El estudio de las relaciones interpersonales y, específicamente,
de las denominadas "amorosas" ha tenido a lo largo de la historia de la psicología
un curso irregular. Aunque pueden encontrarse escritos psicológicos sobre
el tema desde finales del siglo pasado, lo cierto es que ha faltado un cuerpo
de conocimientos suficientemente desarrollado sobre el tema.
La paradoja resulta obvia. Las relaciones amorosas con todo
lo que implican, psico y sociológicamente, son extremadamente relevantes
en la vida cotidiana y, sin embargo, parecen condenadas a formar parte de los
capítulos secundarios en los manuales de psicología social. No
obstante, la situación está cambiando, probablemente por razones
muy variadas: el reconocimiento de la posibilidad de su abordaje científico,
la demanda de conocimientos por parte de los/as profesionales de la psicología
o la necesidad de su estudio para la explicación de otros fenómenos
relacionados; no menos importante ha sido que investigadores/as de prestigio
(el caso más claro es Sternberg), se estén preocupando y orienten
sus investigaciones hacia el tema del amor.
TEORIA TRIANGULAR DEL AMOR
En 1986, Sternberg plantea un esbozo de teoría general
sobre el amor, en un intento por abarcar tanto los aspectos estructurales como
la dinámica de los mismos y en la que tengan cabida las distintas expresiones
o tipos de amor.
Señala tres componentes fundamentales: Intimidad (I),
Pasión (P) y Decisión/Compromiso (C) que, siguiendo una metáfora
geométrica, ocuparían los vértices de un supuesto triángulo.
El área del triángulo nos indicará la cantidad de amor
sentida por un sujeto; su forma geométrica, dada por las interrelaciones
de los elementos, expresaría el equilibrio o el nivel de carga de cada
uno de los componentes.
De esta manera, las relaciones amorosas estarán definidas
tanto por la intensidad como por el equilibrio de los elementos. Los triángulos
de amor variarán en tamaño y forma y ambos aspectos definirán
cuánto y cómo siente una persona hacia otra.
Escala Triangular
Aparecida en 1988, desarrollada por el propio Sternberg, esta
escala tiene como objetivo la elaboración de un instrumento que permita
la evaluación de las relaciones de pareja.
Analizando las respuestas de los dos miembros en los tres elementos
básicos (I, P y C) así como la puntuación de conjunto,
se obtiene tanto el índice de amor de cada persona como el estilo de
relación, esto es, la forma del triángulo de cada sujeto. La predicción
y el diagnóstico se realizará comparando los niveles de amor y
los estilos de ambos.
La escala consta de 45 items, 15 para cada uno de los tres
componentes; está construida en formato tipo Likert, con un rango de
1 a 9 en el original. El estudio de validación de la misma se llevó
a cabo con 101 sujetos, 50 varones y 51 mujeres, heterosexuales, con edades
comprendidas entre 18 y 71 años (x = 71), casados o implicados en una
relación amorosa (tiempo de relación entre 1 y 42 años;
x= 6.3).
Los sujetos, además de aportar diversos datos demográfico,.
cumplimentaron los siguientes cuestionarios: Cuestionario de Satisfacción
con su relación de pareja, Escalas de Amor y de Cariño de Rubin
(1973) y Escala Triangular del amor. Calificaron dos veces cada uno de los enunciados
señalando cuan característicos eran de su relación y la
importancia que cada item tenía para que una relación fuera ideal.
Los resultados mostraron que las puntuaciones más altas
en cuanto a la realidad de la relación fueron obtenidas por el componente
I, seguido de C y P. En cuanto a la importancia percibida por los sujetos para
cada uno de los componentes, las puntuaciones siguieron el mismo orden, no encontrándose
diferencias significativas entre sexos.
El análisis factorial de las escalas y de las calificaciones
de importancia aportó la existencia de tres factores (C, P e I). Se halló
una alta consistencia interna de los items. Las puntuaciones de los tres componentes
correlacionan totalmente de forma positiva con la Escala de Amor de Rubin y
en menor medida con la de Cariño. Las puntuaciones de I y P, seguidas
de las de C correlacionan positivamente con la satisfacción, en mayor
medida que las Escalas de Amor y Cariño de Rubin.
Este primer análisis de la escala fue completado posteriormente
por Hendrick y Hendrick (1989) en un estudio que incluía varios instrumentos
de medida de amor; además de la Escala Triangular se evaluaron las de
Davis y Latty-Mann (1987), Hatfield y Sprecher (1986), Hazan y Shaver (1987)
y la de los propios autores elaborada en 1987.
En cuanto a la escala de Sternberg, los resultados aportados
sobre medias y desviaciones típicas fueron los siguientes: 1
= 1.92, DT = 0.72; P
= 2.29, DT = 0.82; C
= 2.31, DT = 0.97. Téngase en cuenta que en este estudio el formato de
respuesta se redujo a un rango de 5 puntos.
