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 Nada de lo psicológico nos es ajeno
III Congreso Nacional de Psicología - Oviedo 2017
Universidad de Oviedo

 

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ARTÍCULO SELECCIONADO

Psicothema

ISSN EDICIÓN EN PAPEL: 0214-9915

2004. Vol. 16, nº 1, pp. 58-63
Copyright © 2014


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CONDUCTA SEXUAL DURANTE LA INFANCIA EN ESTUDIANTES CHILENOS

 

M. Beatriz Vizcarral, Eliana Balladares, Claudia Candia, Mariana Lepe y Claudia Saldivia

Universidad de La Frontera

El presente articulo describe los resultados de un estudio sobre frecuencia de conductas sexuales en la infancia, sentimientos y variables asociadas, en una muestra elegida aleatoriamente, de 983 estudiantes de Enseñanza Secundaria en la ciudad de Temuco, Chile. Los datos, obtenidos a través de un cuestionario anónimo autoadministrado, señalan que 95% de los sujetos admiten haber tenido alguna conducta sexual individual y 95,9 % haber participado en alguna conducta sexual interpersonal antes de los 12 años. Los varones reportaron en promedio mayor cantidad de conductas y sentimientos más positivos asociados a las conductas, que las mujeres. Se discuten las influencias de las variables, etnia, nivel socioeconómico, ruralidad, tipo de religión y nivel de participación religiosa, y nivel socioeconómico en relación a la presencia de conductas sexuales individuales e interpersonales.

Sexual behavior during childhood, as reported later, during high school years. This article describes the results of a study on frequency of sexual behavior during childhood, feelings and related variables, in a random sample of 983 secondary students from the city of Temuco in Chile. The data collected through an anonymous, self administered questionnaire, points out that 95% subjects in the sample reported at least one individual sexual behavior, and 95,9% reported an interpersonal behavior. Results suggests thant boys presents in average, a larger number of behaviors and more positive feelings related to this behavior, than girls. The influences of variables as ethnic backgroud, rural/ urban residence, type of religion, and socioeconomic status related to the presence of individual and interpersonal behavior, are discussed.

 
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Fecha recepción: 10-2-03 • Fecha aceptación: 9-9-03
Correspondencia: M. Beatriz Vizcarral
Departamento de Psicología
Universidad de La Frontera
Casilla 54-D - Temuco (Chile)
E-mail: vizcarra@ufro.cl

 

La sexualidad es una dimensión esencial del ser humano, cuyo desarrollo normal contribuye a lograr un buen nivel de salud mental y adaptación social. Sin embargo, el estudio de la sexualidad es reciente comparado con otras áreas del funcionamiento humano y en la práctica existe una carencia significativa de información, la que se debe en parte a la existencia de prejuicios frente al tema y al carácter privado de la conducta sexual, aspectos que dificultan la investigación (Katchaudourian, 1997).

La ausencia de estudios es especialmente significativa en países en desarrollo como Chile, donde los escasos recursos para investigar se destinan, en el ámbito de la sexualidad, a estudiar problemas considerados más urgentes, como embarazo adolescente (González y Molina, 1984), prevalencia y prevención de enfermedades de transmisión sexual (CONASIDA, 2002; Rubio, Schilling, Schlein y Galán, 1987) o abuso sexual (Montero 1989; Vizcarra y Balladares 2003), existiendo muy pocos estudios acerca de la sexualidad normal en la niñez, específicamente las conductas sexuales más frecuentes en las diversas edades, por lo que los y las profesionales que trabajan con población infantil tienden a manejar descripciones de la conducta sexual basadas en teorizaciones que han perdido vigencia, o bien en evidencia empírica surgida en otros contextos culturales.

Esta falta de información dificulta el reconocimiento de conductas que se desvían del patrón normativo para la edad, lo que puede traducirse en una excesiva preocupación frente a conductas que serían esperables de acuerdo a la etapa del desarrollo, o en ignorar conductas que requieren intervención oportuna (Gil y Johnson, 1993).

Un mayor conocimiento de la presencia, características y sentimientos asociados a las diversas conductas e interacciones de tipo sexual en niños y niñas, así como de la relación entre estas conductas y experiencias que afectan el desarrollo normal, es relevante para quienes se interesan en el desarrollo infantil, incluyendo profesionales, profesorado y padres. Por otra parte, la descripción de la conducta sexual de los niños y niñas puede aportar a una mejor comprensión del desarrollo sexual y de los roles de género (Haugaard y Tilly, 1988).

