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 Nada de lo psicológico nos es ajeno
III Congreso Nacional de Psicología - Oviedo 2017
Universidad de Oviedo

 

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ARTÍCULO SELECCIONADO

Psicothema

ISSN EDICIÓN EN PAPEL: 0214-9915

1993. Vol. 5, Suplem.1, pp. 103-122
Copyright © 2014


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MARCOS SOCIALES DE LA MEMORIA UN ENFOQUE ECOLÓGICO

 

Adela GARZON

Universidad de Valencia

Las aproximaciones tradicionales al estudio de la memoria se centraron en buscar las leyes universales de su funcionamiento. Recientemente ha aumentado el interés por investigar los procesos de memoria en sus contextos naturales -la memoria ecológica. Se realiza una valoración del enfoque ecológico en la investigación de la memoria resaltando la orientación histórica y colectiva (Halbwachs, Blondel, Bartlett, etc.). El autor sugiere dos dimensiones para valorar el estado actual y las perspectivas futuras de dicho enfoque. La dimensión del actor del recuerdo (sujeto individual o sujeto colectivo) y la dimensión ecológica (contexto natural vs. artificial).

Palabras clave: Memoria ecológica; Memorias autobiográficas; Conocimiento autobiográfico; Memoria colectiva; Memoria de grupos.

Social frames of memory. An ecological perspective. The traditional approaches to the study of memory were focused to find the general principles on how memory operates. In recent years has been increasing interest in the research of memory in its natural contexts -the ecological memory. A statement of the ecological directions for memory research is presented here, emphasizing the orientations historical and collective (Halbwachs, Blondel, Bartlett). Two dimensions are direction of ecological orientation. One dimension is that the actor of remembering (individual vs. collective) and other that the ecological (natural context vs artificial context).

Key words: Ecological memory; Autobiographical memories; Autobiographical knowledge; Collective remembering; Social memory.

 
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Correspondencia: Adela Garzón
Universidad de Valencia

 

Recuerdo mis comienzos académicos en los que me enfrentaba a entender la forma un tanto extraña, según me parecía entonces, con la que los psicólogos intentaban explicar la memoria humana. Su desarraigo temporal y espacial junto a mis propias circunstancias profesionales me acercaron a la psicología social. No deja de ser sorprendente que con el paso del tiempo sea ahora la psicología social la que me obligue a retomar la psicología de la memoria.

Claro que es una psicología de la memoria distinta; en ella ahora se mezcla lo individual y lo social, el conocimiento y la experiencia, el contexto natural y el contexto experimental, el recuerdo colectivo como individuos sociales que somos y los recuerdos autobiográficos, que no por ello son menos sociales.

Con el paso del tiempo, la memoria ha dejado de ser "propiedad del individuo" y también "propiedad de la psicología experimental". Asistimos no sólo a la proliferación de memorias reales (autobiográficas, cotidianas, de personas) sino también a la consolidación de las memorias colectivas, las que son propiedad de grupos sociales, de instituciones, de etnias y de pueblos. Es lógico, generalmente a las sociedades les preocupa y hablan de lo que están faltas: nuestras sociedades democráticas han garantizado la individualidad y diversificación (no es casual que se hable de memorias personales, ecológicas, con contenidos autoreferenciales y muy diversos), pero precisamente por eso, su pensamiento y preocupación intelectual se centra ahora en la colectividad.

Es una época idónea para la psicología social, para que surjan en ella intentos de recuperar el carácter colectivo y cultural del individuo. Una forma de hacerlo es hablar de un proceso básico como es la memoria. No es de extrañar, entonces, la recuperación de autores como Bartlett, Blondel, Halbwachs y la aparición de memorias históricas y culturales.

Pero falta por ver si en una sociedad postmoderna, centrada en la personalización de obligaciones, orientada a la estimulación de necesidades y metas personales, donde las relaciones están orientadas por la "autoexpresión", donde prima la concepción histórica de la sociedad y su cultura, puede consolidarse una visión colectiva y cultural de las personas sin que se requiera la superación de esta época postmoderna. Que duda cabe que parte del éxito de esta recuperación histórica y cultural del hombre está en manos de los propios científicos e intelectuales. A través de estas páginas mi objetivo central será describir ese proceso progresivo de recuperación de lo cultural y de la identidad colectiva por medio de una nueva interpretación de la memoria del hombre, donde la Psicología Social, si sabe hacerlo, puede jugar un papel central.

EL CONTEXTO NO SOCIAL DE LA MEMORIA

Desarrollar las aportaciones que la Psicología Social ha realizado al estudio de la memoria es una tarea difícil; no sólo porque la memoria es una de las actividades psicológicas a la que menos atención han prestado los psicólogos sociales experimentales, sino porque cuando lo hicieron fue para analizar la influencia de las actitudes en los procesos de memoria, ejemplo de ello son las investigaciones sobre actitudes raciales, ideológicas y sociales en el recuerdo que ponían de manifiesto la influencia de factores psico-sociales en los procesos cognitivos, o sobre el papel que las actitudes jugaban en la percepción de personas, en la distorsión del tamaño de las monedas en función de la posición socio-económica, en el sesgo en los recuerdos de las características de hombres y mujeres, etc. Sin embargo, no puede decirse que tal despreocupación se deba exclusivamente a los psicólogos sociales; es evidente que a su vez han sido los psicólogos de la memoria, al menos los procedentes de la psicología experimental, los más preocupados por eliminar de sus teorías e investigaciones cualquier contenido y mecanismo social en la elaboración de la información. Baste recordar los intentos de Ebbinghaus de construir técnicas de investigación que evitaran en el recuerdo del sujeto experimental el impacto de su «historia personal». Claro que es sabido que fue una exigencia más metodológica que teórica, pues no hay que olvidar que su objetivo era demostrar que los procesos mentales superiores (y la memoria lo es) podía estudiarse con métodos científicos, oponiéndose así a las enseñanzas recibidas de Wundt. Otra cuestión diferente es la utilización teórica posterior de su trabajo "metodológico" por la psicología del aprendizaje verbal (Garzón, 1980; Garzón-Seoane, 1982). De cualquier forma, inicialmente los factores sociales fueron considerados como elementos que contaminan una actividad genuinamente individual y mental (Seoane, 1980).

