Han sido múltiples las especulaciones y el interés
suscitado a lo largo de la historia sobre el tema de la emergencia de nuevas
conductas en las que no se ha observado una fase de entrenamiento o de aprendizaje
concreto, han sido múltiples. El fenómeno que abordamos en este
trabajo, identificado como Relaciones de Equivalencia, permite estudiar cómo
surgen algunas conductas no enseñadas explícitamente, y da razón
- al menos - de una de las formas o interacciones que originan conductas sin
entrenamiento explícito.
Las relaciones de equivalencia definen el fenómeno en
el que aparece un nuevo comportamiento a partir del entrenamiento anterior de
componentes separados. Se afirma que aparece equivalencia entre los nuevos estímulos
siempre que se relacionen por vez primera. Sidman (1971) describe inicialmente
este fenómeno con el procedimiento de igualación a la muestra,
en el que tras un entrenamiento en discriminación por separado de dos
relaciones (p.j. A-B y C-A), pueden aparecer nuevas discriminaciones (p.j. B-A,
C-A, B-C y C-B) con elementos que no han aparecido juntos anteriormente. Ese
interés se ha visto incrementado en la última década por
ser un fenómeno nuevo en la literatura experimental; por su estrecha
relación con el comportamiento verbal; y por la posibilidad técnica
que supone al permitir estudiar la emergencia de nuevas conductas sin un entrenamiento
explícito.
ANTECEDENTES
A partir de los procedimientos de "discriminación sin
error" de Terrace (1963a, 1963b), Sidman inicia en 1967 una serie experimental
sobre "control estimular, discriminación y generalización", en
los que puede conseguir que el niño muestre un comportamiento discriminativo
que en absoluto tenía en un principio mediante cambios progresivos en
la estimulación. Todos ellos están comprendidos en lo que se conoce
como procedimientos de discriminación sin error, de los que puede encontrarse
una revisión y exposición más detallada en Sulzer-Azaroff
y Mayer (1977), Etzel y LeBlanc (1979), y Luciano (1988).
Desde 1961 se desarrolla un área de experimentación
animal que con el procedimiento denominado igualación a la muestra consigue
la "discriminación condicional" (Cumming y Berryman, 1961, 1965). Esta
constituye, un tipo de control estimular en el que un primer estímulo
es condición para que un segundo funcione como S+ y la respuesta ante
el mismo sea reforzada. En la técnica básica de igualación
a la muestra, el sujeto ha de responder a una de las dos opciones presentadas
como comparación ante una muestra, la comparación elegida será
reforzada o estará expuesta a otras consecuencias en función de
las características arbitrarias de la muestra. El estímulo de
comparación correcto se define en términos de una relación
arbitraria establecida deliberada o accidentalmente. Un esquema de las secuencias
establecidas en una igualación a la muestra con un elemento de muestra
y dos opciones de comparación sería como en la Figura 1.
A partir de aquí son numerosas las investigaciones con
animales sobre "relaciones condicionales" entre estímulos (generalmente
visuales: colores y formas). En ellas se han manipulado distintas variables
para depurar el procedimiento: por ejemplo, los programas de reforzamiento asociados
a la igualación, el tipo de estimulación visual presentada, la
historia diferencial de entrenamiento antes de las pruebas de relaciones condicionales,
etc. El desarrollo de este tipo de experimentación sobre transferencia
hasta los años 70 puede considerarse el punto de partida - y entronque
con otras aproximaciones - para los estudios posteriores sobre elaciones de
equivalencia. En Valero (1990) puede encontrarse una revisión más
completa sobre toda esta experimentación.
DELIMITACION DEL FENOMENO
Con la misma base metodológica, y con un propósito
educativo, aparece el primer artículo que habla de equivalencia entre
estímulos" (Sidman, 1971), que describe el procedimiento para crear esa
equivalencia sin entrenar directamente todas y cada una de las relaciones posibles.
