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 Nada de lo psicológico nos es ajeno
III Congreso Nacional de Psicología - Oviedo 2017
Universidad de Oviedo

 

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ARTÍCULO SELECCIONADO

Psicothema

ISSN EDICIÓN EN PAPEL: 0214-9915

2004. Vol. 16, nº 3, pp. 456-460
Copyright © 2014


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PARTICIPACIÓN SOCIAL EN CONTEXTOS VIRTUALES

 

Juan Herrero, Julio Meneses, Lourdes Valiente y Francisco Rodríguez

Universidad de Oviedo y Universitat Oberta de Catalunya

Este trabajo analiza el efecto de la participación presencial y virtual en el distrés psicológico (estrés y depresión) en 350 adultos usuarios de Internet. Los resultados indican que ambos tipos de participación (presencial y virtual) ejercen una influencia positiva similar en la autoestima social, lo que a su vez incide en la reducción de los niveles de estrés y depresión. Ambos tipos de participación no están relacionados. Estos resultados se han obtenido una vez controlado estadísticamente el efecto de variables demográficas (sexo, edad, número de habitantes y tiempo de residencia en la comunidad) y de uso de Internet (antigüedad en el uso de Internet y frecuencia de uso). De acuerdo con estos datos, la participación virtual en Internet podría disfrutar de un estatus similar a la participación presencial, en su relación positiva con el bienestar psicológico, lo que abre una amplia gama de posibilidades de prevención e intervención.

Online social participation. This paper analyzes the effect of community and online participation on psychological distress (stress and depression) in a sample of 350 adult Internet users. Analyses show that both community and online participation have a similar positive influence on social self-esteem, which at the same time has a negative influence on levels of stress and depression. Community and online participation are not statistically related. These results were obtained after controlling for socio-demographic (gender, age, number of inhabitants and length of time in the community) and the use of Internet (years of use of Internet and frequency of use) variables. According to our data, online participation could have the same beneficial consequences as its community counterpart, which offers a wide range of possibilities for prevention and intervention.

 
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Fecha recepción: 4-11-03 • Fecha aceptación: 1-3-04
Correspondencia: Juan Herrero Olaizola
Facultad de Psicología
Universidad de Oviedo
33003 Oviedo (Spain)
E-mail: olaizola@uniovi.es

 

La capacidad de Internet para transformar las relaciones sociales ha sido un aspecto estelar de las investigaciones que han analizado el impacto esta tecnología en la vida de las personas, si bien no el único (adicciones, crimen, participación política, educación, etc.). Qué efecto ejerce la utilización de Internet en la creación, mantenimiento y potenciación de las relaciones sociales tanto virtuales (online) como presenciales (offline) y cómo ello puede estar relacionado con el bienestar psicológico de los usuarios es sin duda un prometedor campo de estudio, con una corta historia. Así, los estudios pioneros de los años 90 que pretendían vincular el uso de Internet con la actividad social offline y el bienestar psicológico proporcionaron una evidencia contradictoria. El caso más notable es el trabajo pionero de Kraut et al. (1998, 2001), quienes en 1998 encontraron que Internet favorecía el aislamiento social y el distrés, un efecto que denominaron ‘la paradoja de Internet’: una tecnología social de la comunicación (Internet) que promovía una devaluación del contexto social de sus usuarios, con unas consecuencias negativas para el bienestar psicológico (distrés). Tres años más tarde, sin embargo, los mismos autores reconocían que los efectos observados habían prácticamente desaparecido (Kraut et al., 2001). Su explicación se basó en que Internet, como medio, había sufrido una transformación entre los dos estudios y había madurado. ‘En pocas palabras, Internet puede haberse convertido con el tiempo en un lugar más hospitalario’ (p. 70) lo que explicaría los efectos positivos de Internet en la comunicación, la implicación social y el bienestar. Otras investigaciones han relacionado el uso de Internet con una mayor actividad social (Robinson y Kestnbaum, 1999) e incluso con mayores niveles de confianza hacia los demás y unas redes sociales más extensas (Cole, 2000; Hampton y Wellman, 2000; Uslander, 2001). En este sentido, existe evidencia de que las relaciones virtuales suelen convertirse en presenciales (Müller, 1999; Rheingold, 2000) siguiendo un proceso en distintas fases por el que las personas ceden parte del control que tienen en la interacción con el fin de obtener mayores grados de intimidad (McKenna, Green y Glason, 2001).