Olvido institucional de la Psicología Social

Esta desnaturalización de la memoria humana por parte de psicólogos sociales y experimentales viene además apoyada por el hecho de que la Psicología Social ha sido también víctima de lo que hoy, denominamos, como campo y fenómeno de investigación, Recuerdo y Olvido Institucional, es decir, la incorporación de esquemas profesionales que permiten seleccionar una información, distorsionar alguna y olvidar otra para construir una "historia de la disciplina". Las instituciones, al igual que las memorias personales, reconstruyen su propia historia en coherencia con su identidad, transformando, reconstruyendo y olvidando aspectos de su vida; la psicología tuvo que hacer eso cuando se convirtió en "disciplina científica". Recordemos, por citar algún ejemplo, que el trabajo de Bartlett, en oposición a los intentos de Ebbinghaus, fue un estudio experimental y social del recuerdo, a pesar de que nuestros propios historiadores olvidaran continuamente el subtítulo de su libro (Bartlett, 1932); que Halbwachs (1925; 1950) hablaba de la memoria colectiva y de los marcos sociales de la memoria; o de que la obra de Blondel (1928) planteaba las bases colectivas de la memoria, por no recurrir a la amplia literatura existente dentro de lo que hoy denominamos psicohistoria en la que científicos sociales intentaban plantear las visiones y reconstrucciones que personas y grupos hacían de su propia historia (Garzón, 1988), o las investigaciones de historia oral en las memorias populares, o de la antropología cultural sobre el papel de las conmemoraciones como "actividad colectiva de recuerdo" y sus funciones sociales.

Se puede decir, aunque siempre con excepciones como las mencionadas, que los psicólogos sociales fueron fieles a los dictámenes institucionales sobre lo que debían recordar y recoger de su experiencia como campo de investigación, fundamentalmente a partir del triunfo de las orientaciones en psicología social más cercanas a la psicología experimental; así, la negación inicial de Floyd Allport (1923) del «grupo» como realidad psicológica obligó al olvido institucional de los fenómenos de recuerdo y memoria colectiva.

Memoria y Contextos sociales

Es irónico que fuesen precisamente los estudiosos de la memoria -y no los psicólogos sociales- los que se introdujeran más tarde en el contexto social para validar en situaciones reales sus teorías y modelos de memoria, iniciando así un cambio en la concepción de la memoria humana que acabará concretándose en la década de los 80 en la formulación de "memoria ecológica o real".

Este contexto social del estudio de la memoria tiene su origen, al menos en parte, en dos factores básicos: por un lado se persigue estudiar la memoria en el contexto real en que el hombre desarrolla dicha actividad (una forma de acallar las críticas de falta de relevancia social que empezaba a recibir por los setenta la Psicología Cognitiva) y, por otro, los contextos sociales podían proporcionar no sólo nuevos fenómenos de análisis sino también la confirmación de los modelos y principios establecidos en el laboratorio. De otro modo, el acercamiento de la Psicología Cognitiva a las realidades sociales nacía ya con un mal hereditario: verificar sus modelos teóricos y descubrir nuevos fenómenos de investigación. Los modelos de memoria se aplicaron a contextos sociales muy diferentes (judiciales, sanitarios, educativos, comunicación de masas): la psicología de la testificación como reconstrucción de hechos reales, los modelos de decisión de jurados como formación de juicio a partir de la selección, elaboración e integración de información obtenida en la Sala de Justicia, la elaboración de información médica por parte de los enfermos tanto sobre su diagnóstico como en su decisión de seguir el tratamiento médico, la implantación de sistemas educativos que rompen con el aprendizaje mecánico, etc., son algunos ejemplos si de dichas aplicaciones sociales de la memoria (Gruneberg, 1978). Junto a esto, uno de los sistemas más eficaces para verificar un modelo teórico consiste en analizar fenómenos donde dicha actividad mental esté alterada y deteriorada, de ahí que proliferen también las aplicaciones en fenómenos patológicos: los estudios de amnesia (Ibáñez-Garzón, 1981), memoria y drogas, las deficiencias orgánicas, o incluso la alteración social de la delincuencia se convirtieron en los laboratorios ideales de los psicólogos cognitivos.

Esta incursión de los psicólogos de la memoria provoca al mismo tiempo la incursión de los psicólogos sociales en el campo de la memoria y la psicología cognitiva: ejemplo de ello es la aparición en la década de los 80 de la llamada Psicología Social Cognitiva -un intento de superar las limitaciones de la Psicología Cognitiva clásica. Los investigadores sociales ponen de manifiesto que las categorías que las personas utilizan en la organización de la información son, ante todo, categorías sociales. Por esta época se empieza hablar, tal como señaló Seoane (1982), del procesamiento de información social (para superar la reducción del conocimiento a una estructura vacía de contenido (información), y aparecen textos que utilizan términos como procesamiento de la información social, cognición social, categorización social, psicología social cognitiva (Eiser, 1980; Forgas, 1981; Garzón, 1984a; Wyer 1984). Términos que ponen de manifiesto los intentos de superar por un lado, la excesiva preocupación por la representación simbólica de los contenidos de memoria, reduciendo su estudio a los procesos de control y gestión de los mismos y, por otro, la necesidad de abandonar el contexto de laboratorio en los estudios de la memoria y acercarse a los contextos más naturales y por tanto más reales, esto es, más sociales (Garzón, 1984b): se sustituye el término de chunk por el de categorías, luego por categorización social, y más tarde categorización grupal y el de nódulo conceptual por script y este por episodio social.

En un trabajo empírico realizado por Garzón, Diges, Seoane (1982) en el que se analizaba el desarrollo de la Psicología de la Memoria desde prácticamente sus comienzos hasta la década de los ochenta, se perfilan algunos de los elementos que definen la nueva orientación: una mayor preocupación por la organización de los contenidos y mecanismos de elaboración frente a los modelos estructurales de almacenes de memoria, así como una mayor sensibilidad a la memoria cotidiana, la memoria real: en 1978 Hermann y Neisser publicaban un cuestionario sobre experiencias de la vida cotidiana (cuestionario adaptado [IEM] por Diges, Garzón y Seoane, 1982).

LA ORIENTACION ECOLOGICA DE LOS ESTUDIOS DE MEMORIA

De los modelos representacionales a los modelos sociales

En los años 80 no sólo comenzaron a proliferar aplicaciones a distintos contextos sociales (educativos, sanitarios, clínicos, sociales) el libro de Gruneberg de 1978 es un buen ejemplo de ello sino que además aparecen nuevos fenómenos de investigación aparentemente muy cercanos a la realidad social. Así se habla de memoria de hechos autobiográficos, de memoria personal, de memoria autobiográfica (en clara referencia al estudio del recuerdo no sólo de información general, sino también de sucesos), de la memoria de personas (para referirse a que lo que olvidamos y recordamos en el contexto de interacciones sociales), o va directamente la memoria de sucesos históricos o memoria social (aludiendo a una memoria que no es de un sujeto sino que son los recuerdos compartidos que configuran la memoria de grupo). Tales términos tienen en común dos características: a) su intento de hablar de contenidos reales de la memoria -de hecho, si comparamos el texto de Gruneberg de 1978 y la versión modificada de 1987 puede verse como los elementos que han variado son los referentes a la memoria real; y b) una aproximación funcionalista (el cómo y para qué de la memoria) en contraposición al enfoque estructuralista de los inicios de la investigación en memoria (Bruce, 1985; Jacoby, 1988; Winoorad, 1988). Esos dos aspectos constituyen la base de lo que se podría plantear como una nueva etapa en la investigación de la memoria. Responden, además, al intento de superar tres puntos críticos de la aproximación de la Psicología Cognitiva.