En ese primer estudio consigue que, a partir del entrenamiento de la relación
entre un estímulo auditivo A (una palabra oída) y un estímulo
visual B (un dibujo), y de la relación de esa palabra pronunciada y otro
visual C (una palabra escrita), junto con las relaciones BD (un dibujo con una
palabra pronunciada); sin más entrenamiento que el anterior se establecieran
relaciones completamente nuevas (palabras escritas-dibujos, relaciones BC y
CB, así como palabras escritas-pronunciadas, relaciones CD y DC). En
la Figura 2 se especifican esas relaciones de forma más gráfica.
Este estudio fue con un solo sujeto retardado, consiguiendo esas nuevas relaciones
en 20 palabras diferentes. Sirvió para iniciar toda una secuencia de
experimentos sobre nuevas relaciones entre estímulos.
No obstante, es en 1982 cuando Midan y Tailby sientan las primeras
bases metodológicas y teóricas que seguirán los diferentes
estudios sobre relaciones de equivalencia a partir de ese momento. Comienzan
por diferenciar el concepto de relación condicional entre estímulos
como un repertorio creado a través de un procedimiento en el que si aparece
un estímulo A1 la respuesta se da sobre el estímulo B1, o bien
si es A2 la respuesta debe ocurrir sobre B2. Definida también en términos
de lógica como "Si A1 entonces B1; si A2 entonces B2". Diferenciándolo
del concepto de relación de equivalencia entre estímulos en la
que debe de haberse formado una clase estimular A1-B1 y A2-B2 que permita ser
intercambiable en su control condicional, tal como se define a continuación.
Para permitir diferenciar ambas relaciones y poder afirmar
que existe una relación de equivalencia entre varios estímulos
resulta necesario utilizar al menos tres grupos de estímulos (cada uno
de ellos formado al menos por dos elementos) que, por su entrenamiento, formen
una clase intercambiable entre sí (A1-B1-C1 y A2-B2-C2). Se afirma esa
relación de equivalencia entre esos estímulos, cuando existe entre
ellos otra serie de relaciones condicionales. Estas toman su nombre de la lógica
griega pero definen siempre una relación entre estímulos o elementos
probada empíricamente, y que vendrá cuantificada por su grado
de control estimular.
Estas relaciones son las siguientes: (1). Reflexiva: ha de
demostrarse que un estímulo A1 controla otro estímulo idéntico
A1, es decir, "si A1 entonces A1, o si B1 entonces B1 ".
(2). Simétrica: ha de demostrarse que si un estímulo
A1 controla una respuesta sobre otro estímulo B1, entonces B1 controla
la respuesta sobre A1. Es decir, "si A1 entonces B1 y si B1 entonces A1".
(3). Transitiva: ha de demostrarse que si un estímulo
A1 controla la respuesta B1, y B1 sobre C1, entonces A1 debe controlar la respuesta
sobre C1. En otras palabras, "si A1 entonces B1 y si B1 entonces C1, luego si
A1 entonces C1".
Aquí precisamente surge una tercera relación
condicional que no ha sido entrenada previamente, en la que el sujeto iguala
los estímulos de muestra de la primera relación con los de comparación
de la segunda. La simetría correspondiente CA es la prueba de equivalencia.
Cuando se prueban estas tres relaciones condicionales, es cuando
se habla propiamente de "relación de equivalencia" entre estímulos,
en la que todos ellos formen parte de una misma clase estimular.
A continuación presentamos las diferentes líneas
de investigación que han hecho de este fenómeno uno de los tópicos
más estudiados por una buena parte de la comunidad científica
actual.
LINEAS DE INVESTIGACION
La experimentación sobre relaciones de equivalencia,
a pesar de ser muy reciente, resulta muy diversa por lo que una ordenación
del campo podría realizarse a partir de las distintas líneas de
investigación que han surgido y de las que siguen apareciendo referencias
de forma contínua. Entre esas líneas destacamos las que se han
dedicado a la expansión del número de relaciones; las que introducen
diferentes tipos de conductas, estimulaciones y procedimientos para su estudio;
las investigaciones respecto a la identificación de las variables relevantes
en el procedimiento de igualación; aquellas que estudian el papel de
posibles respuestas intermedias en la aparición de equivalencia; y las
que analizan los componentes verbales implicados; así como la investigación
aplicada.