Las subescalas de I, P y C estuvieron altamente interrelacionadas
entre sí (r media=.75). El análisis factorial de componentes principales,
rotación varimax, mostró 3 subescalas, con una considerable superposición
entre ellas consistente con sus altas intercorrelaciones. Las cargas de los
items fueron altas, tanto en su propio factor como en los otros dos. Los 3 factores
explicaban aproximadamente el 60% de la varianza total. Las correlaciones medias
interitem se sitúan entre .48 y .60; las correlaciones medias interescala
de .71 a .78; las alpha subescala de .93 a .96 con un alpha de .97 para los
45 items de la escala.
En nuestra opinión, el principal problema que presenta
la escala es la fuerte intercorrelación entre sus elementos; si la evaluación
de los triángulos de la pareja viene dada por las puntuaciones independientes
de cada una de las subescalas, resultará complicado diferenciar componente.
A pesar de esto, hay que tener en cuenta que, en la mayor parte de las relaciones
amorosas, ninguno de los componentes se desarrolla aisladamente de los otros
aunque haya una cierta especificidad para cada uno de ellos.
ESTUDIO EMPIRICO
La investigación que presentamos se centró en
el análisis de la capacidad descriptiva, predictiva y diagnóstica
del modelo de amor de Sternberg (1986; 1987).
La aplicación de este modelo indica que la satisfacción
y la duración de una relación, como índices evaluadores
de la misma, vendrán dadas por la forma y el tamaño de los triángulos
que reflejan la situación amorosa de los dos miembros de la pareja. En
concreto, por la comparación de las puntuaciones de ambos en I, P y C.
Un estudio previo (Sternberg y Barres, 1985), señala
que la similitud entre los triángulos constituye el mejor indicador de
la satisfacción de la pareja. Pero esta similitud deberá darse
tanto a nivel real, percibido e ideal (entendiendo así las aspiraciones
de relación de cada uno de los miembros).
Se evaluaron para ello, las estructuras de amor de los dos
sujetos que constituían cada pareja y se compararon los triángulos
formados por sus niveles de I, P y. C. La estimación de las semejanzas
entre ambos y su influencia en la satisfacción de los dos miembros de
la pareja se realizó abarcando distintos niveles (real, percibido e ideal)
para cotejar diferencialmente el valor predictivo de cada uno de ellos y el
papel que juegan sus diferencias en cuanto a la evolución de su relación.
Variables
Un primer conjunto de variables que denominaremos "independientes"
para mejor comprensión del diseño, vienen expresadas por las respuestas
de los sujetos a las distintas modalidades de la Escala Triangular de Sternberg.
Así, I, P y C, fueron tratadas en cuatro niveles: Yo,
Otro, Yo Ideal y Otro Ideal, manteniéndose además las puntuaciones
de varones y mujeres por separado. Los niveles de las tres variables y los códigos
utilizados para nominarlos, así como el concepto al que hacen referencia
quedan reflejados en el cuadro 1.
Los códigos 1 y 5 recogen los sentimientos reales de
un sujeto hacia su pareja; el 1 se refiere a las respuestas dadas por las mujeres
y el 5 a las de los varones. La nominación de este nivel fue YO; los
sujetos cubrieron el cuestionario indicando "Como me siento acerca de ...".
El resto de los códigos siguen la misma estructura para referirse al
resto de los niveles.
Otro grupo de variables recogió genéricamente
el éxito de la relación. Incluye, en primer lugar, el tiempo de
duración de la relación y, por otra parte, el nivel de satisfacción
informado. Entre las distintas posibilidades de medir la satisfacción,
decidimos utilizar la presentada por Jemmott et al. (1989), por ser la única
que presenta un coeficiente de fiabilidad considerable (alpha=.88), con solamente
dos preguntas y por su adecuación a todo tipo de parejas, independientemente
del estatus legal. De forma semejante a la propuesta de los autores de hallar
la media entre los dos items, consideramos el sumatorio de ambos como medida
total de satisfacción.
Instrumentos
Los dos miembros de la pareja respondieron a las siguientes
cuestiones:
- Tiempo de duración de la relación.
- Grado de satisfacción: incluímos dos ítems,
con respuestas diseñadas en formato tipo Likert, desde nada satisfecho
y nada recompensante a muy satisfecho, muy recompensante (1-5).
- Escala Triangular del amor de Sternberg. Se presentaron 43
items de esta escala, con rango de respuesta de 1 a 5 (totalmente falso, totalmente
verdadero), en relación a su pareja actual.
Los cuestionarios fueron administrados en las cuatro modalidades
explicadas.
Muestra
Dado que el interés era conocer la validez del modelo
y su capacidad predictiva en relación a la satisfacción, la muestra
seleccionada se concretó en parejas heterosexuales que mantuvieran una
relación amorosa.