En primer lugar, la importancia que dieron al conocimiento como la base fundamental del comportamiento humano. Se ha dicho desde su nacimiento que la Psicología Cognitiva como modelo alternativo a la Psicología Conductista supuso la recuperación de lo mental; claro que con un significado diferente al que tuvo en la clásica Psicología de las Facultades. De hecho, autores como Seoane (1982) plantearon abiertamente que la Psicología Cognitiva debería ser una Psicología del Conocimiento. La Psicología Cognitiva resaltaba la dimensión racional en la concepción clásica de la naturaleza humana (razón, afecto y acción). Primacía de la razón que le supuso duras críticas desde el mismo momento en que se desarrollaba; así los psicólogos sociales que tenían una amplia tradición en la Psicología de lo irracional criticaron el que la psicología cognitiva dejara de lado la influencia de lo emocional en sus modelos. Naturalmente la Psicología Cognitiva en sus investigaciones de memoria reprodujo esta primacía del conocimiento sobre la actividad y el sentimiento; sus modelos de memoria se centraron básicamente en el recuerdo de unidades aisladas de información y su representación mental configuraba el conocimiento del mundo (sus materiales no fueron las sílabas sin sentido de Ebbinghaus, ni la lista de pares asociados del aprendizaje verbal, pero su técnica del recuerdo libre continuó siendo tan irreal como los primeros (ver Garzón y Seoane, 1981). En definitiva, sus modelos de memoria apoyaban el supuesto de que las personas actúan en función del conocimiento que tienen. Conocimiento que está constituido por entidades abstractas (extraídas de la experiencia) o representaciones mentales: lo que es conocido se representa específicamente de forma estable fija -la memoria es la estructura representacional permanente de lo vivido.

En segundo lugar, resaltaron la importancia de la elaboración y transformación de dicho conocimiento: esto es, dieron más importancia a los procesos internos del sujeto, planteando así un cierto determinismo psicológico según el cual lo que cuenta es el modo en que las personas interpretan la realidad y no las características objetivas de la misma (el determinismo ambiental de la Psicología del Conductismo): convirtieron la realidad social en un fenómeno espectral de lo mental. Lógicamente la importancia de la elaboración y transformación de los elementos del conocimiento hizo que la memoria se convirtiera en la pieza clave de la Psicología Cognitiva (Seoane, 1982; Garzón-Seoane, 1982).

La combinación de estas dos características impulsó las críticas a la psicología cognitiva de la falta de validez ecológica y de relevancia social de sus modelos e investigaciones. La Psicología Cognitiva empieza muy pronto a ser criticada por la falta de ecologismo (relevancia social), por su exagerado individualismo (el lugar de la actividad del recuerdo es la mente individual), y por su excesiva preocupación por los mecanismos de elaboración y transformación del conocimiento, que como señaló Seoane (1980) se convirtió rápidamente en información (almacenes de memoria y manipulación de las representaciones). Así, autores críticos con la psicología cognitiva, como Shanon (1988, 1990) y Bruce (1985), hablan de modelos alternativos (tales como los modelos sociales y de acción) a los modelos representacionales-computacionales de la Psicología Cognitiva.

Por último, al plantear la memoria en términos de estructura representacional estable y fija (de ahí las investigaciones iniciales sobre los tipos de almacenes de memoria: esto es, los lugares de tales representaciones) y al formular que la elaboración del conocimiento se produce en el «interior» del sujeto, inevitablemente la Psicología Cognitiva adoptó una perspectiva estructuralista y dejó de lado una visión funcionalista: se centró en el cómo y no en la finalidad. La Psicología Cognitiva dejó de lado los marcos sociales de la actividad mental de las personas y la influencia de sus acciones conjuntas tanto en la construcción del conocimiento como en su transformación. De otro modo, adoptó una posición filosófica cercana a la ideología del individualismo.

Resumiendo estas tres características de la psicología cognitiva y partiendo de los nuevos fenómenos de memoria que se están investigando, se podría decir que las aportaciones a la psicología de la memoria son fundamentalmente sociales en el sentido de que básicamente intentan superar las limitaciones iniciales de la Psicología Cognitiva: la primacía del conocimiento frente a la acción, del individualismo y la ausencia de contenido real. Así, el estudio de la memoria autobiográfica no es sólo, como muchos autores señalan, el estudio de recuerdos sobre uno mismo, sino que supone la ruptura con la primacía del conocimiento para la comprensión de la acción humana (lo autobiográfico es una perfecta combinación de recuerdo (lo vivido) y saber (lo contado que incorporamos), entre lo episódico y lo semántico, entre lo personal y lo social, entre acciones (sucesos biográficos) y los conocimientos generales.

Nuevas dimensiones de la memoria: el contexto, actores y función

Existe una cierta dificultad para integrar la pluralidad de fenómenos de memoria real que actualmente se están investigando. Se habla de memorias autobiográficas, memoria personal, memoria de personas, de conversaciones, de hechos cotidianos, e incluso de memoria episódica autobiográfica y memoria semántica autobiográfica, hasta de memoria social y memoria de grupo e institucional. Naturalmente todas ellas están aludiendo a contextos reales en donde se produce la memoria y, en este sentido, todas ellas son representativas de los intentos de superar las tres limitaciones que hemos planteado de las investigaciones anteriores. Sin embargo, aunque tienen matices diferenciales comparten un conjunto de supuestos básicos que permite hablar de una aproximación alternativa a los modelos clásicos.

Un modo de plantear tales supuestos compartidos es analizar la proliferación de fenómenos de memoria en base a dos dimensiones que denominaré la dimensión del actor del recuerdo y la dimensión de ecologismo. Esto nos permitirá al tiempo analizar el grado de ruptura que presentan con respecto a las investigaciones de la psicología cognitiva experimental. Existe además un aspecto académico que clarifica las semejanzas y diferencias de esta pluralidad de fenómenos: la sensibilidad diferente hacia unos u otros fenómenos según las distintas disciplinas psicológicas. Por ejemplo, mientras que los psicólogos cognitivos se han centrado en la memoria autobiográfica y los psicólogos sociales en la memoria de personas y de conversaciones, la psicología colectiva, la antropología y la sociología se han interesado por la memoria social, de grupos, las memorias populares. Presentamos a continuación una representación gráfica de los distintos fenómenos de memoria y su localización en dos ejes bipolares: el vertical que representa la dimensión del actor (en un extremo se sitúa el actor individual y en el otro el actor colectivo) y el eje horizontal que representa la dimensión ecológica que va de lo ecológico a lo experimental, así como las principales disciplinas implicadas (ver Figura 1).

