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 Nada de lo psicológico nos es ajeno
III Congreso Nacional de Psicología - Oviedo 2017
Universidad de Oviedo

 

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ARTÍCULO SELECCIONADO

Psicothema

ISSN EDICIÓN EN PAPEL: 0214-9915

1989. Vol. 1, nº 1 - 2, pp. 5-6
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A PROPOSITO DEL NOMBRE

 

Santiago González Escudero

Universidad de Oviedo

«Psicothema» es un nombre compuesto. Se podría discutir, incluso, su forma que, en cierta manera, excede los cánones de la normalización ortográfica del castellano, pues más bien se aproxima a las transcripciones de otras lenguas que, más respetuosas con el original griego, tratan de reflejar el sonido propio en su origen de los términos prestados desde otra época y expresión.

Probablemente habrá quien se incline a eliminar la «P» inicial; cosa que viene propiciada por esa tendencia al mínimo esfuerzo junto con el arriesgado afán por olvidarse de las necesarias referencias conceptuales.

 
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Santiago González Escudero
Universidad de Oviedo

 

«Psicothema» es un nombre compuesto. Se podría discutir, incluso, su forma que, en cierta manera, excede los cánones de la normalización ortográfica del castellano, pues más bien se aproxima a las transcripciones de otras lenguas que, más respetuosas con el original griego, tratan de reflejar el sonido propio en su origen de los términos prestados desde otra época y expresión.

Probablemente habrá quien se incline a eliminar la «P» inicial; cosa que viene propiciada por esa tendencia al mínimo esfuerzo junto con el arriesgado afán por olvidarse de las necesarias referencias conceptuales.

Pero la verdad es que «Psicothema» es un compuesto de dos raíces griegas, al modo en que lo son asimismo «Psicología», «Filosofía» o «Pedagogía».

Perder este punto de vista, que no librarse de él, o atribuirlo, si aparece alguna vez, a mero adorno formal o a un afán de originalidad -¡algún nombre había que poner!- no es un procedimiento que ayude en absoluto al propio desarrollo de una ciencia.

Un comienzo, pues, en una línea o perspectiva que recoja la actividad contemporánea y los avances en una teoría y práctica perfectamente acoplada a su momento histórico no puede perder ninguna de las tendencias ni de los logros que al menos han servido en el pasado para la fundamentación de su propia actividad y modo de ser. En definitiva perder siempre es algo que cuando menos deja abierta la puerta a una repetición de los errores que se trataba de evitar.

De esa manera, si intentamos recuperar los componentes de nuestro compuesto a partir del mundo griego, tenemos que «Psico» tiene que ver con «Psiqué» que en castellano se hace equivalente de «alma», «espíritu» y «aliento».

Esta supuesta equivalencia, sin embargo, no deja ni mucho menos zanjada la aportación de la etimología.

No es posible equiparar dos términos que suponen elementos conceptuales en sociedades muy diferentes y distanciadas. Así lo que tenemos en «Psiqué» es nada menos que el resultado de toda la trayectoria filosófica de los griegos, que en absoluto se puede reducir a lo que como «alma» comúnmente entendemos hoy desde un punto de vista por completo inmerso en una sociedad cristiana.

PLATÓN, que en las imágenes de su filosofía trata de recoger no sólo la experiencia cuyo resultado es la sociedad que tiene delante sino sobre todo las líneas de construcción y de modificación de la misma, es quien históricamente ha dado a «psiqué» su contenido específico. Su actividad, que es la que desde él aparece como la propia del filósofo, aparece definida como la encargada de «abrir los ojos de la psiqué».

Y es curiosa la expresión porque el alma, para PLATÓN, no ve, carece de ojos, tampoco habla, ni come, ni duerme. Todo lo que caracteriza al hombre en ese sentido lo hace el cuerpo. La «psiqué» no es más que el resultado de trayectorias, ritmos y sucesión de imágenes. El alma funciona mediante comparación, analogía e identidad entre las «symplokaí» o combinaciones geométricas en las formas de los objetos perecederos que transmiten los ojos del cuerpo o las palabras que los oídos recogen.

Alma es la «memoria del Lógos», para usar la expresión acuñada por el profesor LLEDÓ en sus estudios acerca de la filosofía platónica; es la recopilación y síntesis del pasado en la «symploké» que se contrasta con las imágenes que a través del cuerpo son captadas.

El contraste entre la trayectoria recogida por el cuerpo y las proporciones perfectas mantenidas en el alma es lo que determina la atracción de la belleza. Es lo que lleva al movimiento humano. Por eso en la «psiqué» los griegos hacían radicar el impulso que conduce a la vida diaria de las ciudades y de los individuos: atracción que se resuelve en la «poíesis», o sea en el hacer y en el actuar.

Trayectorias, ritmos, imágenes, proporciones y atracción con movimiento. Todo eso es lo que se comunica con el primer componente del compuesto, con «Psico», y no vagamente una confusa idea de «espíritu» o de «aliento».

Existe además un segundo término en el compuesto, el cual, como es de rigor, proporciona el sustantivo o el objeto del mismo. Y no es que se escriba «thema» por afán de erudición o de ridícula pedantería. «Thema» es un nombre que recoge la acción del verbo que en griego significa «contemplar» (el mismo que dio origen a la palabra «teatro») para ofrecer su uso como conjunto, como obra sujeta a nuevas teorías y prácticas.

Así pues, la combinación concreta que nos ofrece el compuesto permite el planteamiento de una «contemplación teórica y práctica de todo lo que consiste en trayectorias, ritmos, imágenes, proporciones, atracción y movimiento», que, por supuesto abarca a todos los seres sujetos a dichas consideraciones, a los animales y a los hombres.

En definitiva creemos que el compuesto en general puede determinar y explicar los contenidos para los que se establece. Y eso es lo que se pide a un nombre.


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