La única condición fue su propia consideración
como pareja, independientemente del tiempo de relación y de su estatus
relacional, resultando un total de 114 parejas en la muestra definitiva. La
edad media de los sujetos fue de 29 años (DT= 6.92). El tiempo medio
de duración de la relación fue de 7 años y 4 meses. Las
pruebas se cubrieron al mismo tiempo por los dos miembros de la pareja, para
evitar la comunicación entre ellos. Se les informó de la absoluta
confidencialidad de sus respuestas y de que, en ningún caso, se daría
información a la otra persona sobre sus contestaciones.
Tratamiento estadístico
1. Estadísticos básicos
Realizamos un análisis descriptivo (programas Condescriptive
y Frequencies del paquete SPSS-X) para las siguientes variables: tiempo de relación,
satisfacción y cuestionarios de Sternberg.
En el caso de los cuestionarios de Sternberg, además
de las medidas simples (sumatorios de los 3 componentes, según el cuadro
1), se calcularon también para las puntuaciones de diferencia. El cómputo
de estas diferencias permitió contrastar la posibilidad de sentimientos,
percepciones e ideales distintos, a dos niveles:
- Diferencias "intra": obtenidas de las restas entre
los niveles de I, P y C aportados por cada sujeto en cada una de las cuatro
modalidades del cuestionario. Refleja las diferencias entre lo que sienten,
lo que perciben en sus parejas, lo que les gustaría sentir y lo que les
gustaría percibir en sus parejas.
El Cuadro 2 señala las puntuaciones de las diferencias
obtenidas para cada sujeto, así como la nominación que se le dio
y el contenido de las mismas.
- Diferencias "ínter": las diferencias
se calcularon en este caso mediante la comparación de las puntuaciones
de los dos miembros de cada pareja en cada modalidad del cuestionario.
Considerando los índices de I, P y C, se obtuvieron
las diferencias que aparecen reflejadas en el Cuadro 3, donde también
se recoge el contenido de cada una de ellas.
Así, 1-5 que nominamos YO mujer-YO varón, refleja
la resta entre la puntuación de I, P, C que las mujeres aportaron sobre
sus propios sentimientos menos las mismas puntuaciones aportadas por los varones
sobre sí mismos. El mismo modelo se sigue para los otros códigos.
Tanto las diferencias "intra" (obtenidas por las comparaciones
de las respuestas de cada sujeto a las cuatro modalidades del cuestionario),
como las diferencias "inter" (obtenidas por la comparación de las respuestas
de los dos miembros de la pareja en cada modalidad), se trataron a dos niveles:
- Diferencias absolutas: hipotetizando que la diferencia
tenía importancia por sí misma, se obtuvieron las puntuaciones
globales de diferencia. Estas puntuaciones indican los valores absolutos de
las diferencias en I, P y C sin tener en cuenta el signo obtenido, considerando
únicamente la magnitud de la diferencia.
- Diferencias direccionales: teniendo en cuenta la posibilidad
de que la dirección positiva o negativa de las diferencias aportase información
adicional, se hallaron estas puntuaciones. Respetando el signo fue posible conocer
no sólo la influencia de las diferencias sino también si dicha
influencia se debía al exceso o al defecto de alguna de las modalidades.
En todas las restas se mantuvo la orientación "mujeres menos varones".
En ambos casos, las puntuaciones globales de diferencias se
obtuvieron sumando las restas de los distintos sumatorios. En las diferencias
"intra" este sumatorio recogía las distancias en I, P y C entre sus propias
respuestas en las cuatro modalidades. Para las diferencias "inter" se realizó
el sumatorio de las restas entre las puntuaciones dadas por los dos miembros
de cada pareja.
2. Correlaciones entre variables del cuestionario de Sternberg
Para determinar la existencia de algún tipo de relación
entre las 4 modalidades del cuestionario, se aplicó el coeficiente de
Pearson. Se realizaron dos niveles de análisis:
- agrupando a los sujetos por sexos, obteniendo las correlaciones
que aparecen en el cuadro 4.
- agrupando a los sujetos por parejas, las correlaciones realizadas
se muestran en el cuadro 5.
En todas ellas se hallaron las correlaciones para I, P y C.
3. Correlaciones entre las variables de éxito de
la relación
El nivel de correlación entre las variables de satisfacción
y el tiempo de relación, se obtuvo mediante el coeficiente de Pearson,
combinando la satisfacción y el tiempo de relación en todas las
modalidades posibles.
4. Correlaciones entre las puntuaciones de diferencia
El coeficiente de Pearson se aplicó a las puntuaciones
de diferencia "intra" e "ínter". Se realizaron correlaciones diferentes
para las diferencias absolutas y direccionales.