La dimensión del actor, representada en el eje vertical, hace referencia a dos versiones de la memoria: en un extremo podemos situar la concepción tradicional de que la memoria es producto de la elaboración cognitiva interna de un sujeto individual, incluso aunque se origine en lo social. En el otro extremo se situarían aquellas concepciones que plantean la memoria como producto de la acción social (realidad externa), ya sea porque entienden que la mayoría de los recuerdos personales son recuerdos compartidos o reconstrucciones sociales de las propias historias personales o, en la versión más dura, porque se formula la existencia de una memoria que es colectiva; no perteneciente a un individuo sino a un grupo, a una institución, a un pueblo o una nación. La dimensión del actor es uno de los aspectos de la orientación ecológica de las investigaciones de memoria en el sentido de que un enfoque más real de la memoria lleva inevitablemente a plantear la presencia y actuación de otras personas en los recuerdos personales, bien porque éstos están repletos de acciones y situaciones sociales (existen pocos recuerdos personales en los que otras personas no cuenten Blondel, 1928), bien porque se hable de una memoria compartida (recuerdos personales que no pertenecen a uno mismo, sino a un grupo).

Esta dimensión del actor guarda relación con el supuesto del conocimiento como estructura semántica estable. Cuanto más se adopta una posición individual más relevancia adquieren los problemas de representación de los contenidos de la memoria. Por otro lado, en un enfoque más individual las fuentes para la investigación están en el interior de los individuosyv los investigadores construyen técnicas de investigación que se ajustan a ello (desde el análisis de capacidad de memoria a corto plazo las técnicas de recuerdo libre). En contraposición, cuanto más nos acercamos al enfoque social las fuentes de investigación son producciones sociales, no realidades interiores individuales (por ejemplo, las producciones literarias, psicobiografias de grupos, las tradiciones culturales de un pueblo, o las fiestas conmemorativas de grupos). Dicho de otro modo, en las primeras cuenta más la representación de los contenidos y en las segundas la funcionalidad.

Dicha dimensión puede interpretarse como un continuo que va de lo individual a lo social, de lo interno a lo externo, de lo estructural a lo funcional. Es decir, de entender que la memoria es un proceso de elaboración individual de la información (interno) o, en el extremo opuesto, la memoria como la elaboración social del conocimiento (externo). En el medio de dicho continuo pueden situarse algunas investigaciones sobre el «contexto social de la memoria» que parten de algunas formulaciones de Bartlett (1932) y de Halbwachs (1925) y plantean que los recuerdos personales están orientados por categorías socioculturales que determinan no sólo la organización del conocimiento personal sino también sus contenidos; algunas orientaciones de la memoria de personas o memoria de conversaciones siguen este supuesto.

El eje horizontal representa la dimensión o enfoque ecológico de la memoria. Un continuo que iría desde los estudios "naturales y ecológicos" de la memoria a los estudios "experimentales". El acercamiento ecológico a la memoria inicialmente se entendió como el rechazo a la investigación experimental, sin embargo siguiendo las formulaciones de Neisser (1982) y los posteriores desarrollos de este enfoque, la perspectiva ecológica se define básicamente por no alterar tales condiciones y contenidos reales de los recuerdos del hombre y, en ese sentido, no se caracteriza tanto por su oposición a la experimentación, como por su oposición a no estudiar los contenidos y contextos reales de los recuerdos de las personas. Es decir, la fidelidad al recuerdo de situaciones, sucesos y experiencias personales y sociales frente a recuerdos experimentales como sílabas sin sentido, lista de palabras, pares asociados, e incluso párrafos y breves historias "inventadas" y ajenas al sujeto que recuerda. Otra cuestión muy distinta es si el estudio experimental de tales memorias reales no supondrá, con el tiempo, una vuelta a viejos planteamientos. De hecho, ya han aparecido formulaciones críticas que plantean una continuidad entre el nuevo enfoque y los viejos planteamientos. Así Winograd (1988) señala que se está produciendo una equivocación entre los psicólogos al contraponer el enfoque ecológico al tradicional, iniciado con Ebbinghaus; la continuidad la ve tanto en la metodología (problemas de verificación y control) como en fenómenos analizados (olvido, recuerdos con indicios, el efecto de la repetición en recuerdo de acciones y pensamientos, etc.).

En definitiva, esta orientación ecológica se opone a la experimentación sólo cuando ésta última altera las variables y condiciones reales de la memoria humana. Se define fundamentalmente por tres rasgos: un enfoque realista (contextos y materiales reales), la combinación entre lo que se sabe y lo que se recuerda (conocimiento y experiencia o acción), la incorporación de componentes no semánticos en la memoria.

FENOMENOS Y MEMORIAS EN EL ENFOQUE ECOLOGICO

Las distintas etapas en la investigación contemporánea de la memoria (asociacionista, estructural-procesos y ecológica, representadas en Ebbinghaus, Aprendizaje Verbal y Psicología Cognitiva) han supuesto cambios metodológicos, cambios en el tipo de materiales utilizados y en las teorías en coherencia con sus intereses. Sin embargo, lo que caracteriza al nuevo enfoque ecológico, al menos inicialmente, son los cambios metodológicos y de materiales exigidos no por una nueva concepción de la memoria, sino por el interés de estudiar los fenómenos reales de la misma; si en la etapa cognitiva asistimos a la proliferación de almacenes de memoria, ahora estamos presenciando la proliferación de fenómenos o tipos de memorias, y así encontramos en la literatura científica múltiples matizaciones bajo los términos de conocimiento autobiográfico, memoria general o conceptual, memoria episódica autobiográfica, memoria de sucesos cotidianos, memoria autobiográfica, memoria de sucesos históricos, memoria de personas, memoria social, etc.

Se puede establecer diferencias entre estos fenómenos de memoria en función de su posición en los dos ejes antes mencionados y características que de ello se derivan. En el Cuadro 1 se representan las distintas memorias y su diferenciación en base a diferentes aspectos: dimensión o eje en que se sitúan, quién es el actor del recuerdo, el contenido de la memoria, su función o significado, los científicos o disciplinas más interesados en ellas y las pretensiones científicas al estudiarlas. No hay que decir que, como cualquier intento de diferenciación, es discutible; en ningún momento pretendo insinuar que sea la única manera de categorizar los fenómenos de memoria que hoy son objeto de análisis científico. Sin embargo creo que tal categorización nos puede ayudar a sistematizar y clarificar el análisis de dichos fenómenos.