Por otra parte, la evidencia no es concluyente sobre si la vida comunitaria se enriquece cuando se incorporan nuevas tecnologías (Koku, Nazer y Wellman. 2001). Por ejemplo, los vecinos de Netville estudiados por Hampton (2001) que disponían de una conexión de alta velocidad mostraban un mayor número de vínculos vecinales que aquellos que no disponían de conexión a Internet. Sin embargo, los habitantes de BEV (Blacksburg Electronic Village) estudiados por Kavanough y Paterson (2001) que utilizaron con mayor frecuencia los recursos de Internet puestos a su disposición informaron de una menor participación en las actividades sociales de la comunidad, aunque sus niveles de integración comunitaria permanecieron constantes. No obstante, en aquellos usuarios con elevados niveles de participación comunitaria al inicio del estudio, sus niveles de participación continuaron aumentando con el uso de Internet.

La participación en contextos virtuales y su efecto en el bienestar psicológico

Una posible limitación de este tipo de estudios es que no suelen diferenciar si el uso que se hace de esta tecnología es social o no (DiMaggio, Hargittai, Neuman y Robinson, 2001). Ya que la mera utilización de Internet no implica necesariamente una actividad social, aunque tiene sin duda consecuencias sociales, sería interesante distinguir entre el uso social de Internet (participación en foros, por ejemplo) y su uso no social (navegar, bajar canciones y películas, leer el periódico, etc.). Cuando el uso de Internet es social, y por tanto con un efecto en las relaciones sociales virtuales de los usuarios (creándolas o manteniendo las ya existentes), es previsible que su efecto en el bienestar psicológico sea positivo (Gracia, Herrero y Musitu, 2002; para una revisión del efecto positivo de las relaciones sociales en el bienestar psicológico). Alternativamente, un uso fundamentalmente no social podría fomentar las percepciones de aislamiento de los usuarios, lo cual explicaría por qué algunas investigaciones encuentran que el uso de Internet se asocia con el aislamiento social y mayores niveles de distrés (Nie y Erbring, 2000).

En cuanto al uso social de Internet y a su capacidad para promover la creación de nuevos vínculos sociales y mantener los ya existentes, la participación de los usuarios en comunidades virtuales constituye una prometedora área de investigación. Este tipo de participación tendría la ventaja de permitir crear nuevos foros de expresión en los que desarrollar vínculos con personas similares (ver Castells, 2001; para una revisión) permitiendo poner en contacto a usuarios que quizás puedan no sentirse implicados en las actividades sociales de su comunidad geográfica. Esta ventaja de las comunidades virtuales se ha vinculado con la mejora de la autoestima social y la creación de vínculos sociales de confianza (McKenna, Green y Gleason, 2001). Como han señalado Bargh, McKenna y Fitsimons (2001), estas comunidades pueden ‘capacitar la expresión del self y un tipo de comportamiento que no se encuentra disponible en la propia esfera social’(p. 35). Por su parte, la relación entre la autoestima y el distrés ha sido consistentemente probada (Cohen y Syme, 1985; Ensel y Lin, 1991), por lo que aquellos usuarios implicados en actividades sociales virtuales experimentarán una mejora del bienestar psicológico, debido a una mejora en la percepción de su capacidad para crear y mantener relaciones sociales duraderas.

La participación comunitaria y virtual serían por tanto dos importantes recursos para la potenciación del bienestar psicológico, haciéndose necesario un análisis de sus relaciones mutuas así como de su capacidad para mejorar los niveles de ajuste psicológico. El presente trabajo tiene como objetivo el análisis de la influencia de la participación comunitaria presencial y virtual en el ajuste psicológico de los usuarios de Internet, un área de investigación frecuentemente desatendida y que permitiría ampliar nuestro conocimiento sobre el impacto de Internet en la salud psicológica de las personas.

Método

Procedimiento

El estudio se llevó a cabo en un entorno completamente virtual entre estudiantes de la Universitat Oberta de Catalunya. Se seleccionó a los alumnos de los estudios de Psicología como posibles candidatos a participar en el estudio y se envío un e-mail a cada uno de estos estudiantes recabando su participación en una investigación online sobre los efectos de Internet en el bienestar y la calidad de vida. En este e-mail se explicaban los objetivos del proyecto, y se aseguraba la confidencialidad de todos los datos recogidos en el estudio. Para facilitar la cumplimentación del cuestionario se incluía en el mensaje un enlace directo al servidor en el que este cuestionario estaba alojado, única forma además de acceder al mismo. La tasa de retorno fue del 48%: de los 728 e-mails remitidos, 350 participantes cumplimentaron sus respuestas y enviaron electrónicamente los resultados a una base datos creada a tal efecto.