Expansión del número de relaciones
Muchos de estos experimentos intentan aumentar la cantidad
de asociaciones entre estímulos que podrían formarse, manipular
las distintas relaciones entrenadas para observar las nuevas que se forman,
o estudiar las condiciones que permiten aumentar el número de elementos
implicados. Por ejemplo, Wetherby, Karlan y Spradlin (1983) crean todas la posibles
combinaciones de estímulos en cuatro clases (A-B-C-D). El experimento
de Sidman, Kirk y Willson-Morris (1985) consigue la equivalencia con seis grupos
de estímulos diferentes (A-B-C-D-E-F) en niños y adultos; a partir
del entrenamiento en 15 relaciones condicionales individuales, consiguen un
total de 60 relaciones no entrenadas. Diversos estudios posteriores han mostrado
la facilidad para aumentar la equivalencia (Saunders, Wachter y Spradlin, 1988;
Steele y Lawrence, 1988; Kennedy y Laitinen, 1988; Gatch y Osborne, 1989; Wulfert
y Hayes, 1988; Sigurdardottir, Green y Saunders, 1990). Se ha demostrado también
la posibilidad de conseguir un control contextual de segundo orden del tipo
enunciado por Sidman (1986), con un cuarto estímulo discriminativo como
contextual de las demás relaciones, (p.e., Bush, Sidman y De rose, 1989;
Gatch y Osbome, 1989).
En Valero (1990) puede encontrarse una descripción más
detallada de toda esta experimentación.
Tipos de conductas, estimulación y procedimientos
Hacemos aquí referencia a los tipos de respuestas y
estímulos respecto a los cuales se ha observado el fenómeno de
las relaciones de equivalencia, también se incluye en este apartado el
surgimiento de la equivalencia no sólo a través del procedimiento
típico de igualación, sino con la mezcla de modelamiento y de
interacciones diversas.
Stromer (1986) muestra las relaciones de equivalencia utilizando
un compuesto de estimulación auditiva (diversos tonos) y visual (letras
y colores), pero no llegan a establecerse en todos los sujetos las relaciones
transitivas. Hayes, Tilley y Hayes (1988) comparan la utilización de
estímulos gustativos frente a la estimulación exclusivamente visual,
mostrando que con los primeros las equivalencias surgieron más rápidamente
y con menos errores. McDonald, Dixon y LeBlanc (1986) establecen relaciones
de equivalencia a través de un procedimiento mixto de igualación
y modelamiento. Daugher, Greenway y Wulfert (1989) han mostrado también
las equivalencias entrenando algunos de los componentes con el procedimiento
típico de igualación y otro de ellos con condicionamiento clásico
(utilizando la resistencia eléctrica de la piel). Hayes, Tilley y Hayes
(1988) comparan en adultos la transferencia de las funciones discriminativa
y reforzante de unos estímulos a otros con tres procedimientos: creación
de relaciones de equivalencia, frente a un entrenamiento en discriminación
condicional, y otro con reforzamiento condicionado. Sólo en el primer
caso, los sujetos mostraron las nuevas relaciones. En la misma dirección,
Dube et al. (1987, 1989); De Rose et al. (1988); Greenway, Dougher y Wulfert
(1988) y Hayes et al. (1988) muestran las relaciones condicionales a través
de los reforzadores, en una discriminación simple junto con el procedimiento
de igualación. De forma similar, Pilgrim y Galizio (1990) muestran que
las relaciones de equivalencia, una vez formadas, son susceptibles de cambio
al alterar las contingencias en algunas relaciones y formarse otras nuevas.
En resumen, esa multiplicidad de respuestas y estímulos
indica la generalidad del fenómeno en humanos y además muestra
la susceptibilidad de las funciones de esos estímulos (por ejemplo, su
función reforzante) en el establecimiento de relaciones de equivalencia.
La relevancia de estas investigaciones es obvia al conocerse que una relación
puede verse alterada por un cambio producido en otra diferente, indicando con
ello que de alguna forma ambas estaban ya relacionadas; qué o cómo
es esa relación son puntos que discutiremos más adelante.