Partiendo del eje vertical o dimensión del actor que describimos en el apartado anterior (representado por la doble raya en el cuadro 1) podemos hablar de dos grandes grupos de memoria: un primer grupo lo forman las llamadas memorias personales que agruparía distintos fenómenos relacionados con el recuerdo que una persona tiene de su historia y, un segundo, las memorias sociales, formadas por recuerdos que se definen por ser compartidos, son las memorias de un grupo de personas. Son memorias colectivas.

MEMORIAS PERSONALES

Bajo este término recogemos una pluralidad de memorias observadas que se definen por su contenido auto-referencial; aluden al recuerdo de hechos e información sobre sí mismo (Linton, 1978; Rubin, 1986). Ahora bien, cuando se centran en acontecimientos o sucesos se denominan memoria de hechos autobiográficos o también memoria episódica autobiográfica, mientras que cuando se refiere al conocimiento que la persona tiene de sí misma (alude a información biográfica sobre uno mismo) se denomina conocimiento autobiográfico. La memoria autobiográfica sería una integración del conocimiento general de uno mismo, de hechos biográficos y de sucesos específicos (ver Robinson (1990)).

Todas ellas comparten, en mayor o menor grado, los supuestos del enfoque ecológico; la pluralidad terminológica hace referencia más a una diferenciación de contenidos de memoria y al método utilizado que a diferencias sustanciales teóricas.

La memoria cotidiana fue uno de los primeros fenómenos de memoria que se empezaron a estudiar por parte de los psicólogos cognitivos en su intento de acercarse más al contexto real en que las personas recuerdan. Memoria cotidiana hace referencia a los recuerdos de la vida diaria (personas, localización de objetos, recuerdo de citas médicas, conversaciones y películas, viejos amigos o conocidos, sucesos y experiencias infantiles, etc.). Hermann y Neisser fueron pioneros en adoptarlo en su Cuestionario de Experiencias de Memoria Cotidiana (ver para más detalles la adaptación de Diges, Seoane y Garzón, 1982). En este sentido memoria cotidiana es un término genérico que engloba las distintas memorias: memoria conceptual, autobiográfica y biográfica, de personas, así como de sucesos pasados y de sucesos recientes. Otra característica que explica la aparición de este término es la utilización de cuestionarios más que la investigación de laboratorio, y su interés está en identificar fenómenos de memoria más que la representación de los mismos. Todos estos fenómenos han sido foco de atención de los psicólogos cognitivos.

La memoria de personas es un campo de interés de la psicología cognitiva social y ha estado marcada por su enfoque más experimental. El término de memoria de personas recoge un campo de amplia tradición dentro de la psicología social (la percepción social y la formación de impresiones); ello hace difícil su caracterización puesto que es un intento de conjugar la vieja tradición de la psicología social bajo una terminología y enfoques teóricos más actuales (proveniente de la psicología cognitiva, pero también de la psicología de la personalidad y de la psicología de la atribución). Así, el libro de Hastie y otros (1980) Memoria de personas es una reinterpretación de la percepción social desde el Procesamiento de la Información. Hastie define la memoria de personas como "un almacén de memoria conceptual para información social" y la formula en términos similares a la memoria conceptual utilizada en la producción y comprensión del lenguaje. En su preocupación por la estructura representativa de la memoria semántica social recogen los modelos espaciales entre los que destacan los modelos de teorías implícitas de personalidad (Rosenberg, 1976), los modelos categoriales (Rosch y Lloyd, 1978) y los modelos de script (Schank y Abelson, 1977) y, dentro de los procesos de elaboración de información, los procesos de atribución, como modelos clásicos de inferencia (Heider, Kelley, Jones y Davis), de pertenencia categorial, de integración de información.

Memoria autobiográfica

Sin embargo, el término y fenómeno más característico del enfoque ecológico es el de la memoria autobiográfica, dado que este tipo de memoria no sólo recoge el supuesto básico de las condiciones reales de la memoria humana, sino que además incorpora elementos colaterales básicos: la memoria no sólo es semántica (la tradición de viejo esquema cognitivo seguida de su metáfora del computador) sino que también es una memoria de sucesos y de hechos autobiográficos. La memoria autobiográfica en la medida que recoge conocimiento, sucesos y hechos autobiográficos permite investigar la difícil combinación para el pensamiento occidental entre acción y conocimiento y, consecuentemente, crear las bases empíricas de ruptura con el viejo enfoque cognitivo: el hombre no es un sistema de procesar información, sino un actor cuyo comportamiento es la combinación de lo que hace, siente y conoce. Precisamente la memoria autobiográfica por su carácter auto-referente recoge aspectos afectivos y emocionales, otra de las limitaciones del enfoque cognitivo clásico.

Se puede diferenciar dos etapas de investigación (o generaciones según ellos) en el estudio de la memoria autobiográfica: una primera cuyo interés se centra en el análisis de los factores relacionados con el recuerdo (las tasas de olvido, tipos de recuerdos, calidad de los recuerdos y su recuperación: de ahí que algunos autores hablen de la continuidad de este enfoque con la tradición de Ebbinghaus) y una segunda línea donde los intereses se dirigen hacia los contenidos y la organización de la memoria autobiográfica así como sus funciones (Robinson y Swanson, 1990).

Sin embargo una manera de clarificar el sentido de estas líneas de investigación, es atender a las dos grandes tradiciones de la Psicología Cognitiva: por un lado, las formulaciones de la memoria observada de Neisser (1982) y de la memoria autobiográfica como su contrapartida en el contexto real -frente al laboratorio- y, por otro, la de Inteligencia Artificial (Seoane, 1979), en concreto, los modelos computacionales de la comprensión del lenguaje que tendría su nuevo punto de partida en la teoría modificada de Schank (1982). Modificación debida en parte al fracaso de la simulación artificial de la comprensión del lenguaje; estos teóricos observaron que la comprensión y generación del lenguaje no se puede derivar exclusivamente de la manipulación de información semántica, que se requiere la utilización del "conocimiento del mundo" (la experiencia de acciones específicas y contextos específicos de tales realidades semánticas). Naturalmente, la memoria autobiográfica es especialmente útil para analizar como se combina lo conceptual con la acción, de ahí el interés de esta tradición en este tipo de memoria.