Las distintas combinaciones derivadas de las cuatro modalidades
del cuestionario de Sternberg quedan recogidas en el cuadro 6.
5. Correlaciones entre los distintos grupos de variables
Se aplicó el coeficiente de Pearson, entre los dos grupos
genéricos de variables del estudio: variables de los cuestionarios de
Sternberg y variables de éxito de la relación.
El tratamiento dado a cada uno de estos grupos, tal y como
se vino señalando en los puntos anteriores, dio lugar a las siguientes
correlaciones:
a) Correlaciones entre las puntuaciones directas de ambos grupos
de variables.
b) Entre las puntuaciones de diferencia "intra" obtenidas de
los cuestionarios de Sternberg y las variables de éxito de la relación.
Para realizar las correlaciones se utilizaron las diferencias absolutas y direccionales.
Los sujetos fueron agrupados por sexos ya que las diferencias
"mira" se obtuvieron por la comparación entre las respuestas dadas por
cada sujeto a las distintas modalidades del cuestionario.
c) Entre las puntuaciones de diferencia "ínter" y las
variables de éxito de la relación. También aquí
se utilizaron las diferencias absolutas y direccionales.
En este caso, los sujetos fueron agrupados por parejas, puesto
que las diferencias "inter" se obtienen de la comparación de las respuestas
dadas por los dos miembros de una pareja a los cuestionarios de Sternberg.
6. Análisis de regresión
El interés por evaluar el poder predictivo del modelo,
nos llevó a utilizar coeficientes de regresión múltiple.
Particularmente, deseábamos saber si el éxito de una relación,
evaluado por la satisfacción de la pareja y, por el tiempo que se mantiene
esa relación, es predecible a partir de los triángulos que representan
el amor de cada uno de sus miembros.
Intentando comprobar el modelo de Sternberg de la forma más
amplia, incluímos en este análisis todo tipo de puntuaciones obtenidas,
desde las puntuaciones directas de los sujetos, hasta las diferencias, absolutas
y direccionales, "intra" e "ínter". De esta manera, el tipo de puntuación
no interfirió en la obtención de la mejor combinación de
variables posible para predecir el éxito de la relación.
Se utilizó el programa Stepwise del paquete estadístico
SPSS-X, considerando como variables independientes todas las puntuaciones obtenidas
de los cuestionarios de Sternberg y como variable criterio en cada uno de los
análisis aquellas que formaban el conjunto que denominamos éxito
de la relación. Todas ellas aparecen resumidas en el cuadro 7.
RESULTADOS
Resultados por sexos
1. Los niveles de I, P y C son similares en ambos sexos: únicamente
se aprecian diferencias significativas en cuanto al nivel de P que se desea
en la pareja, siendo superior en las mujeres.
2. La tendencia, en ambos sexos, es atribuirse mayores niveles
de I que a sus parejas. Además, los varones se consideran más
apasionados, a pesar de que las mujeres no comparten esta percepción.
Ambos sexos se consideran con un compromiso similar al de sus parejas.
3. En general, ambos sexos desearían más I, P
y C en sus relaciones, excepto las mujeres que no desean más C para sí
mismas.
Ellos se plantean una relación ideal con niveles similares
de I, P y C para los dos miembros de la pareja. Las mujeres opinan que en una
relación ideal sus parejas "deberían" sentirse más comprometidos
y, apasionados que Ellas.
Este hecho se matiza por la importante relación que
se aprecia en las mujeres entre el nivel de P y C que desean para sí
y el que desean para su pareja; cuanto más apasionadas y comprometidas
quieren sentirse, más pasión y compromiso, por encima del propio
desean en Ellos.
4. Existe una gran relación entre lo que sienten y perciben
los sujetos; se aprecia una adecuada consistencia en la dirección de
estas puntuaciones.
En menor medida se relacionan los sentimientos reales con los
ideales de relación, fundamentalmente en el caso de las mujeres. Por
el contrario, los varones o bien mediatizan sus sentimientos y percepciones
en base a sus ideales o bien adecuan su ideal a la relación que mantienen.
5. Con el tiempo, disminuye o al menos se modifica en sus expresiones
la I y la P; el C se mantiene constante. Las mujeres no perciben esta disminución
de la P en sus parejas, llegando a pensar que Ellos sienten más P que
Ellas.
Los ideales de relación de los varones no se modifican
con el tiempo, mientras que las mujeres van disminuyendo los niveles de I y
C que desean sentir, hasta llegar al punto en que se perciben demasiado comprometidas.
Al mismo tiempo desean más I y P en sus parejas.
6. Los niveles de I, P y C que sienten y perciben guardan gran
relación con lo satisfechos que varones y mujeres se sienten. Estas relaciones
son lo suficientemente altas como para verificar la importancia de estos elementos.