Delimitación de variables del procedimiento de igualación
a la muestra
Se incluyen aquí aquellas investigaciones que tratan
sobre la identificación de las variables del procedimiento de igualación,
como procedimiento estandar para la formación de relaciones de equivalencia.
Su objetivo - paralelo muchas veces a otros objetivos experimentales - ha sido
discernir los elementos necesarios para el establecimiento de una relación
condicional. Es un tipo de investigación que se ha desarrollado fundamentalmente
con animales como sujetos experimentales, para aislar las variables en juego.
En general, las investigaciones con animales han mostrado cómo
diferentes tipos de parámetros del procedimiento pueden afectar la ejecución
en una discriminación condicional. Así, por ejemplo, Urcuioli
y Nevin (1975) encuentran transferencia a nuevos estímulos modificando
el procedimiento para que el animal aprenda "no sólo a responder al S+,
sino también a no responder al S-".
También se ha mostrado que, al requerir varias respuestas
sucesivas a la muestra, la precisión de las igualaciones se incrementa
(p.e., Sachs, Kamil y Mack, 1972; Lydersen, Perkins y Chairez, 1977). La existencia
de un intervalo entre ensayos puede facilitar la discriminación condicional
(p.e., Holt y Shafer, 1973; Nelson y Wasserman, 1978; Smith, Attwood y Niedorowsky,
1982). El tipo de estímulo y el arreglo estimular utilizado se ha observado
que también influye en la adquisición de la discriminación
condicional. Por ejemplo, Iversen, Sidman y Carrigan (1986) probaron que la
discriminación condicional de líneas verticales y horizontales
se ve deteriorada al cambiar la localización de las teclas de igualación.
En síntesis, la literatura experimental ofrece ya una
serie de variables referidas al procedimiento de igualación a la muestra,
que es el procedimiento más utilizado en la formación de relaciones
de equivalencia, y por tanto resultan relevantes en este contexto. Son las siguientes:
(1) La necesidad de un intervalo entre ensayos para mejorar
la precisión de respuestas correctas en la igualación (Thomas,
1979; Saunders y Sherman, 1986).
(2) La simultaneidad temporal del estímulo de muestra
y los de comparación; la igualación con demora entre estímulos
dificulta o deteriora la formación de relaciones condicionales (Smith,
Attwood y Niedorowsky, 1982).
(3) La separación o diferenciación espacial entre
el estímulo de muestra y los de comparación, pues la falta de
localización precisa (reduciendo el medio de contacto entre el organismo
y su ambiente) dificulta la formación de dichas relaciones (Farthing
y Opuda, 1974; Holmes, 1979; Iversen, Sidman y Carrigan, 1986).
(4) La facilitación que produce en la igualación
una respuesta de observación previa sobre el estímulo de muestra
definida como respuesta de orientación visual o como criterio de respuestas
(Maki et al., 1977; McDonald, Dixon y LeBlanc, 1986).
(5) La mayor estabilidad y rapidez de adquisición con
unas contingencias diferenciales (reforzamiento-castigo leve) durante el entrenamiento
(Valero, 1988).
Análisis de posibles respuestas intermedias
En la literatura son varios los autores que, al interpretar
sus datos experimentales, abogan por una respuesta de observación -tanto
a los estímulos de muestra como de comparación- necesaria para
establecer el repertorio de igualación (Eckerman, Lansen y Cumming, 1968;
Eckerman, 1970; Maki et al., 1977). Sin embargo, considerar como una respuesta
intermedia las de observación puede conducir a confusión, ya que
las respuestas de observación o atención entendidas como respuestas
perceptuales discriminadas hacia partes del ambiente son siempre previas y necesarias
para cualquier otra respuesta discriminativa (Luciano, 1989).
Autores como McIntire, Cleary y Thompson (1987, 1989) han defendido
la necesidad de respuestas diferenciales a los estímulos presentados,
como mediadoras para que éstos se relacionen por equivalencia. Ha resultado
un experimento controvertido, y de hecho algunos autores (Saunders, 1989; Hayes,
1989; Dugdale y Lowe, 1990) consideran que sus datos no son una evidencia de
la creación de relaciones de equivalencia en animales por la forma en
que desarrolla el procedimiento, sin embargo podría suponer un análogo
del fenómeno de las relaciones de equivalencia a través de respuestas
diferenciales intermedias, pero que pasan inadvertidas al experimentador porque
no se requiere su emisión pública. Los datos, en este punto, no
son muy clarificadores, y ello constituye uno de los motivos de discusión
de los análisis teóricos y experimentos más actuales.