Las limitaciones en el concepto clásico de «script» y el fracaso de los modelos computacionales en la simulación de la comprensión y generación del lenguaje hace que Shanck en 1982, en su teoría de la memoria dinámica, introduzca nuevas estructuras de memorias más flexibles en la utilización de secuencias de acciones (script). Shanck introduce las estructuras de escenas (una especie de «chunk» para las interacciones sociales) que contienen muchos script y éstos pueden contener acciones específicas que proporcionan información a las acciones generales contenidas en la escena. La articulación de dichas escenas forma los denominados memory organization paquet (MOP): estructuras superiores de memoria que organizan secuencias de acciones adecuadas para cada situación. La memoria autobiográfica como recuerdo de la vida combina conocimiento genérico (MOP) y también sucesos específicos y agrupaciones de tales sucesos (Kellermann, 1989; Turner, 1989). Estas estructuras cognitivas (script, escenas, historias 5, MOP) van a ser utilizadas por los psicólogos de la memoria para representar la memoria autobiográfica (Barsalou, 1988; Wagenaar, 1986).

Organización y memorias autobiográficas

Los especialistas de la tradición cognitiva se han centrado en estudiar los contenidos de memoria, sus características distintivas y la capacidad de recuerdo de la historia personal, mientras que los de a tradición computacional se han interesado más por la organización de tales contenidos y su elación con el conocimiento general.

Dentro de la primera línea de investigación destacan estudios en los que la propia memoria del nvestigador es el sujeto de análisis, innovación metodológica realizada entre otros por Linton (1978), y seguida por Wagenaar (1986) en el estudio experimental que sobre su propia memoria realizó, o por el estudio de White (1989) para analizar la curva de olvido y características de los sucesos que se asocian a su retención. A partir de estas investigaciones se han establecido algunos fenómenos de la memoria cotidiana que contradicen resultados de la tradición más clásica: por ejemplo el fenómeno de repetición no parece afectar al mejor recuerdo de los hechos sino lo contrario, los sucesos específicos a veces son mejor recordados. Por otro lado, los hechos con mayor carga afectiva positiva, más significativos y de mayor implicación personal son mejor recordados que sucesos insignificantes, de carga afectiva neutral o negativa (los que a corto plazo son difíciles de recordar) y con escasa implicación personal; y todos ellos son mucho más lentos en olvidarse de lo que se podría esperar desde los principios clásicos de las curvas de olvido y retención. En términos generales, los recuerdos autobiográficos suelen recordarse más pobremente, con altos niveles de distorsiones y transformaciones.

En definitiva un aspecto central de los recuerdos son sus cualidades: la carga emocional, su significación personal y la conciencia de pertenencia son aspectos que acompañan a las reconstrucciones autobiográficas. Si algo define a este tipo de memoria es la conciencia de pertenencia, la capacidad de ser repetidos imaginativamente (re-episódicos dicen algunos autores) y la confianza de la persona en la fiabilidad de sus recuerdos; características todas ellas relacionadas más con el propio actor del recuerdo que con los hechos en sí. Cuestión que naturalmente lleva a plantear una diferenciación entre hechos vividos y hechos contados (Larsen, 1978, 1988), entre sucesos autobiográficos y de sucesos históricos (Kemp, 1988) y a establecer nexos entre lo que se recuerda y lo que se reconstruye a partir de lo que se sabe por otros o por uno mismo.

Esta gama de matizaciones fenomenológicas sobre los contenidos y cualidad de la memoria llevan a su vez a analizar el sentido de todo ello el para qué. Al margen de las funciones del ahorro cognitivo y organización de nuestro conocimiento del mundo, establecidas por las investigaciones iniciales, en el enfoque ecológico se presta más atención a las relaciones entre la memoria y el yo: si alguna función cumple la memoria personal es organizar el conocimiento de nosotros mismos y proporcionar una autodefinición (Fivush (1978): también establece un nexo entre el pasado y el presente, dando un sentimiento de continuidad en la historia personal (identidad), entre la persona y los otros, puesto que su memoria le permite proporcionar a los demás información sobre sí misma (Jacoby, 1988). Por último, la memoria tiene una función equilibradora o de consistencia; la memoria como proceso de reconstrucción del pasado permite exagerar o reducir la consistencia de sus actitudes y creencias actuales con las mantenidas en el pasado (Ross, 1989).

Aunque la tradición de la inteligencia artificial se centró en el análisis de la organización de los contenidos de la memoria autobiográfica, ambas tradiciones comparten el supuesto de que la memoria personal está organizada y estructurada jerárquicamente. Así se habla de autoesquemas como la unidad estructural más abstracta, de conocimiento autobiográfico (autodescripciones, actitudes y creencias), de información biográfica (tal como nombre, fecha de nacimiento, ocupación, etc.) y sucesos autobiográficos (sucesos con un componente imaginativo) que a su vez pueden formar la base de esquemas abstractos de sucesos (ver Robinson, 1990; Barclay (1987). Autores, como Linton (1876) y Barsalou (1988) hablan de sucesos prolongados para referirse a la unidad organizativa básica de la memoria autobiográfica. Son unidades abstractas de amplia duración (por ejemplo, trabajo, familia, escuela) que articulan una diversidad de sucesos relacionados temáticamente y cronológicamente. Esta unidad básica de organización puede variar de contenido y tienen un carácter idiosincrático (algunos autores lo identifican con etapas de la vida, otros hablan de aspectos o facetas de la misma): en definitiva, organizan una serie de hechos biográficos que representan diferentes aspectos de un período amplio de tiempo. A su vez estos sucesos contienen otros sucesos también prolongados pero subordinados a los primeros: los sucesos prolongados subordinados que constituyen un segundo nivel o unidad de organización. Muchos de nuestros recuerdos se producen por la utilización de estos sucesos prolongados y prolongados subordinados. Así puede ser relativamente fácil recordar un hecho personal si utilizamos su localización en nuestra etapa de formación escolar (suceso prolongado) y dentro de esta en la etapa universitaria (suceso prolongado subordinado). Por último, los esquemas de sucesos del mismo tipo, que se repiten y que no tienen una duración prolongada, denominados sucesos repetidos y que están integrados por sucesos específicos, formarían otros niveles o unidades de organización.

Otra cuestión distinta es su relación con la información general o conocimiento semántico. La representación de sucesos repetidos y sucesos específicos está asociada a la formación de categorías conceptuales y al conocimiento general. Los sucesos específicos se relacionan con una diversidad de categorías conceptuales y cada uno de ellos varía en función de las categorías que son significativas para su representación. En nuestra cultura tendemos a utilizar al menos seis categorías para recordar y reconstruir hechos personales y sociales. Cuando recordamos lo hacemos en base al tiempo o momento en que se produce el hecho, a las personas que estuvieron implicadas en el hecho recordado, al lugar en que se produjo el acontecimiento, al tipo de acciones y pensamientos que desarrollaron. Así al recordar nuestra etapa universitaria recordamos las tardes (tiempo) en que tomando un café (acción) en el bar de la facultad (lugar) discutíamos con otros estudiantes (personas) algunas de las dificultades de las asignaturas (pensamientos) (Barsalou, 1988).