Asimismo, las diferencias entre sus sentimientos y su ideal
de relación se constatan en su relación con la satisfacción
aunque, en este caso, en sentido negativo.
Resultados obtenidos por parejas
1. Se aprecia cierta correlación positiva moderada en
los niveles de I, P y C expresados por los dos miembros de las parejas. Sus
percepciones del otro/a guardan también bastante relación y, en
menor medida, con lo que para ambos supone una relación ideal.
La simetría es mayor respecto a los sentimientos actuales
que respecto a los sentimientos ideales, observándose el mayor ajuste
en lo que se refiere a la 1.
2. Existen diferencias entre lo que siente y percibe en el
otro cada uno de los miembros de la pareja.
En cuanto a la P y al C, las percepciones de los sujetos son
confirmadas por su pareja; es decir, los sujetos perciben correctamente lo apasionado/a
y comprometido/a que se siente el otro/a. Sin embargo, la percepción
del nivel de 1 que siente la pareja es menos adecuada a la realidad.
Con el tiempo, estas percepciones se van distorsionando en
los varones en lo referente a I; en las mujeres permanecen estables en las tres
variables.
3. Los miembros de la pareja no coinciden en el nivel ideal
para cada componente, salvo respecto a la P. En este caso, existe mayor similitud
en lo que consideran el nivel adecuado de P para cada uno de ellos.
4. El desarrollo de la I se produce paralelamente en los dos
miembros de la pareja; en ambos se incrementa o disminuye la I que sienten de
manera conjunta, aunque no implica que sientan ambos el mismo nivel. Sus deseos
de mayor o menor I en la relación no se modifican de forma paralela.
5. El tiempo no guarda relación con el incremento de
diferencias en la I y el C que ambos sienten: a lo largo del tiempo las modificaciones
de estos dos elementos en ambos se producen de forma similar. Sin embargo, los
niveles de P que sienten ambos se van haciendo más distantes.
Asimismo, la relación ideal va puntualizándose
y ambos van deseando cosas diferentes para sí mismos/as y para el otro/a.
Ya no es igual el nivel de C que quieren sentir; y la P que las mujeres desean
para sus parejas es mayor de la que Ellos desean para Ellas.
Además hay un distanciamiento entre lo que Ellos y Ellas
desean sentir y lo que sus parejas les "demandan". Los varones piden más
I y C del que a Ellas les gustaría y las mujeres piden más P de
la que Ellos desean.
Las aspiraciones de la pareja tampoco se cumplen en la realidad.
Los varones desean más I de la que ellas sienten y las mujeres desearían
más I, C, pero, sobre todo, P de la que ellos sienten.
6. El tiempo covaría negativamente con la satisfacción,
hecho que posiblemente se explica por el incremento de diferencias a todos los
niveles que se produce en la pareja. Los sentimientos diferentes y las percepciones
poco ajustadas afectan a la satisfacción; pero, muy fundamentalmente,
el desajuste entre los sentimientos y el ideal que de los mismos tiene la pareja.
Resultados en cada componente
Intimidad
1. Componente muy valorado, siendo su presencia deseable a
muy altos niveles. Varones y mujeres consideran que en una relación ideal
sentirían niveles semejantes de I.
2. Su desarrollo se produce de forma asociada entre los dos
miembros de la pareja. La reciprocidad en las percepciones facilita su desarrollo,
aunque se aprecia cierta tendencia a percibir en la pareja menor I de la que
ellos/as mismos/as sienten.
3. Se constata ideas diferentes en los dos miembros de la pareja
respecto a la I ideal, acerca del nivel que sería adecuado para cada
uno.
Las mujeres mantienen el ideal de I con cierta independencia
de la que sienten o perciben. Por el contrario, los varones adecúan,
en mayor medida, el ideal de I a su propia realidad.
4. Se aprecia modificaciones en la expresión de la I
a lo largo del tiempo: las conductas más explícitas de la I disminuyen
y de forma similar en los dos miembros de la pareja.
Las mujeres, en comparación a sus parejas, perciben
de forma más adecuada estas variaciones, mientras que Ellos, en mayor
medida, perciben los niveles de I por debajo de los sentimientos reales de Ellas.
5. El ideal de I también se va distanciando entre los
dos miembros de la pareja y, asimismo, se va haciendo más diferente de
sus sentimientos reales. Ambos "demandan" del otro más I, incluso por
encima de la que sus parejas desean sentir.
6. La I, más que cualquiera de los otros elementos,
está positivamente relacionada con la satisfacción. Por tanto,
las percepciones erróneas o las dificultades que con el tiempo puede
haber en la percepción de la misma, una vez que las conductas más
explícitas desaparecen, estarán relacionadas con la disminución
de la satisfacción.
7. Curiosamente, no es la similitud real entre la I que ambos
sienten lo que les hace sentirse más satisfechos sino el sentir y el
percibir altos niveles de I.
