitales, la genialidad y la serie de fenómenos sociales explorados en el famoso y controvertido libro de Herrnstein y Murray (The Bell Curve). Concluyen que las naciones con mayor nivel de inteligencia se educarán más y poseerán un mayor número de ciudadanos que puedan contribuir al progreso económico de su país. El quinto capítulo revisa relaciones entre inteligencia y desarrollo económico dentro de una serie de países. Los ejemplos corresponden a Estados Unidos, Gran Bretaña y España. La s regiones de estos países con mayor nivel de inteligencia, presentan también mayor desarrollo económico. Lynn y Vanhanen consideran que las regiones están compuesta s por agregados de individuos . Las naciones también.

En el capítulo seis comienza el análisis propio de los autores. Sostienen que su teoría es contrastable. Basta con conocer el CI medio de las naciones a estudiar y su éxito económico. Existen medidas directas del CI en 81 países. El CI de los británicos se usa como referencia (CI = 100) calculando el CI de los restantes países a partir de ese valor. La medida de inteligencia usada es el test de Raven en la mayor parte de los casos. El CI de los 104 países restantes que completan el globo terráqueo se estima usando el CI de los países colindantes. En este capítulo se intenta demostrar que el cálculo del nivel nacional de inteligencia resulta fiable y válido. Por ejemplo, la correlación entre el nivel de CI de 38 países y el rendimiento en las pruebas internacionales sobre nivel de conocimientos en ciencia y matemáticas que comparan a esos países anualmente, está por encima de +.86. Por otro lado, los datos sobre desarrollo económico se extraen de varias fuentes (p.e. los informes del banco mundial) aunque los diferentes indicadores usados presentan correlaciones superiores a +.94. En los análisis que están por venir se correlacionan las diferencias económicas con las medidas de inteligencia. Además, se calculan varios análisis de regresión para poder ubicar a los distintos países y estudiar a los que más se desvían de la línea de regresión. Este segundo análisis permite detectar otras causas sistemáticas de las diferencias económicas que separan a los países.

Los capítulos siete y ocho presentan los resultados de los análisis para el grupo de 81 países en los que existen medidas directas del CI y para el grupo general de 185 países. Las correlaciones entre inteligencia y riqueza se calculan desde que existen datos, es decir, desde 1820 hasta 1998. Un resultado llamativo es que las diferencias nacionales de inteligencia predicen la persistente diferencia en riqueza que ha separado a las naciones desde hace casi dos siglos. Además, la capacidad predictiva del CI ha aumentado: 29% de la varianza en 1820 y 52% de la varianza en 1998. Cuando se analiza individualmente a los países, se observa que la frecuencia de países ricos se corresponde estrechamente con aquellos que poseen un CI por encima de 90. A partir de aquí se preguntan los autores: ¿es necesario un CI de 90 o superior para adoptar efectivamente las nuevas tecnologías que estimulan el desarrollo económico?.

Los valores señalados para los 81 países, se replican fielmente para los 185 países. Las diferencias de CI explican un 50% de las diferencias nacionales de riqueza. Ningún otro factor considerado hasta ahora ha logrado explicar tanta varianza. Sin embargo, ese 50% deja margen para la intervención de otros factores. El análisis de regresión permite explorar esta cuestión. Analizan una serie de países en 1900, 1930, 1960 y 1998. En 1900, los casos de Chi - na, Italia, Japón, Corea del Sur, Rusia, Taiwán y Tailandia constituyen ejemplos que contradicen su teoría. El CI medio en estos países está por encima de 100, pero en 1900 eran países relativamente pobres. Sin embargo, explican la inconsistencia a través del hecho de que la industrialización no pudo asumirse por la presencia de sistemas políticos autoritarios. El análisis de 1960 también es interesante, ya que los autores se preguntan si las secuelas de la Segunda Guerra Mundial distorsionan la relación entre CI y riqueza. La respuesta es negativa. De hecho, usan el caso de Alemania para apoyar su teoría: «independientemente de la devastación causada por la guerra, Alemania fue capaz de recuperarse en 15 años e ingresar en el grupo de los países más ricos. Esto indica la significación de la inteligencia general de las poblaciones» (p. 132). También discuten el caso de España. En 1960 presentaba un desarrollo económico menor del esperado según el CI medio nacional, y, en opinión de los autores, la causa reside en el sistema autoritario establecido tras nuestra guerra civil. Los análisis de 1998 demuestran que en los 100 años previos, únicamente algunos países han logrado cambiar su posición relativa. El capítulo ocho termina con un análisis de países con mayor desarrollo económico que el esperado por su CI, con menor desarrollo y con el desarrollo predecible a partir del nivel nacional de inteligencia (en 1998, España presenta un desarrollo ligeramente superior al esperable según su CI nacional de 97). Los que pr esentan un alto desarrollo se caracterizan por poseer un CI medio de 93 o superior, una economía de mercado y un sistema democrático. En cualquier caso, en 1998 la correlación entre CI y riqueza es +.71, mientras que la correlación múltiple del CI, la libertad económica y el índice de democratización con la riqueza es +.79. Por tanto, la libertad económica y la democracia contribuyen con 10 puntos porcentuales a la predicción de las diferencias nacionales de riqueza (frente a los 50 puntos porcentuales con los que contribuye el CI).