Por otro lado, trabajos como los de Fields et al. (1990) han
demostrado que la precisión en la formación de relaciones de equivalencia
decrece conforme aumenta el número de nódulos de unión
implicados en cada una de las relaciones. Por ejemplo, en las relaciones A-B-C-D,
la transitiva A-D aparece con mayor dificultad al tener dos nódulos de
unión, que otra A-C o B-D con sólo un nódulo.
También la experimentación de Pérez (1988),
al utilizar la latencia como parámetro de medición, muestran que
cuantos más miembros componen la equivalencia mayor es esa latencia.
Estos datos podrían interpretarse como el resultado
de respuestas intermedias implicadas en la aparición de nuevas relaciones
transitivas. Sin embargo, cuáles son esas respuestas son aspectos no
resueltos totalmente y ampliamente discutidos, como indicaremos en el siguiente
punto. Todos estos aspectos serán, necesariamente, retomados como puntos
conflictivos por excelencia en el análisis del fenómeno de las
relaciones de equivalencias en el momento actual. Sí deseamos señalar
que, desde nuestro punto de vista, se entienden como mediadoras simplemente
porque el procedimiento experimental no exige una topografía pública
y explícita. De igual forma, en la literatura se mencionan: respuestas
mediadoras -por un lado- y componentes verbales -por otro-, cuando este último
puede ser contemplado como la variable intermedia que une o posibilita la asociación
de un estímulo a otro en la equivalencia.
Análisis de componentes verbales
Constituye otro de los temas fundamentales abordados por la
experimentación, debido a la implicación de sujetos humanos en
la mayoría de ellos y especialmente porque en animales el surgimiento
de estas relaciones de equivalencia no se ha comprobado aún. Es, por
tanto, el punto de análisis en muchos de los experimentos más
controvertidos.
Spradlin, Cotter y Baxley (1973) consiguieron la transferencia
de una tarea de igualación a la muestra, utilizando estimulación
auditiva como muestra y estimulación visual como comparación,
afirmando la importancia de las "etiquetas verbales" para esa transferencia.
Spradlin y Dixon (1976) mostraron la equivalencia de dos clases de estímulos
visuales y sus correspondientes "etiquetas verbales" o "nombres". El artículo
de Constantine y Sidman (1975) subraya la idea de que "poner nombre" a los estímulos
facilita su equivalencia. Lazar, Davis-Lang y Sánchez (1984) añaden
en su experimentación una prueba final para conocer si los sujetos nombran
los estímulos, a partir del entrenamiento y de las pruebas únicamente
con estimulación visual. Según los autores, los nombres dados
por los sujetos a cada estímulo visual mostraron que no habían
asignado "etiquetas" comunes a la misma clase estimular.
Uno de los estudios más esclarecedores respecto al tema
es el llevado a cabo por Devany. Hayes y Nelson (1986) que resulta muy apropiado
al comparar el surgimiento de la equivalencia en tres grupos de sujetos: niños
normales, retardados con lenguaje productivo y sin ningún tipo de lenguaje.
Sólo los sujetos que tenían algún tipo de lenguaje productivo
mostraron las relaciones de equivalencia, mientras que los sujetos sin lenguaje
realizaban la tarea en un nivel aleatorio.
Sidman afirma repetidamente que no resulta necesaria esa respuesta
de "nombrar" o "etiquetar" (Sidman y TaiIby, 1982; Sidman, Willson-Morris y
Kirk, 1986). Para evidenciar la ausencia de la conducta de etiquetar estímulos
(como variable postulada por otros autores como la responsable del surgimiento
de las nuevas relaciones), utilizan la estrategia de preguntar a los sujetos
al concluir las pruebas de las nuevas relaciones (p.e., cómo se llama
cada estímulo, o preguntar si los nombraban mientras lo señalaban).