Participantes

La edad de los participantes estaba comprendida entre los 19 y los 57 años (M= 33.11, D. T.= 7.01). Un 70% de los participantes eran mujeres. La mayoría estaban casados o conviviendo con pareja (55%), solteros un 38% y el resto separados (7%). Con respecto a la ocupación laboral, un 79% trabajaban a tiempo completo, un 14% a tiempo parcial, y el resto se distribuyó entre amas de casa sin trabajo remunerado (2%) y estudiantes en paro (5%). Esta distribución de la ocupación laboral es característica de la UOC ya que, debido a la flexibilidad de horarios y a la estructura no presencial de los propios estudios, gran parte de sus estudiantes cursan su segunda carrera o retoman sus estudios universitarios una vez se encuentran integrados en el mercado laboral. Este hecho explica también los ingresos medios familiares relativamente elevados de la muestra (un 35% afirmaba tener unos ingresos familiares superiores a los 30 mil euros al año). Con respecto al nivel educativo, el 24% cursaba sus primeros estudios universitarios y un 76% estudiaba su segunda carrera, de los cuales el 16% tenía estudios de doctorado o postgrado.

Se obtuvo, además, información sobre variables previsiblemente relacionadas con la participación presencial (tamaño de la población de residencia y años de residencia en la comunidad) así como con la participación virtual (antigüedad en el uso de Internet y frecuencia de uso de Internet). Gran parte de los participantes residían en el área metropolitana de Barcelona (41%), y un porcentaje considerable en poblaciones de menos de 100 mil habitantes (40%). El restante 19% residía en poblaciones entre 100 mil y 200 mil habitantes. Prácticamente la mitad de los participantes llevaban más de 20 años en la misma localidad (56%) con tan solo un 7% de participantes con menos de 1 año de residencia en su población. Respecto al uso de Internet, el 68% llevaba más de tres años utilizando Internet y prácticamente la misma proporción se conectaba todos los días (71%). Un 70% disponía de adsl o cable.

En general, los participantes del estudio eran usuarios habituales de Internet, casados o viviendo con pareja, con ingresos familiares medios-altos, con gran proporción de mujeres, una edad media en torno a los 35 años y alto nivel educativo.

Instrumentos de medida

Como el estudio se desarrolló completamente de forma no presencial y eran los propios participantes quienes tenían completo control sobre cómo, cuándo y desde dónde cumplimentar los cuestionarios, se prestó especial atención para que los instrumentos de medida fueran breves y fiables (Elosua, 2003). La mayoría de estos instrumentos ya han sido administrados de forma presencial (ver ejemplos en: Gracia et al., 2002; Gracia y Herrero, en prensa; Martínez, García y Maya, 2001), y en general las propiedades psicométricas de los mismos se mantuvieron en la aplicación virtual. En la tabla 1 se presenta la matriz de correlaciones así como las medias y las desviaciones típicas de cada una de las variables utilizadas en esta investigación.

Participación comunitaria presencial. Se utilizó la escala de Participación Comunitaria de Gracia y Musitu (2002). Esta escala consta de 6 ítems (α=.81) y evalúa el grado en que la persona se implica en las actividades sociales de su comunidad (por ejemplo, ‘colaboro con las organizaciones y asociaciones de mi comunidad’). Participación Comunitaria virtual. La participación comunitaria virtual hace referencia a la participación activa en foros de discusión y webs. El índice de participación comunitaria virtual (α= .68) se elaboró a partir de 2 ítems: ‘Parte del tiempo que estoy conectado lo dedico a discutir problemas y compartir mis ideas en foros y grupos de debate’ y ‘Colaboro activamente en los contenidos de alguna web (cualquier temática)’. Autoestima Social: Se utilizó la escala de autoestima social (α= .78) que proporciona el Cuestionario de Autoestima de Herrero y Musitu (2002) y que evalúa la percepción de la persona sobre su capacidad para crear y mantener relaciones sociales duraderas (amistad) así como su satisfacción con el conjunto de relaciones sociales que mantiene en el momento del pase del cuestionario. Depresión: Se utilizó una versión breve de 7 ítems del CESD (Santor y Coyne, 1997) (α= .88) que evalúa el ánimo depresivo referido a la última semana y proporciona una puntuación general de depresión. Estrés percibido: Se utilizó la versión breve de 4 ítems del Perceived Stress Scale –PSS– (Cohen, Kamarck y Mermelstein, 1983) que evalúa el grado en que los participantes percibieron las situaciones del último mes como impredecibles y fuera de control (α= .91).