Cada elemento específico (bar de la facultad, otros estudiantes, tomar café, asignaturas, etc.) se asocian a sus categorías semánticas correspondientes. Tales elementos específicos pueden tener un componente perceptual-imaginativo muy característico de los hechos autobiográficos que luego es abstraído en la organización del conocimiento semántico. Cualquier suceso supone pues la activación del conocimiento semántico en dos sentidos: por un lado se establece la relación entre categorías conceptuales y ejemplos específicos y, por otro, se incorporan los conceptos específicos del suceso al conocimiento semántico.

Este sistema de fragmentación de sucesos autobiográficos, al margen de combinar lo semántico y lo específico (conocimiento y acción), puede explicar algunos de los fracasos más frecuentes en la memoria personal y cotidiana. Uno es el olvido de las personas implicadas en un hecho aún cuando se recuerda perfectamente el suceso; otro es la confusión de sucesos (puesto que los sucesos específicos se codifican en el conocimiento genérico, al recordar uno de ellos se le pueden atribuir las características de otro, por ejemplo recordamos un libro pero lo atribuimos al autor de otro libro que también forma parte de la memoria). En la medida que se utilizan categorías conceptuales en la articulación de la memoria autobiográfica, algunos autores (como Wagenaar en el análisis de su propia memoria, 1986) señalan la aplicación de estos modelos para el análisis de situaciones donde los recuerdos específicos son importantes; por ejemplo, en contextos sociales específicos (historias clínicas, amnesia, recuerdo en testificación judicial o accidentes) donde la información de cuando, cómo, qué acción y con quién es importante, y en los que indicios de recuerdo combinando tales categorías pueden facilitar la recuperación de información.

MEMORIAS SOCIALES

Si la psicología cognitiva con el nuevo enfoque ecológico ha supuesto una ruptura con el postulado clásico de que la base de la conducta es el conocimiento, ha superado el enfoque representacional y estructuralista de la memoria y ha sustituido los almacenes por una pluralidad de tipos y fenómenos de memoria, sin embargo es la psicología social la que se ha centrado en romper el supuesto de que la memoria es un proceso individual y mental (interno). Pocos recuerdos personales son exclusivamente individuales; la mayoría de los contenidos de la memoria individual y, por supuesto, los esquemas de retención y, reconstrucción hacen referencia a situaciones sociales compartidas. Es decir, si los psicólogos de la memoria han realizado innovaciones en el eje ecológico que mencionábamos, los psicólogos sociales donde más han incidido con sus teorizaciones es en el eje o dimensión del actor. Los primeros han modificado el significado y los contenidos de la memoria y los segundos han introducido un nuevo sujeto del recuerdo: el colectivo.

Textos precursores de esta tradición en nuestro siglo son los de Blondel (1928), Halbwachs (1925:1950), y Bartlett (1923, 1932). Más recientemente, el texto de Middleton y Edwards (1990a) Collective Remembering es representativo de este nuevo interés de la psicología social por los fenómenos de memoria.

Esta tradición parte de una línea de pensamiento que no es nueva; tiene sus exponentes más cercanos en el final del XIX y principios del siglo XX con las formulaciones de Bartlett sobre la fundamentación cultural y social de la memoria humana, o de Halbwachs sobre los marcos sociales de la memoria, o de Blondel sobre la fundamentación colectiva de la psicología. Sin embargo está menos delimitada como enfoque teórico; sus límites, objetivos y métodos no están claramente definidos; es un terreno interdisciplinar donde confluyen sociólogos, psicólogos sociales, psicólogos de la comunicación, psicohistoriadores y antropólogos culturales que comparten una sensibilidad hacia la fundamentación colectiva de lo individual y lo mental. Por esto, resulta mucho más difícil encontrar un punto de confluencia en sus análisis y comprensión de la memoria. Sin embargo, existen aspectos y enfoques comunes permiten hablar de ellos como la tradición social en el enfoque ecológico.

Aunque esta tradición comparte con la perspectiva ecológica de las memorias personales su rechazo a entender la memoria como almacén de información y al conocimiento como representación simbólica, sin embargo sitúa los procesos de memoria en las acciones colectivas y en los productos sociales más que en las mentes individuales y representaciones internas. Para esta tradición los recuerdos colectivos se manifiestan en la narrativa histórica, en biografías de grupos, en conversaciones de grupos, en las fiestas populares y en las conmemoraciones que grupos sociales, religiosos o políticos realizan para recordar su «historia común». En consecuencia, sus materiales de análisis de la memoria son documentación escrita, acciones sociales o las transmisiones orales (las llamadas memorias populares).

Una segunda característica es que sus sujetos de análisis son (aunque no exclusivamente) grupos definidos por alguna característica que los identifica como colectivo: la familia, instituciones, grupos sociales, religiosos o políticos son los actores de los fenómenos de memoria que analizan. En consecuencia, sus estudios se apartan de la investigación experimental, utilizando más los estudios etnográficos, psicohistóricos y comparativos. Su foco de interés no son los procesos internos mentales sino la dinámica y procesos colectivos (lo externo al sujeto) en la que se origina la memoria personal. Esta característica les diferencia también del enfoque ecológico del procesamiento de la información.

La tercera es el pluralismo en su fundamentación teórica; parte del pensamiento de Bartlett, de las formulaciones de teoría de la actividad de Vygotsky y Leontiev, del construccionismo social, de la sociología del conocimiento y de la antropología cultural, por indicar algunas de sus raíces. En definitiva su marco conceptual es una constelación de enfoques que se definen por su oposición a la experimentación y al conocimiento como realidad interna de los individuos.

Por último, al igual que el enfoque ecológico, su interés es descriptivo y fenomenológico, resaltando las funciones sociales de tales tipos de memoria: cómo, porqué, qué función tiene el que personas, grupos o grandes colectivos recuerden su historia en la forma en que lo hacen.

El Recuerdo y Olvido Institucional hace referencia a fenómenos institucionales de recuerdo. Es un campo de investigación que se sitúa en una perspectiva no cognitiva de conceptualizar la memoria: se opone tanto a la concepción de la memoria como recuperación de representaciones mentales como al supuesto de que la memoria es producto de mecanismos individuales psicológicos.

Su punto de partida es que la memoria institucional se fundamenta en los contextos culturales de las instituciones a partir de los cuales se desarrolla una forma de reconstruir su historia, recordando unos hechos, transformando otros y olvidando los que no pueden ajustarse a dicho marco cultural. El recuerdo de su historia se reelabora continuamente en función del sentido de dicha institución, de sus objetivos y de los medios para alcanzarlos: en este sentido, sus miembros individuales (influencia de la memoria colectiva en las creencias) se convierten en transmisores y perpetuadores de tales reconstrucciones institucionales. En definitiva, abandonando el supuesto de que la memoria es individual, es posible plantear que las instituciones tienen su propia historia y, por tanto, memoria; memoria institucional que tiene un impacto en las memorias y recuerdos personales.