Sidman propone dos tipos de estrategias para evidenciar la presencia o no de
componentes verbales durante el entrenamiento y las pruebas: una, la utilización
exclusiva de estímulos visuales, y otra, la estrategia de preguntar a
los sujetos al final de las pruebas. Desde nuestro punto de vista, ninguna de
esas estrategias resulta apropiada para evidenciar ni la presencia ni la ausencia
de componentes verbales. En completo acuerdo con el análisis realizado
por Stoddard y McIlvane (1986) y Dugdale y Lowe (1990) la existencia de "nombres"
para los estímulos visuales, evaluada de una determinada manera -bajo
control de cierto tipo de preguntas- y en determinados momentos -al final de
las pruebas-, no permite la detección de que esa "etiquetación"
se haya producido mientras emergían las relaciones no entrenadas.
Sidman (1986) nos habla de las contingencias de tres, cuatro
y cinco términos, pero su posición es meramente descriptiva del
fenómeno (Valero, 1990; Hayes, 1991).
Recientemente (Sidman, 1990) a la hora de explicar la equivalencia
concluye que es una función de estímulo fundamental, que ocurre
por la misma razón que la conducta es reforzable "porque las contingencias
de supervivencia nos han hecho de esa manera" (p. 112-113); conclusión
que extrae del fallo de derivar la equivalencia de algo más básico.
Hayes (1991), principalmente, ha elaborado un enfoque alternativo
pero también esencialmente descriptivo. Considera el fenómeno
"en términos de un tipo de respuesta de orden superior, interpretado
como un caso especial de respuestas relacional aplicable arbitrariamente. La
explicación de esta clase de respuesta será dada en términos
de la historia que la hace posible" (p. 22). Entendemos, sin embargo, que la
posición de Hayes al enfatizar el "marco relacionan" (relational frames)
es nuevamente sólo descriptiva del fenómeno que hay que explicar
(Valero, 1990). En otra línea, se enmarcan principalmente el grupo de
Bangor que conceptualizan las relaciones de equivalencia a través de
respuestas mediadoras como "nombrar". Sin embargo, nombrar no es poner una etiqueta
a los estímulos, sino un tipo de conducta simbólica definida en
términos de la propiedad simétrica (Dugdale y Lowe, 1990). Sin
embargo, aunque a nuestro entender ésta es la posición más
testable empíricamente, queda aún por ser clarificada; además,
no parece incompatible la posibilidad de que pueda surgir la equivalencia vía
"nombrar" (entendido como una relación simétrica) y vía
"reglas" que también requieren del "nombrar" (Valero, 1990; Luciano,
en prensa). En síntesis, pues, parece necesario el planteamiento que
ya se iniciaba en la tesis que fundamenta este trabajo (Valero, 1990), y que
actualmente algunos autores están demandando (p.e., Sidman, 1990), es
decir: ¿qué variables determinan la relación transitiva?.
Mientras tanto resulta obvia la utilidad del procedimiento
y su eficacia para generar nuevas conductas, por lo que centramos la atención
sobre las aplicaciones que las relaciones de equivalencia han generado.
Aplicaciones educativas
La investigación sobre relaciones de equivalencia con
objetivos aplicados, ha estado localizada fundamentalmente en problemas educativos,
desde la lectura al aprendizaje de conceptos académicos, y casi siempre
en niños -normales y retrasados- y adultos retrasados. El procedimiento
de igualación ha sido utilizado para la enseñanza de un primer
nivel de lectura a sujetos retrasados (p.e., Sidman y Stoddard, 1966; Spradlin,
Cotter y Baxley, 1973; Sidman y Cresson, 1973; Sidman, 1977). De hecho, ha sido
descrito por el propio Sidman (1971) como un método para enseñar
las habilidades de lectura o de pre-lectura en aquellos niños con graves
dificultades para el lenguaje. Las relaciones de equivalencia formadas entre
los distintos tipos de estimulación supondrían un efecto beneficioso,
que reduciría ensayos y tiempo de entrenamiento, ya que a partir de un
número reducido de asociaciones o equivalencias, se generaría
un número considerable de nuevas relaciones.