En los países desarrollados los estudios han encontrado que la mayoría de las personas refiere haber presentado conductas sexuales antes de la pubertad. Kolodny, Masters, Johnson y Biggs (1982) señalan que el 76% de las niñas y 83,5% de los niños de 6 a 7 años ha participado en algún tipo de juego sexual con amigos o hermanos, según información proporcionada por los padres. El juego fue definido como exhibición mutua de genitales, «jugar al doctor» y frotarse la región genital simulando coito.

Por otra parte, en un estudio con universitarios norteamericanos(as), un 60% de los sujetos reconoce haber tenido conductas de autoexploración sexual y un 58% declara haber participado en actividades sexuales con otros niños y niñas antes de los 12 años, con sentimientos variados respecto a esas conductas: un 39% informa haberse sentido bien y un 11% señala no haber sentido nada (Johnson, 1997). De acuerdo a algunos autores(as), (Finkelhor, 1983; Friedrich, 1991; Friedrich et al., 1992; Goldman y Goldman, 1988; Haugaard y Tilly, 1988) se espera que entre un 40 y 85% de los niños muestren alguna conducta sexual antes de los 13 años, aun cuando el tipo de conducta varía significativamente en los distintos rangos de edad (Sandfort y Cohen-Kettenis, 2000).

Parecen existir, sin embargo, algunas diferencias culturales en la cantidad de conductas presentadas. En un estudio comparativo sobre conductas sexuales en una muestra de niños y niñas holandeses y estadounidenses se encontró que las madres holandesas reportaban sistemáticamente mayor cantidad de conductas sexuales. Sin embargo, no queda claro si este resultado se debe a diferencias metodológicas o a diferencias en la socialización sexual de los niños (Friedrich, Sandfort, Oostween y Cohen-Kettenis, 2000). Diversos estudios señalan la religión y el nivel educacional como las variables culturales más influyentes en la apertura hacia la sexualidad (Sharim, Silva, Rodó y Rivera 1996; Ubilla, Páez y González, 2000 ).

En Chile, las autoras llevaron a cabo un estudio exploratorio con 600 estudiantes universitarios (Vizcarra y Balladares, 2000), a los cuales se les preguntó por sus conductas sexuales en la infancia; un 94.6% de los jóvenes señalaron haber tenido al menos una conducta sexual individual y un 83.4% una conducta sexual que involucraba otros niños y niñas. Sin embargo, ninguna de las conductas encuestadas alcanzó el 50%, lo que dificulta definir conductas estadísticamente «normativas» para la población chilena menor de 12 años.

La presente investigación tuvo como objetivo ampliar y confirmar la información obtenida en el estudio anterior, para lo cual se utilizó una muestra más amplia y de menor edad. A partir de los antecedentes se pretenden indagar las siguientes hipótesis:

• La mayoría de los participantes ha tenido al menos una conducta sexual individual antes de los 12 años.

• La mayoría de los participantes ha presentado al menos una conducta sexual interpersonal antes de los 12 años.

• Los niños presentan mayor frecuencia de conductas sexuales individuales e interpersonales, y sentimientos asociados más positivos que las niñas.

• La frecuencia de conductas sexuales infantiles muestra diferencias de acuerdo a variables demográficas como nivel sociocultural, etnia y religión.

• En la mayoría de los casos, las experiencias sexuales infantiles de los participantes no fueron conocidas por adultos cercanos.

Método

Muestra

El universo estuvo constituido por los 18.126 estudiantes matriculados en la Enseñanza Secundaria en Temuco, Chile, durante el año 2000. A través de un muestreo bietápico se seleccionaron aleatoriamente los establecimientos educacionales y luego los cursos, hasta completar el tamaño muestral. La muestra estuvo constituida por 1.075 estudiantes, elegidos proporcionalmente en función del tipo de financiamiento de los establecimientos educacionales (establecimientos públicos 72%, establecimientos particulares subvencionados 23% y colegios privados 5%). Considerando que en Chile la cobertura de la Enseñanza Secundaria es del 95%, la muestra es representativa de los estudiantes de Temuco.

Instrumento

Se utilizó un cuestionario autoadministrado tipo encuesta creado por Johnson (1997) que consta de 3 secciones: La sección I incluye datos demográficos: edad, género, etnia, religión, nivel de observancia religiosa, ocupación y educación materna y paterna. Tanto la educación como la ocupación de los padres se constituyeron en variables para establecer el nivel socioeconómico de los sujetos.