El capítulo nueve revisa las teorías enumeradas en el primer capítulo teniendo en cuenta la capacidad explicativa de las diferencias nacionales de inteligencia. Hay seis modos de sacar partido a un nivel nacional de inteligencia situado alrededor de la media de 100:

  1. Ya que la inteligencia predice los logros educativos, los niños de las naciones de alta inteligencia presentan un buen rendimiento escolar y adquieren una alta educación, lo que propicia el capital humano necesario para el desarrollo económico.
  2. Las naciones de alto CI poseen una elite científica con capacidad suficiente para producir nuevos productos económicamente valiosos.
  3. Las naciones de alto CI producen servicios y bienes valorados en el mercado internacional.
  4. Las naciones de alto CI tienen un gran número de personas de moderada y alta inteligencia capaces de realizar las funciones de gestión y el tipo de trabajo de alta calidad de los que depende una economía saludable.
  5. Las naciones de alto CI no tienen un gran número de personas de baja cualificación incapaces de realizar los trabajos necesarios dentro de una economía saludable.
  6. Las naciones de bajo CI poseen industrias vinculadas a la agricultura y la minería, poco demandadas en los mercados internacionales.

Según Lynn y Vanhanen, las teorías geográficas y climáticas encajan de modo razonable con las diferencias de riqueza nacional porque la geografía y el clima influyeron durante la evolución de la humanidad sobre las capacidades intelectuales. Las condiciones climáticas se relacionan con el CI medio de las regiones del planeta y afectan al desarrollo económico a través de las diferencias de inteligencia que han surgido durante la evolución. Por otro lado, países asiáticos como Taiwán o Corea del Sur se han comportado en la última parte del Siglo XX como predicen las teorías de la modernización y la convergencia, porque presentan un CI por encima de la media. Sin embargo, los países sub-saharianos o sudamericanos no lo han hecho, debido, en parte, a su bajo CI.

El último capítulo (El Futuro de la Riqueza de las Naciones) extrae consecuencias de la teoría de los autores respecto a cómo mejorar el desarrollo económico de las naciones pobres. Primero de todo, debería incrementarse el nivel medio de inteligencia de esas naciones. El método más efectivo que proponen pasa por mejorar la calidad nutricional de las mujeres embarazadas y de los niños. Además, deberían mejorarse sustancialmente los servicios sanitarios. Mejorar la educación no servirá para incrementar la inteligencia de las naciones, pero ayudará a que sus ciudadanos adquieran ciertas habilidades que son económicamente relevantes. También se debería intentar ayudar a las naciones pobres a que mejoren el uso de anticonceptivos. Con todo, sostienen los autores que sería relativamente más fácil que mejorar la inteligencia, cambiar a un sistema político de libre mercado y a sistemas democráticos, factores que también contribuyen claramente al desarrollo económico.

Las implicaciones más importantes del estudio de Lynn y Vanhanen son:

  1. El mundo necesita un nuevo código moral internacional basado en el reconocimiento de las diferencias nacionales de inteligencia y las consiguientes desigualdades económicas. Las poblaciones de los países ricos deben aceptar que tienen una obligación ética de ayudar financieramente, de un modo indefinido, a la gente de los países pobres.
  2. Hay que continuar con los programas de ayudas a los países pobres, aunque deberían incorporarse programas de mejora de la inteligencia basados en, por ejemplo, las mejoras nutricionales. El reconocimiento de que las diferencias de inteligencia son una causa básica de las diferencias económicas que separan a las naciones hará posible reducir las diferencias de riqueza.

Estamos, en suma, ante una obra novedosa y valiente. Novedosa porque propone una explicación alternativa sobre un fenómeno socialmente tan importante como las diferencias de riqueza nacional. Valiente porque es probable que los «sacerdotes» de la economía y la sociología descarten el planteamiento por psicologicista (caso cerrado). En promedio, los sociólogos y economistas no suelen aceptar los planteamientos que dan más importancia al individuo que a los sistemas sociales. Sin embargo, a mi entender, la comunidad psicológica podría sentirse satisfecha por la publicación de un libro como este, en el que se intenta ofrecer una explicación psicológica a un fenómeno que nos estaba injustificadamente vedado. Además, debería aplaudirse el esfuerzo de los autores por ofrecer las evidencias necesarias para poder contrastar por cuenta propia el ajuste de su teoría a los datos (hay en el texto principal 41 tablas de datos, así como dos apéndices sobre el cálculo de los CI nacionales y las evidencias sobre desarrollo económico que ocupan más de 70 páginas). La prueba de que algo está cambiando es la creación de un movimiento en la sociología que comienza a mirar con respeto hacia conceptos tan sólidos en psicología como el de inteligencia. La denominada «Sociología de la Inteligencia» explora la capacidad explicativa de las diferencias de inteligencia que separan a los ciudadanos para comprender fenómenos tan relevantes como las diferencias educativas, ocupacionales, económicas o de salud que también separan a los ciudadanos. Lynn & Vanhanen aplican esta lógica al comparar naciones por primera vez en la historia de la ciencia. Está por ver cuál será la reacción a este atractivo, aunque discutible, planteamiento.


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