MacKay y Sidman (1984) y MacKay (1985) extienden la equivalencia
a habilidades de escritura por medio de la ordenación de anagramas. VanBiervliet
(1977) aplicó el mismo esquema de entrenamiento para enseñar lenguaje
de signos manuales a sujetos retardados adultos. Gast, VanBiervliet y Spradllin
(1979) lo aplican en adolescentes retardados y niños de preescolar para
enseñarles la numeración y las relaciones múltiples entre
números (reconocimiento de números, contar objetos, igualar números
arábigos a números- palabras y viceversa, igualar números
arábigos a cantidad de objetos y leer números arábigos).
McDonagh, Mcllvane y Stoddard (1984) lo aplican al manejo de monedas en una
mujer retrasada (contar objetos de 1 a 15, contar objetos dentro de un conjunto,
nombrar los precios, nombrar las monedas, señalar el valor escrito de
cada moneda, igualar cada moneda con su nombre y con su precio, e igualar estímulos
idénticos). Lieury et al. (1986) presentan una experiencia de la transferencia
de un vocabulario nativo a uno extranjero (francés, portugués
e inglés) en sujetos adultos, donde curre una mayor facilitación
cuando existen elementos fonéticos comunes entre las palabras. Chase
e Iman (1987) crean relaciones de equivalencia con respuestas intraverbales
de tipo académico, donde asocian una categoría (un "nombre") con
"ejemplos" por escrito referidos a ese concepto; y, por otra parte, ese mismo
"nombre" con una "definición" escrita del concepto; al surgir la relación
transitiva se crean las equivalencias pertinentes, facilitando la comprensión
del "concepto", así como su utilización por medio de "ejemplos".
Otras aplicaciones tienen que ver, por ejemplo, con el papel
de la audiencia en el control de repertorios verbales (Silverman et al., 1986).
Haring, Breen y Laitinen (1989) han descrito la adquisición de conceptos
como "ropa", "accesorios" y "juegos" apropiados en adolescentes retrasados.
Hayes, Thompson y Hayes (1989) han estudiado la formación de un repertorio
musical básico a través de equivalencia. Una revisión más
detallada de tales experimentos puede encontrarse en Valero (1990).
CONCLUSION SOBRE RELACIONES DE EQUIVALENCIA
Como resumen de la literatura experimental revisada al respecto,
podríamos sintetizar una serie de condiciones efectivamente detectadas.
Unas de ellas referidas a las variables que permiten la detección o evaluación
de las relaciones de equivalencia -teniendo en cuenta las ya enumeradas respecto
al procedimiento experimental utilizado: la igualación a la muestra-.
Y otras referidas a las condiciones necesarias y suficientes para que lleguen
a formarse relaciones de equivalencia, es decir, para la emergencia de nuevas
conductas.
Respecto a las primeras, aquellas variables que facilitan la
detección o evaluación de la emergencia de las relaciones de equivalencia,
por lo que a control experimental se refiere, enumeramos las siguientes:
(a) La introducción progresiva de los estímulos
o de las relaciones a incluir en el entrenamiento (Saunders, Wachter y Spradlin,
1988; Kennedy y Laitinen, 1988; Valero, 1990).
(b) La necesidad de un programa de reforzamiento intermitente
-razón variable- para mantener el repertorio de igualación, a
fin de que al introducir los ensayos de prueba (para evaluar la emergencia de
relaciones no entrenadas) no sean discriminables las contingencias respecto
a los ensayos de entrenamiento anterior, ya que dichas relaciones no deben exponerse
a contingencias "específicas" (Sidman, 1971; Sidman et al., 1982).
(c) El uso de más de dos estímulos de comparación
para aislar el control estimular condicional en cada ensayo, de forma que se
minimice el efecto de posibles "respuestas aleatorias", "falsos positivos",
o "respuestas por exclusión" (Sidman, 1980, 1986).
(d) Presentar en bloques separados los ensayos para evaluar
las nuevas relaciones (simétricas y transitivas), a fin de aislar específicamente
el efecto obtenido sobre cada una de las nuevas relaciones formadas (Valero,
1990).