Resultados

El análisis de las relaciones entre la participación comunitaria virtual y presencial, autoestima social y distrés, se estimó mediante un modelo de ecuaciones estructurales utilizando EQS (Bentler, 1995). Este modelo (ver Figura 1) mantiene que los dos tipos de participación ejercen un efecto en la autoestima y el distrés y, además, están correlacionados.

Puesto que nuestra hipótesis de trabajo mantiene que ambas formas de participación tienen una influencia similar en la autoestima y el distrés, se estimó el modelo manteniendo la igualdad de dichos paths, para lo cual se utilizaron sus puntuaciones estandarizadas. También se incluyeron en el modelo medidas demográficas (sexo, edad, nº de habitantes y años de residencia) y medidas de uso de Internet (antigüedad en el uso y frecuencia de conexión) como covariables. Este modelo ajustó bien a los datos (χ2 = 4.67; g.l.= 10; p= .91). El análisis estadístico de las igualdades entre los paths no permitió rechazar la hipótesis nula de que efectivamente eran iguales. Esto fue así tanto para la igualdad de la influencia de la participación presencial y virtual en la autoestima (χ2= 0.28; gl= 1; p= .60), como para la igualdad de la influencia de la participación presencial y virtual en el distrés (χ2= 0.10; gl= 1; p= .75). En el modelo de la figura 1 entre paréntesis se presentan los efectos totales de participación presencial y virtual en el distrés. De acuerdo con este modelo, la participación presencial (β= -.14, p<.01) y la participación virtual (β= -.09, p<.05) ejercen una influencia negativa en el distrés pero no de forma directa. Esta influencia está mediada por su efecto en la autoestima social: (β= .14, p<.001) y (β= .10, p<.001) para la participación presencial y virtual, respectivamente. Ambos tipos de participación no están relacionadas (r= .06, ns).

Discusión y conclusiones

La capacidad de Internet para promover nuevas formas de relación social y transformar las ya existentes ha sido un tema de investigación con un indudable atractivo para los científicos sociales. El presente trabajo se ha centrado en estudiar cuál es el papel de las relaciones sociales virtuales en la autoestima social y el ajuste psicológico (distrés). Este análisis se ha realizado desde el punto de vista comunitario, incorporando medidas de participación comunitaria virtual y presencial con el objeto de estudiar la influencia de ambos contextos en la percepción del usuario para crear y mantener relaciones sociales y con ello promover el ajuste psicológico.

Los resultados apuntan a que ambas formas de participación se relacionan positivamente y con una magnitud similar con el bienestar psicológico a través de su influencia positiva en la autoestima social. No hemos encontrado una relación directa entre participación y distrés, lo que sugiere que sólo cuando la participación permite mejorar la autoestima social se produce una disminución de los niveles de distrés. Estos resultados tienen en cuenta el efecto de variables sociodemográficas (sexo, edad, años de residencia y número de habitantes de la población), y variables de uso de Internet (antigüedad en el uso y frecuencia de conexión).

Si bien la capacidad de la participación comunitaria para favorecer la creación y mantenimiento de vínculos sociales satisfactorios ha sido frecuentemente señalada (Barrón y Sánchez, 2001; Gracia et al., 2002; Larieter y Baumann, 1992; Lin, Dean y Ensel, 1986; para una revisión), los resultados de este trabajo indican que la participación en comunidades virtuales podría también ejercer una influencia similar. Además, frente a otras investigaciones que señalaban a una posible incompatibilidad entre los contextos sociales presencial y virtual (DiMagio et al., 2000, para una revisión; Kraut et al., 1998), nuestros resultados sugieren que ambas formas de participación son compatibles. Los participantes que dedican parte del tiempo de conexión a implicarse activamente en el desarrollo de actividades comunitarias virtuales (discusión en foros, colaboración en webs, etc.) no muestran una tendencia a inhibirse o asilarse de otras actividades comunitarias de su mundo social presencial. Como han señalado DiMaggio et al. (2001) esta ausencia de relación debería ‘llevar [a los investigadores] a diferenciar las distintas formas de utilización de Internet así como las diferentes orientaciones de los usuarios’ (p. 319). Nuestro trabajo señala que es posible un uso de Internet de corte más comunitario y que esta utilización –en términos de participación virtual– disfruta de los mismos beneficios de la participación comunitaria presencial: satisfacción con las relaciones sociales y mejora del bienestar psicológico.