La sección II contiene un listado de conductas sexuales individuales y un listado de sentimientos asociados a ellas, organizadas en tres rangos etáreos: 0 a 5, 6 a 10 y 11 a 12 años. La sección III contiene un listado de conductas sexuales que involucran a otro niño(a), un listado de sentimientos asociados a las conductas, organizadas en los tres rangos etáreos mencionados anteriormente y preguntas acerca de las personas con quienes realizaron dichas conductas. En las secciones II y III los estudiantes debían marcar aquellas conductas que habían presentado y el rango de edad correspondiente, así como los sentimientos asociados a esas conductas.

El instrumento fue traducido al español por dos psicólogas bilingües y adaptado al contexto local. Para establecer su validez se utilizó el procedimiento de validación por jueces, solicitando a cuatro psicólogos expertos en desarrollo infantil pronunciarse sobre su contenido, alcanzando altos nivel de acuerdo entre ellos.

Procedimiento

El cuestionario adaptado fue administrado a una muestra piloto de 39 alumnos, luego de lo cual se introdujeron modificaciones menores para mejorar el formato del instrumento.

Previa autorización de la Secretaría Regional Ministerial de Educación se envió una carta a los 20 establecimientos seleccionados, explicando los objetivos del estudio y el cuestionario a utilizar. Aproximadamente el 70% de los colegios, la mayoría de ellos privados, rechazaron la encuesta, por lo que fue necesario seleccionar otros 10 establecimientos, de los cuales siete aceptaron la aplicación, completando así la muestra.

La aplicación del instrumento se realizó en los horarios de clase y en las salas de los cursos seleccionados. Las instrucciones estandarizadas fueron entregadas por las investigadoras sin la presencia de los docentes. Se insistió en el carácter anónimo de la encuesta y se solicitó a quienes no quisieran participar que permanecieran en la sala realizando otra actividad. Se sugirió que quienes desearan conversar posteriormente en relación con el contenido de las preguntas se contactaran con las investigadoras.

Plan de análisis

Una vez respondidos los cuestionarios se procedió a eliminar 92 que no registraban información demográfica suficiente o que fueron invalidados, quedando la muestra definitiva constituida por 983 sujetos. Posteriormente, se procedió al ingreso y análisis de los datos utilizando el programa estadístico SPSS. Para determinar si existían diferencias de frecuencias de conductas en los distintos grupos se utilizó una prueba ANOVA de una vía, o prueba t de Student, dependiendo de la cantidad de grupos. Para determinar la existencia de diferencias de grupo en relación a los sentimientos se utilizó la prueba de Chi cuadrado.

Resultados

La composición de la muestra se observa en la tabla 1.

Sección I Conductas individuales

En esta sección un 95% de los alumnos informó haber presentado al menos una conducta sexual, las que se distribuyen de manera desigual en los distintos grupos etáreos. En el rango de 0 a 5 años, un 22.0% de los sujetos reportaron haber presentado alguna conducta, un 57.1% entre los 6 y los 10 años y un 86.5% entre los 11 y 12 años.

En la tabla 2 se observa que las frecuencias más altas de conductas individuales se encontraron en el rango de 11 a 12 años, con las conductas Mirar películas, vídeos y/o revistas pornográficas (51%), Tener sueños con contenidos sexuales (39%), Mirar tu cuerpo desnudo en el espejo (37%). En el rango de 6 a 10 años de edad se destacan las conductas Exploración de sí mismo(a) incluido genitales (28%) y Acariciarse (20%). En el rango de 0 a 5 años se destaca relativamente la conducta Exploración de sí mismo incluido genitales (9.7%). Es importante señalar que en este tramo de edad ninguna conducta sobrepasa el 10%; las más bajas frecuencias corresponden a las conductas Masturbarse hasta alcanzar el orgasmo (0.1%), Ponerse objetos en la vagina o recto (0.3%). También alcanzan bajas frecuencias (2%), la conducta Ponerse objetos en la vagina o recto en el rango de 6 a 10 años y Acariciarse en el rango de 11 a 12 años.