Paralelamente, la distancia entre sus sentimientos y el ideal
es la que mantiene la mayor relación negativa con la satisfacción.
Esto se produce tanto cuando el sujeto no alcanza su ideal, cuando no perciben
en sus parejas niveles próximos a los que "desean", como cuando sobrepasan
su propio ideal de I.
Pasión
1. Poca relación en los sentimientos apasionados de
los dos miembros de la pareja. Asimismo, es escasa la relación entre
el ideal que ambos tienen, tanto en lo que se refiere a la P que desean sentir
como a la P adecuada para el otro/a. Así, es posible que uno de ellos
desee sentirse muy apasionado y/o desee alta P en el otro, mientras que sus
parejas desean niveles más bajos de P.
2. Con el tiempo, disminuye la P en ambos e, inicialmente,
las percepciones de los dos son adecuadas. Progresivamente, se va produciendo
una distorsión por parte de las mujeres que llegan a percibir más
P de la que realmente sienten sus parejas.
Los ideales no se modifican en los varones. Por el contrario,
en las mujeres se incrementan y desean más P para los dos. De esta manera,
van aumentando las diferencias entre los dos miembros de la pareja; la distancia
entre la P que existe en ambos y la que Ellas desearían es cada vez mayor,
hasta el punto en que los varones desean sentir menos P de la que Ellas "reclaman".
3. Estas variaciones tienen gran importancia para la satisfacción.
Para los varones, el principal problema está en que Ellas "demandan"
más P de la que Ellos sienten. En cambio para Ellas el percibir menos
P en Ellos o que sientan más P que Ellas correlaciona negativamente con
su satisfacción.
Asimismo, la percepción equilibrada de los varones respecto
a P se relaciona positivamente con la satisfacción.
Compromiso
1. Al igual que sucedía con la P no existe gran relación
en el C que sienten los dos miembros de la pareja.
2. Las percepciones de ambos respecto al nivel de C que siente
el otro/a son adecuadas, aunque se van tergiversando progresivamente hasta el
punto que los varones se consideran más comprometidos que ellas.
3. Los ideales de C de ambos no tienen gran conexión
al principio de la relación pero, además, se distancian con el
tiempo, llegando las mujeres a percibir que ambos están demasiado comprometidos.
Los varones no se sienten excesivamente comprometidos pero "reclaman" más
C de Ellas hasta el punto de que este deseo sobrepasa el C que Ellas quieren
sentir.
Se produce una situación paradójica: las mujeres
solicitan que sus parejas estén más comprometidas que ellas, pero
no hasta el extremo en que lo hacen ellos.
4. La consonancia entre el C sentido y el C percibido correlaciona
positivamente con la satisfacción en la relación.
De todas formas, las variaciones en este componente afectan
en mayor medida a las mujeres que a los varones. Estos se sienten insatisfechos
si sus parejas les demandan más C del que sienten. Las mujeres también
se sienten insatisfechas por esta situación pero, además, si él
está más comprometido que ella o si él le "pide" más
C del que ella siente; pero también si perciben más o menos C
del que en realidad hay.
Predicción de la satisfacción
1. La predicción de la satisfacción mediante
estas variables presenta mayor poder discriminante respecto a las mujeres que
a los varones.
2. Específicamente, la I resulta la variable que mejor
predice la satisfacción en los varones, mientras que la inexistencia
de diferencias en la P lo es en las mujeres.
3. Las puntuaciones simples, seguidas de las diferencias intra
suponen lo más valioso para la predicción en ambos miembros de
las parejas. Las puntuaciones inter alcanzan niveles inferiores. Esto es lógico
teniendo en cuenta que los tipos de puntuaciones de diferencia se refieren a
los mismos sentimientos señalados por las puntuaciones directas.
4. Se puede predecir -la satisfacción de las mujeres-
en un 53% aproximadamente si obtienen altos niveles de I y P y no desean demasiada
P en sus parejas.
Asimismo, y con un poder predictor del 52% si la P que sienten
se aproxima a su ideal, si su ideal de P es semejante para ambos y perciben
altos niveles de I en su pareja.
Por último, si sus parejas no les demandan más
I de las que Ellas quieren, se aproximan a su ideal y perciben que ambos sienten
niveles parejos de I, siempre y cuando la P de ambos sea similar.
5. Aunque en menor medida -la satisfacción de los varones-
viene expresada por la I.
Así, se predice la satisfacción de los varones
en un 38% si sienten y perciben altos niveles de I en sus parejas, sobre todo
si no aspiran a demasiada I en Ellas.
Además, en un 31 %, cuando alcanzan y perciben en sus
parejas niveles de I próximos al ideal.
6. Con el tiempo, se incrementan las diferencias en la P de
ambos, de modo que la P de Ellos queda por debajo de los deseos de su pareja.