Dentro de esta línea cabe destacar el trabajo de Engestróm, Brown y otros (1990) donde analizan el recuerdo y olvido dentro de la organización médica, partiendo de la teoría de la actividad de Vygotsky y, Leontiev. Parten del análisis de la organización médica como institución en la que su objeto es el enfermo (recuerdo primario o recuerdo del objeto de la institución) y su objetivo es la curación (recuerdo secundario o recuerdo de la institución en sí misma). En la misma línea puede situarse el análisis del escándalo Iran-Contra y la memoria social de la figura de Reagan realizado por Schudson (1990), así como el análisis de Shotter desde la perspectiva del construccionismo social, o las formulaciones de Radley (1990) sobre Artefacts, Memory and a sense of the Past.

Aún cuando los estudios sobre memoria de conversaciones tienen una raíz más cercana a la psicología de la comunicación y sociología del conocimiento, comparten el supuesto de que la memoria se origina en la actividad social (Middleton y Edwards, 1990b). El análisis de conversaciones es un medio para la comprensión de la forma en que se reconstruye colectivamente el recuerdo y la memoria. En esta línea se está desarrollando la conceptualización de los Mass Media como lugares (almacenes) o centros de creación de la memoria social, muy en consonancia con las formulaciones, desde un enfoque distinto, de Larsen sobre el recuerdo de hechos vividos y hechos relatados (Larsen, 1978).

Por último, la memoria colectiva. Uno de los autores representativo de estos estudios, que empieza a ser recuperado por la psicología social es Halbwachs (1877-1945), ampliamente reconocido en la sociología de principios del XX, alumno de H.Bergson y colaborador de Durkheim. Halbwachs resaltó los marcos sociales de la memoria al poner de manifiesto el contexto sociocultural en que se origina el recuerdo actual del pasado, que siempre es reconstructivo y que varía en función de las necesidades e intereses actuales de las personas. La memoria es una combinación de recuerdo y, saber; sistemas cronológicos ideados colectivamente, hechos significativos en la cultura de un colectivo -tales como el nacimiento, muerte, matrimonio, fechas políticas significativas, etc.- marcan los contenidos de la memoria individual además de determinar la organización de los mismos, dándoles la continuidad que no tienen (Halbwachs, 1925). También habló de la existencia de una memoria colectiva en el sentido de la memoria de grupo. La memoria de grupos hace referencia a los recuerdos que tienen los miembros de un grupo de su vida como colectividad; grupos como la familia, un país o una nación, los grupos sociales, religiosos o políticos tienen su propia memoria; recuerdan fechas claves, conmemoran acontecimientos significativos, construyen su propia historia pasada en función de los intereses y metas del presente.

Si los especialistas de la memoria autobiográfica resaltaron la función de proporcionar una identidad personal a los individuos, los estudiosos de la memoria social resaltan su componente normativo (las memorias sociales recuerdan continuamente a las personas lo que pueden y deben hacer) y, sobre todo, su componente o valor de conciencia colectiva. Los recuerdos de los grupos, la celebración de los momentos cumbres de su historia, etc. sirven tanto para hacer consciente su identidad dentro de la sociedad, como para provocar nuevos sentimientos y experiencias comunes que alimentan esa identidad social y memoria compartida. De ahí la importancia que tienen el análisis de la práctica social de las conmemoraciones.

En su obra póstuma de 1950, Halbwachs estudia empíricamente un fenómeno de memoria colectiva: las reconstrucciones que los cristianos hacen de su historia. Estableció algunos principios que rigen los recuerdos colectivos, a través del análisis de las distintas localizaciones que los cristianos han realizado de la Tierra Santa y de los sucesos vitales de su historia: las leves de la dualidad, de la fragmentación y de la concentración serían principios que rigen las memorias de grupos, de modo similar a los principios establecidos para la memoria individual.

Por último, otro tipo de estudios, más cercanos a la rama historiográfica de la Historia son las investigaciones de Memorias populares. Tales estudios analizan las representaciones compartidas en las explicaciones dadas por las personas de un mismo contexto histórico, cultural y social sobre sucesos pasados, tradiciones, costumbres y prácticas sociales, es decir, sus visiones o concepciones del mundo (Lowenthal, 1989).

CONCLUSIONES

Si tenemos en cuenta que las orientaciones del enfoque ecológico de las memorias autobiográficas, sobre todo la de Inteligencia Artificial, han estado tradicionalmente más comprometidas con los supuestos del positivismo que las ciencias sociales, es lógico que su acercamiento a los contextos reales de la memoria humana no haya llevado consigo formulaciones radicales sobre el carácter social y compartido de la mayor parte de los recuerdos personales. Cómo mucho han aceptado que la memoria autobiográfica alude inevitablemente a otras personas y a sucesos sociales y, en ese sentido, es social (por ejemplo, recuerdo de un suceso personal e idiosincrático puede formar parte de una acción colectiva, como la conmemoración de un hecho político). En contraposición, las ciencias sociales, tradicionalmente más sensibles a la realidad social y menos comprometidas con la ciencia positiva, proporcionan una visión radical del enfoque ecológico al señalar abiertamente la memoria como un proceso psicológico originado en la colectividad que se manifiesta en memorias individuales y memorias colectivas; y las primeras no dejan de ser reconstrucciones compartidas que se elaboran y reconstruyen en los contextos sociales a partir de esquemas sociales de pensamiento. Una concepción de la memoria que concreta la formulación del hombre como realidad fundamentalmente cultural e histórica.

Sería demasiado ingenuo apelar al compromiso con el positivismo para explicar que el nuevo enfoque ecológico de la memoria ha supuesto solamente cambios en la dimensión que denominamos de ecologismo (innovaciones en métodos y materiales derivadas de una mayor sensibilidad hacia fenómenos reales de memoria), pero que no han supuesto ninguna ruptura con el individualismo psicológico (dimensión del actor). Si tenemos en cuenta la evolución de las sociedades de final del XX, podemos encontrar elementos nuevos que nos ayuden a explicarlo: el desarrollo de las sociedades postindustriales (tecnocracia, consumismo, personalización) van acompañadas de un sistema de creencias sociales en las que prima el culto al «yo» (memoria autobiográfica), al presente (memoria episódica autobiográfica), al hombre autónomo e incluso independiente de sus relaciones primitivas (memorias de grupo, memoria colectiva) y repleto de relaciones secundarias (Seoane-Garzón, 1989; Gergen, 1991). Son creencias postmodernas muy en consonancia con el interés científico por la memoria real, ecológica, autobiográfica.


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