Al analizar el promedio de conductas individuales en función de las variables demográficas se encuentran diferencias altamente significativas entre hombres y mujeres (p<.01), entre hombres chilenos y hombres mapuche (p<.01) y entre mujeres chilenas y mapuche (p<.05) (Tabla 3). También se encontraron diferencias estadísticamente significativas (p<.05) entre varones de nivel socioeconómico bajo y medio y entre mujeres que reportan nivel medio de religiosidad y nivel alto de religiosidad (p<.05). No se encontraron diferencias en relación a la ruralidad.

Respecto de los sentimientos que acompañaron a estas conductas se encontraron diferencias altamente significativas (p<.01) en relación al sexo: los hombres presentaron mayor frecuencia de sentimientos positivos y de sensaciones placenteras asociadas a las conductas que las mujeres (Tabla 4).

Sección II Conductas interpersonales

Un 95.9% de las y los sujetos informó haber presentado al menos una conducta sexual interpersonal en su infancia, concentrándose fundamentalmente en los niveles de edad más altos. Entre los 0 y 5 años el 13.4% de los sujetos informó haber participado en al menos una conducta sexual interpersonal; entre los 6 a 10 años un 47.6% y entre los 11 y los 12 años un 87.6%.

En el rango de 11 a 12 años las más altas frecuencias se refieren a las conductas Conversar acerca del sexo (55.8%), Besarse y abrazarse (45%), Bromear en la escuela: diciendo garabatos, chistes cochinos, curioseando en el baño, levantando faldas (33.5%), como se aprecia en la tabla 5. En el rango de 6 a 10 años las dos últimas conductas mencionadas alcanzan niveles de frecuencia de 18.1% y 21.3%, respectivamente.

Las conductas interpersonales menos frecuentes, tanto en el rango de 6 a 10 como de 11 a 12 años, fueron: El otro niño pone el pene en tu boca y Otro niño pone objetos en tu vagina o recto. En el rango de 0 a 5 años de edad la mayoría de las conductas tienen frecuencias significativamente más bajas.

Con relación a las personas involucradas en esas conductas un 61.8% señala que eran amigos(as); un 21.2% novio(a); un 16.0% primos(as) y un 6.9% hermanos(as). Respecto a la edad de los participantes un 60.3% señalan que éstos eran de la misma edad; un 21.1% 1 a 2 años mayores; un 11.2% 3 a 4 años mayores;un 8.8% 1 a 2 años menores y un 2.0% 3 a 4 años menores.

Al asociar el número de conductas sexuales interpersonales y variables demográficas se encontraron diferencias significativas entre hombres y mujeres (p<.01) y entre mujeres mapuche y no mapuche (p<.05), así como entre hombres de nivel socioeconómico medio y bajo (p<.05). No se encontraron diferencias en relación al nivel socioeconómico en la muestra de mujeres. Tampoco se encontraron diferencias significativas en relación a la procedencia ni a la religión (Tabla 6).

Respecto a los sentimientos asociados a las conductas interpersonales se encontraron diferencias altamente significativas entre hombres y mujeres (p<.01). Si bien ambos grupos describen sentimientos negativos en un nivel similar, los varones señalan mayor frecuencia de sensaciones placenteras y de sentimientos positivos.

Frente a la pregunta si alguna persona adulta supo de estas conductas un 77.9% de los sujetos responde negativamente. Quienes contestan afirmativamente señalan que las reacciones más frecuentes fueron: apoyar, aconsejar (40.2%); sancionar, regañar, golpear (32.2%) e ignorar o minimizar la conducta (27.6 %).

Discusión

Cabe destacar el alto nivel de rechazo que generó la encuesta en los establecimientos educacionales, especialmente en los subvencionados y privados, lo que posiblemente esté relacionado con la aprensión de las autoridades escolares por el rechazo de los padres a abordar este tema en la escuela.

En relación a las dos primeras hipótesis planteadas en la investigación se encontró que la mayoría de los sujetos informó haber presentado al menos una conducta sexual en la infancia, ya fuera de modo individual o en compañía de otros, confirmando que la mayoría de los niños presentan conductas sexuales a pesar de que la cultura las restrinja y sancione (Finkelhor, 1997; Masters, Johnson y Kolodny, 1995). Las cifras coinciden ampliamente con el estudio anterior de las autoras (Vizcarra y Balladares, 2000) en población chilena, e incluso son superiores a las reportadas en estudios norteamericanos, lo que resulta especialmente significativo si se considera que la cultura latinoamericana es más conservadora en materia sexual que otras culturas occidentales (Rajevic, 2000).