(e) Un criterio elevado de mantenimiento de las elaciones entrenadas,
pues si éste es bajo al no aplicar contingencias sistemáticas
durante las pruebas, puede estar siendo reforzada de forma condicionada una
ejecución con gran variabilidad, sean errores o no (Valero, 1990).
Respecto a las condiciones necesarias y suficientes ara la
formación de la equivalencia -además de las ya mencionadas en
relación al procedimiento de igualación y a la detección
de las relaciones de equivalencia- apuntamos las siguientes por su base experimental:
(a) La reversión de las funciones de los estímulos
de muestra y comparación resulta necesaria para que aparezca la relación
simétrica de manera inmediata en las pruebas.
Diversos experimentos (p.c., el grupo de Thomas et al., 1987;
Thomas y Schmidt, 1989; Saunders y Spradlin, 1989) han mostrado que el procedimiento
de reversión sistemática entre muestra y comparación facilita
la adquisición de ese control condicional y su generalización
a otros estímulos. También Valero y Luciano (en revisión)
han mostrado -utilizando diferentes topografías de respuesta- que el
control presente en la nueva relación simétrica es un conjunto
estimular, y que el repertorio de intercambio que los sujetos ya traen a la
situación experimental facilita la aparición de esa nueva relación.
(b) La necesidad de las relaciones condicionales reflexiva
y simétrica para que aparezca el repertorio completo de equivalencia,
es decir, la relación transitiva (Sidman et al., 1982; Lazar, Davis-Lang
y Sánchez, 1984; Saunders y Sherman, 1986; Saunders, Watcher y spradlin,
1988; Valero, 1990).
Otra serie de condiciones continúan hasta el momento
sin delimitar, y la literatura experimental muestra datos y opiniones contradictorias,
como es el caso de:
(a) La falta de pruebas concluyentes sobre la formación
de relaciones de equivalencia en animales (Sidman et al., 1982; Thomas, McKelvie
y Mah, 1985; McIntire, Cleary y Thompson, 1987; Oden, Thompson y Premack, 1988).
(b) Los datos contradictorios sobre la aparición o no
de equivalencia en sujetos retrasados -con o sin lenguaje- (Sidman y Tailby,
1982; Stromer, 1986; Devany, Hayes y Nelson, 1986). Lo que conduce al planteamiento
de qué habilidades verbales podrían ser precisas para la emergencia
de nuevas conductas con este procedimiento.
(c) La necesidad o no de respuestas diferenciales a la muestra,
de respuestas intermedias y cuáles, que servirían de nexo de unión
de las nuevas relaciones transitivas (Mclntire, Cleary y Thompson, 1987, 1989;
Hayes, 1989; Fields et al.,1990).
Por tanto, se requieren experimentos concluyentes sobre las
variables relevantes, necesarias y suficientes para que aparezca la relación
transitiva, y por consiguiente la equivalencia completa (Sidman, 1990). Estos
aspectos han conducido en los últimos años a diversas posiciones
conceptuales sobre qué fenómeno muestran las relaciones de equivalencia,
qué particularidades lo hacen "exclusivo" de los humanos, e incluso al
planteamiento mismo de qué es la conducta verbal y sus implicaciones
en otras conductas. La revisión realizada sobre este fenómeno
muestra la amplitud de investigaciones que ha generado, y algunos de los temas
aquí tratados merecerían una descripción más amplia
para comprender en su importancia el punto crucial en que se encuentran muchas
de las investigaciones actuales. También merecería más
detalle el análisis de la disparidad de descripciones e interpretaciones
teóricas que se han dado de este fenómeno, por ejemplo, desde
nuestro punto de vista la posición de Sidman y la de Hayes resultan ambas
igualmente descriptivas, y sólo la de Dugdale y Lowe puede ser la única
con un cierto cariz explicativo, aunque no explique a su vez la procedencia
de "nombrar". Todo ello sugiere la necesidad de profundizar en las prerrequisitas
básicas para que aparezca la equivalencia, además de su utilización
para resolver problemas educativos. Una y otra línea de investigación
pueden ser paralelas hasta que confluyan cuando se encuentren las variables
precisas. |
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