Esto se explica por la tendencia de las mujeres de tener parejas apasionadas.
Paradójicamente, la P de Ellas disminuye.
El C se modifica también con el tiempo: los varones
quieren sentirse más comprometidos y las mujeres no. Pero ambos llegan
a sentir más C del que desearían.
COMENTARIO GENERAL
Con frecuencia se considera que los sentimientos de las personas
implicadas en las relaciones amorosas son el único ingrediente necesario
para la buena marcha de las mismas. Sin embargo, su desarrollo se ve afectado
por un considerable número de aspectos cuyas combinaciones son de gran
interés teórico y práctico. Los hipotéticos triángulos
que forman la intimidad, la pasión y el compromiso a nivel real, percibido
e ideal nos ofrecen la posibilidad de abundar en la complejidad del amor.
Triángulos reales y triángulos ideales
En las relaciones de pareja participan, aparentemente, sólo
dos personas; sin embargo, tal y como se aprecia en nuestro estudio, dos intrusos
forman parte permanentemente de esa relación: los ideales de pareja de
cada uno de los miembros.
Su aparición no se produciría si la pareja se
correspondiese perfectamente con el ideal de uno/a pero, con frecuencia, difiere
en aspectos importantes: es inevitable, pues, que el ideal comience a interferir
en la relación y las personas se enfrenten a comparaciones desfavorables
con el ideal, o a vivir con la sospecha de que lo que ama la pareja es la imagen
que se ha creado del otro/a.
El desarrollo de este estudio da cuenta de que los sentimientos
ideales tienen una importante influencia sobre la satisfacción; en este
sentido, conseguir una relación parecida al ideal es tan importante para
la satisfacción como sentir ambos un nivel de amor semejante.
La importancia de los ideales para las relaciones amorosas
ya fue señalado en otras ocasiones (Berscheid y Walster, 1978; Sternberg
y Barnes, 1985). Sternberg (1986; 1987), señala la diferencia entre los
triángulos reales e ideales de la pareja, como un poderoso índice
para predecir el desarrollo de la relación. Especifica, además,
que las diferencias pueden deberse tanto al tamaño como a la forma de
los triángulos.
A lo largo de nuestro estudio se vino comprobando la influencia
de ambos aspectos: la cantidad de amor, tanto por no alcanzar como por sobrepasar
el ideal, y la importancia que cada uno de los vértices (I, P y C) tiene
diferencialmente para los dos miembros de la pareja.
Ciertos mecanismos psicológicos como el Nivel de Comparación
de Thibaut y Kelley (1959), ayudan a explicar la formación del ideal.
Según su planteamiento, la satisfacción de las personas en la
relación dependerá de que ésta alcance el nivel de comparación
que, a su vez, se establecerá en base a lo que se cree merecer, lo que
se puede conseguir y qué alternativas posibles hay a la relación.
Ciertamente, los ideales de cada persona pueden variar en una
gama muy amplia, ya que dependerán, como otras muchas variables psicológicas,
de la experiencia pasada y de las circunstancias presentes. Pero, según
ponemos de relieve, es posible, en cierta medida, establecer el nivel que alcanza
cada uno de los elementos de ese ideal y las modificaciones que sufren a lo
largo del tiempo.
Así, las distancias real-ideal que afectan a la satisfacción
de los sujetos pueden verse en el cuadro 8.
Triángulos reales y triángulos percibidos
Otra conclusión de gran interés es el importante
papel que las percepciones juegan en torno a la satisfacción. Observamos
que la percepción de los sentimientos del otro/a están tan asociadas
a la satisfacción como los propios sentimientos y que las diferencias
percibidas afectan a la satisfacción de forma similar a las diferencias
reales.
Si tenemos en cuenta que la similitud percibida es mayor que
la similitud real y ello no obsta para sentirse satisfecho/a, tiene que concluirse
que " la representación" que uno/a se hace del sentimiento del otro/a
puede ser más determinante que lo que uno/a mismo/a siente en realidad.
Parece, pues, que la idealización no es un fenómeno
tan extraño dentro de las relaciones de pareja, ni se limita a los estadios
iniciales de la relación. Posiblemente en su base se hallen entremezclados
ciertos mecanismos intrapsíquicos, compensadores de deficiencias personales
(Freud, 1910), y ciertas normas sociales que dirigen su contenido (Averill,
1985), de forma que se expliciten de diferente manera en los sujetos.
Sternberg (1986; 1987), en su Teoría Triangular ya señaló
la importancia de las percepciones, indicando que un análisis correcto
de las relaciones amorosas conlleva necesariamente la evaluación de las
percepciones de ambos. De hecho, señala que la realidad de los sentimientos
tienen importancia por servir como base para la expresión que consecuentemente
se haga de ellos. Paralelamente, de gran valor será el ajuste de las
percepciones del otro.