En sintonía con estos resultados, la promoción de ambos tipos de participación tendría un efecto positivo en el bienestar, lo cual sitúa a la participación virtual como un recurso muy valioso para la prevención y la intervención. Un recurso con un gran potencial en tanto que facilita el contacto entre personas con dificultades de movilidad (ancianos, discapacitados, etc.) u otras personas que por sus características, intereses o convicciones pudieran ser reacias a implicarse en la vida comunitaria presencial.

Futuras investigaciones deberían profundizar tanto en los antecedentes como en las consecuencias de la participación virtual, ayudando a comprender cuándo y por qué las personas participan socialmente online de forma activa. Variables en los ámbitos personal (depresión, estrés), interpersonal (apoyo social), situacional (eventos vitales) y macrosocial (edad, género, ingresos, estudios, etc.) han probado ser consistentes predictores de la integración y la participación comunitaria presencial (Gracia y Herrero, en prensa). Sin embargo, sus efectos sobre la participación virtual están todavía por clarificar.

Por otra parte, se precisan de otras investigaciones que permitan examinar las potenciales consecuencias negativas de la participación virtual, como la ciberbalcanización y el anonimato. La ciberbalcanización (van Alstyne y Brynjolfsson, 1996) hace referencia a la tendencia de las comunidades virtuales a centrarse exclusivamente en los temas que son considerados de interés y eliminar de este modo la diversidad. Esta excesiva homogeneidad podría ejercer un efecto negativo en los usuarios, al restringir el acceso a la información divergente (y en ocasiones muy útil) y limitar las perspectivas de análisis (Wellman y Gulia, 1999), creando ciberguettos aislados. Aunque probablemente los grupos virtuales no sean tan homogéneos ni los presenciales tan heterogéneos (Lin, 2001; Lin et al., 1986; Putnam, 2002), se hace necesario un análisis del papel que la homogeneidad pueda estar jugando en las relaciones sociales online y su influencia en el bienestar psicológico.

Otra de las consecuencias negativas de la participación social online tiene que ver con la existencia de anonimato en este tipo de interacciones sociales, que puede llevar a una disminución de la probabilidad de crear vínculos basados en la reciprocidad y el compromiso, al obstaculizar los procesos de confianza y solidaridad (Putnam, 2002; para una revisión). Existe evidencia, sin embargo, de que en situaciones de anonimato las personas pueden sentirse más libres para expresar sus emociones de forma sincera (Bargh et al., 2001), algo que conocen muy bien los grupos de autoayuda presenciales anónimos (Gracia, 1998; para una revisión). No obstante, aún se precisa de un conocimiento más exhaustivo del efecto que el anonimato en Internet pueda ejercer en las relaciones sociales online, tanto en las tasas de participación como en la potencial existencia de mensajes hostiles que minen las comunicaciones basadas en la empatía, debido fundamentalmente a la ausencia de claves sociales (sexo, edad, etnia, etc.). No obstante, como ha recordado Preece (2000), las comunidades virtuales y grupos de discusión disponen de mecanismos para desincentivar este tipo de mensajes, como las condiciones de admisión, normativas sobre el contenido de los mensajes o moderadores que filtran los mensajes agresivos o hirientes.

Finalmente, conviene señalar algunas limitaciones en nuestro estudio. Por una parte, la muestra analizada no es probabilística y por tanto las posibles generalizaciones al universo poblacional de usuarios de Internet son limitadas. Sin embargo, los controles realizados en los análisis (sexo, edad, tiempo de residencia, número de habitantes, antigüedad en el uso de Internet y frecuencia de conexión), deberían proporcionar una mayor confianza en los resultados obtenidos. Por otra parte, la naturaleza correlacional del diseño de investigación no permite aventurar relaciones causales. En este sentido, futuras investigaciones que contemplen la variable temporal podrían aportar una comprensión más clara de los fenómenos analizados.

Agradecimientos

Esta investigación ha sido realizada con el apoyo del Ministerio de Ciencia y Tecnología (SEC2003-03403) y Departament d’Universitats, Recerca i Societat de la Informació de la Generalitat de Catalunya (2003FI0001).


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    Figura 1. La influencia de la participación presencial y virtual en el bienestar psicológico. Los coeficientes.
                            
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    Tabla 1. Media, desviación típica y correlaciones para las variables observadas (N=350).