El incremento en la frecuencia de conductas sexuales a medida que aumenta la edad refleja los avances en las capacidades biopsicosociales de los niños y niñas, que posibilitan la aparición de conductas sexuales más variadas y complejas y contactos más autónomos y significativos con pares, estimulando la exploración, la experimentación y la búsqueda de información sexual. Es importante señalar, sin embargo, que la menor frecuencia de conductas en el período preescolar puede estar relacionada con la dificultad de evocar recuerdos tempranos, especialmente si éstos se refieren a conductas que no son valoradas positivamente por los adultos (Berk, 1999).

La predominancia de conductas individuales y especialmente de autoexploración del cuerpo en la etapa preescolar coincide con los resultados de Kolodny et al. (1982) y de Vizcarra y Balladares (2000) y respondería a la necesidad de autoconocimiento del niño. Por otra parte, en esta etapa las posibilidades de interacción con pares son menores y generalmente están sujetas al control de algún adulto.

El aumento significativo en las conductas sexuales, tanto individuales como interpersonales a partir de los 6 años, posiblemente esté asociado, además del desarrollo psicosexual, al ingreso a la escuela, que significa mayor autonomía y posibilidades de interacción con otros niños. A partir de los once años el leve aumento de las conductas interpersonales por sobre las individuales, entre otras, conversar acerca del sexo, reflejan la curiosidad sexual y preocupación por temas relacionados con el proceso de maduración sexual y su correlato psicológico, y la importancia que asume el grupo de pares como espacio de aprendizaje de la sexualidad (Crooks y Bauer, 1980).

La mayor cantidad de conductas sexuales, sentimientos positivos y sensaciones placenteras referidos por los varones se relacionaría con una socialización de género diferencial que tolera una expresión más abierta de la sexualidad en los hombres, suponiendo una mayor intensidad del impulso sexual, determinada biológicamente. En las niñas, en cambio, se realiza una supervisión más cercana que inhibiría la expresión de estas conductas. Cuando éstas se manifiestan, están probablemente más acompañadas de culpa, lo que teñiría negativamente las experiencias y dificultaría su evocación (Valenzuela, 1994; Gil y Johnson, 1993).

La frecuencia de conductas y los sentimientos asociados también se verían influenciados por la etnia; tanto hombres como mujeres que se identificaron como mapuche reportan menos conductas y las vivencian de manera menos positiva que los jóvenes que se identifican con la cultura chilena. Esto podría relacionarse con la dificultad de abordar el tema sexual en las familias mapuche, donde la transmisión de información sexual se da habitualmente entre personas del mismo sexo y en relación con acontecimientos específicos como la menarquia. La vida sexual se da en un contexto de gran privacidad, existiendo un pudor exacerbado ante la desnudez, inclusive entre esposos (Oyarce, 1989).

Las variables educación de los padres, tipo de religión, nivel de participación religiosa y nivel socioeconómico no tuvieron influencia significativa en la cantidad de conductas sexuales. Esto contrasta con otros estudios en que sí aparece una relación significativa; sin embargo, la mayoría de ellos han estudiado población adulta (Ubilla, Páez y González, 2000; Masters y Johnson, 1978).

En cuanto a la hipótesis que plantea que la mayoría de los adultos no conocieron las conductas sexuales de los niños los resultados coinciden con Gil y Johnson (1993), quienes señalan que los adultos transmiten a los niños, tanto de modo verbal como no verbal, su incomodidad frente a la expresión abierta de la sexualidad, reforzando la idea de ésta como tabú, que se debe vivir en forma silenciada y es de patrimonio exclusivo de los adultos.

Esto queda en evidencia cuando se analiza la reacción de los adultos frente a las conductas sexuales de los niños; la mayoría reacciona evadiendo el tema o bien desaprobando abiertamente esas conductas. Es destacable, sin embargo, que un importante porcentaje de adultos utiliza esta situación para orientar y normalizar la situación, lo que sugiere una creciente apertura en este aspecto (Sharim et al., 1996).

El presente estudio aporta criterios cuantitativos en cuanto a la frecuencia de determinadas conductas en las distintas etapas del desarrollo, permitiendo establecer ciertos parámetros de normalidad estadística. Sin embargo, consideramos necesario complementar esta información con estudios cualitativos que contribuyan a desarrollar criterios normativos culturalmente adecuados para nuestro contexto.

Agradecimientos

El presente trabajo fue financiado por la Dirección de Investigación de la Universidad de la Frontera, Proyecto DIDUFRO 2028


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