En la práctica, observamos que es bastante improbable
la exactitud de las percepciones y que los errores perceptivos del tamaño
y de la forma de los triángulos afecta negativamente a la satisfacción.
De forma gráfica quedan reflejados en el cuadro 9.
Combinando los aspectos señalados hasta el momento,
sentimientos, percepciones e ideales, lo más lógico es pensar
que todos estén poderosamente intrincados: los sentimientos de una persona
hacia otra pueden en parte estar mediatizados por sus percepciones y por las
nociones acerca del ideal y la noción del ideal puede en parte estar
determinada por los sentimientos hacia el otro.
Por otro lado, la importancia de los elementos señalados
por Sternberg (1986; 1987) en las relaciones amorosas y el curso que siguen
las mismas vienen a ser parcialmente confirmados por nuestro estudio, aunque
se hace necesaria la intervención de otros mecanismos explicativos de
sus procesos.
Así, se aprecia que I, P y C son los tres elementos
que mejor delimitan las relaciones amorosas una vez establecidas. Tal y como
plantea la Teoría Triangular, la I se presenta como el valor máximo
para los dos miembros de la pareja, lo cual se evidencia en sus principales
relaciones con la satisfacción.
Su desarrollo se produce de forma correlativa entre los dos
miembros de la pareja. Esto adquiere mayor sentido teniendo en cuenta que la
autoexposición, como mecanismo central de la comunicación, requiere
de un desarrollo paralelo en la pareja (Chelune, 1979; Altman, 1973). Las percepciones
de la intimidad son, pues, de principal importancia aunque, como era previsible,
se encuentran dificultades para percibir adecuadamente sus niveles. Esto es
el resultado de la disminución que se produce a lo largo del tiempo de
las conductas más explícitas de la intimidad. Difícilmente
puede pensarse, por el propio contenido del concepto, la disminución
del mismo, sino que probablemente surja otro tipo de intimidad latente al estilo
de lo señalado por Berscheid (1983) y que encuentra apoyo en las conclusiones
de muy diversos trabajos (Morton, 1978; Patterson, 1984).
Además se presenta como la variable que mejor predice
la satisfacción en las relaciones. El sentir y percibir altos niveles
de I es la combinación que predice la satisfacción con mayor probabilidad,
siempre y cuando estén próximos al nivel ideal que desean; estos
hallazgos son coincidentes con estudios anteriores (Levinger y Senn, 1967; Rubin
et al., 1980; Hendrick, 1981).
La P se muestra como un elemento central, en mayor medida de
lo que considera Sternberg. El que sea el elemento motivacional de las relaciones
y suponga la fuente de activación de las mismas explica que su deficiencia
afecte en gran medida a la satisfacción y que se demanden esta fuerte
activación como movilizadora de la pareja. Además, porque se presenta
como una de las principales fuentes promotoras de la I.
La posición de Sternberg acerca de la necesidad del
refuerzo intermitente en el mantenimiento de la P viene dado por su disminución
a lo largo del tiempo. Un sentido parecido tienen las alternancias propuestas
por la teoría de proceso oponente de Solomon (1980).
Es muy posible que la P sea un mecanismo más complejo
de lo que se recoge en la Teoría Triangular y que dicho elemento, en
la escala utilizada, esté combinando aspectos bastante diferentes; quizá
sean únicamente algunos de ellos los que se demandan.
Parece que las mujeres buscan niveles de activación
bastante complejos, con altos ideales en sus parejas y en ellas mismas, pero
con límites precisos. Da la impresión de cierto rechazo a aceptar,
según transcurre el tiempo, lo que Berscheid y Walster (1974) señalaron
como "amor de compañero", considerándolo un paso inevitable en
las relaciones amorosas. Tal vez pueda deberse a la importancia que socialmente
mantiene el "ideal romántico" y a las características del mismo
que, entre otras, incluye niveles elevados de P.
El desarrollo del C sigue en nuestro estudio el tipo de desarrollo
señalado por Sternberg. Se mantiene estable después de cierto
tiempo.
Aunque teóricamente es el elemento bajo mayor control
consciente y voluntario, al menos las mujeres, llegan a sentir niveles superiores
a los deseados. Posiblemente ello se deba a la disminución del ideal
de C a lo largo del tiempo.
El equilibrio en los niveles de C resulta de fundamental importancia:
conviene recordar que, como elemento estabilizador salvaguarda la relación
en sus inevitables variaciones y sirve como base segura para el desarrollo de
otros aspectos como la I y la P.
En definitiva, el modelo de Sternberg señala claves
importantes para el estudio de las relaciones amorosas, para su análisis
y predicción, básicamente por ser explicativo de aspectos de las
mismas con frecuencia olvidados y por su flexibilidad para aglutinar numerosos
hallazgos parciales sobre el amor. |